Comentar series de televisión puede tener su atractivo, convertirse en una pequeña válvula de escape frente a una realidad que no gusta, pero en ocasiones esa realidad se convierte en algo más sugestivo que cualquier ficción. La bronca interna de Vox, sin ir más lejos, puede llegar a convertirse en un buen sainete, incluso alcanzar lo esperpéntico.
La bronca interna de Vox puede llegar a convertirse en un buen sainete, incluso alcanzar lo esperpéntico
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La bronca interna de Vox puede llegar a convertirse en un buen sainete, incluso alcanzar lo esperpéntico


Comentar series de televisión puede tener su atractivo, convertirse en una pequeña válvula de escape frente a una realidad que no gusta, pero en ocasiones esa realidad se convierte en algo más sugestivo que cualquier ficción. La bronca interna de Vox, sin ir más lejos, puede llegar a convertirse en un buen sainete, incluso alcanzar lo esperpéntico.
Esa comparecencia de Ortega Smith en El programa de Ana Rosa para destapar algunos trapos sucios de Abascal (¿se puede reunir más conservadurismo trasnochado en una sola frase?) no tiene desperdicio. Según el aguerrido capitán Smith, el mismo que nadó hasta Gibraltar con una bandera española para reivindicar la soberanía de la roca (lo que, lamentablemente, resultó baldío) las decisiones de Vox las toman “unos empresarios fracasados, profesionales de tres al cuarto que nunca han sido capaces de ganarse la vida”, lo que de ser así deja mal parados a los muy veteranos líderes del PP, pues les están comiendo la tostada en todas y cada una de las recientes elecciones.
Lo cierto es que la crisis de Vox surge cuando sus positivos resultados electorales permiten comprobar algunas de sus contradicciones, pues en su manifiesto fundacional señalaban que “la disciplina de partido no podrá invocarse nunca para coartar la libertad de opinión”, lo que nunca olvidarán Ortega Smith o José Ángel Antelo, exlíder del partido en Murcia al que también “le han dado puerta”, que diría un castizo. Sin olvidarnos de que en el mencionado manifiesto se señala que “el Estado de las Autonomías ha sido un intento bienintencionado, pero fallido. Sus fines eran correctos, pero su concreción jurídica y práctica ha resultado insatisfactoria tanto desde el punto de vista político como del funcional y económico”, lo que no les impide disfrutar de vicepresidencias y consejerías autonómicas, o aspirar a ellas, por su indispensable papel para que el PP obtenga alguna de las presidencias.
“Si me das, te doy” podría ser el nuevo eslogan electoral. Todos sabemos que la política es compleja y necesaria, que del dicho al hecho hay un trecho, pero cuando se rasca un poco en lo que aparenta ser una discusión ideológica o una cuestión de principios siempre surge “el maldito parné” el de María de la O, de Abascal, de los profesionales de tres al cuarto y de las vicepresidencias y consejerías autonómicas. Todos quieren tener un coche oficial y que les abran las puertas de la oficina.
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