A las puertas de su casa, Tadej Pogacar coloca a la Vuelta a España en otra dimensión. El fenómeno esloveno gana la contrarreloj de estreno en Mónaco, las calles que acogen el gran premio de Fórmula 1, su puerto, el Casino, los yates. Aquí vive el mejor ciclista del mundo, el dinero siempre manda, y en el Principado de los ascensores y los coches desconocidos de lujo sella su primera victoria en la ronda española 2026.Hasta en eso tiene flor este corredor sin igual que supera por 59 centésimas, menos de un suspiro, al inglés Ethan Hayter, quien no puede evitar un golpetazo al sillón caliente que acoge durante la etapa a los ciclistas con el mejor tiempo de la etapa. Tampoco gana otro especialista, el galés Joshua Tarling, sinónimo de grandeza. El corredor del Ineos enterró la semana pasada a su hermano Finlay , atropellado por un vehículo en contra dirección en Portugal, y ha preferido participar en la Vuelta a quedar llorando la pérdida en su hogar. Con la ayuda de un psiquiatra y el apoyo de su equipo, el galés recuerda a su hermano devorando kilómetros en el deporte que los unió.Tarling observa desde los entresijos del podio cómo Tadej Pogacar recita la escena tantas veces conocida. En concretoo 127 veces, la cifra de victorias de este corredor inigualable que después de tanta celebridad, sacrificios y éxitos, todavía disfruta como un adolescente de la naturaleza salvaje e indómita de subir a una bicicleta y recorrer mundo.Pogacar acude al lugar que ocupa Tarling en la meta de Mónaco y toma asiento junto a él. Choca la mano al estilo moderno, se abraza al ciclista de Gales, habla en tono relajado con él y se interesa por su salud mental después de tan dramático suceso. Además de un campeón en la carretera, Pogacar tiene el carisma, ese don indescifrable que lo ha convertido en un líder de su generación. Un ciclista querido en el pelotón al que se le respeta.Lejos de ser una población estética y seductora, Mónaco es una ciudad de aspecto antiguo, pero que conserva los símbolos que la han convertido en un icono mundial del lujo. Después de haber decretado la salida desde un océano de bateas en la Rías Baixas o de un portaaviones, la Vuelta dobla la apuesta al dar el banderazo desde el interior del Casino de Mónaco. Paraje exclusivo donde se citan los millonarios del mundo que alberga una casino B en la famosa plaza por donde pasan a escape los fórmula 1.La contrarreloj prospera en un 70 por ciento por los 3,3 kilómetros del circuito más reconocible de la F1. La curva más lenta del Mundial, en Loewes; el túnel, la única zona resguardada y oscura, punto de máxima velocidad de los coches a más de 270 kms/h.; la chicane a la salida del túnel que abre el balcón de los yates y el puerto; las enlazadas de la Piscina…El circuito de Fórmula 1«Soy muy aficionado a la Fórmula 1 y he identificado cada curva, cada lugar de los que veo por la televisión. Lo he disfrutado», cuenta el vasco Pello Bilbao.La ciudad cambia de fisonomía en las imágenes de televisión y cuesta reconocer la realización habitual de la F1, pero la contrarreloj es un espectáculo en las calles del Principado. Mucho público y una hermosa pelea por la primera victoria en la Vuelta.A ella aspiran los ciclistas del Decathlon, que encadenan mejores tiempos en una secuencia inédita, hasta que llega Joshua Tarling y su efecto aspiradora en un trazado que en teoría no le beneficia. Demasiadas curvas y arrancadas y no largas rectas, como es su gusto. El galés manda durante muchos minutos.También busca el éxito Wout van Aert, 10 etapas en el Tour, vencedor de Pogacar en Montmatre, al fin ganador de la París-Roubaix. El belga está lejos de sus aspiraciones. También Iván Romeo, la única baza española con cierto crédito que no disputó el Tour y debería mostrar su potencia en una Vuelta que le invoca desde el principio.Roglic mantiene un idilio único con la Vuelta. Cuatro victorias totales y 15 etapas, el mayor dominador que ha tenido esta carrera superado su 90 cumpleaños. El esloveno se encuentra en una serena decadencia de su magnífica trayectoria profesional, ejemplo de ética y perseverancia.Y queda Tadej Pogacar, único en su especie, adaptable a todas las situaciones y formatos, ciclista de talento superior que ha honrado con su máximo rendimiento cada carrera en la que ha concursado. También en la Vuelta, donde se deja el alma por las calles que conoce bien para proclamar una máxima sin condiciones. Con el rival no se pacta, se pelea. Pogacar exprime su motor, despliega watios después de haber refrescado el cuerpo de todas las maneras posibles y corona su tarde con la primera postal de la Vuelta. Vence por 59 centésimas. Es el maillot rojo, el primero de su vida y el escalón inicial de una larga conquista que prevé firmar con la gloria en la Alhambra de Granada el 13 de septiembre.«Estaba motivado porque vivo aquí y conocía cada rincón y cada calle por donde hemos pasado -resumió Pogacar-. Fueron diez minutos a tope en los que manejé el ritmo hasta el último momento». A las puertas de su casa, Tadej Pogacar coloca a la Vuelta a España en otra dimensión. El fenómeno esloveno gana la contrarreloj de estreno en Mónaco, las calles que acogen el gran premio de Fórmula 1, su puerto, el Casino, los yates. Aquí vive el mejor ciclista del mundo, el dinero siempre manda, y en el Principado de los ascensores y los coches desconocidos de lujo sella su primera victoria en la ronda española 2026.Hasta en eso tiene flor este corredor sin igual que supera por 59 centésimas, menos de un suspiro, al inglés Ethan Hayter, quien no puede evitar un golpetazo al sillón caliente que acoge durante la etapa a los ciclistas con el mejor tiempo de la etapa. Tampoco gana otro especialista, el galés Joshua Tarling, sinónimo de grandeza. El corredor del Ineos enterró la semana pasada a su hermano Finlay , atropellado por un vehículo en contra dirección en Portugal, y ha preferido participar en la Vuelta a quedar llorando la pérdida en su hogar. Con la ayuda de un psiquiatra y el apoyo de su equipo, el galés recuerda a su hermano devorando kilómetros en el deporte que los unió.Tarling observa desde los entresijos del podio cómo Tadej Pogacar recita la escena tantas veces conocida. En concretoo 127 veces, la cifra de victorias de este corredor inigualable que después de tanta celebridad, sacrificios y éxitos, todavía disfruta como un adolescente de la naturaleza salvaje e indómita de subir a una bicicleta y recorrer mundo.Pogacar acude al lugar que ocupa Tarling en la meta de Mónaco y toma asiento junto a él. Choca la mano al estilo moderno, se abraza al ciclista de Gales, habla en tono relajado con él y se interesa por su salud mental después de tan dramático suceso. Además de un campeón en la carretera, Pogacar tiene el carisma, ese don indescifrable que lo ha convertido en un líder de su generación. Un ciclista querido en el pelotón al que se le respeta.Lejos de ser una población estética y seductora, Mónaco es una ciudad de aspecto antiguo, pero que conserva los símbolos que la han convertido en un icono mundial del lujo. Después de haber decretado la salida desde un océano de bateas en la Rías Baixas o de un portaaviones, la Vuelta dobla la apuesta al dar el banderazo desde el interior del Casino de Mónaco. Paraje exclusivo donde se citan los millonarios del mundo que alberga una casino B en la famosa plaza por donde pasan a escape los fórmula 1.La contrarreloj prospera en un 70 por ciento por los 3,3 kilómetros del circuito más reconocible de la F1. La curva más lenta del Mundial, en Loewes; el túnel, la única zona resguardada y oscura, punto de máxima velocidad de los coches a más de 270 kms/h.; la chicane a la salida del túnel que abre el balcón de los yates y el puerto; las enlazadas de la Piscina…El circuito de Fórmula 1«Soy muy aficionado a la Fórmula 1 y he identificado cada curva, cada lugar de los que veo por la televisión. Lo he disfrutado», cuenta el vasco Pello Bilbao.La ciudad cambia de fisonomía en las imágenes de televisión y cuesta reconocer la realización habitual de la F1, pero la contrarreloj es un espectáculo en las calles del Principado. Mucho público y una hermosa pelea por la primera victoria en la Vuelta.A ella aspiran los ciclistas del Decathlon, que encadenan mejores tiempos en una secuencia inédita, hasta que llega Joshua Tarling y su efecto aspiradora en un trazado que en teoría no le beneficia. Demasiadas curvas y arrancadas y no largas rectas, como es su gusto. El galés manda durante muchos minutos.También busca el éxito Wout van Aert, 10 etapas en el Tour, vencedor de Pogacar en Montmatre, al fin ganador de la París-Roubaix. El belga está lejos de sus aspiraciones. También Iván Romeo, la única baza española con cierto crédito que no disputó el Tour y debería mostrar su potencia en una Vuelta que le invoca desde el principio.Roglic mantiene un idilio único con la Vuelta. Cuatro victorias totales y 15 etapas, el mayor dominador que ha tenido esta carrera superado su 90 cumpleaños. El esloveno se encuentra en una serena decadencia de su magnífica trayectoria profesional, ejemplo de ética y perseverancia.Y queda Tadej Pogacar, único en su especie, adaptable a todas las situaciones y formatos, ciclista de talento superior que ha honrado con su máximo rendimiento cada carrera en la que ha concursado. También en la Vuelta, donde se deja el alma por las calles que conoce bien para proclamar una máxima sin condiciones. Con el rival no se pacta, se pelea. Pogacar exprime su motor, despliega watios después de haber refrescado el cuerpo de todas las maneras posibles y corona su tarde con la primera postal de la Vuelta. Vence por 59 centésimas. Es el maillot rojo, el primero de su vida y el escalón inicial de una larga conquista que prevé firmar con la gloria en la Alhambra de Granada el 13 de septiembre.«Estaba motivado porque vivo aquí y conocía cada rincón y cada calle por donde hemos pasado -resumió Pogacar-. Fueron diez minutos a tope en los que manejé el ritmo hasta el último momento».
A las puertas de su casa, Tadej Pogacar coloca a la Vuelta a España en otra dimensión. El fenómeno esloveno gana la contrarreloj de estreno en Mónaco, las calles que acogen el gran premio de Fórmula 1, su puerto, el Casino, los yates. Aquí … vive el mejor ciclista del mundo, el dinero siempre manda, y en el Principado de los ascensores y los coches desconocidos de lujo sella su primera victoria en la ronda española 2026.
Hasta en eso tiene flor este corredor sin igual que supera por 59 centésimas, menos de un suspiro, al inglés Ethan Hayter, quien no puede evitar un golpetazo al sillón caliente que acoge durante la etapa a los ciclistas con el mejor tiempo de la etapa.
Tampoco gana otro especialista, el galés Joshua Tarling, sinónimo de grandeza. El corredor del Ineos enterró la semana pasada a su hermano Finlay, atropellado por un vehículo en contra dirección en Portugal, y ha preferido participar en la Vuelta a quedar llorando la pérdida en su hogar. Con la ayuda de un psiquiatra y el apoyo de su equipo, el galés recuerda a su hermano devorando kilómetros en el deporte que los unió.
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Tarling observa desde los entresijos del podio cómo Tadej Pogacar recita la escena tantas veces conocida. En concretoo 127 veces, la cifra de victorias de este corredor inigualable que después de tanta celebridad, sacrificios y éxitos, todavía disfruta como un adolescente de la naturaleza salvaje e indómita de subir a una bicicleta y recorrer mundo.
Pogacar acude al lugar que ocupa Tarling en la meta de Mónaco y toma asiento junto a él. Choca la mano al estilo moderno, se abraza al ciclista de Gales, habla en tono relajado con él y se interesa por su salud mental después de tan dramático suceso. Además de un campeón en la carretera, Pogacar tiene el carisma, ese don indescifrable que lo ha convertido en un líder de su generación. Un ciclista querido en el pelotón al que se le respeta.
Lejos de ser una población estética y seductora, Mónaco es una ciudad de aspecto antiguo, pero que conserva los símbolos que la han convertido en un icono mundial del lujo.
Después de haber decretado la salida desde un océano de bateas en la Rías Baixas o de un portaaviones, la Vuelta dobla la apuesta al dar el banderazo desde el interior del Casino de Mónaco. Paraje exclusivo donde se citan los millonarios del mundo que alberga una casino B en la famosa plaza por donde pasan a escape los fórmula 1.
La contrarreloj prospera en un 70 por ciento por los 3,3 kilómetros del circuito más reconocible de la F1. La curva más lenta del Mundial, en Loewes; el túnel, la única zona resguardada y oscura, punto de máxima velocidad de los coches a más de 270 kms/h.; la chicane a la salida del túnel que abre el balcón de los yates y el puerto; las enlazadas de la Piscina…
El circuito de Fórmula 1
«Soy muy aficionado a la Fórmula 1 y he identificado cada curva, cada lugar de los que veo por la televisión. Lo he disfrutado», cuenta el vasco Pello Bilbao.
La ciudad cambia de fisonomía en las imágenes de televisión y cuesta reconocer la realización habitual de la F1, pero la contrarreloj es un espectáculo en las calles del Principado. Mucho público y una hermosa pelea por la primera victoria en la Vuelta.
A ella aspiran los ciclistas del Decathlon, que encadenan mejores tiempos en una secuencia inédita, hasta que llega Joshua Tarling y su efecto aspiradora en un trazado que en teoría no le beneficia. Demasiadas curvas y arrancadas y no largas rectas, como es su gusto. El galés manda durante muchos minutos.
También busca el éxito Wout van Aert, 10 etapas en el Tour, vencedor de Pogacar en Montmatre, al fin ganador de la París-Roubaix. El belga está lejos de sus aspiraciones. También Iván Romeo, la única baza española con cierto crédito que no disputó el Tour y debería mostrar su potencia en una Vuelta que le invoca desde el principio.
Roglic mantiene un idilio único con la Vuelta. Cuatro victorias totales y 15 etapas, el mayor dominador que ha tenido esta carrera superado su 90 cumpleaños. El esloveno se encuentra en una serena decadencia de su magnífica trayectoria profesional, ejemplo de ética y perseverancia.
Y queda Tadej Pogacar, único en su especie, adaptable a todas las situaciones y formatos, ciclista de talento superior que ha honrado con su máximo rendimiento cada carrera en la que ha concursado.
También en la Vuelta, donde se deja el alma por las calles que conoce bien para proclamar una máxima sin condiciones. Con el rival no se pacta, se pelea. Pogacar exprime su motor, despliega watios después de haber refrescado el cuerpo de todas las maneras posibles y corona su tarde con la primera postal de la Vuelta. Vence por 59 centésimas. Es el maillot rojo, el primero de su vida y el escalón inicial de una larga conquista que prevé firmar con la gloria en la Alhambra de Granada el 13 de septiembre.
«Estaba motivado porque vivo aquí y conocía cada rincón y cada calle por donde hemos pasado -resumió Pogacar-. Fueron diez minutos a tope en los que manejé el ritmo hasta el último momento».
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