El deshielo del Gran Norte Blanco busca inundar los octavos de final

Las eliminatorias de la Copa del Mundo suelen ser un territorio inhóspito para los débiles, una zona de jerarquías donde la experiencia se paga a precio de oro y la timidez se castiga con el olvido. Durante décadas, Canadá perteneció a ese grupo de espectadores distinguidos que miraban la fiesta desde la distancia. Sus registros en el torneo más prestigioso del planeta se resumían en una herida abierta: seis partidos disputados entre México 1986 y Qatar 2022, seis derrotas, un solo gol a favor y la amarga sensación de que el invierno eterno de su geografía contagiaba su fútbol cada vez que se encendían los focos de los grandes escenarios. Pero el fútbol, como la memoria de los pueblos, es maleable.Hoy, en el césped del imponente escenario de Los Ángeles, la Hoja de Maple saltará al campo despojada de sus antiguos complejos. Por primera vez en su historia, Canadá se ha ganado el derecho a jugar una ronda eliminatoria de un Mundial. Lo hace, además, arropada por la mística y el orgullo de ser una de las anfitrionas del torneo, y con una novedad que hasta hace poco habría parecido un delirio de grandeza: asume los dieciseisavos de final con el cartel de favorita.La metamorfosis canadiense no ha sido ningún accidente, sino el resultado de un crecimiento sostenido bajo la pizarra del estadounidense Jesse Marsch. El exmilitar de la factoría Red Bull ha dotado al equipo de una personalidad voraz, capaz de sobreponerse a las peores tormentas. Y es que el camino en el Grupo B no fue un paseo militar. El torneo arrancó con las dudas de un empate 1-1 ante Bosnia y Herzegovina –rescatado por el siempre reivindicativo Cyle Larin–, pero explotó en una noche catártica con el histórico 6-0 sobre Catar. Aquella velada, coronada por un hat-trick de Jonathan David, supuso la primera victoria de Canadá en una Copa del Mundo, y un mensaje de autoridad al resto de un planeta que no contaba con El Gran Norte Blanco para este Mundial. Marsch ha tenido que gestionar un vestuario asolado por la adversidad médica. La baja del centrocampista Ismael Koné por una fractura de tibia y peroné restó dinamismo a la medular, y la gran estrella de la nación, el lateral del Bayern Múnich Alphonso Davies, no ha disputado un solo minuto tras recaer de su lesión en las semifinales de la Champions ante el PSG. Sin embargo, para este duelo de vida o muerte, el técnico ha sugerido que «Phonzy» y el zaguero Moise Bombito están listos para la batalla. Si a esto se le suma una retaguardia liderada por Maxime Crépeau bajo palos, custodiado por Alistair Johnston y Derek Cornelius, el bloque canadiense ofrece una solidez imponente.Los Bofana Bofana, contra las cábalasEn frente estará una Sudáfrica que comparte la condición de debutante en los cruces eliminatorios, pero cuyo viaje ha sido diferente. El combinado dirigido por el veterano belga Hugo Broos parecía desahuciado tras caer 2-0 ante México en el debut, en un partido caótico que les dejó con nueve hombres por las expulsiones de Themba Zwane y Sphephelo Sithole.Cuando la lógica dictaba la eliminación y cualquier espectador neutral vaticinaba a los africanos como uno de los combinados más olvidables, el orgullo competitivo sudafricano emergió. Un empate agónico (1-1) ante la República Checa mantuvo viva la llama, y el milagro se consumó en el animado Estadio de Monterrey con un triunfo por la mínima ante Corea del Sur (1-0), gracias a la velocidad y el descaro de Thapelo Maseko, clasificando a los suyos, contra todo pronóstico, como segundos del Grupo A. Los Bafana Bafana son un equipo joven, atrevido, apuntalado por la jerarquía del meta Ronwen Williams y la proyección del central de 20 años Mbekezeli Mbokazi. Para este duelo recuperan además a su brújula en el medio campo, Teboho Mokoena, lo que augura un bloque defensivo difícil de resquebrajar.«Sabemos que vendrán rivales más complicados, pero estaremos preparados», advirtió Broos tras la gesta. El historial entre ambos es escaso y lejano –un triunfo africano en 2002 y un empate en 2005–, lo que convierte la cita de Los Ángeles en un lienzo completamente en blanco.Para el ganador, el premio será mayúsculo y el desafío, titánico: en los octavos de final aguarda el vencedor del cruce entre los Países Bajos y Marruecos, dos de las selecciones que mejor fútbol han desplegado en lo que va de certamen. Todo está preparado en Los Ángeles. Las luces, las cámaras… sólo falta que echen a correr sudafricanos y canadienses, en la que será una lucha sin precedentes por alcanzar el climax de su historia futbolística. Las eliminatorias de la Copa del Mundo suelen ser un territorio inhóspito para los débiles, una zona de jerarquías donde la experiencia se paga a precio de oro y la timidez se castiga con el olvido. Durante décadas, Canadá perteneció a ese grupo de espectadores distinguidos que miraban la fiesta desde la distancia. Sus registros en el torneo más prestigioso del planeta se resumían en una herida abierta: seis partidos disputados entre México 1986 y Qatar 2022, seis derrotas, un solo gol a favor y la amarga sensación de que el invierno eterno de su geografía contagiaba su fútbol cada vez que se encendían los focos de los grandes escenarios. Pero el fútbol, como la memoria de los pueblos, es maleable.Hoy, en el césped del imponente escenario de Los Ángeles, la Hoja de Maple saltará al campo despojada de sus antiguos complejos. Por primera vez en su historia, Canadá se ha ganado el derecho a jugar una ronda eliminatoria de un Mundial. Lo hace, además, arropada por la mística y el orgullo de ser una de las anfitrionas del torneo, y con una novedad que hasta hace poco habría parecido un delirio de grandeza: asume los dieciseisavos de final con el cartel de favorita.La metamorfosis canadiense no ha sido ningún accidente, sino el resultado de un crecimiento sostenido bajo la pizarra del estadounidense Jesse Marsch. El exmilitar de la factoría Red Bull ha dotado al equipo de una personalidad voraz, capaz de sobreponerse a las peores tormentas. Y es que el camino en el Grupo B no fue un paseo militar. El torneo arrancó con las dudas de un empate 1-1 ante Bosnia y Herzegovina –rescatado por el siempre reivindicativo Cyle Larin–, pero explotó en una noche catártica con el histórico 6-0 sobre Catar. Aquella velada, coronada por un hat-trick de Jonathan David, supuso la primera victoria de Canadá en una Copa del Mundo, y un mensaje de autoridad al resto de un planeta que no contaba con El Gran Norte Blanco para este Mundial. Marsch ha tenido que gestionar un vestuario asolado por la adversidad médica. La baja del centrocampista Ismael Koné por una fractura de tibia y peroné restó dinamismo a la medular, y la gran estrella de la nación, el lateral del Bayern Múnich Alphonso Davies, no ha disputado un solo minuto tras recaer de su lesión en las semifinales de la Champions ante el PSG. Sin embargo, para este duelo de vida o muerte, el técnico ha sugerido que «Phonzy» y el zaguero Moise Bombito están listos para la batalla. Si a esto se le suma una retaguardia liderada por Maxime Crépeau bajo palos, custodiado por Alistair Johnston y Derek Cornelius, el bloque canadiense ofrece una solidez imponente.Los Bofana Bofana, contra las cábalasEn frente estará una Sudáfrica que comparte la condición de debutante en los cruces eliminatorios, pero cuyo viaje ha sido diferente. El combinado dirigido por el veterano belga Hugo Broos parecía desahuciado tras caer 2-0 ante México en el debut, en un partido caótico que les dejó con nueve hombres por las expulsiones de Themba Zwane y Sphephelo Sithole.Cuando la lógica dictaba la eliminación y cualquier espectador neutral vaticinaba a los africanos como uno de los combinados más olvidables, el orgullo competitivo sudafricano emergió. Un empate agónico (1-1) ante la República Checa mantuvo viva la llama, y el milagro se consumó en el animado Estadio de Monterrey con un triunfo por la mínima ante Corea del Sur (1-0), gracias a la velocidad y el descaro de Thapelo Maseko, clasificando a los suyos, contra todo pronóstico, como segundos del Grupo A. Los Bafana Bafana son un equipo joven, atrevido, apuntalado por la jerarquía del meta Ronwen Williams y la proyección del central de 20 años Mbekezeli Mbokazi. Para este duelo recuperan además a su brújula en el medio campo, Teboho Mokoena, lo que augura un bloque defensivo difícil de resquebrajar.«Sabemos que vendrán rivales más complicados, pero estaremos preparados», advirtió Broos tras la gesta. El historial entre ambos es escaso y lejano –un triunfo africano en 2002 y un empate en 2005–, lo que convierte la cita de Los Ángeles en un lienzo completamente en blanco.Para el ganador, el premio será mayúsculo y el desafío, titánico: en los octavos de final aguarda el vencedor del cruce entre los Países Bajos y Marruecos, dos de las selecciones que mejor fútbol han desplegado en lo que va de certamen. Todo está preparado en Los Ángeles. Las luces, las cámaras… sólo falta que echen a correr sudafricanos y canadienses, en la que será una lucha sin precedentes por alcanzar el climax de su historia futbolística.  

Las eliminatorias de la Copa del Mundo suelen ser un territorio inhóspito para los débiles, una zona de jerarquías donde la experiencia se paga a precio de oro y la timidez se castiga con el olvido. Durante décadas, Canadá perteneció a ese grupo de espectadores … distinguidos que miraban la fiesta desde la distancia. Sus registros en el torneo más prestigioso del planeta se resumían en una herida abierta: seis partidos disputados entre México 1986 y Qatar 2022, seis derrotas, un solo gol a favor y la amarga sensación de que el invierno eterno de su geografía contagiaba su fútbol cada vez que se encendían los focos de los grandes escenarios. Pero el fútbol, como la memoria de los pueblos, es maleable.

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