«El jefe quiere este dinero»: así funciona la inédita operación de recaudación de fondos de Trump

Meredith O’Rourke, apodada la «princesa de las tinieblas», ejecuta el deseo del presidente de extraer cientos de millones de dólares a grandes empresas para sus proyectos personales Leer Meredith O’Rourke, apodada la «princesa de las tinieblas», ejecuta el deseo del presidente de extraer cientos de millones de dólares a grandes empresas para sus proyectos personales Leer  

Casi todas las noches en la Casa Blanca, el presidente Trump llama a su recaudadora de fondos, Meredith O’Rourke, para ponerse al día.

Trump le pregunta a O’Rourke qué empresas y donantes han firmado cheques, cuáles no y por qué montos. A menudo le pide que haga solicitudes financieras mucho mayores de las que ella tenía previstas: para algunos donantes la cifra es de cinco millones de dólares, para otros, de 50 millones. Además, el propio presidente le da nombres a los que llamar, incluyendo frecuentemente a personas que se han reunido con él hace poco, según fuentes con conocimiento de estas conversaciones.

«Esto es muy importante para el presidente. Me ha pedido que la llame y le solicite esta donación», ha transmitido O’Rourke en llamadas telefónicas con ejecutivos de varias compañías, haciendo un seguimiento insistente. En algunas llamadas se ha referido a Trump como el jefe, diciendo que «el jefe quiere este dinero». A su vez, Trump se ha referido a ella como la «princesa de las tinieblas» por lo despiadada que resulta a la hora de exprimir a los donantes, según personas que han escuchado sus comentarios.

SoftBank donó 50 millones de dólares para la biblioteca presidencial de Trump. Apple firmó un cheque por unos 25 millones para el proyecto del salón de baile de la Casa Blanca, mientras que Microsoft aportó unos 10 millones y Amazon contribuyó con cerca de cinco millones, según personas familiarizadas con estas aportaciones. Meta Platforms donó recientemente 10 millones a un comité político alineado con Trump, según fuentes cercanas, que se suman a una donación multimillonaria para el salón de baile y a un pago previo de 22 millones para la futura biblioteca presidencial.

Trump destaca por asumir el control personal de la recaudación de fondos, y ningún presidente estadounidense en ejercicio ha reunido jamás semejantes sumas de dinero para sus proyectos personales. Al mismo tiempo, las corporaciones han puesto un nuevo foco de atención en la Casa Blanca a medida que Trump se ha involucrado en decisiones regulatorias que antes tomaban agencias independientes, alterando drásticamente el equilibrio de poder en Washington.

Trump ha estado exigiendo jugosos cheques a las empresas para una serie de proyectos políticos y patrimoniales, indicando a ejecutivos y lobistas que sus empresas deberían aportar 25 o 50 millones de dólares. A cambio, en ocasiones ha ofrecido a los donantes un acceso privilegiado.

Ninguna ley prohíbe a los presidentes recaudar sumas ilimitadas de dinero para organizaciones sin ánimo de lucro -como las utilizadas para el salón de baile y su biblioteca presidencial-, su super PAC o comités de causas políticas. Para la mayoría de este tipo de transacciones no se exige la divulgación pública de los donantes y la rendición de cuentas sobre los gastos es infrecuente.

En total, el presidente en su segundo mandato ha recaudado más de 800 millones de dólares desde que regresó al cargo, según un análisis actualizado de The Wall Street Journal.

Parte del dinero está destinado a proyectos específicos, como el salón de baile de la Casa Blanca y los fondos de Freedom 250 para las celebraciones del 250º aniversario de la nación, pero Trump ha planteado utilizar los fondos de otras maneras. Durante la cena de agradecimiento a los contribuyentes del proyecto del salón de baile, el presidente declaró: «Nos sobrará dinero y lo usaremos para otra cosa… tal vez para el arco o para algo más que se nos ocurra».

Entrevistas con decenas de donantes, ejecutivos, lobistas, asesores de Trump y otras fuentes revelan una asombrosa operación de influencia y recaudación de fondos, con Trump en el centro de todo. El presidente sigue de cerca quién da dinero, señalaron sus colaboradores, asignando repetidamente a O’Rourke peticiones desorbitadas que ella misma ha confesado a otros que la hacen sentir incómoda. Danielle Alvarez, portavoz externa de Trump y O’Rourke, calificó de «gracioso» que O’Rourke se hubiera sentido incómoda en algún momento con una solicitud.

A Chevron se le pidió que aportara 50 millones de dólares este año. La compañía petrolera donó millones, pero una cifra muy inferior a la solicitada. A varios de los principales lobistas de Washington se les ha pedido que recauden 50 millones de dólares o más para los proyectos de Trump, recurriendo incluso a sus propios clientes.

Los ejecutivos de Meta mantuvieron una serie de llamadas internas para debatir la estrategia a seguir tras recibir reiteradas peticiones de dinero para diversos fondos de Trump. La empresa ha donado para la toma de posesión, el salón de baile y dos eventos de Pascua. Alrededor de 22 millones de dólares del dinero de Meta fueron a parar a la biblioteca, después de que la red social acordara resolver una demanda que Trump había presentado tras la suspensión de sus cuentas.

Meta también firmó un cheque de 10 millones de dólares para Securing American Greatness, un comité político afín a Trump que promueve causas conservadoras como la rebaja de impuestos y la reducción de la delincuencia. A diferencia de las contribuciones a los super PAC, que deben revelar sus donantes en informes periódicos, las aportaciones a Securing American Greatness no se hacen públicas.

Cuando algunos donantes han hablado por teléfono con Trump tras haber aportado millones, esperaban recibir un agradecimiento, pero en su lugar se les pidió más dinero, explicaron fuentes cercanas a esas llamadas. En un caso, O’Rourke pidió a un ejecutivo que emitiera un cheque de un millón de dólares para una entidad de Trump apenas unos días después de que este asistiera a una cena de agradecimiento por otra donación multimillonaria que ya había realizado para el salón de baile, según una persona al tanto del intercambio.

«Trump está rompiendo todos los paradigmas de recaudación de fondos en lo que respecta a pedir dinero al sector corporativo estadounidense. La magnitud es sencillamente descomunal», afirmó Douglas Brinkley, historiador presidencial de la Universidad Rice. «Antes hablábamos de que la habitación de Lincoln en la Casa Blanca estaba en venta, pero esto es un comedero de dinero al por mayor completamente distinto». En los años 90, los críticos alegaron que la administración Clinton permitía pernoctar en la habitación de Lincoln a cambio de contribuciones de campaña.

En una cálida tarde de abril en el Jardín de las Rosas, algunos de los mayores donantes del presidente alternaban con altos cargos de la Casa Blanca y el propio mandatario. Algunos invitados disfrutaron de recorridos exclusivos, incluida una visita nocturna al Despacho Oval. «¿Habían visto alguna vez algo así?», presumió Trump durante el recorrido, según personas con conocimiento del evento.

Entonces, un empresario se puso en pie. Se trataba del ermitaño multimillonario Timothy Mellon, quien ha donado millones de dólares a las causas de Trump, incluso en forma de oro macizo, según revelaron algunas fuentes. Mellon ha aportado más de 100 millones de dólares a MAGA Inc., el super PAC de Trump.

Ofreció un brindis en honor al presidente, según relataron varios asistentes al evento. Calificó a Trump como el «mejor presidente que he visto en mi vida». Sus palabras arrancaron aplausos de cortesía entre los ejecutivos de la lista Fortune 100 congregados a su alrededor.

En otra cena en el Jardín de las Rosas, se vio al cofundador de Google, Sergey Brin, sentado junto a la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles.

La Casa Blanca remitió las solicitudes de comentarios a Alvarez. La portavoz afirmó que el presidente es el «recaudador de fondos más exitoso de la historia política moderna» y que Trump planea utilizar el dinero para «ayudar a los republicanos a ganar holgadamente en las elecciones legislativas (midterms), construir una infraestructura política duradera y seguir impulsando iniciativas innovadoras del sector privado».

«Hay algo que nunca ha cambiado: al presidente Trump no se le puede comprar», sentenció.

La postura de Trump sobre la recaudación de fondos ha cambiado de forma drástica respecto a cuando se presentó a la Presidencia por primera vez. En 2015, calificó a los comités de acción política (PACs) de «estafa» y afirmó haber renunciado a ellos. Su equipo envió cartas a super PACs no autorizados que apoyaban su candidatura, pidiéndoles que devolvieran el dinero a los donantes.»Estoy autofinanciando mi campaña y, por lo tanto, no estaré controlado por donantes, grupos de interés ni lobistas que han corrompido nuestra política y a nuestros políticos durante demasiado tiempo», dijo en aquel momento.

Marc Short, ex director de asuntos legislativos de Trump, comentó: «Una de las cosas que más entusiasmaba a las multitudes en 2016 era la promesa de ‘drenar el pantano’ de la corrupción. La gente se enardecía».

Short y otros ex funcionarios de la Administración señalaron que Trump mostró muy poco interés por la recaudación de fondos durante su primer mandato. «Definitivamente no había una extorsión a las corporaciones como la que se ve ahora», afirmó, añadiendo que, durante su primer mandato, el presidente no buscaba agresivamente dinero de empresas que tuvieran asuntos pendientes con el Gobierno.

En aquel entonces, Trump a veces reprendía a sus colaboradores por programar demasiados donantes para tomarse fotos en fila y se marchaba de los eventos en cuanto terminaba de hablar. Durante su primer mandato se quejaba regularmente de que el dinero fuera a parar a entidades como el Comité Nacional Republicano, que él no controlaba, y lo veía como una simple obligación.

En 2020, Trump recaudó fondos para su campaña de reelección, pero no lo hizo de forma especialmente agresiva.

Wiles tuvo que convencer a Trump durante la campaña de 2024 para que realizara llamadas de recaudación de fondos. Sin embargo, terminó abrazando el gran capital durante la guerra, llegando a pedir a ejecutivos del sector petrolero que aportaran 1.000 millones de dólares en un evento celebrado en Mar-a-Lago en abril de 2024. En un momento dado, dijo a los donantes que no se sentaría a almorzar por menos de cinco millones de dólares, según el audio de un acto de recaudación de 2024 revisado por el Journal.

O’Rourke, una conocida recaudadora de fondos en Florida, ya formó parte de la maquinaria de Trump en 2016 y 2020. En el ciclo de 2024 fue designada para dirigir la recaudación de toda la campaña. Optó por conducir seis horas entre la sede de la campaña de Trump en Palm Beach y su residencia en el noroeste de Florida en lugar de volar, para así aprovechar el tiempo en llamadas consecutivas con donantes. Conducir también le garantizaba no quedar incomunicada durante el vuelo de una hora, según personas familiarizadas con la campaña.

Tras las elecciones de 2024, Trump se dio cuenta de cuántos donantes y empresas hacían fila a las puertas de su club de Mar-a-Lago para firmar cheques multimillonarios y le ordenó a O’Rourke que empezara a solicitar donaciones inmediatamente, explicaron sus asesores. Ella tenía previsto reducir el ritmo de trabajo. Hay que «machacar mientras el hierro esté caliente», le dijo Trump a O’Rourke, según asesores del magnate y un relato que el propio presidente ha repetido en entornos privados.

O’Rourke no es empleada del Gobierno, aunque a menudo está al lado de Trump en la Casa Blanca y en otros lugares. A veces se sienta en reuniones, incluso cuando Trump se reúne con ejecutivos corporativos para tratar asuntos que les afectan. O’Rourke también viaja con altos cargos en el Air Force One. Frecuentemente publica fotos con Trump en sus redes sociales -incluso en el Despacho Oval- y se ha referido al presidente como su mentor.

En una reunión con ejecutivos del tabaco celebrada en mayo en el club de golf de Trump en Jupiter (Florida), el presidente prometió acceder a gran parte de lo que los ejecutivos pedían en materia de políticas sobre vapeo y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Asimismo, ingresó millones de dólares en contribuciones para sus comités políticos. O’Rourke estuvo presente en la reunión. Poco después del encuentro, la FDA retiró las restricciones a algunos productos de vapeo con sabores, y el director de la agencia dejó su cargo.

En ese momento, el portavoz de la Casa Blanca, Kush Desai, declaró: «El único factor que guía la política sanitaria de la administración Trump es la ciencia de máximo nivel. El tratamiento regulatorio de la FDA a las bolsas de nicotina y vapeadores se basa en pruebas recientes que demuestran que pueden ayudar a los adultos a dejar de fumar».

O’Rourke fue nombrada directora de Trump Media & Technology, propietaria de Truth Social, y designada para la junta directiva de la National Park Foundation, que supervisa el grupo afín a Trump que recaudó fondos para Freedom 250.

Recurriendo a sus raíces como empresario inmobiliario, Trump mantiene conversaciones con O’Rourke sobre cómo vender específicamente varios proyectos, dándole consejos sobre cómo promocionar la biblioteca, según personas al tanto de esas charlas. Trump ha confesado a sus aliados que no quiere pasar apuros para recaudar dinero para su biblioteca como le ha ocurrido a Joe Biden. Los planos de la biblioteca de Trump muestran un rascacielos con paredes de cristal que se prevé que albergue también un hotel.

«Es una combinación de firmeza y encanto, y cuenta con el 100 % de la confianza y el respeto del presidente», afirmó Brian Ballard, un destacado cabildero de Washington que trabajó con ella por primera vez en Florida en los años noventa. «Es literalmente la profesional de la recaudación de fondos con más talento con la que he tratado, y he tratado con muchísimos».

En primavera, mientras los republicanos se preparaban para recaudar fondos de cara a las elecciones legislativas, O’Rourke empezó a enviar solicitudes para una nueva iniciativa de Trump llamada National Garden of American Heroes Foundation. El dinero se utilizará para remodelar un campo de golf en Washington y construir un jardín de estatuas.

O’Rourke envía invitaciones a destacados consejeros delegados, así como a sus asesores y lobistas, para asistir a cenas a la luz de las velas a razón de un millón de dólares por persona en la Casa Blanca o en alguna de las propiedades de Trump, donde se ofrece a los invitados un acceso extraordinario al presidente. Muchos de estos eventos se organizan por sectores, como las criptomonedas o la industria manufacturera.

O’Rourke suele asistir a las cenas y toma notas de lo que promete el presidente y de lo que dice el donante, para luego filtrar esas notas a otros funcionarios de la Casa Blanca. Trump pide a menudo a los donantes que hagan el seguimiento directamente con O’Rourke, explicaron los asistentes.

En ocasiones se han presentado donantes con intereses muy específicos, como el CEO de una empresa de cannabis que presionaba para cambiar las leyes sobre drogas o el CEO de Pfizer, que acudió a promocionar fármacos experimentales contra el cáncer.

Una presencia constante en las cenas de Trump son los ejecutivos del sector de las criptomonedas. El presidente ha ganado más de 1.400 millones de dólares con los negocios cripto de su familia desde que asumió el cargo, según sus declaraciones financieras, y a menudo ha presumido ante el sector de cómo los ha hecho más ricos.

El presidente se sienta en el centro de una mesa en forma de herradura y suele quedarse durante dos horas. En Mar-a-Lago, a veces ofrece visitas privadas por el dorado vestíbulo. En un evento celebrado en abril en la bodega de Trump en Charlottesville, se instaló un televisor para que los donantes pudieran seguir junto a él el regreso a la Tierra de un grupo de astronautas, relataron los asistentes.

El presidente suele mostrarse atento y acogedor en estos actos de recaudación, pidiendo a cada CEO que se presente. Hay invitados habituales, como Sam Altman, de OpenAI. El año pasado, el cofundador y presidente de OpenAI, Greg Brockman, y su esposa contribuyeron personalmente con 25 millones de dólares al super PAC de Trump.

Trump ha sorprendido a los donantes por el tiempo que está dispuesto a quedarse conversando. Menos de 24 horas después de iniciar la guerra en Irán, asistió a un largo acto de recaudación de fondos de un millón de dólares el plato en Florida. Muchos esperaban que cancelara el evento, que de hecho se vio interrumpido en un momento dado para comunicarle la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei. Tras la pausa, Trump escuchó diversas inquietudes corporativas e incluso mantuvo un prolongado intercambio con el CEO de Verizon sobre cuál era el mejor tipo de cableado.

Trump también pide a los lobistas que organicen reuniones en sus clubes de golf y propiedades. Los almuerzos suelen ser distendidos y a veces cuentan con la visita de deportistas famosos a las mesas. Allí suele reunirse con los ejecutivos ante una hamburguesa, antes de indicarle más tarde al cabildero cuánto debería aportar el cliente.

«¿Qué puedo hacer para ayudarles?», ha llegado a decir Trump en múltiples eventos, según los asistentes. «¿Qué necesitan?», preguntó a varios altos ejecutivos en un acto en Florida.

Los demócratas del Senado han señalado que algunos de estos donantes corporativos se beneficiaron posteriormente de cambios normativos. «¡Un dinero muy bien invertido! Los millones de dólares invertidos recientemente por su empresa en la operación política del presidente Trump parecen haber permitido a los fabricantes de tabaco eludir la ley federal y vender de forma ilegal cigarrillos electrónicos no autorizados», escribieron seis senadores demócratas en una carta enviada en junio al CEO de Altria, señalando que la empresa había contribuido al salón de baile y a la toma de posesión del presidente.

La compañía respondió a los senadores detallando las políticas que, según afirmó, protegerían a los jóvenes y reducirían los daños derivados del tabaco, y añadió que agradecería la oportunidad de debatir el asunto más a fondo con los legisladores.

Diversos ejecutivos señalaron que Trump es uno de los presidentes más accesibles de los últimos tiempos. En privado, reconocen que esta Administración es mucho más transaccional que las anteriores. Si una empresa tiene un problema con el Gobierno federal que llega a oídos de Trump, este querrá saber cuánto dinero ha aportado dicha empresa, según una fuente familiarizada con el asunto. En ocasiones, el presidente recrimina en tono de broma a los líderes empresariales que no han alcanzado los objetivos de donación que él les fijó, añadió la misma fuente.

Varios CEO y miembros de juntas directivas afirmaron creer que existe una relación directa entre sus contribuciones y su nivel de acceso al presidente. El presidente del consejo de una empresa cotizada señaló que, si das dinero, sabes que estás marcado en una lista de verificación, o tachado de ella si no lo haces.

Algunos lobistas comentaron que aconsejan a sus clientes no comprometerse de inmediato cuando Trump les pide una gran donación, y decir en su lugar que lo consultarán y volverán a contactar con él y su equipo. Muchas de las empresas donantes tienen asuntos pendientes con el Gobierno, buscan contratos federales o ejercen presión sobre una amplia variedad de temas, desde la política comercial hasta la defensa y las asignaciones presupuestarias.

Lockheed Martin aportó más de 10 millones de dólares a finales de 2025 y principios de 2026 para proyectos vinculados al 250º aniversario de EEUU e infraestructuras en el área de Washington, según fuentes al tanto del asunto.

Un portavoz de la compañía declaró que «Lockheed Martin cuenta con un largo historial de apoyo a proyectos tanto en la zona de Washington D.C. como en todo el país». El portavoz añadió que su relación con el Gobierno se rige por normas de cumplimiento y respeta las leyes y reglamentos aplicables.

En junio, el Pentágono adjudicó a Lockheed un contrato de hasta 35.000 millones de dólares para fabricar misiles destinados a reponer las reservas estadounidenses mermadas por la guerra con Irán. Pocas semanas después, Trump reveló que Lockheed había acordado pagar unos cinco millones de dólares para un nuevo helipuerto que está construyendo en la Casa Blanca.

Freedom 250, el grupo afín a Trump que organizó las celebraciones del aniversario, recaudó más de 50 millones de dólares, según fuentes cercanas, e invitó a donantes y otros participantes a una recepción con vino en la Casa Blanca junto a Trump en primavera. La plataforma de redes sociales TikTok aportó unos dos millones de dólares a Freedom 250, según fuentes al tanto. Entre otros donantes que aportaron más de un millón de dólares cada uno para el aniversario figuraban Oracle y ExxonMobil.

Cuando el equipo del CEO de SoftBank, Masayoshi Son, se puso en contacto con la Casa Blanca para ofrecer su apoyo, se les indicó que destinaran los fondos a la biblioteca presidencial. SoftBank aportó 50 millones de dólares al proyecto, según fuentes familiarizadas con la transacción.

Una de las ideas de Son para ese espacio es utilizar parte de ese dinero para crear una zona dentro de la biblioteca dedicada a las relaciones entre Estados Unidos y Japón, añadió una de las fuentes.

Trump también ha obtenido dinero de empresas acaudaladas y sus propietarios mediante demandas o amenazas de litigios. El presidente ha transmitido a sus abogados que desea indemnizaciones más elevadas de los medios de comunicación y otras entidades que considera que le han perjudicado, según personas al tanto de las conversaciones. ABC News y Paramount (matriz de CBS) alcanzaron acuerdos extrajudiciales con el presidente que incluyeron unos 15 millones de dólares cada una para la biblioteca de Trump con el fin de poner fin a sus litigios.

Trump ha interpuesto una demanda contra Dow Jones, empresa editora del Journal, alegando difamación por un artículo sobre una carta de cumpleaños enviada al fallecido financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein. Un portavoz de Dow Jones declaró: «2Confiamos plenamente en el rigor y la precisión de nuestro trabajo periodístico y nos defenderemos con firmeza de cualquier demanda».

Las empresas se han dedicado a intercambiar impresiones sobre lo que el analista de Wall Street Blair Levin denomina «El Impuesto de Transacción Trump», es decir, un pago ajeno a los costes habituales del negocio. «Dicho de otra forma», señaló Levin, «simplemente estamos sustituyendo el libre mercado por el mercado para comprar el favor de Trump«.

En octubre, Trump ofreció una cena en el Salón Este de la Casa Blanca para las empresas y donantes que contribuyeron al proyecto del salón de baile. De pie ante un atril y junto a una maqueta del futuro salón de baile, el presidente relató la facilidad con la que había recaudado los fondos.

«Muchos de ustedes han sido realmente muy, muy generosos», dijo Trump. «Quiero decir, con un par de ustedes estaba sentado aquí y les dije: ‘Señor, ¿serían adecuados 25 millones de dólares?’. Y me respondieron: ‘Hecho'».

Y añadió: «No hacen falta demasiados billetes de 25 para conseguirlo».

«A lo largo de la historia, muchos consejeros delegados han contribuido a hacer de la Casa Blanca un lugar especial», concluyó Trump, «pero jamás se ha hecho nada de esta magnitud».

Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por V. Hdez.

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