Juanjo Brau (Sant Vicenç de Castellet, Barcelona, 1964) se incorporó al fútbol base del Barcelona en 1997 y subió al primer equipo en 2004 coincidiendo con la plaga de lesiones de rodilla que asolaron al equipo (Thiago Motta, Gabri García, Sylvinho, Edmílson y Henrik Larsson). Desde entonces se encargó de la readaptación de los jugadores que se lesionaban y era habitual verle junto a Messi o Puyol. Creó el Departamento de Fisioterapia del club, que dirigió hasta 2021, coincidiendo con la llegada de Xavi Hernández al banquillo, que exigió la remodelación de los servicios médicos. Ahora ha escrito un libro, ‘Lo que el fútbol no ve’, en el que explica cómo gestionar las lesiones y sus vivencias en el vestuario cule.—¿Qué le parece que un jugador se opere con un médico externo, algo que menoscaba la imagen del club?—El servicio médico de un club como el nuestro, como el Barça, tiene que ser facilitador. Aparte, es bueno tener expertos, especialistas fuera para hacer ciertas operaciones. No lo veo mal.—Ahora se está poniendo muy de moda el que cada jugador vaya con su preparador físico aparte…—Ese es uno de los grandes hándicaps que nos encontramos hoy en día. Pero ya no tan solo esto, hoy tienen nutricionista, psicólogo, médico, fisio… Es algo que lo proporciona el propio representante…Noticia relacionada general No No Fútbol / Selección La ‘Finalísima’ Argentina-España se va de Qatar y se acerca a Europa José Carlos Carabias— ¿Y cómo lo gestiona? ¿Es negativo?—Es muy difícil de gestionar y no era bueno. Primero porque muchos jugadores lo hacían a escondidas y en esto tiene que haber mucha más transparencia. Siempre he estado a favor de que el jugador pueda tener gente de confianza fuera, pero siempre que vayamos con el mismo mensaje. Un ejemplo es Neymar. Con su preparador llegamos a tener una cierta amistad, pero es que el mensaje siempre fue común y nos compartíamos los intereses. Tiene que haber la suficiente humildad entre los dos para aceptarse mutuamente.—¿Ha tenido que hacer muchos equilibrios entre un jugador y un entrenador?—Sí. Siempre me he equivocado más cuando he dicho sí que cuando he dicho no. Cuando iba con un mensaje al entrenador, ya lo había pactado con el jugador. Yo no podía ir con dos mensajes diferentes, ser políticamente correcto y quedar bien con los dos. Yo me debía a mi club, pero sobre todo al jugador lesionado, del que era responsable. —¿Cómo se gestionan las prisas en el Barça ante un partido importante? —En función de las necesidades. Ocurrió con Puyol, al que Pep quería tener ante el Madrid porque era el que marcaba a Cristiano Ronaldo… Ahí tratábamos que estuviera disponible, pero avisando que probablemente el jugador no estaría para 90 minutos. —Una final todos la quieren jugar…— Sí, por ejemplo Henry. Se lesionó en campo del Madrid en una jugada con Ramos poco antes de la final de Champions. Y me dice: «Juanjo, he venido al Barça para ganar la Champions, que es el único título que me falta y lo quiero ganar y quiero estar».Juanjo Brau hojea su libro, el fisioterapeuta con Leo Messi y con Puyol PEP DALMAU / FCB / FACEBOOK—Y la jugó…—El objetivo era factible. Si hubiera tenido para ocho semanas, le hubiéramos dicho que era imposible, pero como estaba en ese margen se pudo apurar. Cuando me preguntaban si llegaría, yo decía que sí, porque el jugador quería estar. Lo único que no sabía era si iba a poder aguantar 50, 60 o 90 minutos. Pero media parte la iba a jugar seguro.—Una responsabilidad…—Le dije: «Si notas algo, pide el cambio, porque si no sí que te vas a hacer daño». Hay que gestionarlo, pero me gusta asumir esas responsabilidades. Esto también me pasó con Aleix Vidal, que tuvo una fractura con luxación en el tobillo en el campo del Alavés. Y él me dijo: «Juanjo, voy a hacer todo lo posible para estar dentro de cuatro meses. Yo te haré caso en todo, pero voy a estar». Trabajó mucho y redebutó aquella misma temporada también contra el Alavés en la final de la Copa que ganamos en el campo del Atlético de Madrid.«Yo fui una víctima de la guerra médica, era incompatible con la gente que Xavi quería traer; no puedes romper estructuras de club por capricho»—Las ganas del jugador…—Sí, pero siempre dentro de unos plazos prudentes y asumiendo el jugador el riesgo que hay. El primero que tenía que dar el visto bueno era el jugador, yo nunca apreté a un jugador para decirle: «Oye, que el míster te necesita».—¿Ronaldinho es el ejemplo, en negativo, de lo importante que es el entrenamiento invisible?—No soy muy objetivo hablando de Ronnie porque le tengo un aprecio descomunal. Fue un tema de una gestión más personal que deportiva. Pero el entrenamiento invisible cada vez más es súper importante para la prevención. La nutrición, el descanso… Si un jugador no es capaz de dominar todo esto es carne de cañón.—Usted y Messi eran carne y uña. ¿Había celos del resto?—No, porque era abismal la diferencia entre el uno y el dos. Todo el mundo lo asumió. Leo no generaba celos ¿por qué? Porque sin él teníamos muchas menos posibilidades de ganar con el equipazo que teníamos.«Puyol es el peor paciente que he tenido, quería jugar siempre y era un bruto»—¿Y cuesta mucho decirle que no a Leo?—Cuando tenía alguna bronca es porque no le habían comunicado la decisión que iban a tomar. Al jugador no le puedes ir con sí o no, no le puedes obligar. Porque está por encima de todos. Al final con el jugador tú tienes que negociar siempre, sea de la categoría que sea. Con un crack como Leo, lo tienes que gestionar, y él tiene que decidir. Tú le tienes que hacer una propuesta y él que decida sobre esta propuesta. «¿Oye, Leo, tú te ves para jugar el domingo?», «Sí», «Pues no hablemos más». —Pero usted detectará si puede estar realmente o si las ganas le superan…—Evidentemente, pero eso lo hemos gestionado diciéndole que hay un riesgo. «Yo no te veo. Pero si quieres asumir el riesgo, lo asumimos. Pero entonces, en la foto fea sal conmigo. No me dejes solo porque me va a costar el cargo«.—Un papelón el suyo…—Con Leo era gestionar… Nosotros lo teníamos cuando volvíamos de la selección argentina, que había que jugar con jet lag. Pep Guardiola siempre me decía que, al regresar, fuera a verle para decirle como estaba Leo. Y yo con Leo hablaba, «oye, si me pregunta el míster, ¿tú cómo te ves para estar el domingo disponible?». Y yo hacía mi recomendación. «Oye, venimos de jugar en Bolivia, de la altura. Igual es mejor empezar en el banco y si el equipo te necesita salir, no sé cómo lo ves». Esto era gestionar. Y si tú gestionabas con Leo, no tenías ningún problema. «A un jugador no le tienes que dar normas, le tienes que dar guiones; y a un crack como Messi lo tienes que gestionar y él tiene que decidir»—Otro papelón para el entrenador…—Un jugador de fútbol de este nivel está por encima del entrenador… Tiene que negociar con él. Un ejemplo: cuando eliminamos al PSG de Emery en el Camp Nou, Messi estaba muy tocado, pero quería jugar para ayudar al equipo. Cuando salió a calentar el estadio ya se vino abajo y el PSG se cagó. Lo único que le dije fue: «No estás. Corre solo la pelota buena, no las corras todas. Eres el mejor del mundo y con una buena tuya pasamos y con esa buena le dio el pase a Neymar…». Esto es la gestión.Juanjo Brau, tras la entrevista concedida a ABC. PEP DALMAU—Las selecciones, un foco de polémica… ¿Recuerda la pubalgia de Lamine?—El jugador a veces piensa que cuando no tiene dolor está apto para jugar o simplemente lo omite… Una opción es decirle que esto le va a perjudicar a la larga o decirle que no a tiempo. Es un tema de la gestión, de que en los partidos que realmente no lo necesitas o que tienes el partido resuelto, lo cambies.—Aún se culpa de las lesiones de Pedri a su participación en la Eurocopa y en los JJ.OO.—El jugador estaba sano, no venía de ninguna lesión, pero hay más factores… Venía de jugar en Segunda división, en Las Palmas, un día a la semana y se encuentra jugando dos días por semana… En teoría venía para el filial… Ese año el Barça era caótico… Tendría que haber una negociación, pero el jugador jamás le va a decir que no a la selección a pesar de jugar más de 60 partidos esa temporada. Pero esto nunca lo tiene que negociar el jugador, lo tiene que negociar el club.«Dembélé llegó muy joven, no se supo gestionar su situación y su entorno no remaba a favor»—Usted dice que llevar el peso del equipo con 18 años acaba pasando factura. ¿Puede pasarle a Lamine?—Sí, por un tema emocional. Messi no llevó esta carga a esa edad. Y Leo tenía un factor a su favor muy bueno, que tenía un entorno, tenía una persona que lo protegía al máximo que era Ronaldinho y tenía de todo y tenía Henry, Etoo… Tenía gente al lado que le hacían de coraza. Lamine no tiene nadie hoy de coraza. ¿A partir de cuándo fue Leo titular? Prueba de ello que hoy está jugando con 38 años y se sale.—Lamine está respondiendo…—Me refiero al aspecto emocional. Hay una carga mediática muy alta. El elogio ya lo tienes, el elogio ya vive en ti. El problema es cuando llega la crítica. Cuando tú vives en el elogio, la crítica es derrotista, pasa factura. —¿Carles Puyol es el mejor paciente que ha tenido?—No, era el peor paciente porque quería jugar siempre, era un bruto y el umbral del dolor lo tenía arriba del todo. Es amigo, pero es que Puyol era corazón, era alma, era todo. Es el jugador que más ha tenido el sentimiento de culé, de pertenencia. Jugó muy tocado, era el buque insignia. Es el referente de lo que tiene que ser el capitán del Barça. El tío se preocupaba por todo el entorno del Barça. Un día me dijo: «si ganamos la Champions, le voy a hacer levantar la copa a Abidal y le voy a dar el brazalete». «El jugador nunca tiene que negociar con la selección, lo tiene que hacer el club»—¿Por qué nunca se lesionaba Busquets? —Porque tiene un físico privilegiado. Una vez tuvo un esguince de tobillo antes de un partido ante el Madrid. Recuerdo que le puse una bota Walker (alternativa a la escayola tradicional para inmovilizar y estabilizar lesiones de pie) y dudaba de su efectividad. Le dije: «póntela, que vas a jugar; lo que no te aseguro es que juegues si no te la pones». ¡Se la puso y jugó! Es de los jugadores más inteligentes que he visto en el fútbol, por el dominio del espacio, del tiempo, de todo. Maximizaba sus recursos… y no pisó el gimnasio, ¿eh? —¿Sufrió mucho con Dembélé, el futbolista de cristal?—Vino muy joven y con un físico nada trabajado. Llegó demasiado pronto al Barça en esas condiciones y no se supo gestionar toda su situación. Era un jugador que necesitaba un tipo de entrenamiento realmente basado en sus acciones. Y creo que en el PSG lo ha logrado. —¿Tuvo que hacer más de psicólogo que de readaptador?—Sí. Su entorno no remaba a favor en cuanto a estructura. Estaba conmigo cuando estaba lesionado y era brutal lo que hacía. Pero vino con una edad en la que alguien le tiene que sentar y decir «estás aquí, ¿vale?, estás aquí». Y tú no le tienes que dar normas, tú le tienes que dar guiones. Es que un jugador cuando viene al Barça tiene que conocer qué es el Barça porque somos muy diferentes. «Los preparadores físicos personales de los jugadores son un hándicap hoy en día para un club, es muy difícil de gestionar»—¿Tanto?—Cuando llegó Luis Suárez no podía pisar ninguna instalación deportiva. Yo estuve con él trabajando, corríamos por la playa… En ese tiempo tuve tiempo de explicarle lo que era el Barça, dónde iba y dónde se metía.—¿Qué le parece el oscurantismo de los clubes en los partes médicos, como por ejemplo con Mbappé?—El que tiene la potestad del comunicado médico es el jugador. El club no puede hacer nada. Si el jugador te dice que no quiere decir nada, tú no puedes decir nada Otra cosa es si se están buscando diferentes opiniones, como creo que está ocurriendo en este caso, porque aún no saben en qué situación están.—Su salida coincide con la llegada de Xavi, que exige la reforma de los servicios médicos ¿Es usted una víctima de esa guerra del bisturí?— Sí, sí, sí, totalmente. Éramos incompatibles con la gente que Xavi quería traer, no coincidía con su forma de trabajar y prueba de eso es que de lo que trajo no hay nada. Tú no puedes romper estructuras de club por tu capricho. Todo lo que ha venido después no es mejor, con una inversión económica altísima. De todo aquello no hay nada y me dolió que lo rompiera una persona que justamente era del club. Juanjo Brau (Sant Vicenç de Castellet, Barcelona, 1964) se incorporó al fútbol base del Barcelona en 1997 y subió al primer equipo en 2004 coincidiendo con la plaga de lesiones de rodilla que asolaron al equipo (Thiago Motta, Gabri García, Sylvinho, Edmílson y Henrik Larsson). Desde entonces se encargó de la readaptación de los jugadores que se lesionaban y era habitual verle junto a Messi o Puyol. Creó el Departamento de Fisioterapia del club, que dirigió hasta 2021, coincidiendo con la llegada de Xavi Hernández al banquillo, que exigió la remodelación de los servicios médicos. Ahora ha escrito un libro, ‘Lo que el fútbol no ve’, en el que explica cómo gestionar las lesiones y sus vivencias en el vestuario cule.—¿Qué le parece que un jugador se opere con un médico externo, algo que menoscaba la imagen del club?—El servicio médico de un club como el nuestro, como el Barça, tiene que ser facilitador. Aparte, es bueno tener expertos, especialistas fuera para hacer ciertas operaciones. No lo veo mal.—Ahora se está poniendo muy de moda el que cada jugador vaya con su preparador físico aparte…—Ese es uno de los grandes hándicaps que nos encontramos hoy en día. Pero ya no tan solo esto, hoy tienen nutricionista, psicólogo, médico, fisio… Es algo que lo proporciona el propio representante…Noticia relacionada general No No Fútbol / Selección La ‘Finalísima’ Argentina-España se va de Qatar y se acerca a Europa José Carlos Carabias— ¿Y cómo lo gestiona? ¿Es negativo?—Es muy difícil de gestionar y no era bueno. Primero porque muchos jugadores lo hacían a escondidas y en esto tiene que haber mucha más transparencia. Siempre he estado a favor de que el jugador pueda tener gente de confianza fuera, pero siempre que vayamos con el mismo mensaje. Un ejemplo es Neymar. Con su preparador llegamos a tener una cierta amistad, pero es que el mensaje siempre fue común y nos compartíamos los intereses. Tiene que haber la suficiente humildad entre los dos para aceptarse mutuamente.—¿Ha tenido que hacer muchos equilibrios entre un jugador y un entrenador?—Sí. Siempre me he equivocado más cuando he dicho sí que cuando he dicho no. Cuando iba con un mensaje al entrenador, ya lo había pactado con el jugador. Yo no podía ir con dos mensajes diferentes, ser políticamente correcto y quedar bien con los dos. Yo me debía a mi club, pero sobre todo al jugador lesionado, del que era responsable. —¿Cómo se gestionan las prisas en el Barça ante un partido importante? —En función de las necesidades. Ocurrió con Puyol, al que Pep quería tener ante el Madrid porque era el que marcaba a Cristiano Ronaldo… Ahí tratábamos que estuviera disponible, pero avisando que probablemente el jugador no estaría para 90 minutos. —Una final todos la quieren jugar…— Sí, por ejemplo Henry. Se lesionó en campo del Madrid en una jugada con Ramos poco antes de la final de Champions. Y me dice: «Juanjo, he venido al Barça para ganar la Champions, que es el único título que me falta y lo quiero ganar y quiero estar».Juanjo Brau hojea su libro, el fisioterapeuta con Leo Messi y con Puyol PEP DALMAU / FCB / FACEBOOK—Y la jugó…—El objetivo era factible. Si hubiera tenido para ocho semanas, le hubiéramos dicho que era imposible, pero como estaba en ese margen se pudo apurar. Cuando me preguntaban si llegaría, yo decía que sí, porque el jugador quería estar. Lo único que no sabía era si iba a poder aguantar 50, 60 o 90 minutos. Pero media parte la iba a jugar seguro.—Una responsabilidad…—Le dije: «Si notas algo, pide el cambio, porque si no sí que te vas a hacer daño». Hay que gestionarlo, pero me gusta asumir esas responsabilidades. Esto también me pasó con Aleix Vidal, que tuvo una fractura con luxación en el tobillo en el campo del Alavés. Y él me dijo: «Juanjo, voy a hacer todo lo posible para estar dentro de cuatro meses. Yo te haré caso en todo, pero voy a estar». Trabajó mucho y redebutó aquella misma temporada también contra el Alavés en la final de la Copa que ganamos en el campo del Atlético de Madrid.«Yo fui una víctima de la guerra médica, era incompatible con la gente que Xavi quería traer; no puedes romper estructuras de club por capricho»—Las ganas del jugador…—Sí, pero siempre dentro de unos plazos prudentes y asumiendo el jugador el riesgo que hay. El primero que tenía que dar el visto bueno era el jugador, yo nunca apreté a un jugador para decirle: «Oye, que el míster te necesita».—¿Ronaldinho es el ejemplo, en negativo, de lo importante que es el entrenamiento invisible?—No soy muy objetivo hablando de Ronnie porque le tengo un aprecio descomunal. Fue un tema de una gestión más personal que deportiva. Pero el entrenamiento invisible cada vez más es súper importante para la prevención. La nutrición, el descanso… Si un jugador no es capaz de dominar todo esto es carne de cañón.—Usted y Messi eran carne y uña. ¿Había celos del resto?—No, porque era abismal la diferencia entre el uno y el dos. Todo el mundo lo asumió. Leo no generaba celos ¿por qué? Porque sin él teníamos muchas menos posibilidades de ganar con el equipazo que teníamos.«Puyol es el peor paciente que he tenido, quería jugar siempre y era un bruto»—¿Y cuesta mucho decirle que no a Leo?—Cuando tenía alguna bronca es porque no le habían comunicado la decisión que iban a tomar. Al jugador no le puedes ir con sí o no, no le puedes obligar. Porque está por encima de todos. Al final con el jugador tú tienes que negociar siempre, sea de la categoría que sea. Con un crack como Leo, lo tienes que gestionar, y él tiene que decidir. Tú le tienes que hacer una propuesta y él que decida sobre esta propuesta. «¿Oye, Leo, tú te ves para jugar el domingo?», «Sí», «Pues no hablemos más». —Pero usted detectará si puede estar realmente o si las ganas le superan…—Evidentemente, pero eso lo hemos gestionado diciéndole que hay un riesgo. «Yo no te veo. Pero si quieres asumir el riesgo, lo asumimos. Pero entonces, en la foto fea sal conmigo. No me dejes solo porque me va a costar el cargo«.—Un papelón el suyo…—Con Leo era gestionar… Nosotros lo teníamos cuando volvíamos de la selección argentina, que había que jugar con jet lag. Pep Guardiola siempre me decía que, al regresar, fuera a verle para decirle como estaba Leo. Y yo con Leo hablaba, «oye, si me pregunta el míster, ¿tú cómo te ves para estar el domingo disponible?». Y yo hacía mi recomendación. «Oye, venimos de jugar en Bolivia, de la altura. Igual es mejor empezar en el banco y si el equipo te necesita salir, no sé cómo lo ves». Esto era gestionar. Y si tú gestionabas con Leo, no tenías ningún problema. «A un jugador no le tienes que dar normas, le tienes que dar guiones; y a un crack como Messi lo tienes que gestionar y él tiene que decidir»—Otro papelón para el entrenador…—Un jugador de fútbol de este nivel está por encima del entrenador… Tiene que negociar con él. Un ejemplo: cuando eliminamos al PSG de Emery en el Camp Nou, Messi estaba muy tocado, pero quería jugar para ayudar al equipo. Cuando salió a calentar el estadio ya se vino abajo y el PSG se cagó. Lo único que le dije fue: «No estás. Corre solo la pelota buena, no las corras todas. Eres el mejor del mundo y con una buena tuya pasamos y con esa buena le dio el pase a Neymar…». Esto es la gestión.Juanjo Brau, tras la entrevista concedida a ABC. PEP DALMAU—Las selecciones, un foco de polémica… ¿Recuerda la pubalgia de Lamine?—El jugador a veces piensa que cuando no tiene dolor está apto para jugar o simplemente lo omite… Una opción es decirle que esto le va a perjudicar a la larga o decirle que no a tiempo. Es un tema de la gestión, de que en los partidos que realmente no lo necesitas o que tienes el partido resuelto, lo cambies.—Aún se culpa de las lesiones de Pedri a su participación en la Eurocopa y en los JJ.OO.—El jugador estaba sano, no venía de ninguna lesión, pero hay más factores… Venía de jugar en Segunda división, en Las Palmas, un día a la semana y se encuentra jugando dos días por semana… En teoría venía para el filial… Ese año el Barça era caótico… Tendría que haber una negociación, pero el jugador jamás le va a decir que no a la selección a pesar de jugar más de 60 partidos esa temporada. Pero esto nunca lo tiene que negociar el jugador, lo tiene que negociar el club.«Dembélé llegó muy joven, no se supo gestionar su situación y su entorno no remaba a favor»—Usted dice que llevar el peso del equipo con 18 años acaba pasando factura. ¿Puede pasarle a Lamine?—Sí, por un tema emocional. Messi no llevó esta carga a esa edad. Y Leo tenía un factor a su favor muy bueno, que tenía un entorno, tenía una persona que lo protegía al máximo que era Ronaldinho y tenía de todo y tenía Henry, Etoo… Tenía gente al lado que le hacían de coraza. Lamine no tiene nadie hoy de coraza. ¿A partir de cuándo fue Leo titular? Prueba de ello que hoy está jugando con 38 años y se sale.—Lamine está respondiendo…—Me refiero al aspecto emocional. Hay una carga mediática muy alta. El elogio ya lo tienes, el elogio ya vive en ti. El problema es cuando llega la crítica. Cuando tú vives en el elogio, la crítica es derrotista, pasa factura. —¿Carles Puyol es el mejor paciente que ha tenido?—No, era el peor paciente porque quería jugar siempre, era un bruto y el umbral del dolor lo tenía arriba del todo. Es amigo, pero es que Puyol era corazón, era alma, era todo. Es el jugador que más ha tenido el sentimiento de culé, de pertenencia. Jugó muy tocado, era el buque insignia. Es el referente de lo que tiene que ser el capitán del Barça. El tío se preocupaba por todo el entorno del Barça. Un día me dijo: «si ganamos la Champions, le voy a hacer levantar la copa a Abidal y le voy a dar el brazalete». «El jugador nunca tiene que negociar con la selección, lo tiene que hacer el club»—¿Por qué nunca se lesionaba Busquets? —Porque tiene un físico privilegiado. Una vez tuvo un esguince de tobillo antes de un partido ante el Madrid. Recuerdo que le puse una bota Walker (alternativa a la escayola tradicional para inmovilizar y estabilizar lesiones de pie) y dudaba de su efectividad. Le dije: «póntela, que vas a jugar; lo que no te aseguro es que juegues si no te la pones». ¡Se la puso y jugó! Es de los jugadores más inteligentes que he visto en el fútbol, por el dominio del espacio, del tiempo, de todo. Maximizaba sus recursos… y no pisó el gimnasio, ¿eh? —¿Sufrió mucho con Dembélé, el futbolista de cristal?—Vino muy joven y con un físico nada trabajado. Llegó demasiado pronto al Barça en esas condiciones y no se supo gestionar toda su situación. Era un jugador que necesitaba un tipo de entrenamiento realmente basado en sus acciones. Y creo que en el PSG lo ha logrado. —¿Tuvo que hacer más de psicólogo que de readaptador?—Sí. Su entorno no remaba a favor en cuanto a estructura. Estaba conmigo cuando estaba lesionado y era brutal lo que hacía. Pero vino con una edad en la que alguien le tiene que sentar y decir «estás aquí, ¿vale?, estás aquí». Y tú no le tienes que dar normas, tú le tienes que dar guiones. Es que un jugador cuando viene al Barça tiene que conocer qué es el Barça porque somos muy diferentes. «Los preparadores físicos personales de los jugadores son un hándicap hoy en día para un club, es muy difícil de gestionar»—¿Tanto?—Cuando llegó Luis Suárez no podía pisar ninguna instalación deportiva. Yo estuve con él trabajando, corríamos por la playa… En ese tiempo tuve tiempo de explicarle lo que era el Barça, dónde iba y dónde se metía.—¿Qué le parece el oscurantismo de los clubes en los partes médicos, como por ejemplo con Mbappé?—El que tiene la potestad del comunicado médico es el jugador. El club no puede hacer nada. Si el jugador te dice que no quiere decir nada, tú no puedes decir nada Otra cosa es si se están buscando diferentes opiniones, como creo que está ocurriendo en este caso, porque aún no saben en qué situación están.—Su salida coincide con la llegada de Xavi, que exige la reforma de los servicios médicos ¿Es usted una víctima de esa guerra del bisturí?— Sí, sí, sí, totalmente. Éramos incompatibles con la gente que Xavi quería traer, no coincidía con su forma de trabajar y prueba de eso es que de lo que trajo no hay nada. Tú no puedes romper estructuras de club por tu capricho. Todo lo que ha venido después no es mejor, con una inversión económica altísima. De todo aquello no hay nada y me dolió que lo rompiera una persona que justamente era del club.
Juanjo Brau (Sant Vicenç de Castellet, Barcelona, 1964) se incorporó al fútbol base del Barcelona en 1997 y subió al primer equipo en 2004 coincidiendo con la plaga de lesiones de rodilla que asolaron al equipo (Thiago Motta, Gabri García, Sylvinho, Edmílson y Henrik Larsson). … Desde entonces se encargó de la readaptación de los jugadores que se lesionaban y era habitual verle junto a Messi o Puyol. Creó el Departamento de Fisioterapia del club, que dirigió hasta 2021, coincidiendo con la llegada de Xavi Hernández al banquillo, que exigió la remodelación de los servicios médicos. Ahora ha escrito un libro, ‘Lo que el fútbol no ve’, en el que explica cómo gestionar las lesiones y sus vivencias en el vestuario cule.
—¿Qué le parece que un jugador se opere con un médico externo, algo que menoscaba la imagen del club?
—El servicio médico de un club como el nuestro, como el Barça, tiene que ser facilitador. Aparte, es bueno tener expertos, especialistas fuera para hacer ciertas operaciones. No lo veo mal.
—Ahora se está poniendo muy de moda el que cada jugador vaya con su preparador físico aparte…
—Ese es uno de los grandes hándicaps que nos encontramos hoy en día. Pero ya no tan solo esto, hoy tienen nutricionista, psicólogo, médico, fisio… Es algo que lo proporciona el propio representante…
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Fútbol / Selección
José Carlos Carabias
— ¿Y cómo lo gestiona? ¿Es negativo?
—Es muy difícil de gestionar y no era bueno. Primero porque muchos jugadores lo hacían a escondidas y en esto tiene que haber mucha más transparencia. Siempre he estado a favor de que el jugador pueda tener gente de confianza fuera, pero siempre que vayamos con el mismo mensaje. Un ejemplo es Neymar. Con su preparador llegamos a tener una cierta amistad, pero es que el mensaje siempre fue común y nos compartíamos los intereses. Tiene que haber la suficiente humildad entre los dos para aceptarse mutuamente.
—¿Ha tenido que hacer muchos equilibrios entre un jugador y un entrenador?
—Sí. Siempre me he equivocado más cuando he dicho sí que cuando he dicho no. Cuando iba con un mensaje al entrenador, ya lo había pactado con el jugador. Yo no podía ir con dos mensajes diferentes, ser políticamente correcto y quedar bien con los dos. Yo me debía a mi club, pero sobre todo al jugador lesionado, del que era responsable.
—¿Cómo se gestionan las prisas en el Barça ante un partido importante?
—En función de las necesidades. Ocurrió con Puyol, al que Pep quería tener ante el Madrid porque era el que marcaba a Cristiano Ronaldo… Ahí tratábamos que estuviera disponible, pero avisando que probablemente el jugador no estaría para 90 minutos.
—Una final todos la quieren jugar…
— Sí, por ejemplo Henry. Se lesionó en campo del Madrid en una jugada con Ramos poco antes de la final de Champions. Y me dice: «Juanjo, he venido al Barça para ganar la Champions, que es el único título que me falta y lo quiero ganar y quiero estar».
(PEP DALMAU / FCB / FACEBOOK)
—Y la jugó…
—El objetivo era factible. Si hubiera tenido para ocho semanas, le hubiéramos dicho que era imposible, pero como estaba en ese margen se pudo apurar. Cuando me preguntaban si llegaría, yo decía que sí, porque el jugador quería estar. Lo único que no sabía era si iba a poder aguantar 50, 60 o 90 minutos. Pero media parte la iba a jugar seguro.
—Una responsabilidad…
—Le dije: «Si notas algo, pide el cambio, porque si no sí que te vas a hacer daño». Hay que gestionarlo, pero me gusta asumir esas responsabilidades. Esto también me pasó con Aleix Vidal, que tuvo una fractura con luxación en el tobillo en el campo del Alavés. Y él me dijo: «Juanjo, voy a hacer todo lo posible para estar dentro de cuatro meses. Yo te haré caso en todo, pero voy a estar». Trabajó mucho y redebutó aquella misma temporada también contra el Alavés en la final de la Copa que ganamos en el campo del Atlético de Madrid.
«Yo fui una víctima de la guerra médica, era incompatible con la gente que Xavi quería traer; no puedes romper estructuras de club por capricho»
—Las ganas del jugador…
—Sí, pero siempre dentro de unos plazos prudentes y asumiendo el jugador el riesgo que hay. El primero que tenía que dar el visto bueno era el jugador, yo nunca apreté a un jugador para decirle: «Oye, que el míster te necesita».
—¿Ronaldinho es el ejemplo, en negativo, de lo importante que es el entrenamiento invisible?
—No soy muy objetivo hablando de Ronnie porque le tengo un aprecio descomunal. Fue un tema de una gestión más personal que deportiva. Pero el entrenamiento invisible cada vez más es súper importante para la prevención. La nutrición, el descanso… Si un jugador no es capaz de dominar todo esto es carne de cañón.
—Usted y Messi eran carne y uña. ¿Había celos del resto?
—No, porque era abismal la diferencia entre el uno y el dos. Todo el mundo lo asumió. Leo no generaba celos ¿por qué? Porque sin él teníamos muchas menos posibilidades de ganar con el equipazo que teníamos.
«Puyol es el peor paciente que he tenido, quería jugar siempre y era un bruto»
—¿Y cuesta mucho decirle que no a Leo?
—Cuando tenía alguna bronca es porque no le habían comunicado la decisión que iban a tomar. Al jugador no le puedes ir con sí o no, no le puedes obligar. Porque está por encima de todos. Al final con el jugador tú tienes que negociar siempre, sea de la categoría que sea. Con un crack como Leo, lo tienes que gestionar, y él tiene que decidir. Tú le tienes que hacer una propuesta y él que decida sobre esta propuesta. «¿Oye, Leo, tú te ves para jugar el domingo?», «Sí», «Pues no hablemos más».
—Pero usted detectará si puede estar realmente o si las ganas le superan…
—Evidentemente, pero eso lo hemos gestionado diciéndole que hay un riesgo. «Yo no te veo. Pero si quieres asumir el riesgo, lo asumimos. Pero entonces, en la foto fea sal conmigo. No me dejes solo porque me va a costar el cargo».
—Un papelón el suyo…
—Con Leo era gestionar… Nosotros lo teníamos cuando volvíamos de la selección argentina, que había que jugar con jet lag. Pep Guardiola siempre me decía que, al regresar, fuera a verle para decirle como estaba Leo. Y yo con Leo hablaba, «oye, si me pregunta el míster, ¿tú cómo te ves para estar el domingo disponible?». Y yo hacía mi recomendación. «Oye, venimos de jugar en Bolivia, de la altura. Igual es mejor empezar en el banco y si el equipo te necesita salir, no sé cómo lo ves». Esto era gestionar. Y si tú gestionabas con Leo, no tenías ningún problema.
«A un jugador no le tienes que dar normas, le tienes que dar guiones; y a un crack como Messi lo tienes que gestionar y él tiene que decidir»
—Otro papelón para el entrenador…
—Un jugador de fútbol de este nivel está por encima del entrenador… Tiene que negociar con él. Un ejemplo: cuando eliminamos al PSG de Emery en el Camp Nou, Messi estaba muy tocado, pero quería jugar para ayudar al equipo. Cuando salió a calentar el estadio ya se vino abajo y el PSG se cagó. Lo único que le dije fue: «No estás. Corre solo la pelota buena, no las corras todas. Eres el mejor del mundo y con una buena tuya pasamos y con esa buena le dio el pase a Neymar…». Esto es la gestión.

(PEP DALMAU)
—Las selecciones, un foco de polémica… ¿Recuerda la pubalgia de Lamine?
—El jugador a veces piensa que cuando no tiene dolor está apto para jugar o simplemente lo omite… Una opción es decirle que esto le va a perjudicar a la larga o decirle que no a tiempo. Es un tema de la gestión, de que en los partidos que realmente no lo necesitas o que tienes el partido resuelto, lo cambies.
—Aún se culpa de las lesiones de Pedri a su participación en la Eurocopa y en los JJ.OO.
—El jugador estaba sano, no venía de ninguna lesión, pero hay más factores… Venía de jugar en Segunda división, en Las Palmas, un día a la semana y se encuentra jugando dos días por semana… En teoría venía para el filial… Ese año el Barça era caótico… Tendría que haber una negociación, pero el jugador jamás le va a decir que no a la selección a pesar de jugar más de 60 partidos esa temporada. Pero esto nunca lo tiene que negociar el jugador, lo tiene que negociar el club.
«Dembélé llegó muy joven, no se supo gestionar su situación y su entorno no remaba a favor»
—Usted dice que llevar el peso del equipo con 18 años acaba pasando factura. ¿Puede pasarle a Lamine?
—Sí, por un tema emocional. Messi no llevó esta carga a esa edad. Y Leo tenía un factor a su favor muy bueno, que tenía un entorno, tenía una persona que lo protegía al máximo que era Ronaldinho y tenía de todo y tenía Henry, Etoo… Tenía gente al lado que le hacían de coraza. Lamine no tiene nadie hoy de coraza. ¿A partir de cuándo fue Leo titular? Prueba de ello que hoy está jugando con 38 años y se sale.
—Lamine está respondiendo…
—Me refiero al aspecto emocional. Hay una carga mediática muy alta. El elogio ya lo tienes, el elogio ya vive en ti. El problema es cuando llega la crítica. Cuando tú vives en el elogio, la crítica es derrotista, pasa factura.
—¿Carles Puyol es el mejor paciente que ha tenido?
—No, era el peor paciente porque quería jugar siempre, era un bruto y el umbral del dolor lo tenía arriba del todo. Es amigo, pero es que Puyol era corazón, era alma, era todo. Es el jugador que más ha tenido el sentimiento de culé, de pertenencia. Jugó muy tocado, era el buque insignia. Es el referente de lo que tiene que ser el capitán del Barça. El tío se preocupaba por todo el entorno del Barça. Un día me dijo: «si ganamos la Champions, le voy a hacer levantar la copa a Abidal y le voy a dar el brazalete».
«El jugador nunca tiene que negociar con la selección, lo tiene que hacer el club»
—¿Por qué nunca se lesionaba Busquets?
—Porque tiene un físico privilegiado. Una vez tuvo un esguince de tobillo antes de un partido ante el Madrid. Recuerdo que le puse una bota Walker (alternativa a la escayola tradicional para inmovilizar y estabilizar lesiones de pie) y dudaba de su efectividad. Le dije: «póntela, que vas a jugar; lo que no te aseguro es que juegues si no te la pones». ¡Se la puso y jugó! Es de los jugadores más inteligentes que he visto en el fútbol, por el dominio del espacio, del tiempo, de todo. Maximizaba sus recursos… y no pisó el gimnasio, ¿eh?
—¿Sufrió mucho con Dembélé, el futbolista de cristal?
—Vino muy joven y con un físico nada trabajado. Llegó demasiado pronto al Barça en esas condiciones y no se supo gestionar toda su situación. Era un jugador que necesitaba un tipo de entrenamiento realmente basado en sus acciones. Y creo que en el PSG lo ha logrado.
—¿Tuvo que hacer más de psicólogo que de readaptador?
—Sí. Su entorno no remaba a favor en cuanto a estructura. Estaba conmigo cuando estaba lesionado y era brutal lo que hacía. Pero vino con una edad en la que alguien le tiene que sentar y decir «estás aquí, ¿vale?, estás aquí». Y tú no le tienes que dar normas, tú le tienes que dar guiones. Es que un jugador cuando viene al Barça tiene que conocer qué es el Barça porque somos muy diferentes.
«Los preparadores físicos personales de los jugadores son un hándicap hoy en día para un club, es muy difícil de gestionar»
—¿Tanto?
—Cuando llegó Luis Suárez no podía pisar ninguna instalación deportiva. Yo estuve con él trabajando, corríamos por la playa… En ese tiempo tuve tiempo de explicarle lo que era el Barça, dónde iba y dónde se metía.
—¿Qué le parece el oscurantismo de los clubes en los partes médicos, como por ejemplo con Mbappé?
—El que tiene la potestad del comunicado médico es el jugador. El club no puede hacer nada. Si el jugador te dice que no quiere decir nada, tú no puedes decir nada Otra cosa es si se están buscando diferentes opiniones, como creo que está ocurriendo en este caso, porque aún no saben en qué situación están.
—Su salida coincide con la llegada de Xavi, que exige la reforma de los servicios médicos ¿Es usted una víctima de esa guerra del bisturí?
— Sí, sí, sí, totalmente. Éramos incompatibles con la gente que Xavi quería traer, no coincidía con su forma de trabajar y prueba de eso es que de lo que trajo no hay nada. Tú no puedes romper estructuras de club por tu capricho. Todo lo que ha venido después no es mejor, con una inversión económica altísima. De todo aquello no hay nada y me dolió que lo rompiera una persona que justamente era del club.
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