La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha puesto cifra y diagnóstico técnico a uno de los mayores desafíos estratégicos para las telecomunicaciones en Europa: el arrollador dominio que los gigantes tecnológicos de Estados Unidos están erigiendo en el espacio orbital. En un exhaustivo dictamen aprobado el 17 de septiembre de 2026 por la Sala de Supervisión Regulatoria —órgano presidido por el número dos de la institución, Ángel García Castillejo—, el organismo supervisor alerta de que “el mercado de los servicios de comunicaciones electrónicas por satélite, tanto en España como en el resto del mundo, atraviesa una fase de transformación significativa”. Una metamorfosis en la que el vertiginoso despliegue de satélites en órbita baja (LEO) por parte de Starlink (SpaceX) y el inminente desembarco de Amazon LEO están acaparando el negocio en detrimento de los operadores nacionales y continentales como Hispasat.
La CNMC advierte de un monopolio de facto en la órbita baja por la “fuerte dependencia de un número reducido de constelaciones” globales y las ventajas operativas de las multinacionales estadounidenses
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha puesto cifra y diagnóstico técnico a uno de los mayores desafíos estratégicos para las telecomunicaciones en Europa: el arrollador dominio que los gigantes tecnológicos de Estados Unidos están erigiendo en el espacio orbital. En un exhaustivo dictamen aprobado el 17 de septiembre de 2026 por la Sala de Supervisión Regulatoria —órgano presidido por el número dos de la institución, Ángel García Castillejo—, el organismo supervisor alerta de que “el mercado de los servicios de comunicaciones electrónicas por satélite, tanto en España como en el resto del mundo, atraviesa una fase de transformación significativa”. Una metamorfosis en la que el vertiginoso despliegue de satélites en órbita baja (LEO) por parte de Starlink (SpaceX) y el inminente desembarco de Amazon LEO están acaparando el negocio en detrimento de los operadores nacionales y continentales como Hispasat.
Aunque cuantitativamente el satélite mantiene un peso reducido en el conjunto de la banda ancha fija española —alrededor del 0,5% sobre más de 19 millones de líneas, en un mercado ampliamente dominado por la fibra óptica (FTTH)—, el informe subraya su relevancia clave para la cohesión territorial en zonas rurales sin cobertura terrestre. Entre 2022 y finales de 2025, el volumen de accesos a internet por satélite se multiplicó en España, pasando de apenas 10.000 a rozar los 100.000 clientes activos, concentrados en un 93% en el segmento residencial.
El motor exclusivo de esta expansión comercial ha sido SpaceX y su Starlink, la firma fundada por Elon Musk. Según hace constar la Sala presidida por García Castillejo, “la disponibilidad efectiva de soluciones LEO ha estado, hasta el momento, limitada a un único proveedor con presencia comercial en España”. Esta posición de partida ha permitido a Starlink captar la inmensa mayoría de las nuevas contrataciones residenciales con ofertas de entre 100 y 300 Mbps. Como concluye de forma tajante el documento del organismo regulatorio, “la provisión de accesos a internet por satélite en España se apoya de forma muy mayoritaria en un número reducido de constelaciones, con un claro predominio de plataformas de órbita baja”.
La alerta principal de Competencia no se limita al volumen de clientes, sino a la estructura industrial que blinda la hegemonía de estos actores. En sus conclusiones, la CNMC advierte explícitamente de que “la presencia de operadores verticalmente integrados, que controlan tanto la infraestructura como la oferta minorista e incluso el lanzamiento de satélites, refuerza esta tendencia y condiciona las futuras dinámicas competitivas, especialmente en el segmento LEO”.
En este punto, el informe detalla cómo SpaceX ha construido un monopolio logístico difícilmente replicable. La multinacional estadounidense opera una constelación que alcanza los 10.496 satélites activos (con autorización para desplegar hasta 42.000) y concentra por sí sola alrededor del 69% de todos los satélites en servicio en el planeta. A nivel operativo, el supervisor destaca que “SpaceX dispone de una ventaja competitiva, al utilizar cohetes de fabricación propia y ser así un operador verticalmente integrado, que además cuenta con la ventaja en costes de lanzamiento que supone que los cohetes Falcon 9 y Falcon Heavy sean reutilizables”. Solo en el primer trimestre de 2026, SpaceX puso en órbita 556.057 kilogramos de carga útil, frente a los escasos 18.415 del lanzador europeo Arianespace.
A este escenario se suma Amazon LEO (anteriormente Project Kuiper), la iniciativa de Jeff Bezos que contempla una red de 5.105 satélites y prevé iniciar operaciones en 2026 apoyándose en los cohetes New Glenn de Blue Origin. Para estrechar el cerco sobre el mercado, Amazon ha acordado la compra de Globalstar por 11.600 millones de euros, adquiriendo licencias de espectro clave en bandas L y S para disputar también los servicios de conectividad directa a teléfonos inteligentes.
En el extremo opuesto se sitúa el operador histórico español Hispasat, integrado a finales de 2025 en el grupo tecnológico de defensa Indra tras la compra del 89,68% de su capital por 725 millones de euros a Redeia. Con una flota de ocho satélites en órbita geoestacionaria (GEO) situados a 35.786 kilómetros de altitud, Hispasat se enfrenta a limitaciones físicas insalvables en la latencia de red. Mientras que los satélites LEO de Starlink y Amazon ofrecen un retardo de entre 20 y 50 milisegundos, las plataformas GEO registran latencias de 240 a 600 milisegundos, lo que penaliza las comunicaciones interactivas y en tiempo real.
Tarifas agresivas
Además, Starlink está aplicando una política de precios muy agresiva. Tras su llegada a España en 2022, comenzó con una cuota mensual de 99 euros, que redujo posteriormente a 70, después a 65 y finalmente a 40, antes de introducir modalidades más económicas, como el plan Residencial Lite de 29 euros al mes en 2024. En conjunto, estas reducciones llevaron la tarifa mensual de entrada desde los 99 euros iniciales hasta 29 euros, un descenso de alrededor del 71%, al tiempo que la compañía ha utilizado también promociones temporales con precios aún más bajos.
Relegada en el mercado comercial libre, la huella principal de Hispasat en la banda ancha residencial se concentra en el programa subvencionado ÚNICO Demanda Rural (Conéctate35.es), donde ejerce de único mayorista estatal para suministrar conexiones de 200 Mbps a 35 euros al mes en zonas aisladas. No obstante, el informe elaborado por la CNMC recoge las reservas del propio sector privado, indicando que diversos competidores consideran “una barrera significativa para la competencia el hecho de que la canalización del programa de subvención a usuarios de servicios de banda ancha por satélite se realice a través de un único operador mayorista (Hispasat)”.
Además, y pese al apoyo público, el programa UNICO Demanda Rural ha sido un fracaso en términos de adopción, con apenas 10.825 conexiones activas tras dos años y medio de gestión, frente a los 1,3 millones de hogares y empresas que el Ministerio para la Transformación Digital preveía inicialmente en junio de 2023, como adelantó EL PAÍS/Cinco Días. La baja demanda obligó a Hispasat a devolver 22 millones de euros de fondos europeos Next Generation, de una subvención adjudicada de 76,3 millones para desplegar y comercializar el servicio Conéctate 35.
La alianza de las telecos y el desembarco de Apple
Ante la imposibilidad de competir con infraestructuras orbitales propias, las grandes operadoras de telecomunicaciones tradicionales han optado por aliarse con las multinacionales del espacio. El informe de la CNMC reseña cómo Telefónica (mediante Telefónica Global Solutions) ha suscrito acuerdos con Starlink para integrar capacidad LEO en su oferta corporativa y con la española Sateliot para servicios IoT 5G; mientras que Vodafone mantiene una alianza estratégica a largo plazo con AST SpaceMobile y Orange/MasOrange colaboran con Eutelsat (OneWeb) y Starlink. Paralelamente, Apple figura en el informe como la pionera en llevar el satélite al mercado móvil de consumo masivo con su función Emergency SOS introducida desde el iPhone 14 sobre la red de Globalstar —cuyas frecuencias pasan ahora a manos de Amazon—, consolidando una alianza inevitable entre los gigantes de la telefonía terrestre y los dueños del espacio.
El campo de batalla se traslada ahora a la tecnología Direct-to-Cell (D2C), que permite a smartphones convencionales conectarse directamente a satélites LEO para voz y datos. El informe recuerda que España ya vivió su primer uso en emergencias reales tras el incendio de la Sierra Oeste de Madrid en julio de 2026, cuando se autorizó con carácter excepcional a MasOrange y Starlink a utilizar frecuencias terrestres para restablecer mensajería y datos a los afectados. La red satelital de Musk también ha aparecido en momentos críticos en los que falló la red terrestre como la dana de Valencia o el apagón del 28 de abril de 2025. Sin embargo, movimientos como la compra por parte de SpaceX del espectro de 2 GHz a Echostar amenazan con extender la dominancia estadounidense también a las redes móviles de respaldo.
Ante esta encrucijada, el dictamen aprobado por la Sala de Supervisión Regulatoria concluye señalando que “el sector identifica también factores que pueden condicionar la evolución futura, como la dependencia de grandes constelaciones extracomunitarias y el impacto de su creciente presencia competitiva”. En su diagnóstico final, la CNMC insiste en que “existe una fuerte dependencia de un número reducido de constelaciones y operadores a nivel global”.
Como respuesta para preservar la soberanía tecnológica e institucional, el supervisor español sitúa sus esperanzas en el despliegue de IRIS², la constelación de 348 satélites seguros promovida por la Unión Europea que comenzará sus lanzamientos en 2029. Desarrollada por el consorcio SpaceRISE —donde participa Hispasat junto a las europeas SES y Eutelsat—, esta infraestructura busca garantizar un canal de comunicaciones inexpugnable para la administración, la defensa y los servicios críticos, frente al aplastante peso del espacio privado transatlántico.
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