El chico que despreció al fútbol americano

Su nombre y su apellido parecen estar al revés, como en desorden. Pero se llama Jordan y se apellida Anthony . Y vamos a escuchar mucho este nombre y este apellido a partir de ahora. Porque es el nuevo rey de la velocidad mundial, el ser humano más rápido del mundo en este momento. Este frágil muchacho de Mississippi, que pertenece a esa rara estirpe de velocistas ligeros, delgados, pequeños, acaba de demostrar en Polonia que a sus 21 años habrá que contar con él para el oro de los 100 metros lisos dentro de dos años.Anthony no sólo resuena en las pistas cubiertas del mundo; es la encarnación de una metamorfosis atlética que pocos han logrado con tal rotundidad. En los Mundiales Indoor de Torún, este velocista, que se entrena ahora en Florida junto a Noah Lyles, se proclamó campeón del mundo de los 60 metros con un crono de 6.41 segundos, un tiempo que lo sitúa como el rey indiscutible del esprint corto en pista cubierta esta temporada. Fue una victoria limpia, dominante, con esa explosión final que recuerda a los grandes del pasado, pero con el sello inconfundible de quien ha llegado desde muy lejos, desde otro deporte , desde otra vida.Su historia arranca en Tylertown, un pequeño pueblo de Mississippi donde el fútbol americano era religión y los sueños se medían en yardas ganadas. Jordan Anthony creció con el casco puesto, como receptor abierto (wide receiver), persiguiendo pases largos y esquivando placajes. Reclutado como cuatro estrellas (cinco es la máxima valoración en el mundo del deporte universitario) en 2022, inició su periplo en la Universidad de Kentucky, donde ya compatibilizaba el fútbol americano con la pista de tartán. Era lo que allí llaman un dual athlete en toda regla: velocidad pura sobre la hierba artificial, pero también en las pistas, tanto en 100 metros como en el doble hectómetro. En aquella etapa temprana, aún con 17 años, sus cronos ya llamaban la atención —sus 10.14 en 100 metros lo habían colocado entre los más rápidos de la historia en años preuniversitarios— pero el balón ovalado seguía siendo su prioridad. En Kentucky, jugó como receptor, aunque pronto se dio cuenta de que un día tendría que elegir caminos.Noticia relacionada reportaje No No Duplantis siempre busca elevar su leyenda Javier AsprónDe Kentucky pasó a Texas A&M y de ahí saltó de nuevo a la Universidad de Arkansas, con potentes escuadras, tanto de fútbol americano como de atletismo. De hecho, Arkansas, es una de las mecas del atletismo universitario estadounidense. Allí, bajo la tutela de un programa legendario, Anthony explotó. En 2025, dominó la Conferencia del Sureste: campeón de 60, 100 y 200 metros. Sus cronos, ya de 9.95 y 19.93 experimentaron un tremando salto de calidad. Un mes después, en los Nacionales Universitarios de Eugene, se llevó el oro en 100 metros (tirándose de forma épica en la línea de meta) y superó a los favoritos. Fue el año en el que consiguió el Bowerman Award, el mayor premio del atletismo universitario .Dos decisiones radicalesEn ese momento llegaron sus dos grandes decisiones, de golpe. La primera fue abandonar para siempre el fútbol americano. Esta decisión, que puede haberle costado muchos millones de dólares pues la NFL ya lo tenía en su punto de mira, fue puramente romántica: «amo el atletismo, quiero concentrarme en la velocidad y creo que el fútbol americano es contraproducente: demasiado giros, cambios de ritmo y riesgo de lesiones articulares». Se inclinaba así definitivamente por el atletismo, donde la velocidad no depende de bloqueos ni cambios de dirección complejos, sólo de piernas y voluntad.La segunda decisión fue menos romántica. Aceptó una suculenta oferta de Adidas y decidió convertirse en profesional. El wide receiver que soñaba con la NFL eligía así las pistas, pero escapaba rápido del amateurismo y el idealismo universitario.La transición al profesionalismo ha sido fulgurante . Hace tres semanas, en los Nacionales Indoor, Anthony sorprendió al mundo al batir a Noah Lyles —campeón olímpico de 100 metros y su actual compañero de entrenamientos— y a Trayvon Bromell en los 60 metros con 6.45, un tiempo que lo colocaba como uno de los favoritos indiscutible para los Mundiales que se están disputando en Torún. No era sólo velocidad; era mentalidad. «Sentí que era visto como el underdog, aquel con el que nadie cuenta para la victoria», dijo tras la carrera, pese a ser el más rápido del año.Esa hambre, esa humildad feroz, lo ha llevado a Polonia como debutante internacional absoluto. Primer viaje fuera de EE.UU., primera gran cita global, y el chico de 21 años respondió con una carrera perfecta.En la final del viernes, desde la calle 4, Anthony salió como un rayo. Reacción impecable, aceleración brutal, y en los últimos metros, cuando Kishane Thompson (subcampeón olímpico de 100 metros) y otros intentaban remontar, él mantuvo la calma y cruzó primero en 6.41. Un nuevo récord personal, el mejor tiempo mundial del año, cuarto mejor de la historia indoor, y oro al cuello en su estreno absoluto. Thompson y Bromell empataron en la plata con 6.45. Medio metro de diferencia. Anthony se convertía en el gran protagonista, el más joven campeón indoor de 60 metros desde hace décadas y el cuarto estadounidense en lograrlo en esa prueba.La evolución de Jordan no es lineal; es una curva ascendente vertiginosa . Del receptor de Mississippi que corría por la hierba para atrapar balones, al sprinter que ahora reina en la distancia más explosiva del atletismo. Abandonó el fútbol americano no por falta de talento —tenía 27 recepciones y 13 touchdowns en su último año como escolar—, sino porque la pista le ofrecía pureza: metros, cronómetro, uno contra el mundo. Superó lesiones, y la presión de ser el nuevo gran velocista americano en un país que produce y destruye hombres rápidos con la misma facilidad con la que devora hamburguesas.En Torún, Jordan Anthony no solo ganó una medalla; cerró un capítulo y abrió otro. De atleta dual a campeón mundial en sólo un año . De Tylertown a la cima de la velocidad indoor. Y con solo 21 años, el techo parece lejano. Este verano se enfrentará a los 100 metros, donde ya ha corrido en 9.75 con viento favorable excesivo y en 9.95 de forma legal. Si el indoor es preludio, el outdoor será su consagración definitiva. Porque Jordan Anthony no corre; devora metros. Acaba de devorar un título mundial. El nuevo rey de la velocidad ha llegado. Y no parece dispuesto a ceder el trono. Su nombre y su apellido parecen estar al revés, como en desorden. Pero se llama Jordan y se apellida Anthony . Y vamos a escuchar mucho este nombre y este apellido a partir de ahora. Porque es el nuevo rey de la velocidad mundial, el ser humano más rápido del mundo en este momento. Este frágil muchacho de Mississippi, que pertenece a esa rara estirpe de velocistas ligeros, delgados, pequeños, acaba de demostrar en Polonia que a sus 21 años habrá que contar con él para el oro de los 100 metros lisos dentro de dos años.Anthony no sólo resuena en las pistas cubiertas del mundo; es la encarnación de una metamorfosis atlética que pocos han logrado con tal rotundidad. En los Mundiales Indoor de Torún, este velocista, que se entrena ahora en Florida junto a Noah Lyles, se proclamó campeón del mundo de los 60 metros con un crono de 6.41 segundos, un tiempo que lo sitúa como el rey indiscutible del esprint corto en pista cubierta esta temporada. Fue una victoria limpia, dominante, con esa explosión final que recuerda a los grandes del pasado, pero con el sello inconfundible de quien ha llegado desde muy lejos, desde otro deporte , desde otra vida.Su historia arranca en Tylertown, un pequeño pueblo de Mississippi donde el fútbol americano era religión y los sueños se medían en yardas ganadas. Jordan Anthony creció con el casco puesto, como receptor abierto (wide receiver), persiguiendo pases largos y esquivando placajes. Reclutado como cuatro estrellas (cinco es la máxima valoración en el mundo del deporte universitario) en 2022, inició su periplo en la Universidad de Kentucky, donde ya compatibilizaba el fútbol americano con la pista de tartán. Era lo que allí llaman un dual athlete en toda regla: velocidad pura sobre la hierba artificial, pero también en las pistas, tanto en 100 metros como en el doble hectómetro. En aquella etapa temprana, aún con 17 años, sus cronos ya llamaban la atención —sus 10.14 en 100 metros lo habían colocado entre los más rápidos de la historia en años preuniversitarios— pero el balón ovalado seguía siendo su prioridad. En Kentucky, jugó como receptor, aunque pronto se dio cuenta de que un día tendría que elegir caminos.Noticia relacionada reportaje No No Duplantis siempre busca elevar su leyenda Javier AsprónDe Kentucky pasó a Texas A&M y de ahí saltó de nuevo a la Universidad de Arkansas, con potentes escuadras, tanto de fútbol americano como de atletismo. De hecho, Arkansas, es una de las mecas del atletismo universitario estadounidense. Allí, bajo la tutela de un programa legendario, Anthony explotó. En 2025, dominó la Conferencia del Sureste: campeón de 60, 100 y 200 metros. Sus cronos, ya de 9.95 y 19.93 experimentaron un tremando salto de calidad. Un mes después, en los Nacionales Universitarios de Eugene, se llevó el oro en 100 metros (tirándose de forma épica en la línea de meta) y superó a los favoritos. Fue el año en el que consiguió el Bowerman Award, el mayor premio del atletismo universitario .Dos decisiones radicalesEn ese momento llegaron sus dos grandes decisiones, de golpe. La primera fue abandonar para siempre el fútbol americano. Esta decisión, que puede haberle costado muchos millones de dólares pues la NFL ya lo tenía en su punto de mira, fue puramente romántica: «amo el atletismo, quiero concentrarme en la velocidad y creo que el fútbol americano es contraproducente: demasiado giros, cambios de ritmo y riesgo de lesiones articulares». Se inclinaba así definitivamente por el atletismo, donde la velocidad no depende de bloqueos ni cambios de dirección complejos, sólo de piernas y voluntad.La segunda decisión fue menos romántica. Aceptó una suculenta oferta de Adidas y decidió convertirse en profesional. El wide receiver que soñaba con la NFL eligía así las pistas, pero escapaba rápido del amateurismo y el idealismo universitario.La transición al profesionalismo ha sido fulgurante . Hace tres semanas, en los Nacionales Indoor, Anthony sorprendió al mundo al batir a Noah Lyles —campeón olímpico de 100 metros y su actual compañero de entrenamientos— y a Trayvon Bromell en los 60 metros con 6.45, un tiempo que lo colocaba como uno de los favoritos indiscutible para los Mundiales que se están disputando en Torún. No era sólo velocidad; era mentalidad. «Sentí que era visto como el underdog, aquel con el que nadie cuenta para la victoria», dijo tras la carrera, pese a ser el más rápido del año.Esa hambre, esa humildad feroz, lo ha llevado a Polonia como debutante internacional absoluto. Primer viaje fuera de EE.UU., primera gran cita global, y el chico de 21 años respondió con una carrera perfecta.En la final del viernes, desde la calle 4, Anthony salió como un rayo. Reacción impecable, aceleración brutal, y en los últimos metros, cuando Kishane Thompson (subcampeón olímpico de 100 metros) y otros intentaban remontar, él mantuvo la calma y cruzó primero en 6.41. Un nuevo récord personal, el mejor tiempo mundial del año, cuarto mejor de la historia indoor, y oro al cuello en su estreno absoluto. Thompson y Bromell empataron en la plata con 6.45. Medio metro de diferencia. Anthony se convertía en el gran protagonista, el más joven campeón indoor de 60 metros desde hace décadas y el cuarto estadounidense en lograrlo en esa prueba.La evolución de Jordan no es lineal; es una curva ascendente vertiginosa . Del receptor de Mississippi que corría por la hierba para atrapar balones, al sprinter que ahora reina en la distancia más explosiva del atletismo. Abandonó el fútbol americano no por falta de talento —tenía 27 recepciones y 13 touchdowns en su último año como escolar—, sino porque la pista le ofrecía pureza: metros, cronómetro, uno contra el mundo. Superó lesiones, y la presión de ser el nuevo gran velocista americano en un país que produce y destruye hombres rápidos con la misma facilidad con la que devora hamburguesas.En Torún, Jordan Anthony no solo ganó una medalla; cerró un capítulo y abrió otro. De atleta dual a campeón mundial en sólo un año . De Tylertown a la cima de la velocidad indoor. Y con solo 21 años, el techo parece lejano. Este verano se enfrentará a los 100 metros, donde ya ha corrido en 9.75 con viento favorable excesivo y en 9.95 de forma legal. Si el indoor es preludio, el outdoor será su consagración definitiva. Porque Jordan Anthony no corre; devora metros. Acaba de devorar un título mundial. El nuevo rey de la velocidad ha llegado. Y no parece dispuesto a ceder el trono.  

Su nombre y su apellido parecen estar al revés, como en desorden. Pero se llama Jordan y se apellida Anthony. Y vamos a escuchar mucho este nombre y este apellido a partir de ahora. Porque es el nuevo rey de la velocidad mundial, el … ser humano más rápido del mundo en este momento. Este frágil muchacho de Mississippi, que pertenece a esa rara estirpe de velocistas ligeros, delgados, pequeños, acaba de demostrar en Polonia que a sus 21 años habrá que contar con él para el oro de los 100 metros lisos dentro de dos años.

 RSS de noticias de deportes

Noticias Similares