Así es Enric Mas, el campeón español de la Vuelta: disciplina de hierro, amor de adolescencia y arraigo familiar

Nacido en 1995 en Artà, un municipio mallorquín de poco más de 8.600 habitantes, el destino de Enric Mas no parecía ligado a las dos ruedas. De niño prefería jugar al baloncesto, el skate y pasar las tardes con su pandilla. Sus padres, Paloma, enfermera, y Enric, médico, no sabían nada de ciclismo. A los nueve años, siguiendo a un amigo, Mas se apuntó a la Escoleta de Ciclisme de Artà, dirigida por Miquel Zamora. Su amigo de la infancia, Joan Danús, recuerda que Enric era un niño «cercano, divertido y muy natural», además de reservado con su intimidad. En sus inicios no sobresalía especialmente por sus condiciones físicas sobre la bicicleta, sino por su inteligencia para interpretar las carreras y desarrollar una estrategia que le permitiera tomar buenas decisiones. Mas se convirtió en un atleta milimétrico, definido por su entorno como «la persona más disciplinada» que conocen. Su nivel de autoexigencia es tal que, cuando vuelve a Artà para cenar con sus amigos de siempre, es capaz de llevar su propia pasta a la cena para controlar rigurosamente la cantidad de hidratos de carbono.Para él, el ciclismo es una devoción por los detalles diarios: «A mí lo que me gusta es el proceso hasta llegar a las carreras: el entrenar, el cuidarte, el ‘hoy está lloviendo, voy a hacer un poco menos’ o ‘mañana hace buen tiempo, voy a hacer un poco más’. Eso es lo bonito que tiene el ciclismo», desvela.Su progresión fue meteórica. Tras destacar en el velódromo y la carretera, ingresó en el Castillo de Onda en Castellón y pronto fue captado por Fran Contador para la Fundación de su hermano. Alberto Contador, su mentor, vio su potencial en una concentración en Sicilia, donde al mismísimo pinteño le costó doblegar en las laderas del Etna a aquel espigado escalador que no daba su brazo a torcer. Tras pasar por el filial Klein Constantia de la mano de Josean Matxín y luego por el Quick Step, el Movistar vio en él a la referencia para liderar el ciclismo español, siguiendo la tradición de leyendas como Miguel Induráin, Pedro Delgado y Alejandro Valverde.De las críticas al éxitoLas expectativas iniciales fueron tan desmesuradas que la opinión pública consideró insuficientes sus podios en la Vuelta y sus puestos de honor en el Tour de Francia. En una época dominada por monstruos como Pogacar, Vingegaard o Evenepoel, Mas sufrió un severo e injusto escrutinio. Hacia él hubo cierto maltrato en las redes sociales. Sin embargo, con 31 años, habiendo entrado en una madurez deportiva perfecta, Enric Mas se ha consagrado en la Vuelta 2026.El destino de esta edición cambió por completo cuando Tadej Pogacar sufrió un desafortunado accidente y se vio obligado a abandonar. La caída del esloveno le abrió de par en par las puertas del triunfo a Enric Mas, y el balear no dejó pasar el tren. Demostró que no llevaba el jersey rojo por casualidad ni como un regalo: al día siguiente de la retirada del esloveno, Mas asestó un golpe de autoridad incontestable ganando la durísima etapa con final en el Alto de Aitana. Con este triunfo, Mas se ha convertido en la gran esperanza del ciclismo español, logrando coronarse en una gran vuelta once años después de la última victoria de Alberto Contador en el Giro de Italia. Antes de vestirse de rojo, Mas ya era uno de los pocos elegidos que había sido capaz de dejar sentado a Pogacar en una subida (superó al esloveno en el ascenso a El Bartolo, en la sexta etapa), un honor reservado a gigantes como Vingegaard, Van Aert o Van der Poel.«No sé si me gustaría que fueran ciclistas porque, cuando te paras a pensar todo lo que he vivido en la carretera, es muy peligroso» Enric Mas Ciclista del Movistar y campeón de la VueltaDetrás del campeón de la Vuelta 2026 hay un hombre profundamente familiar que vive en Andorra pero jamás olvida sus raíces. Su mayor pilar es Maria Bel Silva, su novia desde la adolescencia. Comenzaron a salir cuando Enric tenía apenas 13 años. Juntos han formado un hogar con dos hijos: Jan, nacido en diciembre de 2023, y un segundo bebé nacido en septiembre de 2025. Su rol de padre le ha hecho ver con otros ojos la crudeza de su profesión. Al pensar en el futuro de sus hijos, Mas confesaba recientemente en la cadena COPE: «No sé si me gustaría que fueran ciclistas porque, cuando te paras a pensar todo lo que he vivido en la carretera, es muy peligroso». El propio accidente de Pogacar reafirmo sus temores.Ganador, humilde y extremadamente disciplinado, Enric Mas ha silenciado a los críticos que hoy se han rendido a la evidencia. Su éxito es el triunfo de los valores humanos y el compañerismo que le inculcaron sus padres en Artà. Como él mismo reconocía con orgullo: «Es algo que me enseñaron mis padres desde pequeño». Nacido en 1995 en Artà, un municipio mallorquín de poco más de 8.600 habitantes, el destino de Enric Mas no parecía ligado a las dos ruedas. De niño prefería jugar al baloncesto, el skate y pasar las tardes con su pandilla. Sus padres, Paloma, enfermera, y Enric, médico, no sabían nada de ciclismo. A los nueve años, siguiendo a un amigo, Mas se apuntó a la Escoleta de Ciclisme de Artà, dirigida por Miquel Zamora. Su amigo de la infancia, Joan Danús, recuerda que Enric era un niño «cercano, divertido y muy natural», además de reservado con su intimidad. En sus inicios no sobresalía especialmente por sus condiciones físicas sobre la bicicleta, sino por su inteligencia para interpretar las carreras y desarrollar una estrategia que le permitiera tomar buenas decisiones. Mas se convirtió en un atleta milimétrico, definido por su entorno como «la persona más disciplinada» que conocen. Su nivel de autoexigencia es tal que, cuando vuelve a Artà para cenar con sus amigos de siempre, es capaz de llevar su propia pasta a la cena para controlar rigurosamente la cantidad de hidratos de carbono.Para él, el ciclismo es una devoción por los detalles diarios: «A mí lo que me gusta es el proceso hasta llegar a las carreras: el entrenar, el cuidarte, el ‘hoy está lloviendo, voy a hacer un poco menos’ o ‘mañana hace buen tiempo, voy a hacer un poco más’. Eso es lo bonito que tiene el ciclismo», desvela.Su progresión fue meteórica. Tras destacar en el velódromo y la carretera, ingresó en el Castillo de Onda en Castellón y pronto fue captado por Fran Contador para la Fundación de su hermano. Alberto Contador, su mentor, vio su potencial en una concentración en Sicilia, donde al mismísimo pinteño le costó doblegar en las laderas del Etna a aquel espigado escalador que no daba su brazo a torcer. Tras pasar por el filial Klein Constantia de la mano de Josean Matxín y luego por el Quick Step, el Movistar vio en él a la referencia para liderar el ciclismo español, siguiendo la tradición de leyendas como Miguel Induráin, Pedro Delgado y Alejandro Valverde.De las críticas al éxitoLas expectativas iniciales fueron tan desmesuradas que la opinión pública consideró insuficientes sus podios en la Vuelta y sus puestos de honor en el Tour de Francia. En una época dominada por monstruos como Pogacar, Vingegaard o Evenepoel, Mas sufrió un severo e injusto escrutinio. Hacia él hubo cierto maltrato en las redes sociales. Sin embargo, con 31 años, habiendo entrado en una madurez deportiva perfecta, Enric Mas se ha consagrado en la Vuelta 2026.El destino de esta edición cambió por completo cuando Tadej Pogacar sufrió un desafortunado accidente y se vio obligado a abandonar. La caída del esloveno le abrió de par en par las puertas del triunfo a Enric Mas, y el balear no dejó pasar el tren. Demostró que no llevaba el jersey rojo por casualidad ni como un regalo: al día siguiente de la retirada del esloveno, Mas asestó un golpe de autoridad incontestable ganando la durísima etapa con final en el Alto de Aitana. Con este triunfo, Mas se ha convertido en la gran esperanza del ciclismo español, logrando coronarse en una gran vuelta once años después de la última victoria de Alberto Contador en el Giro de Italia. Antes de vestirse de rojo, Mas ya era uno de los pocos elegidos que había sido capaz de dejar sentado a Pogacar en una subida (superó al esloveno en el ascenso a El Bartolo, en la sexta etapa), un honor reservado a gigantes como Vingegaard, Van Aert o Van der Poel.«No sé si me gustaría que fueran ciclistas porque, cuando te paras a pensar todo lo que he vivido en la carretera, es muy peligroso» Enric Mas Ciclista del Movistar y campeón de la VueltaDetrás del campeón de la Vuelta 2026 hay un hombre profundamente familiar que vive en Andorra pero jamás olvida sus raíces. Su mayor pilar es Maria Bel Silva, su novia desde la adolescencia. Comenzaron a salir cuando Enric tenía apenas 13 años. Juntos han formado un hogar con dos hijos: Jan, nacido en diciembre de 2023, y un segundo bebé nacido en septiembre de 2025. Su rol de padre le ha hecho ver con otros ojos la crudeza de su profesión. Al pensar en el futuro de sus hijos, Mas confesaba recientemente en la cadena COPE: «No sé si me gustaría que fueran ciclistas porque, cuando te paras a pensar todo lo que he vivido en la carretera, es muy peligroso». El propio accidente de Pogacar reafirmo sus temores.Ganador, humilde y extremadamente disciplinado, Enric Mas ha silenciado a los críticos que hoy se han rendido a la evidencia. Su éxito es el triunfo de los valores humanos y el compañerismo que le inculcaron sus padres en Artà. Como él mismo reconocía con orgullo: «Es algo que me enseñaron mis padres desde pequeño».  

Nacido en 1995 en Artà, un municipio mallorquín de poco más de 8.600 habitantes, el destino de Enric Mas no parecía ligado a las dos ruedas. De niño prefería jugar al baloncesto, el skate y pasar las tardes con su pandilla. Sus padres, Paloma, … enfermera, y Enric, médico, no sabían nada de ciclismo.

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