Multiplica por más de cien el agua que transportan todos los ríos de la Tierra juntos. No en vano, con sus 23.000 km de recorrido y su enorme caudal de alrededor de 160 millones de metros cúbicos de agua por segundo, es la mayor corriente oceánica de la Tierra. Circula siempre de oeste a este, en el sentido de las agujas del reloj, alrededor de la Antártida, conectando los océanos Pacífico e Índico. Así, la Corriente Circumpolar Antártica (CAA) actúa como una barrera física que aísla por completo al continente helado, impidiendo que las aguas cálidas lo derritan, y funciona como el termostato indiscutible de nuestro mundo. Su importancia es tal que, en 2021 y tras casi un siglo de debates, fue reconocida por fin como el quinto océano de la Tierra .Ahora, y por primera vez, un equipo de investigadores liderado por el Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina con sede en Bremerhaven, Alemania, describe cómo y cuándo se desarrolló esta poderosa corriente en forma de anillo. Y no fue del modo en que se pensaba hasta ahora. El estudio se acaba de publicar en ‘ Proceedings of the National Academy of Sciences ‘.El mundo que dejamos atrás hace 34 millones de añosEl clima de la Tierra, tal y como revelan los registros geológicos, experimentó su último cambio drástico hace unos 34 millones de años, justo durante la tumultuosa transición hacia la época del Oligoceno. Fue entonces cuando nuestro planeta pasó de ser un mundo ‘invernadero’, sofocante y en gran medida libre de placas de hielo, a tener nuestro actual clima de ‘nevera’, en el que vastas áreas de los polos empezaron a cubrirse de hielos perpetuos de forma progresiva. Un cambio, por cierto, que casi le cuesta a nuestros ancestros primates su propia existencia .En aquel momento crítico, los estrechos pasos oceánicos que separaban Australia, la Antártida y Sudamérica se ensancharon y se hicieron más profundos debido a la implacable y lentísima deriva continental. Era el escenario perfecto para que la Corriente Circumpolar Antártica comenzara a gestarse y, en paralelo, se dio el pistoletazo de salida para la formación de la vasta capa de hielo que cubre la Antártida.Fueron los furiosos vientos del oeste los que actuaron como el ‘ingrediente secreto’ que desató un torrente que mueve cien veces más agua que todos los ríos del mundo juntosEn aquella época, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera rondaba las 600 partes por millón (ppm), un valor que jamás se ha vuelto a alcanzar desde entonces (incluso hoy, con todas nuestras emisiones, rozamos las 425 ppm), pero que, según algunos estudios, podríamos superar a finales de este mismo siglo.«Para predecir el posible clima futuro -explica Hanna Knahl, modelizadora climática del Instituto Alfred Wegener y autora principal de la investigación- es necesario observar el pasado con simulaciones y datos para comprender nuestra Tierra en estados climáticos más cálidos y ricos en CO2 que en la actualidad. Pero cuidado, el clima del pasado no puede proyectarse, por supuesto, de manera idéntica al futuro. Nuestro estudio demuestra que la corriente circumpolar en su ‘infancia’ influyó en el clima de manera muy diferente a como lo hace en la actualidad, ya completamente desarrollada».El inesperado papel del vientoEn su trabajo, Knahl y su equipo se propusieron desgranar los secretos de la formación de esta corriente titánica. Y lo hicieron generando complejas simulaciones climáticas que recreaban la configuración continental de hace exactamente 33,5 millones de años, un tiempo en el que Australia y Sudamérica estaban mucho más cerca de la Antártida que en la actualidad. En sus simulaciones, el equipo acopló los datos de la capa de hielo antártica (basándose en una investigación previa publicada en ‘ Science ‘ en 2024) con la dinámica del océano, la atmósfera y las masas terrestres. ¿El objetivo? Rastrear cómo se articularon, paso a paso, las corrientes en torno al Polo Sur.Lo que descubrieron desafía lo que hasta ahora se daba por sentado. Hanna Knahl lo detalla así: «Ya había indicios de que el viento en el Paso de Tasmania jugó un papel importante en la formación de la CCA. Nuestras simulaciones pueden confirmarlo claramente: sólo cuando Australia se alejó aún más de la Antártida y los fuertes vientos del oeste soplaron directamente a través del Paso de Tasmania, la corriente pudo desarrollarse por completo.Hasta que Australia no se alejó lo suficiente de la Antártida para permitir el paso ininterrumpido de los vientos huracanados a través del Paso de Tasmania, este formidable anillo oceánico no pudo aislar y rodear de hielo al continente blancoEn otras palabras, no bastó con que se abrieran las compuertas tectónicas entre las placas para que la corriente pudiera circular sin trabas físicas. También fue necesario que los furiosos vientos del oeste, bramando sin la interrupción de montañas y otros obstáculos, impulsaran directamente las aguas a través del canal recién inaugurado.Un océano partido en dosMás fascinante aún resulta el hecho de que, en aquella remota ‘infancia’, el inmenso Océano Austral estaba probablemente dividido en dos partes de caracteres completamente antagónicos. Así, y aunque los canales marinos alrededor de la Antártida ya estaban técnicamente abiertos, el modelo matemático recrea una fuerte y violenta corriente de agua exclusivamente en los sectores del Atlántico y del Índico. Por el contrario, el sector del Pacífico se mantenía mucho más dócil, tranquilo y en calma.Gerrit Lohmann, modelizador de paleoclimas del Instituto Wegener y coautor del trabajo, reflexiona sobre este hito: «Con este estudio demostramos, por primera vez, lo útil e importante que es llevar a cabo estas simulaciones de modelos acoplados y de resolución relativamente alta para el clima del pasado remoto. Aunque son muy exigentes, ofrecen conocimientos novedosos sobre la interacción del hielo, la atmósfera, la superficie terrestre y el océano». El nacimiento de esta gigantesca corriente circular marcó el destino ecológico del planeta Tierra al inducir una drástica reorganización de toda la circulación oceánica global. Johann Klages, también coautor de la investigación, concluye que «esta comprensión es crucial, ya que la formación de la CCA ha impulsado fuertemente la absorción de carbono por parte del océano. Esta reducción en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra tuvo, por tanto, el potencial de iniciar el clima más frío de la llamada Edad de Hielo Cenozoica, que continúa hasta nuestros días con casquetes polares permanentemente cubiertos de hielo, en los que se alternan periodos cálidos y fríos. Este nuevo conocimiento nos ayudará, por lo tanto, a interpretar con mayor fiabilidad los cambios recientes en la circulación del Océano Austral».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Los neandertales ya estaban condenados antes de cruzarse con nosotros noticia Si Nacer fuera de la Tierra: el plan para evitar un desastre genético en la futura colonia en la LunaComprender cómo las formidables corrientes oceánicas se «encendieron» en el pasado es, sin lugar a duda, nuestra mejor herramienta científica para sobrevivir a la incertidumbre del clima que está por venir. Multiplica por más de cien el agua que transportan todos los ríos de la Tierra juntos. No en vano, con sus 23.000 km de recorrido y su enorme caudal de alrededor de 160 millones de metros cúbicos de agua por segundo, es la mayor corriente oceánica de la Tierra. Circula siempre de oeste a este, en el sentido de las agujas del reloj, alrededor de la Antártida, conectando los océanos Pacífico e Índico. Así, la Corriente Circumpolar Antártica (CAA) actúa como una barrera física que aísla por completo al continente helado, impidiendo que las aguas cálidas lo derritan, y funciona como el termostato indiscutible de nuestro mundo. Su importancia es tal que, en 2021 y tras casi un siglo de debates, fue reconocida por fin como el quinto océano de la Tierra .Ahora, y por primera vez, un equipo de investigadores liderado por el Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina con sede en Bremerhaven, Alemania, describe cómo y cuándo se desarrolló esta poderosa corriente en forma de anillo. Y no fue del modo en que se pensaba hasta ahora. El estudio se acaba de publicar en ‘ Proceedings of the National Academy of Sciences ‘.El mundo que dejamos atrás hace 34 millones de añosEl clima de la Tierra, tal y como revelan los registros geológicos, experimentó su último cambio drástico hace unos 34 millones de años, justo durante la tumultuosa transición hacia la época del Oligoceno. Fue entonces cuando nuestro planeta pasó de ser un mundo ‘invernadero’, sofocante y en gran medida libre de placas de hielo, a tener nuestro actual clima de ‘nevera’, en el que vastas áreas de los polos empezaron a cubrirse de hielos perpetuos de forma progresiva. Un cambio, por cierto, que casi le cuesta a nuestros ancestros primates su propia existencia .En aquel momento crítico, los estrechos pasos oceánicos que separaban Australia, la Antártida y Sudamérica se ensancharon y se hicieron más profundos debido a la implacable y lentísima deriva continental. Era el escenario perfecto para que la Corriente Circumpolar Antártica comenzara a gestarse y, en paralelo, se dio el pistoletazo de salida para la formación de la vasta capa de hielo que cubre la Antártida.Fueron los furiosos vientos del oeste los que actuaron como el ‘ingrediente secreto’ que desató un torrente que mueve cien veces más agua que todos los ríos del mundo juntosEn aquella época, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera rondaba las 600 partes por millón (ppm), un valor que jamás se ha vuelto a alcanzar desde entonces (incluso hoy, con todas nuestras emisiones, rozamos las 425 ppm), pero que, según algunos estudios, podríamos superar a finales de este mismo siglo.«Para predecir el posible clima futuro -explica Hanna Knahl, modelizadora climática del Instituto Alfred Wegener y autora principal de la investigación- es necesario observar el pasado con simulaciones y datos para comprender nuestra Tierra en estados climáticos más cálidos y ricos en CO2 que en la actualidad. Pero cuidado, el clima del pasado no puede proyectarse, por supuesto, de manera idéntica al futuro. Nuestro estudio demuestra que la corriente circumpolar en su ‘infancia’ influyó en el clima de manera muy diferente a como lo hace en la actualidad, ya completamente desarrollada».El inesperado papel del vientoEn su trabajo, Knahl y su equipo se propusieron desgranar los secretos de la formación de esta corriente titánica. Y lo hicieron generando complejas simulaciones climáticas que recreaban la configuración continental de hace exactamente 33,5 millones de años, un tiempo en el que Australia y Sudamérica estaban mucho más cerca de la Antártida que en la actualidad. En sus simulaciones, el equipo acopló los datos de la capa de hielo antártica (basándose en una investigación previa publicada en ‘ Science ‘ en 2024) con la dinámica del océano, la atmósfera y las masas terrestres. ¿El objetivo? Rastrear cómo se articularon, paso a paso, las corrientes en torno al Polo Sur.Lo que descubrieron desafía lo que hasta ahora se daba por sentado. Hanna Knahl lo detalla así: «Ya había indicios de que el viento en el Paso de Tasmania jugó un papel importante en la formación de la CCA. Nuestras simulaciones pueden confirmarlo claramente: sólo cuando Australia se alejó aún más de la Antártida y los fuertes vientos del oeste soplaron directamente a través del Paso de Tasmania, la corriente pudo desarrollarse por completo.Hasta que Australia no se alejó lo suficiente de la Antártida para permitir el paso ininterrumpido de los vientos huracanados a través del Paso de Tasmania, este formidable anillo oceánico no pudo aislar y rodear de hielo al continente blancoEn otras palabras, no bastó con que se abrieran las compuertas tectónicas entre las placas para que la corriente pudiera circular sin trabas físicas. También fue necesario que los furiosos vientos del oeste, bramando sin la interrupción de montañas y otros obstáculos, impulsaran directamente las aguas a través del canal recién inaugurado.Un océano partido en dosMás fascinante aún resulta el hecho de que, en aquella remota ‘infancia’, el inmenso Océano Austral estaba probablemente dividido en dos partes de caracteres completamente antagónicos. Así, y aunque los canales marinos alrededor de la Antártida ya estaban técnicamente abiertos, el modelo matemático recrea una fuerte y violenta corriente de agua exclusivamente en los sectores del Atlántico y del Índico. Por el contrario, el sector del Pacífico se mantenía mucho más dócil, tranquilo y en calma.Gerrit Lohmann, modelizador de paleoclimas del Instituto Wegener y coautor del trabajo, reflexiona sobre este hito: «Con este estudio demostramos, por primera vez, lo útil e importante que es llevar a cabo estas simulaciones de modelos acoplados y de resolución relativamente alta para el clima del pasado remoto. Aunque son muy exigentes, ofrecen conocimientos novedosos sobre la interacción del hielo, la atmósfera, la superficie terrestre y el océano». El nacimiento de esta gigantesca corriente circular marcó el destino ecológico del planeta Tierra al inducir una drástica reorganización de toda la circulación oceánica global. Johann Klages, también coautor de la investigación, concluye que «esta comprensión es crucial, ya que la formación de la CCA ha impulsado fuertemente la absorción de carbono por parte del océano. Esta reducción en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra tuvo, por tanto, el potencial de iniciar el clima más frío de la llamada Edad de Hielo Cenozoica, que continúa hasta nuestros días con casquetes polares permanentemente cubiertos de hielo, en los que se alternan periodos cálidos y fríos. Este nuevo conocimiento nos ayudará, por lo tanto, a interpretar con mayor fiabilidad los cambios recientes en la circulación del Océano Austral».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Los neandertales ya estaban condenados antes de cruzarse con nosotros noticia Si Nacer fuera de la Tierra: el plan para evitar un desastre genético en la futura colonia en la LunaComprender cómo las formidables corrientes oceánicas se «encendieron» en el pasado es, sin lugar a duda, nuestra mejor herramienta científica para sobrevivir a la incertidumbre del clima que está por venir.
Multiplica por más de cien el agua que transportan todos los ríos de la Tierra juntos. No en vano, con sus 23.000 km de recorrido y su enorme caudal de alrededor de 160 millones de metros cúbicos de agua por segundo, es la mayor … corriente oceánica de la Tierra. Circula siempre de oeste a este, en el sentido de las agujas del reloj, alrededor de la Antártida, conectando los océanos Pacífico e Índico. Así, la Corriente Circumpolar Antártica (CAA) actúa como una barrera física que aísla por completo al continente helado, impidiendo que las aguas cálidas lo derritan, y funciona como el termostato indiscutible de nuestro mundo. Su importancia es tal que, en 2021 y tras casi un siglo de debates, fue reconocida por fin como el quinto océano de la Tierra.
Ahora, y por primera vez, un equipo de investigadores liderado por el Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina con sede en Bremerhaven, Alemania, describe cómo y cuándo se desarrolló esta poderosa corriente en forma de anillo. Y no fue del modo en que se pensaba hasta ahora. El estudio se acaba de publicar en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences‘.
El mundo que dejamos atrás hace 34 millones de años
El clima de la Tierra, tal y como revelan los registros geológicos, experimentó su último cambio drástico hace unos 34 millones de años, justo durante la tumultuosa transición hacia la época del Oligoceno. Fue entonces cuando nuestro planeta pasó de ser un mundo ‘invernadero’, sofocante y en gran medida libre de placas de hielo, a tener nuestro actual clima de ‘nevera’, en el que vastas áreas de los polos empezaron a cubrirse de hielos perpetuos de forma progresiva. Un cambio, por cierto, que casi le cuesta a nuestros ancestros primates su propia existencia.
En aquel momento crítico, los estrechos pasos oceánicos que separaban Australia, la Antártida y Sudamérica se ensancharon y se hicieron más profundos debido a la implacable y lentísima deriva continental. Era el escenario perfecto para que la Corriente Circumpolar Antártica comenzara a gestarse y, en paralelo, se dio el pistoletazo de salida para la formación de la vasta capa de hielo que cubre la Antártida.
Fueron los furiosos vientos del oeste los que actuaron como el ‘ingrediente secreto’ que desató un torrente que mueve cien veces más agua que todos los ríos del mundo juntos
En aquella época, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera rondaba las 600 partes por millón (ppm), un valor que jamás se ha vuelto a alcanzar desde entonces (incluso hoy, con todas nuestras emisiones, rozamos las 425 ppm), pero que, según algunos estudios, podríamos superar a finales de este mismo siglo.
«Para predecir el posible clima futuro -explica Hanna Knahl, modelizadora climática del Instituto Alfred Wegener y autora principal de la investigación- es necesario observar el pasado con simulaciones y datos para comprender nuestra Tierra en estados climáticos más cálidos y ricos en CO2 que en la actualidad. Pero cuidado, el clima del pasado no puede proyectarse, por supuesto, de manera idéntica al futuro. Nuestro estudio demuestra que la corriente circumpolar en su ‘infancia’ influyó en el clima de manera muy diferente a como lo hace en la actualidad, ya completamente desarrollada».
El inesperado papel del viento
En su trabajo, Knahl y su equipo se propusieron desgranar los secretos de la formación de esta corriente titánica. Y lo hicieron generando complejas simulaciones climáticas que recreaban la configuración continental de hace exactamente 33,5 millones de años, un tiempo en el que Australia y Sudamérica estaban mucho más cerca de la Antártida que en la actualidad. En sus simulaciones, el equipo acopló los datos de la capa de hielo antártica (basándose en una investigación previa publicada en ‘Science‘ en 2024) con la dinámica del océano, la atmósfera y las masas terrestres. ¿El objetivo? Rastrear cómo se articularon, paso a paso, las corrientes en torno al Polo Sur.
Lo que descubrieron desafía lo que hasta ahora se daba por sentado. Hanna Knahl lo detalla así: «Ya había indicios de que el viento en el Paso de Tasmania jugó un papel importante en la formación de la CCA. Nuestras simulaciones pueden confirmarlo claramente: sólo cuando Australia se alejó aún más de la Antártida y los fuertes vientos del oeste soplaron directamente a través del Paso de Tasmania, la corriente pudo desarrollarse por completo.
Hasta que Australia no se alejó lo suficiente de la Antártida para permitir el paso ininterrumpido de los vientos huracanados a través del Paso de Tasmania, este formidable anillo oceánico no pudo aislar y rodear de hielo al continente blanco
En otras palabras, no bastó con que se abrieran las compuertas tectónicas entre las placas para que la corriente pudiera circular sin trabas físicas. También fue necesario que los furiosos vientos del oeste, bramando sin la interrupción de montañas y otros obstáculos, impulsaran directamente las aguas a través del canal recién inaugurado.
Un océano partido en dos
Más fascinante aún resulta el hecho de que, en aquella remota ‘infancia’, el inmenso Océano Austral estaba probablemente dividido en dos partes de caracteres completamente antagónicos. Así, y aunque los canales marinos alrededor de la Antártida ya estaban técnicamente abiertos, el modelo matemático recrea una fuerte y violenta corriente de agua exclusivamente en los sectores del Atlántico y del Índico. Por el contrario, el sector del Pacífico se mantenía mucho más dócil, tranquilo y en calma.
Gerrit Lohmann, modelizador de paleoclimas del Instituto Wegener y coautor del trabajo, reflexiona sobre este hito: «Con este estudio demostramos, por primera vez, lo útil e importante que es llevar a cabo estas simulaciones de modelos acoplados y de resolución relativamente alta para el clima del pasado remoto. Aunque son muy exigentes, ofrecen conocimientos novedosos sobre la interacción del hielo, la atmósfera, la superficie terrestre y el océano».
El nacimiento de esta gigantesca corriente circular marcó el destino ecológico del planeta Tierra al inducir una drástica reorganización de toda la circulación oceánica global. Johann Klages, también coautor de la investigación, concluye que «esta comprensión es crucial, ya que la formación de la CCA ha impulsado fuertemente la absorción de carbono por parte del océano. Esta reducción en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra tuvo, por tanto, el potencial de iniciar el clima más frío de la llamada Edad de Hielo Cenozoica, que continúa hasta nuestros días con casquetes polares permanentemente cubiertos de hielo, en los que se alternan periodos cálidos y fríos. Este nuevo conocimiento nos ayudará, por lo tanto, a interpretar con mayor fiabilidad los cambios recientes en la circulación del Océano Austral».
Comprender cómo las formidables corrientes oceánicas se «encendieron» en el pasado es, sin lugar a duda, nuestra mejor herramienta científica para sobrevivir a la incertidumbre del clima que está por venir.
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