78 monitores de preescolar han sido suspendidos este año en París, entre ellos 31 bajo sospecha de violencia sexual a menores Leer 78 monitores de preescolar han sido suspendidos este año en París, entre ellos 31 bajo sospecha de violencia sexual a menores Leer
«Somos #MeTooÉcole, la voz de padres, ciudadanos y docentes unidos en una causa común: luchar contra la violencia en las escuelas. Todo comienza con lágrimas, miedos, pesadillas o comportamientos inusuales… hasta que la información revela que esos cambios son el resultado de un abuso físico, emocional o sexual».
La carta abierta, dirigida a Emmanuel y Brigitte Macron, puso hace tres meses sobre la mesa un problema hasta ahora escondido bajo la alfombra: la violencia sexual contra los niños en las escuelas. Se estima que 160.000 menores son víctimas de violencia en Francia todos los años y el 40% de los casos se producen en los colegios o instituciones extracurriculares.
El nuevo alcalde de París, Emmanuel Grégoire, ha revelado estos días las preocupantes cifras: un total de 78 monitores han sido suspendidos en lo que va de año, en los centros de preescolar de la ciudad, 31 de ellos bajo sospecha de violencia sexual. «Mi responsabilidad ahora es total», sentenció Grégoire, tras reconocer que ha habido un «error colectivo y quizás incluso una omertá sistémica», pese a los indicios de la dimensión del problema.
La denuncia presentada en febrero por una madre, identificada como Anaïs, contra monitores de la escuela Saint-Dominique en el distrito 7 de la capital gala, reactivó la polémica en plena campaña electoral. En declaraciones al programa Cash Investigation en France 2, Anaïs detalló, entre lágrimas, cómo su hija de tres años había sido objeto de «violación, agresión sexual y violencia deliberada», supuestamente perpetrada por monitores de actividades extraescolares. El caso dio lugar a dos investigaciones: una judicial y otra administrativa.
Con las mochilas de sus hijos, osos de peluche y pancartas enarbolando el logo de #MeTooÉcole, los padres se manifestaron días tras día ante el Hôtel de Ville y acusaron a la ex alcaldesa de París, Anne Hidalgo, de silenciar el escándalo. La creación de la figura del Defensor de la Infancia fue considerada como inefectiva por los padres, que recurrieron a métodos de persuasión como la carta escrita por un niño llamado Emmanuel, de siete años: «Me gustaría que hubiera más adultos que ayuden, que observen de verdad, que se den cuenta de cuándo las cosas no van bien. Me gustaría que la escuela fuera un lugar donde podamos respirar. En la escuela hay muchos adultos amables, pero también otros que dan miedo. Me gustaría ir al cole pensando: ‘Hoy voy a dibujar’ o ‘Hoy voy a ver a mis amigos’, y no pensando: ‘¿Y si tengo miedo?’«.
El relevo en la alcaldía ha creado cierto alivio en los padres, que esperaban una señal clara del nuevo edil. «Al menos se ha reconocido la naturaleza sistémica del problema», advierte Barka Zerouadi, cofundadora de #MeTooÉcole. «Algunas medidas van en la dirección correcta, pero lo que reclamamos es un rediseño del sistema y un cambio de mentalidad ante el problema. Estamos recibiendo cada vez más denuncias no sólo en colegios, si no también en guarderías. Estos no son ya incidentes menores, como podría decir algún político, sino un problema social».
La asociación SOS Périscolaire ha elaborado incluso una cartografía de 437 incidentes recientes denunciados en toda Francia, con epicentro en París, que exhiben 101 casos de abusos psicológicos, 43 de abusos físicos y 40 de violencia sexual contra niños en los centros de preescolar.
Tras presentar las alarmantes cifras de monitores suspendidos en los primeros meses del año en la capital, Emmanuel Grégoire anunció una batería de «medidas de emergencia», como el destino de 30 millones de euros a la mejora de la seguridad y la vigilancia en las escuelas, la obligatoriedad de cursos capacitación de 48 horas para todos los monitores o la creación de canales internos de denuncia como los buzones creados por la asociación Les Papillons, para que los propios niños puedan tener voz ( «si no puedes contarlo, escríbelo»). Grégoire decidió también «poner fin» a las funciones de Dominique Versini como Defensora de la Infancia en París, cuatro meses después de haber sido nombrada por su predecesora Anne Hidalgo.
«Antes nos tachaban de histéricos, pero gracias a la atención mediática y a la visibilidad empiezan a hacernos caso», confiesa Armand, un padre del distrito 17 que decidió unirse a las manifestaciones de #MeTooÉcole en plena campaña electoral. «Estamos ante un tema del que nadie quería hablar y que se ha utilizado con fines políticos, es cierto. Yo mismo estuve pensando en dar mi voto a Rachida Dati [la candidata de Los Republicanos], menos mal que los socialistas se han puesto la pilas y han reaccionado».
#MeTooÉcole considera, sin embargo, que «el 40% de la violencia sexual institucional contra menores en las escuelas sigue siendo negada, encubierta o ignorada con demasiada frecuencia. La asociación reclama que el programa «Rompe el silencio», lanzado en 2025 por el Gobierno para las escuelas concertadas, se extienda a las escuelas públicas, donde estudian el 80% de los niños franceses: «La protección de la infancia no ha de depender del estatus económico de las familias: es una responsabilidad nacional».
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