El tablero en Siria profundiza la brecha entre Israel y Turquía

El pulso por la influencia militar en la era post-Asad eleva la tensión en la región Leer El pulso por la influencia militar en la era post-Asad eleva la tensión en la región Leer  

Al término de una de las semanas más tensas en la severamente dañada relación bilateral, el ministro de Justicia turco, Akin Gürlek, solicitó este viernes a la Interpol una orden de arresto internacional contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en el marco de la causa contra altos cargos sobre el asalto de la Flotilla Global Sumud por presuntos delitos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y torturas. «El patético intento de Erdogan de intimidar a los líderes y soldados de Israel, la única democracia verdadera en Oriente Medio, no llegará a ninguna parte», respondió Netanyahu que acusó al presidente turco de «dictador antisemita, que ha masacrado a kurdos, alberga terroristas de Hamas, ocupa la mitad de Chipre y encarcela a un número récord de periodistas y políticos que se le oponen. Ahora busca extender su agresión contra Israel hacia Siria. Israel no lo tolerará».

Si el conflicto israelí-palestino y las escaladas en Gaza bajo control de Hamas desataron agrios enfrentamientos entre los Gobiernos de Israel (en su inmensa mayoría de Netanyahu) y Turquía bajo el mandato de Erdogan, el equilibrio de fuerzas en la Siria post Asad acerca un escenario incierto e impensable entre dos estrechos aliados en los años 90.

La tensión va más allá de romper o rebajar las relaciones diplomáticas aunque nadie habla de un inminente choque bélico. En primer lugar porque no es deseado por las tres partes: Israel, Turquía y Estados Unidos, cuyo presidente Donald Trump se declara gran amigo de Netanyahu y de Erdogan. Pero si las palabras crean crisis (para sus líderes con cierta rentabilidad a nivel político interno), el frente sirio puede provocar un error de cálculo entre dos poderosas piezas del tablero regional.

La tensión se disparó esta semana tras el ataque aéreo israelí contra la base aérea siria Abu al-Duhur que no provocó bajas pero sí la protesta de Ankara y Damasco, y el enfado del enviado estadounidense, Tom Barrak, que lo definió como «escalada innecesaria que no contribuye a la estabilidad regional».

«Israel y Siria acordaron un Statu Quo en asuntos de seguridad, que Siria estuvo a punto de violar al permitir que tropas turcas se desplegaran en una base aérea cerca de Alepo. Israel advirtió repetidamente a Siria que tal despliegue representaría una amenaza para la seguridad de Israel. Siria eligió ignorar estas advertencias», denunció Netanyahu que en diciembre del 2024 a raíz de la huida de los soldados de Bashar Asad y la posible llegada de efectivos del nuevo rais Ahmed Sharaa ordenó bombardear cazas, navíos y arsenal estratégico de Siria y ocupar la zona desmilitarizada. No es casual que desde esta franja sureña siria, el jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, avisara: «Estamos viendo lo que está ocurriendo y seguimos de cerca los cambios en el frente sirio. No permitiremos que fuerzas hostiles se establezcan en nuestras fronteras y sabremos utilizar nuestras capacidades operativas con precisión allí donde y cuando sea necesario».

«El ataque de Israel contra la base aérea de Abu al-Duhur es una acción destinada a perjudicar la estabilidad, la seguridad, la unidad y la integridad territorial de Siria así como sus infraestructuras», reaccionó el ministerio de Defensa turco tras el bombardeo israelí a unos 70 kilómetros de su frontera. Su portavoz, Zeki Aktürk, asegura que continuarán «con sus esfuerzos y contribuciones para preservar la soberanía y la integridad territorial de Siria y ayudar al país a alcanzar una estructura estable y segura».

«Las acusaciones formuladas se derivan de la intención de Netanyahu de seguir aplicando políticas expansionistas y desestabilizadoras en la región de cara a las elecciones en Israel», acusó el Gobierno de Ankara que suele denunciar los ataques israelíes en Líbano (Hizbulá) y en Gaza (Hamas).

El deseo de Turquía de traducir su trabajado apoyo a Sharaa (llamado Abu Mohamed al-Golani en su época yihadista antes de ponerse el traje de presidente) en una mayor influencia militar y política en el país árabe choca con la oposición de Israel que teme el surgimiento de una «amenaza» en su frontera norte tomando el relevo de Irán que operaba en la era Asad. Con la diferencia, entre otras, de que Turquía es un importante miembro de la OTAN y de la nueva alianza defensiva suní con Pakistán (en el club nuclear) y Arabia Saudita (potencia musulmana y árabe) que de momento es más solida en el papel que en el terreno. Uno de los temores israelíes pasa por ejemplo a que Turquía despliegue sistemas defensivos antiaéreos en Siria (uno de los corredores hacia Irán) lo que limitaría la libertad de acción de la Fuerza Aérea de Israel. De cara a la visita de Trump a Ankara en julio para la cumbre de la OTAN, Netanyahu le pidió que no venda sus cazas F-35 a Turquía.

«Erdogan arrastra a Turquía a peligrosas aventuras en Siria. Israel no permitirá que ningún actor amenace su seguridad. Es preferible que Erdogan siga con sus discursos vacíos y fantasiosos contra Israel en la Gran Asamblea Nacional de Turquía, en lugar de poner a prueba la determinación de Israel en defenderse», escribió el ministro de Defensa, Israel Katz en hebreo y turco en X.

En Israel, muchos consideran que «el islamista Erdogan es un líder antisemita que busca reeditar el Imperio Otomano» pero no todos apoyan el ataque realizado en el norte de Siria. «La escalada de tensión deliberada de Netanyahu frente a Turquía es irresponsable y estúpida; resulta difícil decidir cuál de las dos cosas es más. Tiene un fuerte olor a maniobra política destinada a llegar a las elecciones con una serie de tensiones de seguridad que provoquen ansiedad entre la población», denuncia el ex primer ministro y uno de los grandes detractores de Netanyahu, Ehud Barak. Y añade: «Turquía no es Irán ni la Siria de Asad. No existe ningún problema estratégico con Turquía que no pueda resolverse, moderarse o aplazarse a largo plazo mediante contactos discretos, en coordinación con Estados Unidos».

En Turquía, por su parte, el sentimiento antiisraelí ha crecido de forma significativa en las últimas décadas marcadas por la Segunda Intifada, el asalto a la flotilla Mavi Marmara y la situación en Cisjordania y la Franja de Gaza. El presente y futuro de Siria profundizan la brecha entre los dos países lo que obliga a Estados Unidos a intervenir para que no sea más grave de lo que es, una relación rota.

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