Todos los días a partir de las 16.00, tras, probablemente, comer con mi madre un buen plato de macarrones tiburón o una merluza fresca con patatas de mi abuela, me tumbaba como una fiera inquieta en aquel sofá de cuero negro que tantas veces compartí con mis padres. Tenía 16 años y, mientras todo el mundo hacía la digestión para ir a la piscina de mi pueblo, yo me quedaba fantaseando con las posibilidades del amor romántico —y probablemente tóxico— mientras veía la nueva telenovela de Antena 3, Pasión de Gavilanes. Era 2005 y durante aquel verano la gente no dejó de preguntarse y de cantar quiénes eran aquellos hombres, los hermanos Reyes. Mientras, yo me preguntaba también quiénes eran aquellas mujeres de las que se querían vengar, las hermanas Elizondo.
Da igual el tiempo que necesitéis para saber quiénes sois, nunca dejéis que secuestren vuestro guion, aunque sea como el de una telenovela colombiana
Todos los días a partir de las 16.00, tras, probablemente, comer con mi madre un buen plato de macarrones tiburón o una merluza fresca con patatas de mi abuela, me tumbaba como una fiera inquieta en aquel sofá de cuero negro que tantas veces compartí con mis padres. Tenía 16 años y, mientras todo el mundo hacía la digestión para ir a la piscina de mi pueblo, yo me quedaba fantaseando con las posibilidades del amor romántico —y probablemente tóxico— mientras veía la nueva telenovela de Antena 3, Pasión de Gavilanes. Era 2005 y durante aquel verano la gente no dejó de preguntarse y de cantar quiénes eran aquellos hombres, los hermanos Reyes. Mientras, yo me preguntaba también quiénes eran aquellas mujeres de las que se querían vengar, las hermanas Elizondo.
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