El banquillo…de los acusados

Resulta cuanto menos curioso que un presidente de una compañía con el volumen de negocio y los problemas económicos del Sevilla FC, encima con las funciones de CEO atribuidas por pasotismo de quienes lo llevan casi en volandas, como al pregonero de la Semana Santa, sin más peso específico en la empresa que unas acciones representadas por la fuerza de un acuerdo ficticio que germinó desde el más profundo desacuerdo y la enemistad manifiesta, sea la persona responsable de tomar todas y cada una de las decisiones estratégicas de la misma sin una mínima fiscalización y con un porcentaje de acierto similar a que te toque el Euromillón. Cero. La era de Del Nido Carrasco como presidente será recordada con más rabia que miedo. Más indignación que lamento. Dolor por seguir en directo y sin cortes publicitarios cómo uno de los amores de tu vida va poco a poco desapareciendo en el horizonte. Como esas pesadillas en las que no puedes escapar del desastre final. O esas películas que sabes que acabarán mal y aun así te quedan hasta el último segundo pendiente. El Sevilla está abocado a caer de ese pedestal que tanto costó levantar. Genera un especial amargor por el hecho de vaticinarse cada paso al desastre desde hace años. De comprobar cómo un grupo de familias con visión hace 30 años y buenas dosis de fortuna ha vendido el alma del club al diablo con tal de no dar un paso al lado. De vivir del Sevilla mientras sea posible, para esconderse en un agujero de oro cuando todo implosione. De consumarse el descenso, sus acciones dejarán de tener valor. Su ego se verá empujado hacia la realidad, tras incluso pensar que el legado de dos décadas de éxito procedía de su acierto, sin darse cuenta que los padres del Sevilla campeón fueron desterrados por los motivos que todos conocemos. Junior se colocó como presidente y única voz autorizada ante la comodidad de ver la vida pasar de quienes lo mantienen. Nadie quiere mancharse las manos ni salir en la foto mala. Corresponsables del desastre son todas las familias implicadas. También la Del Nido con apellido Benavente.La salida de Matías Almeyda estaba casi anunciada desde su fichaje. El club pegó un volantazo. De Orta e Imanol, entrenador con el que reunieron más de una vez, a Cordón más Almeyda. Cambiar caras para hablar de regeneración cuando es una simple cortina de humo donde esconder la incapacidad de quien debería liderar un Sevilla del futuro. Se lleva hablando de 2027 tres años. De herencias envenenadas y responsabilidades compartidas. La única verdad es que el Sevilla está más cerca de su desaparición que de su puesta en pie. Ni elefante ni gaitas. Lo han arrodillado. Entre todos. Se pensaron que el juguetito era invencible y ni siquiera le debían dar de comer, mientras se pegaban ellos los homenajes. No hay nada en la vida, en la empresa o en el deporte que llegue por causalidad o sin trabajo. Y de aparecer de esa manera, se esfuma con la misma velocidad. Lo que tiene un mérito terrible es cargarse un plan de negocio modélico para convertirlo en un cortijo que no produce nada y le debe dinero a cada vecino. Qué desastre. Qué desahogo.La cacería de brujas de la última Europa League terminó con todos los hermanos del Imperator, los buenos y los loqueros, saliendo por la puerta de atrás cuando ya no le servían, además de algunos personajes, que eran casi instituciones en un club, que han ido dejando salir para dar cobijo al hijo de. Al sobrino de. Favores vendo. Ocurre como en política. Parece que el dinero que genera el Sevilla no es de nadie. O es de todos. Cero responsabilidad ante los errores o las decisiones que cuestan millones. Otro crédito y a correr. Incluso hay quien celebra este recurso. Por qué será. El tiempo va pasando y la patada a seguir continúa. Confió en Almeyda hasta que ya está amortizado. Le entrego las llaves a Cordón, hasta que me canse y se las quite. Vendo que arranco de cero cuando todo es parte de la misma rueda que no se detiene y arrasa con lo poco bueno que pueda quedar por el Sánchez-Pizjuán. Junior no deja de ser el ejecutor de un plan maléfico del destino para enterrar al Sevilla. Por egos y envidias. Por facturas pasadas que se intentan cobrar en el presente pese al daño que sufra la entidad. Familias responsables de destrozar un empresón que lleva aparejado un sentimiento que, por dinero, han olvidado. O un club que fue el orgullo del sevillismo hasta que los beneficios entraron por la gatera y reventaron las carteras. No les duele el Sevilla FC, sino que la SAD deje de funcionar y producir. Mi chófer. Mi palco. M tarjeta de gastos. Todo incluido. ¿Así quién va a querer vender?Nadie se va del fútbol. Lo echan. Y en el Sevilla sólo se pide la cuenta para esos entrenadores que pasan de héroes a villanos por dos resultados. Almeyda está bien cesado, visto el panorama. No es el culpable de todos los males actuales, sino la consecuencia de un club con un mando único sin capacidad para serlo. Por un jefe y sus compinches que no ven más allá de los muros de sus lujosos despachos. Nadie vale ni sirve en el Sevilla del presidente Del Nido Carrasco; nadie aguanta ni sobrevive; sólo él se mantiene encadenado al sillón. El aficionado, encima, vive con angustia ese posible descenso que sería la puntilla para una entidad cargada con más deudas de las que es capaz de imaginar. Las reconocidas y las ocultas dentro de esa ingeniería financiera que producen los hombres de números en los balances contables. Presentar de negro lo que es rojo sangre. Pocos clubes de la categoría del Sevilla mueren hoy día, pero no es imposible desde el punto de vista financiero. Sólo un loco compraría una trampa mortal como el club de Nervión. Y más si presidente y letrado con mando infinito deciden que deban ellos mismos pilotar los pasos futuros incluso con nuevo dueño en el estrado. El Sevilla está en el momento más delicado de su historia en las peores manos posibles. Los responsables de su posible defunción deberán dar explicaciones algún día. No sé dónde ni cómo. Pero la justicia divina es muy cabrona con quien se ríe de ella y, encima, provoca el sufrimiento de tanta gente. No tengo dudas. La banda de Junior deberá responder algún día. Resulta cuanto menos curioso que un presidente de una compañía con el volumen de negocio y los problemas económicos del Sevilla FC, encima con las funciones de CEO atribuidas por pasotismo de quienes lo llevan casi en volandas, como al pregonero de la Semana Santa, sin más peso específico en la empresa que unas acciones representadas por la fuerza de un acuerdo ficticio que germinó desde el más profundo desacuerdo y la enemistad manifiesta, sea la persona responsable de tomar todas y cada una de las decisiones estratégicas de la misma sin una mínima fiscalización y con un porcentaje de acierto similar a que te toque el Euromillón. Cero. La era de Del Nido Carrasco como presidente será recordada con más rabia que miedo. Más indignación que lamento. Dolor por seguir en directo y sin cortes publicitarios cómo uno de los amores de tu vida va poco a poco desapareciendo en el horizonte. Como esas pesadillas en las que no puedes escapar del desastre final. O esas películas que sabes que acabarán mal y aun así te quedan hasta el último segundo pendiente. El Sevilla está abocado a caer de ese pedestal que tanto costó levantar. Genera un especial amargor por el hecho de vaticinarse cada paso al desastre desde hace años. De comprobar cómo un grupo de familias con visión hace 30 años y buenas dosis de fortuna ha vendido el alma del club al diablo con tal de no dar un paso al lado. De vivir del Sevilla mientras sea posible, para esconderse en un agujero de oro cuando todo implosione. De consumarse el descenso, sus acciones dejarán de tener valor. Su ego se verá empujado hacia la realidad, tras incluso pensar que el legado de dos décadas de éxito procedía de su acierto, sin darse cuenta que los padres del Sevilla campeón fueron desterrados por los motivos que todos conocemos. Junior se colocó como presidente y única voz autorizada ante la comodidad de ver la vida pasar de quienes lo mantienen. Nadie quiere mancharse las manos ni salir en la foto mala. Corresponsables del desastre son todas las familias implicadas. También la Del Nido con apellido Benavente.La salida de Matías Almeyda estaba casi anunciada desde su fichaje. El club pegó un volantazo. De Orta e Imanol, entrenador con el que reunieron más de una vez, a Cordón más Almeyda. Cambiar caras para hablar de regeneración cuando es una simple cortina de humo donde esconder la incapacidad de quien debería liderar un Sevilla del futuro. Se lleva hablando de 2027 tres años. De herencias envenenadas y responsabilidades compartidas. La única verdad es que el Sevilla está más cerca de su desaparición que de su puesta en pie. Ni elefante ni gaitas. Lo han arrodillado. Entre todos. Se pensaron que el juguetito era invencible y ni siquiera le debían dar de comer, mientras se pegaban ellos los homenajes. No hay nada en la vida, en la empresa o en el deporte que llegue por causalidad o sin trabajo. Y de aparecer de esa manera, se esfuma con la misma velocidad. Lo que tiene un mérito terrible es cargarse un plan de negocio modélico para convertirlo en un cortijo que no produce nada y le debe dinero a cada vecino. Qué desastre. Qué desahogo.La cacería de brujas de la última Europa League terminó con todos los hermanos del Imperator, los buenos y los loqueros, saliendo por la puerta de atrás cuando ya no le servían, además de algunos personajes, que eran casi instituciones en un club, que han ido dejando salir para dar cobijo al hijo de. Al sobrino de. Favores vendo. Ocurre como en política. Parece que el dinero que genera el Sevilla no es de nadie. O es de todos. Cero responsabilidad ante los errores o las decisiones que cuestan millones. Otro crédito y a correr. Incluso hay quien celebra este recurso. Por qué será. El tiempo va pasando y la patada a seguir continúa. Confió en Almeyda hasta que ya está amortizado. Le entrego las llaves a Cordón, hasta que me canse y se las quite. Vendo que arranco de cero cuando todo es parte de la misma rueda que no se detiene y arrasa con lo poco bueno que pueda quedar por el Sánchez-Pizjuán. Junior no deja de ser el ejecutor de un plan maléfico del destino para enterrar al Sevilla. Por egos y envidias. Por facturas pasadas que se intentan cobrar en el presente pese al daño que sufra la entidad. Familias responsables de destrozar un empresón que lleva aparejado un sentimiento que, por dinero, han olvidado. O un club que fue el orgullo del sevillismo hasta que los beneficios entraron por la gatera y reventaron las carteras. No les duele el Sevilla FC, sino que la SAD deje de funcionar y producir. Mi chófer. Mi palco. M tarjeta de gastos. Todo incluido. ¿Así quién va a querer vender?Nadie se va del fútbol. Lo echan. Y en el Sevilla sólo se pide la cuenta para esos entrenadores que pasan de héroes a villanos por dos resultados. Almeyda está bien cesado, visto el panorama. No es el culpable de todos los males actuales, sino la consecuencia de un club con un mando único sin capacidad para serlo. Por un jefe y sus compinches que no ven más allá de los muros de sus lujosos despachos. Nadie vale ni sirve en el Sevilla del presidente Del Nido Carrasco; nadie aguanta ni sobrevive; sólo él se mantiene encadenado al sillón. El aficionado, encima, vive con angustia ese posible descenso que sería la puntilla para una entidad cargada con más deudas de las que es capaz de imaginar. Las reconocidas y las ocultas dentro de esa ingeniería financiera que producen los hombres de números en los balances contables. Presentar de negro lo que es rojo sangre. Pocos clubes de la categoría del Sevilla mueren hoy día, pero no es imposible desde el punto de vista financiero. Sólo un loco compraría una trampa mortal como el club de Nervión. Y más si presidente y letrado con mando infinito deciden que deban ellos mismos pilotar los pasos futuros incluso con nuevo dueño en el estrado. El Sevilla está en el momento más delicado de su historia en las peores manos posibles. Los responsables de su posible defunción deberán dar explicaciones algún día. No sé dónde ni cómo. Pero la justicia divina es muy cabrona con quien se ríe de ella y, encima, provoca el sufrimiento de tanta gente. No tengo dudas. La banda de Junior deberá responder algún día.  

Resulta cuanto menos curioso que un presidente de una compañía con el volumen de negocio y los problemas económicos del Sevill FC, encima con las funciones de CEO atribuidas por pasotismo de quienes lo llevan casi en volandas, como al pregonero de la Semana Santa, … sin más peso específico en la empresa que unas acciones representadas por la fuerza de un acuerdo ficticio que germinó desde el más profundo desacuerdo y la enemistad manifiesta, sea la persona responsable de tomar todas y cada una de las decisiones estratégicas de la misma sin una mínima fiscalización y con un porcentaje de acierto similar a que te toque el Euromillón. Cero. La era de Del Nido Carrasco como presidente será recordada con más rabia que miedo. Más indignación que lamento. Dolor por seguir en directo y sin cortes publicitarios cómo uno de los amores de tu vida va poco a poco desapareciendo en el horizonte. Como esas pesadillas en las que no puedes escapar del desastre final. O esas películas que sabes que acabarán mal y aun así te quedan hasta el último segundo pendiente. El Sevilla está abocado a caer de ese pedestal que tanto costó levantar. Genera un especial amargor por el hecho de vaticinarse cada paso al desastre desde hace años. De comprobar cómo un grupo de familias con visión hace 30 años y buenas dosis de fortuna ha vendido el alma del club al diablo con tal de no dar un paso al lado. De vivir del Sevilla mientras sea posible, para esconderse en un agujero de oro cuando todo implosione. De consumarse el descenso, sus acciones dejarán de tener valor. Su ego se verá empujado hacia la realidad, tras incluso pensar que el legado de dos décadas de éxito procedía de su acierto, sin darse cuenta que los padres del Sevilla campeón fueron desterrados por los motivos que todos conocemos. Junior se colocó como presidente y única voz autorizada ante la comodidad de ver la vida pasar de quienes lo mantienen. Nadie quiere mancharse las manos ni salir en la foto mala. Corresponsables del desastre son todas las familias implicadas. También la Del Nido con apellido Benavente.

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