La campaña en el país de la UE con más ejemplares por habitante, que acude este martes a las urnas, ha estado marcada por la discusión sobre las consecuencias de la producción porcina intensiva sobre el bienestar animal Leer La campaña en el país de la UE con más ejemplares por habitante, que acude este martes a las urnas, ha estado marcada por la discusión sobre las consecuencias de la producción porcina intensiva sobre el bienestar animal Leer
Más de 25.000 lechones mueren diariamente en Dinamarca a causa de la cría intensiva de cerdos en el país, uno de los principales productores porcinos de la UE. La cifra ha estado omnipresente en la campaña de las legislativas danesas, que se celebran este martes con los socialdemócratas de la primera ministra Mette Frederiksen como favoritos. Hasta tal punto que los comicios han sido bautizados como «las elecciones del cerdo». Nunca antes el bienestar animal había ocupado un lugar tan prominente en la escena política, acaparando tiempo hasta en los debates finales entre los líderes de los partidos, televisados el domingo y el lunes por el canal público DR.
Al frente de la causa, al menos de palabra, Frederiksen y sus socialdemócratas, que encabezan el actual Gobierno transversal tripartito con liberales y moderados y que han presentado una propuesta que busca, entre otras cosas, garantizar un mejor bienestar animal y detener la cría extrema de cerdos y el corte de colas en los lechones.
«Cada día mueren 25.000 lechones debido a la cría extrema. Es algo que no podemos aceptar. Debemos detener este tipo de cría y acabar con el corte sistemático de colas», afirmó Frederiksen en el debate del domingo, haciéndose eco de declaraciones efectuadas el mismo día por el también socialdemócrata Jeppe Bruus, ministro por el Pacto Verde: «La producción y el desarrollo actual, donde las cerdas son inmovilizadas y cada vez tienen más cerdos por camada, donde se siguen cortando las colas, es insostenible. Tenemos que gestionar todo mucho mejor».
Los socialdemócratas, sin embargo, son acusados de «populismo electoral». El diputado Pelle Dragsted, portavoz de Lista Unitaria, el partido más izquierdista del Parlamento, ha denunciado que la formación que lidera Frederiksen ha votado consistentemente durante los últimos tres años contra propuestas destinadas a mejorar la protección de los cerdos. «Esta nueva indignación que exhiben no es para nada creíble, es la definición pura de la hipocresía», afirma.
Según Eurostat, Dinamarca es el cuarto productor porcino de la UE por detrás de España, Alemania y Francia. Ocupa, además, la primera posición en cuanto a la proporción de cerdos por persona: unos 215 por cada 100 habitantes, mientras que España tiene 63 por cada 100 habitantes. Las 25.000 muertes diarias de lechones suponen aproximadamente nueve millones al año, aunque la cifra fluctúa. Las causas de muerte son variadas, pero la gran mayoría se produce por aplastamiento por la madre, durante el parto, por frío o por hambre.
Otra carencia relacionada con el bienestar animal que caracteriza la producción danesa es que gran parte de las cerdas están fijadas en jaulas de metal durante largos periodos, lo que limita severamente su comportamiento natural. También la caudectomía sistemática, es decir, el corte de colas para prevenir las mordeduras que surgen debido al estrés por la falta de espacio y actividad. En la producción convencional, los cerdos suelen tener un espacio muy limitado y carecen de acceso a paja u otros materiales donde puedan hozar para satisfacer su necesidad de hurgar en el suelo, lo cual provoca trastornos del comportamiento.
Además, muchos cerdos heridos o enfermos no reciben el tratamiento necesario, según revelan las inspecciones de la Administración de Alimentos y Veterinaria, que también señalan que, aunque el uso de antibióticos se ha reducido, todavía se utilizan cantidades significativas en la producción intensiva.
El partido verde La Alternativa (ALT), que según los sondeos podría perder sus seis escaños si no supera el umbral del 2% de los votos, desea poner fin a la «producción porcina industrial» en el país. «No existe ni una sola buena razón para mantener la producción que tenemos hoy», aseguró en los debates finales su líder, Franciska Rodenkilde. «Ni económica ni social ni ecológica. Hay que transformar la agricultura. ¿Por qué Dinamarca debe ser la fábrica de bacon de todo el mundo?».
Inger Støjberg, ex ministra de Inmigración que abandonó los liberales en 2021 para fundar Demócratas de Dinamarca (DD), defendió el derecho de los productores daneses a criar y vender cerdos. «Eso trasladaría toda la producción a Europa del Este», le espetó a Rosenkilde. «Si crees que un cerdo allí vive mejor que uno danés, te equivocas. Eso sí, el sector debe evolucionar y debemos exigirle que cumpla ciertos requisitos en cuanto a bienestar animal».
Elodie Mandel-Briefer, investigadora del Instituto Biológico de la Universidad de Copenhague, niega que la producción porcina danesa sea más ética que en otros lugares: «No lo es, claramente. Y en muchos aspectos. Dinamarca se limita en gran medida a aplicar la exigencia mínima de espacio de la UE, que es de 0,65 metros cuadrados por cerdo. Muchos otros países -Austria, Finlandia, Suecia, Alemania, Holanda y Noruega- les dan más sitio».
«Ahora, los políticos quieren eliminar gradualmente el corte de colas, pero no sirve para nada si los cerdos no tienen más espacio porque entonces seguirán mordiéndose entre sí y provocándose heridas», añade. «Además, en Dinamarca se exportan casi 17 millones de cerdos con destino a mataderos en el extranjero. El transporte de larga duración es muy estresante para ellos».
«Nuestras investigaciones muestran que los sonidos que denotan estrés en los cerdos son muchísimo más frecuentes en las granjas donde los animales permanecen siempre o casi siempre en interiores», explica. «Allí, el porcentaje de sonidos de estrés puede alcanzar el 56% del total, mientras que en aquellas donde tienen acceso a exteriores no supera el 9%».
Bengt Holst, presidente del Consejo de Ética Animal, califica de «triste» la situación actual. «Son problemas graves que se han barrido bajo la alfombra», apunta. «Los problemas con los que luchamos hoy son los mismos que teníamos hace 20 o 30 años. Existen varias razones por las que no se han podido imponer cambios políticos, pero la principal es económica. Los intereses comerciales pesan más que el bienestar animal, lo cual es inaceptable».
Jan Tind Sørensen, catedrático del Departamento de Ciencia Animal y Veterinaria de la Universidad de Aarhus, coincide en que no ha habido mejoras significativas respecto al bienestar animal: «La economía juega un papel fundamental. Muchas de las medidas que habría que tomar reducirían la productividad y requerirían inversiones que los productores no pueden costear».
De acuerdo con los datos más recientes, al 95% de los lechones se les corta la cola pese a que hacerlo de forma sistemática está en teoría prohibido desde 1994. El moderado Henrik Frandsen, ministro de Asuntos de la Tercera Edad y ex criador de cerdos, defiende una eliminación de esta práctica, pero matiza que no puede ser inmediata: «Con los sistemas de estabulación actuales, es necesario cortar las colas para evitar problemas masivos de mordeduras. Por eso debemos transformar las instalaciones, pero, para ello, es necesaria una negociación a gran escala entre todas las partes: el sector, los políticos, las organizaciones de protección de animales…».
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