Hace poco más de medio siglo, la humanidad fue testigo de dos ‘milagros’ destinados a cambiar el futuro para siempre: en julio de 1969 Neil Armstrong pisó la Luna; y casi al mismo tiempo, en un laboratorio de Cambridge, se conseguía la primera prueba de fecundación humana in vitro, algo que poco después, el 25 de julio de 1978, llevaría al nacimiento de Louise Brown en Reino Unido, el primer ser humano ‘concebido’ en un laboratorio. Fueron dos revoluciones paralelas, fruto de dos ramas de la ciencia que nunca se habían cruzado. Hasta ahora.Un nuevo y exhaustivo estudio publicado en ‘ Reproductive Biomedicine Online ‘, en efecto, acaba de lanzar una seria advertencia: el espacio se está convirtiendo en un lugar de trabajo y un destino turístico, y pronto muchos humanos pasarán largas temporadas en él. De hecho, la NASA ha fijado 2032 como momento en el que se establecerá la primera base lunar, que se pretende sea, en un futuro, autosostenible e independiente de la Tierra. Pero no tenemos ni idea de lo seguro que será reproducirse allí. Y lo que es más preocupante, no existen normas destinadas a evitar lo que podría convertirse en un desastre biológico.No podemos negarlo. La cuestión de la ‘salud reproductiva’ más allá de la Tierra ha dejado de ser un ejercicio teórico para convertirse en algo urgentemente práctico. Giles Palmer, embriólogo clínico de la International IVF Initiative Inc y uno de los autores principales del nuevo estudio, lo resume con una claridad meridiana: «Argumentamos que estas revoluciones, antes separadas, están colisionando en una realidad práctica y poco explorada: el espacio se está convirtiendo en un lugar más de trabajo».La cuestión es más seria de lo que parece: ¿Estamos preparados biológicamente para ser padres en órbita? Según la nueva investigación, la respuesta corta es no. Pero la respuesta larga resulta aún más inquietante.La radiación es uno de los mayores peligros para la futura ‘reproducción espacial’: actúa como munición microscópica capaz de dañar de forma irreversible la reserva de óvulos o el ADN del espermaEl entorno más hostilEl espacio no es un simple vacío tranquilo, sino un entorno extraordinariamente agresivo y que parece diseñado para destruir la vida tal como la conocemos. El nuevo informe, elaborado por un panel de nueve expertos en medicina aeroespacial, bioética y salud reproductiva, subraya que, a pesar de los avances, carecemos de estándares industriales para gestionar los posibles riesgos de la ‘paternidad espacial’. Y no se trata solo de sexo en gravedad cero, una cuestión que suele acaparar grandes titulares, sino de la viabilidad misma de nuestras células reproductivas en ese entorno hostil.Palmer y sus colegas identifican tres ‘jinetes del apocalipsis’ para la fertilidad humana fuera de la Tierra. En primer lugar, la omnipresente radiación cósmica, que es capaz de destruir el ADN. Seguida de cerca por la falta de gravedad, que altera el flujo de los líquidos corporales y la estructura celular. Y por último, aunque no por eso menos importante, la ‘disrupción circadiana’. En la Estación Espacial Internacional (ISS), el Sol sale y se pone 16 veces al día, lo que provoca un auténtico caos hormonal en los ritmos biológicos que regulan la fertilidad.Lo que dicen los estudiosHasta la fecha, la NASA y otras agencias han mantenido una política estricta: el embarazo es una contraindicación absoluta para el vuelo espacial. Las astronautas suelen utilizar supresión hormonal para evitar la menstruación durante las misiones, una práctica sin duda efectiva para la operatividad, pero que nos deja sin datos sobre cómo funcionan los ciclos naturales en órbita.Por su parte, los datos históricos de las misiones del Transbordador Espacial (Shuttle) parecen tranquilizadores, aunque muy incompletos. De hecho, las mujeres que volaron en misiones cortas reportaron tasas de embarazo y complicaciones posteriores comparables a las de mujeres de su misma edad que nunca salieron de la Tierra. Sin embargo, no sabemos nada sobre lo que puede ocurrir en misiones de larga duración, como un viaje a Marte, que duraría años.La tecnología de reproducción asistida, ya madura y automatizada, podría ser el único puente seguro para que la humanidad eche raíces más allá de la atmósferaSi nos fijamos en los animales, las luces de alarma empiezan a parpadear. Estudios anteriores, como el famoso experimento ‘Space Pup’ del investigador japonés Teruhiko Wakayama, enviaron esperma de ratón liofilizado a la ISS durante nueve meses. ¿El resultado? El esperma sufrió daños en su ADN debido a la radiación. Aunque se lograron nacimientos de ratones sanos tras fecundar óvulos en la Tierra (gracias a la asombrosa capacidad de reparación del óvulo), esto plantea una duda más que preocupante: ¿Podría un embrión humano reparar ese daño si la concepción ocurriera en el espacio, bajo radiación constante?La nueva generación de ratones concebidos con espermatozoides preservados en el espacio. Teruhiko Wakayama / AFPEso es, precisamente, lo que destaca el nuevo estudio. El efecto de la exposición acumulativa a la radiación sobre la fertilidad masculina sigue siendo, escriben los autores, «una brecha de conocimiento crítica».Los peligros de un ‘bebé espacial’Los ovarios de una mujer contienen todos los óvulos que tendrá en su vida desde que nace. Son un recurso no renovable. Y si la radiación daña esa reserva, por ejemplo, durante un viaje a Marte, el daño será irreversible, y puede llevar a un fallo ovárico prematuro o, peor aún, a defectos genéticos en la descendencia. Y en los hombres, aunque el esperma se regenera constantemente, las células madre que lo producen podrían verse comprometidas de forma permanente.Por eso, los autores del estudio señalan la urgente necesidad de nuevas evidencias «para guiar las estrategias diagnósticas, preventivas y terapéuticas en entornos extraterrestres». No podemos esperar a que nazca el primer niño con malformaciones inducidas por el entorno espacial para empezar a legislar.La reproducción asistida, al rescateSin embargo, para los autores no todo está perdido. Y si la biología natural falla, la tecnología podría ser la respuesta. El informe, de hecho, sugiere que las técnicas de Fecundación In Vitro (FIV) y la criopreservación, que ya usamos en la Tierra, podrían adaptarse con facilidad a las demandas y a las especiales exigencias del espacio.Imaginemos, por ejemplo, sistemas automatizados de biobancos en la Luna, donde gametos y embriones se mantienen protegidos de la radiación, listos para ser utilizados bajo condiciones controladas. «Las tecnologías de FIV en el espacio -asegura Palmer- ya no son puramente especulativas. Las técnicas de preservación de gametos, el cultivo de embriones y el cribado genético están maduras, son portátiles y están cada vez más automatizadas».El dilema éticoInevitablemente, todo lo anterior nos lleva a tener en cuenta las consideraciones éticas que tiene aplicar esas tecnologías. Por ejemplo, si una turista espacial oculta un embarazo antes de subir a un cohete de SpaceX o Blue Origin, ¿qué protocolos existen para proteger a ese feto de las fuerzas G del despegue o de una tormenta solar repentina? Y otro ejemplo: ¿Es ético realizar cribados genéticos obligatorios a los futuros moradores de las colonias lunares, como la planteada por la NASA para la década que viene, para ‘optimizar’ la raza humana fuera de la Tierra?Fathi Karouia, también autor principal del estudio y científico investigador en la propia agencia espacial estadounidense, lanza un llamamiento directo a la comunidad internacional: «A medida que la presencia humana en el espacio se expande, la salud reproductiva ya no puede seguir siendo un punto ciego».Karouia insiste en que la colaboración global es urgente para «establecer pautas éticas que protejan tanto a los astronautas profesionales como a los privados».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Artemis II: Los diez días que decidirán una nueva era en la Luna noticia Si La pelota naranja que nunca existió y once años para un inocente: así se equivoca el cerebroEl mensaje final de este grupo de expertos es que la ventana de oportunidad para establecer reglas se está cerrando. La historia de la tecnología nos enseña que, a menudo, los avances suelen entrar en nuestras vidas de manera silenciosa e incremental, y que solemos justificarlos o regularlos sólo después de haberse producido. Pero en el espacio, donde un error biológico no tiene vuelta atrás, no podemos permitirnos ese lujo. Hace poco más de medio siglo, la humanidad fue testigo de dos ‘milagros’ destinados a cambiar el futuro para siempre: en julio de 1969 Neil Armstrong pisó la Luna; y casi al mismo tiempo, en un laboratorio de Cambridge, se conseguía la primera prueba de fecundación humana in vitro, algo que poco después, el 25 de julio de 1978, llevaría al nacimiento de Louise Brown en Reino Unido, el primer ser humano ‘concebido’ en un laboratorio. Fueron dos revoluciones paralelas, fruto de dos ramas de la ciencia que nunca se habían cruzado. Hasta ahora.Un nuevo y exhaustivo estudio publicado en ‘ Reproductive Biomedicine Online ‘, en efecto, acaba de lanzar una seria advertencia: el espacio se está convirtiendo en un lugar de trabajo y un destino turístico, y pronto muchos humanos pasarán largas temporadas en él. De hecho, la NASA ha fijado 2032 como momento en el que se establecerá la primera base lunar, que se pretende sea, en un futuro, autosostenible e independiente de la Tierra. Pero no tenemos ni idea de lo seguro que será reproducirse allí. Y lo que es más preocupante, no existen normas destinadas a evitar lo que podría convertirse en un desastre biológico.No podemos negarlo. La cuestión de la ‘salud reproductiva’ más allá de la Tierra ha dejado de ser un ejercicio teórico para convertirse en algo urgentemente práctico. Giles Palmer, embriólogo clínico de la International IVF Initiative Inc y uno de los autores principales del nuevo estudio, lo resume con una claridad meridiana: «Argumentamos que estas revoluciones, antes separadas, están colisionando en una realidad práctica y poco explorada: el espacio se está convirtiendo en un lugar más de trabajo».La cuestión es más seria de lo que parece: ¿Estamos preparados biológicamente para ser padres en órbita? Según la nueva investigación, la respuesta corta es no. Pero la respuesta larga resulta aún más inquietante.La radiación es uno de los mayores peligros para la futura ‘reproducción espacial’: actúa como munición microscópica capaz de dañar de forma irreversible la reserva de óvulos o el ADN del espermaEl entorno más hostilEl espacio no es un simple vacío tranquilo, sino un entorno extraordinariamente agresivo y que parece diseñado para destruir la vida tal como la conocemos. El nuevo informe, elaborado por un panel de nueve expertos en medicina aeroespacial, bioética y salud reproductiva, subraya que, a pesar de los avances, carecemos de estándares industriales para gestionar los posibles riesgos de la ‘paternidad espacial’. Y no se trata solo de sexo en gravedad cero, una cuestión que suele acaparar grandes titulares, sino de la viabilidad misma de nuestras células reproductivas en ese entorno hostil.Palmer y sus colegas identifican tres ‘jinetes del apocalipsis’ para la fertilidad humana fuera de la Tierra. En primer lugar, la omnipresente radiación cósmica, que es capaz de destruir el ADN. Seguida de cerca por la falta de gravedad, que altera el flujo de los líquidos corporales y la estructura celular. Y por último, aunque no por eso menos importante, la ‘disrupción circadiana’. En la Estación Espacial Internacional (ISS), el Sol sale y se pone 16 veces al día, lo que provoca un auténtico caos hormonal en los ritmos biológicos que regulan la fertilidad.Lo que dicen los estudiosHasta la fecha, la NASA y otras agencias han mantenido una política estricta: el embarazo es una contraindicación absoluta para el vuelo espacial. Las astronautas suelen utilizar supresión hormonal para evitar la menstruación durante las misiones, una práctica sin duda efectiva para la operatividad, pero que nos deja sin datos sobre cómo funcionan los ciclos naturales en órbita.Por su parte, los datos históricos de las misiones del Transbordador Espacial (Shuttle) parecen tranquilizadores, aunque muy incompletos. De hecho, las mujeres que volaron en misiones cortas reportaron tasas de embarazo y complicaciones posteriores comparables a las de mujeres de su misma edad que nunca salieron de la Tierra. Sin embargo, no sabemos nada sobre lo que puede ocurrir en misiones de larga duración, como un viaje a Marte, que duraría años.La tecnología de reproducción asistida, ya madura y automatizada, podría ser el único puente seguro para que la humanidad eche raíces más allá de la atmósferaSi nos fijamos en los animales, las luces de alarma empiezan a parpadear. Estudios anteriores, como el famoso experimento ‘Space Pup’ del investigador japonés Teruhiko Wakayama, enviaron esperma de ratón liofilizado a la ISS durante nueve meses. ¿El resultado? El esperma sufrió daños en su ADN debido a la radiación. Aunque se lograron nacimientos de ratones sanos tras fecundar óvulos en la Tierra (gracias a la asombrosa capacidad de reparación del óvulo), esto plantea una duda más que preocupante: ¿Podría un embrión humano reparar ese daño si la concepción ocurriera en el espacio, bajo radiación constante?La nueva generación de ratones concebidos con espermatozoides preservados en el espacio. Teruhiko Wakayama / AFPEso es, precisamente, lo que destaca el nuevo estudio. El efecto de la exposición acumulativa a la radiación sobre la fertilidad masculina sigue siendo, escriben los autores, «una brecha de conocimiento crítica».Los peligros de un ‘bebé espacial’Los ovarios de una mujer contienen todos los óvulos que tendrá en su vida desde que nace. Son un recurso no renovable. Y si la radiación daña esa reserva, por ejemplo, durante un viaje a Marte, el daño será irreversible, y puede llevar a un fallo ovárico prematuro o, peor aún, a defectos genéticos en la descendencia. Y en los hombres, aunque el esperma se regenera constantemente, las células madre que lo producen podrían verse comprometidas de forma permanente.Por eso, los autores del estudio señalan la urgente necesidad de nuevas evidencias «para guiar las estrategias diagnósticas, preventivas y terapéuticas en entornos extraterrestres». No podemos esperar a que nazca el primer niño con malformaciones inducidas por el entorno espacial para empezar a legislar.La reproducción asistida, al rescateSin embargo, para los autores no todo está perdido. Y si la biología natural falla, la tecnología podría ser la respuesta. El informe, de hecho, sugiere que las técnicas de Fecundación In Vitro (FIV) y la criopreservación, que ya usamos en la Tierra, podrían adaptarse con facilidad a las demandas y a las especiales exigencias del espacio.Imaginemos, por ejemplo, sistemas automatizados de biobancos en la Luna, donde gametos y embriones se mantienen protegidos de la radiación, listos para ser utilizados bajo condiciones controladas. «Las tecnologías de FIV en el espacio -asegura Palmer- ya no son puramente especulativas. Las técnicas de preservación de gametos, el cultivo de embriones y el cribado genético están maduras, son portátiles y están cada vez más automatizadas».El dilema éticoInevitablemente, todo lo anterior nos lleva a tener en cuenta las consideraciones éticas que tiene aplicar esas tecnologías. Por ejemplo, si una turista espacial oculta un embarazo antes de subir a un cohete de SpaceX o Blue Origin, ¿qué protocolos existen para proteger a ese feto de las fuerzas G del despegue o de una tormenta solar repentina? Y otro ejemplo: ¿Es ético realizar cribados genéticos obligatorios a los futuros moradores de las colonias lunares, como la planteada por la NASA para la década que viene, para ‘optimizar’ la raza humana fuera de la Tierra?Fathi Karouia, también autor principal del estudio y científico investigador en la propia agencia espacial estadounidense, lanza un llamamiento directo a la comunidad internacional: «A medida que la presencia humana en el espacio se expande, la salud reproductiva ya no puede seguir siendo un punto ciego».Karouia insiste en que la colaboración global es urgente para «establecer pautas éticas que protejan tanto a los astronautas profesionales como a los privados».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Artemis II: Los diez días que decidirán una nueva era en la Luna noticia Si La pelota naranja que nunca existió y once años para un inocente: así se equivoca el cerebroEl mensaje final de este grupo de expertos es que la ventana de oportunidad para establecer reglas se está cerrando. La historia de la tecnología nos enseña que, a menudo, los avances suelen entrar en nuestras vidas de manera silenciosa e incremental, y que solemos justificarlos o regularlos sólo después de haberse producido. Pero en el espacio, donde un error biológico no tiene vuelta atrás, no podemos permitirnos ese lujo.
Hace poco más de medio siglo, la humanidad fue testigo de dos ‘milagros’ destinados a cambiar el futuro para siempre: en julio de 1969 Neil Armstrong pisó la Luna; y casi al mismo tiempo, en un laboratorio de Cambridge, se conseguía la primera prueba de … fecundación humana in vitro, algo que poco después, el 25 de julio de 1978, llevaría al nacimiento de Louise Brown en Reino Unido, el primer ser humano ‘concebido’ en un laboratorio. Fueron dos revoluciones paralelas, fruto de dos ramas de la ciencia que nunca se habían cruzado. Hasta ahora.
Un nuevo y exhaustivo estudio publicado en ‘Reproductive Biomedicine Online‘, en efecto, acaba de lanzar una seria advertencia: el espacio se está convirtiendo en un lugar de trabajo y un destino turístico, y pronto muchos humanos pasarán largas temporadas en él. De hecho, la NASA ha fijado 2032 como momento en el que se establecerá la primera base lunar, que se pretende sea, en un futuro, autosostenible e independiente de la Tierra. Pero no tenemos ni idea de lo seguro que será reproducirse allí. Y lo que es más preocupante, no existen normas destinadas a evitar lo que podría convertirse en un desastre biológico.
No podemos negarlo. La cuestión de la ‘salud reproductiva’ más allá de la Tierra ha dejado de ser un ejercicio teórico para convertirse en algo urgentemente práctico. Giles Palmer, embriólogo clínico de la International IVF Initiative Inc y uno de los autores principales del nuevo estudio, lo resume con una claridad meridiana: «Argumentamos que estas revoluciones, antes separadas, están colisionando en una realidad práctica y poco explorada: el espacio se está convirtiendo en un lugar más de trabajo».
La cuestión es más seria de lo que parece: ¿Estamos preparados biológicamente para ser padres en órbita? Según la nueva investigación, la respuesta corta es no. Pero la respuesta larga resulta aún más inquietante.
La radiación es uno de los mayores peligros para la futura ‘reproducción espacial’: actúa como munición microscópica capaz de dañar de forma irreversible la reserva de óvulos o el ADN del esperma
El entorno más hostil
El espacio no es un simple vacío tranquilo, sino un entorno extraordinariamente agresivo y que parece diseñado para destruir la vida tal como la conocemos. El nuevo informe, elaborado por un panel de nueve expertos en medicina aeroespacial, bioética y salud reproductiva, subraya que, a pesar de los avances, carecemos de estándares industriales para gestionar los posibles riesgos de la ‘paternidad espacial’. Y no se trata solo de sexo en gravedad cero, una cuestión que suele acaparar grandes titulares, sino de la viabilidad misma de nuestras células reproductivas en ese entorno hostil.
Palmer y sus colegas identifican tres ‘jinetes del apocalipsis’ para la fertilidad humana fuera de la Tierra. En primer lugar, la omnipresente radiación cósmica, que es capaz de destruir el ADN. Seguida de cerca por la falta de gravedad, que altera el flujo de los líquidos corporales y la estructura celular. Y por último, aunque no por eso menos importante, la ‘disrupción circadiana’. En la Estación Espacial Internacional (ISS), el Sol sale y se pone 16 veces al día, lo que provoca un auténtico caos hormonal en los ritmos biológicos que regulan la fertilidad.
Lo que dicen los estudios
Hasta la fecha, la NASA y otras agencias han mantenido una política estricta: el embarazo es una contraindicación absoluta para el vuelo espacial. Las astronautas suelen utilizar supresión hormonal para evitar la menstruación durante las misiones, una práctica sin duda efectiva para la operatividad, pero que nos deja sin datos sobre cómo funcionan los ciclos naturales en órbita.
Por su parte, los datos históricos de las misiones del Transbordador Espacial (Shuttle) parecen tranquilizadores, aunque muy incompletos. De hecho, las mujeres que volaron en misiones cortas reportaron tasas de embarazo y complicaciones posteriores comparables a las de mujeres de su misma edad que nunca salieron de la Tierra. Sin embargo, no sabemos nada sobre lo que puede ocurrir en misiones de larga duración, como un viaje a Marte, que duraría años.
La tecnología de reproducción asistida, ya madura y automatizada, podría ser el único puente seguro para que la humanidad eche raíces más allá de la atmósfera
Si nos fijamos en los animales, las luces de alarma empiezan a parpadear. Estudios anteriores, como el famoso experimento ‘Space Pup’ del investigador japonés Teruhiko Wakayama, enviaron esperma de ratón liofilizado a la ISS durante nueve meses. ¿El resultado? El esperma sufrió daños en su ADN debido a la radiación. Aunque se lograron nacimientos de ratones sanos tras fecundar óvulos en la Tierra (gracias a la asombrosa capacidad de reparación del óvulo), esto plantea una duda más que preocupante: ¿Podría un embrión humano reparar ese daño si la concepción ocurriera en el espacio, bajo radiación constante?

(Teruhiko Wakayama / AFP)
Eso es, precisamente, lo que destaca el nuevo estudio. El efecto de la exposición acumulativa a la radiación sobre la fertilidad masculina sigue siendo, escriben los autores, «una brecha de conocimiento crítica».
Los peligros de un ‘bebé espacial’
Los ovarios de una mujer contienen todos los óvulos que tendrá en su vida desde que nace. Son un recurso no renovable. Y si la radiación daña esa reserva, por ejemplo, durante un viaje a Marte, el daño será irreversible, y puede llevar a un fallo ovárico prematuro o, peor aún, a defectos genéticos en la descendencia. Y en los hombres, aunque el esperma se regenera constantemente, las células madre que lo producen podrían verse comprometidas de forma permanente.
Por eso, los autores del estudio señalan la urgente necesidad de nuevas evidencias «para guiar las estrategias diagnósticas, preventivas y terapéuticas en entornos extraterrestres». No podemos esperar a que nazca el primer niño con malformaciones inducidas por el entorno espacial para empezar a legislar.
La reproducción asistida, al rescate
Sin embargo, para los autores no todo está perdido. Y si la biología natural falla, la tecnología podría ser la respuesta. El informe, de hecho, sugiere que las técnicas de Fecundación In Vitro (FIV) y la criopreservación, que ya usamos en la Tierra, podrían adaptarse con facilidad a las demandas y a las especiales exigencias del espacio.
Imaginemos, por ejemplo, sistemas automatizados de biobancos en la Luna, donde gametos y embriones se mantienen protegidos de la radiación, listos para ser utilizados bajo condiciones controladas. «Las tecnologías de FIV en el espacio -asegura Palmer- ya no son puramente especulativas. Las técnicas de preservación de gametos, el cultivo de embriones y el cribado genético están maduras, son portátiles y están cada vez más automatizadas».
El dilema ético
Inevitablemente, todo lo anterior nos lleva a tener en cuenta las consideraciones éticas que tiene aplicar esas tecnologías. Por ejemplo, si una turista espacial oculta un embarazo antes de subir a un cohete de SpaceX o Blue Origin, ¿qué protocolos existen para proteger a ese feto de las fuerzas G del despegue o de una tormenta solar repentina? Y otro ejemplo: ¿Es ético realizar cribados genéticos obligatorios a los futuros moradores de las colonias lunares, como la planteada por la NASA para la década que viene, para ‘optimizar’ la raza humana fuera de la Tierra?
Fathi Karouia, también autor principal del estudio y científico investigador en la propia agencia espacial estadounidense, lanza un llamamiento directo a la comunidad internacional: «A medida que la presencia humana en el espacio se expande, la salud reproductiva ya no puede seguir siendo un punto ciego».
Karouia insiste en que la colaboración global es urgente para «establecer pautas éticas que protejan tanto a los astronautas profesionales como a los privados».
El mensaje final de este grupo de expertos es que la ventana de oportunidad para establecer reglas se está cerrando. La historia de la tecnología nos enseña que, a menudo, los avances suelen entrar en nuestras vidas de manera silenciosa e incremental, y que solemos justificarlos o regularlos sólo después de haberse producido. Pero en el espacio, donde un error biológico no tiene vuelta atrás, no podemos permitirnos ese lujo.
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