
Se escribirán muchos panegíricos sobre Jürgen Habermas, el miembro más destacado de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort. Se dirá, con toda razón, que es el último de los clásicos, que nadie como él ha conceptualizado el siglo XX, la era que en Alemania llamaban la “República de Bonn”. Nadie fue tan influyente en la comprensión de aquel mundo que se va difuminando y que ya no es el nuestro.
Daniel Innerarity, discípulo de Habermas, es miembro del Consejo del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Fráncfort, sede de lo que fue la célebre Escuela de Fráncfort, y de cuya tercera generación forma parte.
Solo podremos pensar las nuevas realidades partiendo de la inmensa, equilibrada y sofisticada construcción intelectual que el filósofo alemán deja como legado
Solo podremos pensar las nuevas realidades partiendo de la inmensa, equilibrada y sofisticada construcción intelectual que el filósofo alemán deja como legado


Se escribirán muchos panegíricos sobre Jürgen Habermas, el miembro más destacado de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort. Se dirá, con toda razón, que es el último de los clásicos, que nadie como él ha conceptualizado el siglo XX, la era que en Alemania llamaban la “República de Bonn”. Nadie fue tan influyente en la comprensión de aquel mundo que se va difuminando y que ya no es el nuestro.
Me voy a permitir, desde el respeto, la admiración y la amistad, señalar algunas cosas que no tuvieron cabida en la monumental obra intelectual de Habermas, aquello que no pudo entender o no encajaba en sus categorías. Habermas no integró el feminismo y las políticas de la identidad en su universo mental, ciertas dimensiones de la complejidad de la sociedad contemporánea, la potencia arrolladora de la digitalización, el crecimiento de los movimientos reaccionarios, la incapacidad de Europa de hacer lo que todo el mundo sabe que tiene que hacer. La idea de que en una situación ideal de diálogo se impone “la fuerza del mejor argumento” nos parece un ejercicio de candidez en una época en la que la verdad le importa menos a la gente de lo que pensábamos. Esto no es un reproche sino todo lo contrario: un elogio de esa ingenuidad intelectual desde la que le resultó muy difícil entender las fuerzas disruptivas o la negatividad en la historia.
Recuerdo una conversación en su casa de Starnberg en la que yo, tal vez con demasiada osadía, pero con todo el respeto del que soy capaz, le advertía de estas realidades que estaban fuera de su construcción intelectual y le animaba a pensarlas. Me contestó diciendo: eso tendréis que hacerlo vosotros, los de la tercera generación. No sé si seremos capaces, pero estoy convencido de que únicamente lo haremos si tomamos como referencia, aunque sea para desbordarla en algunos aspectos, esa inmensa, equilibrada y sofisticada construcción intelectual que nos deja como legado.
Daniel Innerarity, discípulo de Habermas, es miembro del Consejo del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Fráncfort, sede de lo que fue la célebre Escuela de Fráncfort, y de cuya tercera generación forma parte.
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