El Papa ignora la pederastia en su visita a Montserrat, uno de los focos del escándalo en Cataluña

El papa León XIV ha visitado este miércoles la abadía de Montserrat, símbolo de la Iglesia y de la identidad de Cataluña, pero también del escándalo de la pederastia. Fue en este lugar donde surgió uno de los casos más graves de esta comunidad autónoma, destapado por este periódico en enero de 2019: los últimos tres abades del monasterio, los anteriores al actual, encubrieron abusos durante décadas y han surgido acusaciones contra tres frailes con al menos 15 víctimas. Ninguna de ellas ha recibido compensación, salvo la última conocida, a raíz de una condena judicial en 2024, según los datos de Miguel Hurtado, la primera víctima que salió a la luz. Es un ejemplo de esa “llaga abierta” que ha admitido el Papa en su llegada a España. Sin embargo, León XIV no ha aludido al escándalo en su discurso ante la comunidad benedictina. La propia abadía pidió perdón públicamente y admitió los abusos en un informe en 2019. Tampoco el actual abad, Manel Gasch i Hurios, en el cargo desde 2021, ha hecho mención alguna a la cuestión en su intervención.

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Vista de la abadía de Montserrat, durante la visita del Papa, este miércoles. León XIV evita mencionar los abusos en el territorio con más casos en España, medio millar de víctimas. Un agustino acusado de encubrir una denuncia asistió el domingo al encuentro de la orden con el Pontífice  

El papa León XIV ha visitado este miércoles la abadía de Montserrat, símbolo de la Iglesia y de la identidad de Cataluña, pero también del escándalo de la pederastia. Fue en este lugar donde surgió uno de los casos más graves de esta comunidad autónoma, destapado por este periódico en enero de 2019: los últimos tres abades del monasterio, los anteriores al actual, encubrieron abusos durante décadas y han surgido acusaciones contra tres frailes con al menos 15 víctimas. Ninguna de ellas ha recibido compensación, salvo la última conocida, a raíz de una condena judicial en 2024, según los datos de Miguel Hurtado, la primera víctima que salió a la luz. Es un ejemplo de esa “llaga abierta” que ha admitido el Papa en su llegada a España. Sin embargo, León XIV no ha aludido al escándalo en su discurso ante la comunidad benedictina. La propia abadía pidió perdón públicamente y admitió los abusos en un informe en 2019. Tampoco el actual abad, Manel Gasch i Hurios, en el cargo desde 2021, ha hecho mención alguna a la cuestión en su intervención.

De este modo, salvo que el Pontífice aborde el problema en alguno de los actos de la tarde del miércoles, es probable que se vaya de Cataluña el jueves por la mañana sin aludir al escándalo, pues la cita en Montserrat era la ocasión más propicia. Confirma el perfil bajo que desde la Iglesia española y el Vaticano se está queriendo dar a la cuestión. El Papa solo se refirió al fenómeno el lunes, al definirlo como una “plaga”, en un breve pasaje de su discurso a los obispos en Madrid. Luego se reunió con seis víctimas de forma reservada, elegidas por no tener relación con los medios. Sin embargo, en Cataluña es una omisión significativa, pues es el territorio donde más casos se han registrado en España, algunos de ellos de los más mediáticos.

Según la base de datos de EL PAÍS, la única sobre el fenómeno, ante la negativa de la Iglesia española a dar información clara, esta comunidad autónoma registra el mayor número de casos de pederastia del clero: 236 acusados y al menos 506 víctimas. El más antiguo está fechado en 1941 y el más reciente, en 2024.

Por provincias, 176 de estos casos ocurrieron en Barcelona, 22 en Tarragona, 20 en Lleida y 11 en Girona. En los cinco restantes se desconoce la provincia. Por instituciones, la archidiócesis de Barcelona es la que más tiene, 44. Le siguen las órdenes de los maristas (36), jesuitas (31), La Salle (18), escolapios (10) y claretianos (9). En los agustinos, orden a la que pertenece el Papa, no consta ninguno. En total, en al menos 31 de estos casos hay acusaciones o sospechas de encubrimiento.

Visita Papa León XIV a Montserrat

Por otro lado, según ha confirmado EL PAÍS, en el encuentro del Papa con los agustinos españoles del domingo, estaba Agustín Alcalde, prior provincial de la orden entre 2010 y 2014 y responsable, como desveló este periódico la semana pasada, de no haber abierto una investigación interna por abusos sexuales a una niña de 6 años y haber tapado el asunto, pese a que hubo una denuncia policial en 2010. Además, en ese periodo, Robert Prevost, el futuro pontífice, era el prior general de la orden. Los agustinos han asegurado que no fue informado.

La víctima acusó a un agustino, Álvaro Martín Fuente, del colegio Buen Consejo de Madrid, y señala que la orden lo supo hace 16 años, lo encubrió y no hizo nada. La orden, a la pregunta de este periódico sobre la presencia de Alcalde en la reunión con León XIV, ha respondido: “En el encuentro estuvieron todos los agustinos que pudieron y quisieron estar”.

En su discurso en Montserrat, el Papa ha llamado a abandonar las “palabras hirientes” y la agresividad en las redes sociales y la política. Es una de sus ideas fundamentales, que ya ha expuesto durante estos días en España: superar las diferencias y buscar la unidad de cada comunidad. El mensaje de Jesús, ha dicho, “desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide”. Ha pedido a la Virgen “que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias”. “Que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz”, ha concluido.

“Es la zona cero de la pederastia”

Pero ni palabra de la pederastia. El primer denunciante de Montserrat, Miguel Hurtado, una de las víctimas más activas en la lucha contra esta lacra, había pedido al Papa que no fuera a Montserrat, pero al menos esperaba que, ya que iba, se refiriera al escándalo. Este miércoles ha acudido al monasterio y estaba decepcionado. En declaraciones a los periodistas, ha calificado el lugar como “la zona cero de la pederastia clerical catalana”: “Viniendo aquí a Montserrat, sabiendo que la institución se niega a reparar a sus víctimas, está haciendo lo contrario de lo que dice: esto no sana, esto es echar sal en la herida”.

“El Papa ha ahondado la crisis de credibilidad de su pontificado respecto a la lucha contra la plaga de la pederastia en la iglesia. En su reunión con víctimas excluye a los activistas. Va al lugar del crimen, Montserrat, sin hablar con la víctima del delito ni reparar el daño causado. Para rematar la faena en la zona cero de la pederastia clerical catalana habla de la dignidad humana sin mencionar el elefante en la habitación. Los delitos de pederastia cometidos por tres monjes contra 15 niños durante cuatro décadas, encubiertos por tres abades. Peor imposible”, ha declarado a EL PAÍS.

El primer gran caso que surgió en España fue el del colegio Sants-Les Corts de los maristas de Barcelona, en 2014, gracias al coraje del padre de un alumno, Manuel Barbero, que pegó 200 carteles en las paredes alrededor del colegio. Desembocó en una condena de 21 años de cárcel al religioso Joaquín Benítez, el único que pudo ser juzgado, por abuso sexual continuado de cuatro menores entre 2006 y 2009. Eran los únicos casos no prescritos de al menos 26 víctimas que le acusaban de abusos de 1980 a 2011. Otros 25 docentes del centro, también señalados, salieron impunes y la mayoría del centenar de víctimas no fueron atendidas ni indemnizadas. De cualquier forma, fue el primer caso en que una orden aceptó, en diciembre de 2020, una indemnización colectiva a 29 víctimas de sus centros, un total de 353.000 euros.

Otros focos de escándalos han sido los colegios jesuitas, un total de nueve se han visto afectados, principalmente los de Casp y Sarrià, con graves casos de encubrimiento. Algunos acusados fueron trasladados de unos colegios a otros y en ocasiones eran enviados a Latinoamérica. Un ejemplo es la historia de Chesco Peris y Lluis Tó, trasladados a Bolivia. El en el caso de Tó fue después de que la Audiencia Provincial de Barcelona lo condenara por abusar de una niña en 1992. EL PAÍS destapó este caso en 2018 y, a raíz de ello, salieron hasta otras 16 víctimas. Los maristas también trasladaron a acusados de su orden a Chile.

No obstante, uno de los casos de encubrimiento más alarmantes fue el del sacerdote Jordi Senabre, párroco de Polinyà, en Barcelona, que desapareció tras ser acusado de abusar de un menor de 13 años en 1988. En realidad, el arzobispado lo ayudó a huir de la justicia en 1990, según reveló EL PAÍS en 2018. Lo envió de misionero, no reveló su paradero y lo ocultó hasta que este diario lo encontró en Ecuador. Tres obispos de la ciudad supieron todos esos años dónde estaba, todos cardenales: Ricard Maria Carles, Lluís Martínez i Sistach y Juan José Omella.

En la lista de 68 obispos sospechosos de encubrimiento publicada por EL PAÍS la víspera de la llegada del Papa a España hay una mayoría de obispos catalanes, un total de nueve. De ellos, cuatro son o han sido cardenales: Narcís Jubany, Ricard Maria Carles, Lluís Martínez i Sistach y el actual arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, que está acompañando estos dos días al Papa en la capital catalana. Omella además, se querelló contra una víctima que le reprochó su inacción contra la pederastia, según reveló este diario el martes. Además, siete superiores de órdenes religiosas también están acusados de encubrimiento: cuatro de los jesuitas, uno de los escolapios y los tres abades de Montserrat.

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