Aumenta el número de muertos por el terremoto en Japón mientras los equipos de rescate buscan a los desaparecidos

Más de 3.600 militares y centenares de bomberos trabajan contrarreloj en Kumamoto tras un seísmo que ha dejado al menos 18 muertos Leer Más de 3.600 militares y centenares de bomberos trabajan contrarreloj en Kumamoto tras un seísmo que ha dejado al menos 18 muertos Leer  

Mientras cientos de rescatistas avanzaban en silencio entre montañas de hormigón, atentos al más mínimo sonido que pudiera delatar la presencia de algún superviviente, Japón volvía a enfrentarse este miércoles a una escena demasiado conocida. El balance del terremoto que sacudió el martes la prefectura de Kumamoto, en la isla de Kyushu, seguía empeorando con el paso de las horas. La cifra de fallecidos ascendía ya a 18 personas, mientras decenas continuaban desaparecidas bajo los escombros de edificios, fábricas y un centro comercial parcialmente destruido por una explosión ocurrida pocos minutos después del seísmo.

«Ofrezco mis más sentidas condolencias a quienes han perdido la vida», declaró la primera ministra, Sanae Takaichi, quien aseguró que el Gobierno movilizará «todos los recursos disponibles» para localizar supervivientes.

Más de 3.600 efectivos de las Fuerzas de Autodefensa, junto con centenares de bomberos, policías y equipos de emergencia llegados de otras prefecturas, participan en unas operaciones de búsqueda que avanzan contrarreloj en medio de un calor sofocante que supera los 34 grados y complica todavía más el trabajo de los rescatistas.

El terremoto, de magnitud 7,1 según la Agencia Meteorológica de Japón (JMA), dejó uno de los escenarios más dramáticos en un centro comercial de la cadena Aeon, que sufrió una violenta explosión poco después de la sacudida del seísmo.

Las imágenes difundidas por la televisión japonesa muestran parte de la cubierta arrancada, vigas de acero retorcidas y toneladas de escombros desperdigadas por el aparcamiento. Las autoridades confirmaron la muerte de dos mujeres y temen que pueda haber más víctimas.

Aunque inicialmente se habló de entre 20 y 30 personas atrapadas, la Policía considera ahora que el número podría ser inferior. La hipótesis principal apunta a una fuga de gas desencadenada por el seísmo, aunque las causas continúan bajo investigación.

A varios kilómetros de allí, en la ciudad de Yatsushiro, otra operación mantiene en vilo a los equipos de rescate. El derrumbe de la enorme chimenea de una fábrica de Nippon Paper Industries dejó sepultados a varios trabajadores. Tres fueron rescatados con vida, aunque uno falleció posteriormente en el hospital. Otros empleados continúan desaparecidos bajo una estructura de hormigón y acero que amenaza con venirse abajo.

Mientras continúan las labores de rescate, la población afronta otra amenaza: las réplicas. Desde el terremoto principal se han registrado más de 60 temblores, varios de ellos de considerable intensidad. La JMA mantiene la alerta por la posibilidad de nuevos seísmos de magnitud similar durante aproximadamente una semana, especialmente en los próximos dos o tres días, además del elevado riesgo de deslizamientos de tierra debido a la poca profundidad del epicentro, situado a apenas 16 kilómetros bajo la superficie.

Casi 50.000 hogares permanecieron sin electricidad durante la primera noche y alrededor de 140.000 perdieron el suministro de agua. Miles de vecinos optaron por dormir dentro de sus coches, una imagen habitual tras los grandes terremotos en Japón, por miedo a que nuevas sacudidas derrumbaran edificios debilitados.

Las autoridades ordenaron la evacuación de cientos de miles de personas, mientras hospitales afectados por cortes de agua y electricidad atendían sin descanso a centenares de heridos con fracturas, quemaduras y traumatismos provocados por los derrumbes.

El seísmo también paralizó buena parte de la actividad económica en Kyushu. El aeropuerto de Kumamoto suspendió temporalmente sus operaciones, los trenes bala dejaron de circular para inspeccionar las vías, varios tramos de autopista quedaron cerrados por grietas y puentes dañados, mientras grandes compañías como TSMC, Sony o Fujifilm evacuaban a sus trabajadores como medida preventiva. Las autoridades confirmaron, no obstante, que las centrales nucleares de la región no sufrieron incidencias.

Pese a la enorme intensidad del terremoto, el número de víctimas mortales ha sido considerablemente menor de lo que podría esperarse en un país menos preparado. Japón ha endurecido durante décadas sus códigos de construcción hasta convertirlos en algunos de los más exigentes del mundo.

Muchos edificios modernos incorporan sistemas de aislamiento sísmico capaces de absorber gran parte de las vibraciones, mientras que una sofisticada red de alerta temprana permite detener automáticamente trenes de alta velocidad, cerrar instalaciones sensibles y avisar a la población apenas unos segundos antes de que llegue la onda destructiva. Esa cultura permanente de prevención explica que un terremoto tan fuerte no haya derivado, por el momento, en una tragedia de dimensiones mucho mayores.

Aunque en Kumamoto nadie olvida que la tierra ya demostró hace una década de lo que es capaz. En abril de 2016, dos potentes terremotos dejaron cerca de 280 muertos, miles de heridos y destruyeron parte del emblemático castillo de la ciudad, cuyas obras de restauración aún no han concluido y no terminarán hasta mediados de siglo.

Aquel desastre permanece grabado en la memoria colectiva de un país acostumbrado a convivir con los terremotos. Situado sobre el Anillo de Fuego del Pacífico, Japón concentra alrededor del 20% de los seísmos de magnitud 6 o superior registrados en el planeta.

 Internacional // elmundo

Noticias Similares