Abdul El-Sayed, un médico muy criticado por Trump y temido los moderados, derrota por la mínima a la congresista Haley Stevens ilustrando el gran debate por el alma del partido Leer Abdul El-Sayed, un médico muy criticado por Trump y temido los moderados, derrota por la mínima a la congresista Haley Stevens ilustrando el gran debate por el alma del partido Leer
El pasado noviembre, Zohran Mamdani, un joven socialista de origen ugandés, con escasa experiencia política, mucho carisma y un gran dominio de las nuevas narrativas se convirtió en alcalde de Nueva York. Su victoria, arrolladora y tras una brutal campaña xenófoba de los republicanos y el mundo MAGA, fue el primer indicio de una pequeña ola izquierdista que desde entonces ha llevado a candidatos considerados hasta hace poco demasiado radicales a ganar más primarias y casi garantizarse unos cuantos escaños en el Congreso en las próximas elecciones de noviembre.
Pero el caso Mamdani fue algo mucho más profundo que una cuestión municipal o anecdótica en Nueva York, una ciudad con sus propias reglas. Fue, es, el ejemplo perfecto de la feroz batalla por el alma del Partido Demócrata.
De un lado, los izquierdistas sin complejos, parte redistributivos, parte identitarios. Del otro, los moderados, los centristas, los que reniegan de la derecha, del trumpismo, de las políticas que benefician, dicen, sólo a los ricos y los tecnogurús. Pero que huyen como de la peste de palabras como socialismo y constantemente sienten la necesidad de huir del extremo, sosteniendo que el viejo mantra de que el votante, el estadounidense de verdad, está en el medio.
La última batalla por ese alma tuvo lugar el lunes por la noche en Michigan, y se decantó del lado de los primeros cuando el doctor Abdul El-Sayed, del ala más progregista (pero no socialista) y muy vocal en sus críticas a Israel se impuso por apenas unos pocos votos a la moderada Haley Stevens.
«Excelentes noticias para el Partido Republicano. El-Sayed, un comunista perdedor que odia a los judíos e Israel, es el favorito para ganar su contienda contra la socialista. Como siempre, las encuestas se equivocaron por completo. No se esperaba que obtuviera un resultado tan bueno. ¡Ahora, las políticas descabelladas de los demócratas solo empeorarán!», reaccionó enseguida este miércoles Donald Trump al conocer los resultados de las primarias.
El Sayed, que aspira a convertirse en el primer senador musulmán del país, se batirá en otoño con el congresista republicano Mike Rogers, una pugna que puede ser decisiva para el control del Senado. Las encuestas dicen que los demócratas lograrán recuperar la Cámara de Representantes (que se renueva en su totalidad) en noviembre, en las llamadas midterm, los comicios de mitad de mandato. Pero hay serias dudas sobre el Senado, donde sólo un tercio de todos los legisladores (con mandatos de seis años) se enfrenta a las urnas.
Michigan es, desde hace años, estado bisagra, uno de esos que no está claro por quién se decantará. En 2020 ganó Joe Biden, pero en 2024 se impuso Donald Trump por algo más de 92.000 votos. En parte porque el electorado más de izquierdas, y la importante comunidad árabe y musulmana del Estado, se negó a votar a Kamala Harris como represalia por la posición de la Casa Blanca hacia Israel, especialmente en la guerra de Gaza.
Israel ha sido también uno de los protagonistas en la campaña de las primarias demócratas. El país está cambiando y el apoyo a Israel está en mínimos, mientras que por primera vez algunas encuestas ponen por encima el apoyo a los palestinos. Especialmente entre los votantes más jóvenes. Stevens, por ejemplo, recibió más de 60 millones de dólares de financiación de actores de fuera del Estado, incluyendo más de 30 millones del Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC), uno de los principales lobbies proisraelí de EEUU, según The New York Times.
El-Sayed, replicando cosas que le funcionaron a Mamdani (vídeos en el gimnasio o distendido de fiesta) supo canalizar el descontento de la comunidad árabe y musulmana del Estado, pero también el de la población más joven, escéptica por el apoyo de su rival a Israel. El Sayed se centró en cuestiones como la sanidad pública (su campo), el precio de la vivienda y el coste de la vida, la desigualdad económica y lucha contra «el poder del dinero» en la política, pero el debate nacional sin duda lo acaparó la cuestión de Israel y Gaza.
El ala más progresista del Partido Demócrata sostiene que la fuerza ahora mismo está entre sus filas. Ahí está la energía, la oposición más agresiva al trumpismo. Y sostienen que su retórica, populista por momentos, tiene muchas más opcines de movilizar a los votantes de todo el espectro político descontentos con el statu quo y el «sistema». Sin embargo, como ocurrió con Mamdani, los líderes demócratas se habían volcado en torno a Stevens, una centrista y ferviente partidaria de Israel, temiendo que las posturas de El-Sayed, ex funcionario de salud pública, asusten a los moderados y pongan en riesgo la opción de conservar un escaño crucial.
Los estrategas clásicos del Partido están nerviosos. La victoria de El-Sayed, así como la de otra candidata socialista para un puesto estatal, en línea con otras victorias similares por el resto del país, cuestionan la idea, muy extendida, de que para recuperar estados bisagra hay que moderar el discurso, centrarse en Trump y además evitar las críticas a Israel. Lo visto en los últimos nueve meses muestra que, al menos en unas primarias, existe un espacio político considerable para candidatos de perfiles mucho más marcados. Lo que queda por ver es si eso bastará en las elecciones de noviembre.
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