La hermana de Lindsey Graham, recientemente fallecido, ha sido escogida para cubrir su vacante hasta enero, un mecanismo histórico y controvertido Leer La hermana de Lindsey Graham, recientemente fallecido, ha sido escogida para cubrir su vacante hasta enero, un mecanismo histórico y controvertido Leer
¿Profesión? Senadora de Estados Unidos. ¿Experiencia política? Ninguna. ¿Ideología y programa? Incierto. ¿Fidelidad al presidente? Inquebrantable. ¿Paso por las urnas? Innecesario. La muerte este julio de Lindsey Graham, el último gran halcón del siglo XX, privó a los republicanos de una de sus figuras más poderosas en el Senado, dejó a Ucrania sin su gran valedor en Washington y a Donald Trump sin un fiel aliado. Pero sobre todo, reabrió uno de los debates más singulares de la política estadounidense, el que afecta al reemplazo de un miembro del Congreso que fallece o dimite en el cargo.
Estados Unidos elige a sus representantes de forma directa. La mayoría se presentan a primarias dentro de sus partidos y después todos los candidatos acuden a las urnas generales en circunscripciones uninominales. En distritos para la Cámara de Representantes y dos por estado para el Senado. Pero cuando toca sustituirlos, en cada casa se hace de una manera y con unas normas diferentes. Y de lo más peculiares.
En este caso, el gobernador de Carolina del Sur, Henry McMaster, escogió y nombró a la hermana del fallecido, Darline Graham Nordone, para ocupar temporalmente el escaño hasta que se celebre la elección correspondiente. No a alguien del partido, ni a una figura destacada o con experiencia en política. Al revés, una total desconocida designada única y exclusivamente por su apellido.
La decisión se produjo después de que Donald Trump sugiriera públicamente esa opción, sin dar muchas explicaciones. A pesar de que la afectada no tiene ningún tipo de pasado en política ni se conocen siquiera sus ideas. La apuesta, algo controvertida pero en absoluto inédita, ha ido ahora a más, ya que Trump, muy interesado en que la hermana se presente también a las próximas elecciones, la ha convencido para que intente conseguir el escaño.
Las normas permiten incluso que ella pueda usar el dinero ya recaudado por el fallecido en el pasado, una ventaja importante para hacer frente a los rivales que la desafiarán en unas nuevas primarias, que se celebrarán entre el 11 y el 25 de agosto. «Voy a ser sincera. No estaba segura de poder llegar hasta aquí. Seré breve porque ha sido una semana muy difícil», apuntó la nueva senadora, de 62 años, en un desayuno de oración en su estado. «Voy a trabajar con todas mis fuerzas para continuar con su legado, ayudar a la gente de Carolina del Sur y servir a este país».
Tras toda una vida trabajando en el ámbito de los servicios públicos para personas con discapacidad visual, en sus primeros días como política, Graham respaldó la SAVE America ACT, la propuesta de reforma electoral que obsesiona a Trump, y apoyó medidas de control migratorio, proyectos de ley contra el aborto y a favor del derecho a portar armas, además de la ley de sanciones contra Rusia, una de las principales causas de su hermano. De cero a 100 en cinco días.
Los nombramientos directos son la norma. Pero las ‘elecciones especiales’, que se dan en la cámara baja, son algo igualmente habitual en el país. En el 118.º Congreso (2023-2024) hubo 11 para cubrir vacantes. Y en el 119º, el que arrancó en enero de 2025 y acabará con las esperadas elecciones de mitad de mandato dentro de poco menos de 100 días, ya ha habido media docena, y hay otras tantas convocadas. Por muertes, dimisiones forzadas o por cambios de trabajo a quienes saltaron a la administración. En la última década hay casi 100 casos registrados.
Hay otra variante, todavía más llamativa, que se produce cuando un candidato a las elecciones fallece durante la campaña, pero antes del voto. En todos los casos en los que sea demasiado tarde para retirar su nombre de la papeleta (los plazos varían por estado), su candidatura permanece. Y si el candidato fallecido recibe suficientes votos para haber ganado la elección de no haber muerto, se declara una vacante que se ocupa según lo establecido por ley. Es decir: nunca se declara automáticamente ganador al segundo.
Uno de los casos más conocidos, estudiado en todas las facultades de ciencias políticas, es el del demócrata Mel Carnahan, gobernador de Misuri que competía para llegar al Senado y que murió en un accidente de avión semanas antes de las elecciones. Según la ley electoral del estado era demasiado tarde para para presentar sustitutos. Ganó, porque sus votantes optaron por un fallecido antes de permitir que ganara la oposición, sabiendo que el gobernador en funciones, su segundo, iba a nombrar a la viuda, Jean Carnahan, para ocupar la vacante.
Ocurrió tal cual, y la señora Carnahan, con solo un anuncio, una entrevista y un acto de campaña, se convirtió en senadora, la primera mujer en la historia de Misuri, derrotando al famoso John Ashcroft, que sería nombrado en seguida fiscal general por George W. Bush. Permaneció en el puesto durante dos años enteros, para «completar el legado» de su marido, sin que nadie se extrañara demasiado en Washington. Incluso quiso seguir hasta completar los seis años del mandato, pero perdió por apenas 22.000 votos cuando se celebró, con mucho retraso, la elección especial. Sus dos hijos, por cierto, siguieron sus pasos en política, con cargos estatales e incluso llegando al Capitolio.
Otro caso reciente afecta a la otra senadora fallecida en el cargo, Dianne Feinstein, de California, quien murió el 29 de septiembre de 2023. El gobernador de California, Gavin Newsom, que es el único demócrata que claramente ha mostrado su interés en ser presidente en 2028, nombró a Laphonza Butler para ocupar el escaño de forma interina hasta que se celebrara la elección para decidir quién completaría el resto del mandato (que terminaba en enero de 2025). Butler, presidenta de EMILYs List (una organización que apoya a candidatas demócratas a favor del derecho al aborto), se convirtió así en la tercera mujer negra en la historia en servir en el Senado de EEUU, pero no se presentó a la elección especial de noviembre de 2024 para quedarse con el puesto de forma permanente.
Pero, sin duda, el ejemplo histórico más importante de esta práctica, conocida durante buena parte del siglo XX como widow’s succession, o la sucesión de la viuda, es el de Margaret Chase Smith, que, como los casos anteriores, saltó a la política en 1940, tras la muerte de su marido, el congresista republicano Clyde H. Smith. Logró ganar las elecciones, repetir varias veces y ocho años después dio un paso más al convertirse en la primera mujer elegida para el Senado por derecho propio, donde permaneció hasta 1973. Lejos de limitarse a preservar el legado de su marido, Chase Smith construyó una carrera política independiente y acabó convirtiéndose en una de las voces más respetadas del Partido Republicano.
Fue ella quien en 1950 pronunció el histórico Declaration of Conscience, un discurso en el que denunció los excesos del macartismo y desafió abiertamente al senador Joseph McCarthy cuando muy pocos en Washington se atrevían a hacerlo. Años más tarde, en 1964, se convirtió además en la primera mujer cuyo nombre fue formalmente presentado para la nominación presidencial republicana en una convención nacional, si bien Barry Goldwater acabó escogiendo a un hombre. Demostrando que a veces lo importante no es cómo se llega, sino lo que se hace.
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