El techo del Real Madrid

Los alemanones del Bayern (me refiero a los hinchas, porque sus futbolistas tampoco son nada del otro mundo, si el otro mundo es Klaus Augenthaler) sólo tenían miedo del techo del Bernabéu , que así están las cabezas. Se dice que Jan-Christian Dreesen, director ejecutivo de los muniqueses, presionó al uefo Ceferino para que no permitiera al Madrid cerrar el techo corredizo del estadio por temor a que la ruidajera del eco (algo así como el arma sonora del ‘pressing catch’ de Trump en la performance del secuestro de Maduro) hiciera mella en las pantorrillas de sus atletas de pitiminí, convencidos de no poder soportarlo. Ese ejecutivo no sabe que el peligro para Olise no sería el techo cerrado, sino el suelo abierto: Carreras te deja pasar, se abre el escotillón y, ¡hala!, Olise al saco del hipogeo. Mas lo que se abre ante el Madrid es un dilema cornudo: si corre el techo se queja Jan-Christian, pero si lo descorre se queja Ruido Bernabéu, ese tábano de Ío con su molestia de abogados. La queja de Jan-Christian, sin embargo, no fue atendida por los burócratas de Ceferino, que acudió al palco del Bernabéu para comprobar personalmente los efectos del techo. El caso es que los alemanones, a pesar del techo, ganaron, aunque a portero cambiado, Lunin por Neuer, el vencedor hubiera sido el Madrid, que así de mediocre es el actual fútbol europeo. Ceferino se sentó en el palco con la idea de ver un grande espectáculo: Florentino cerrando el techo del estadio como Sonny (Chazz Palminteri) cierra en ‘A Bronx Tale’ la puerta de su bar, tomado por los moteros faltones, y suelta a los muchachos con bates de béisbol, que sin quitarse el traje apalizan a los fanfarrones. Noticia relacionada opinion No No A él tampoco lo querían Ignacio Ruiz-QuintanoA la hora de la verdad, el techo sólo sirvió para amplificar los berridos de la hinchada muniquesa y los pitos a Vinicius (el tipo que nos metió en cuartos) del piperío local, que para eso ha quedado la mítica afición madridista, ahora encoñada con… Olise, el extremo del Bayern, que se divirtió toda la noche con Carreras, si bien se hubiera divertido lo mismo en la banda de Trent, con quien tantas noches se divirtió Vinicius contra el Liverpool. El piperío se alimenta intelectualmente de la cochambre mediática, y uno de sus ídolos es el comentarista Maldini, que viene a ser como el criado negro que tenía en París el periodista del paraguas verde Luis Bonafoux sólo para que lo siguiera por la calle gritando: «¡Ése que va ahí, el del paraguas verde, es Bonafoux, el gran Bonafoux, el formidable escritor Bonafoux!…» –¡Ése que va ahí, el de la coleta, es Olise, el gran Olise, el formidable futbolista Olise!… –repitió setenta y tres veces el andoba. En fin, que el Bonafoux del martes en el Bernabéu fue Olise, que pudo regatear a Carreras y atarse a la vez la goma de la coleta. El antojo del piperío el día del Bayern fue Olise y el antojo del piperío el día del City fue Doku, a los que cambiarían, no por Mbappé, que tiene las mismas Champions que ellos, sino por Vinicius, aunque sólo sea porque le puso morro a Xabi Alonso. Al final del partido Thomas Müller dijo que el del martes era el peor Madrid que él había visto, y ponía como referencia al Madrid de Cristiano. Algo parecido, con más gracia, dijo Neuer. Y no les falta razón. El Madrid de ahora tiene que lidiar con Lunin, vencido a lo Montherlant (como los soldados en Verdún) en los dos goles alemanes; con Trent, que tuvo la indolencia de dejarse marear por Luis Díaz; con Huijsen, un central-insecto fragilísimo; con Carreras, que no tiene nombre; con Pitarch, que lleva dos asistencias de Champions, salvadas por Courtois y Lunin… Y el Bayern, el Mejor Equipo de Europa en la Actualidad, sólo le ganó porque Vinicius y Mbappé se cambiaron las botas. ¿Cuál de los dos pasará? En Munich estará Mendy, y ahí queremos ver a Olise, pues con Carreras delante hasta Balboa pasaría por Garrincha. En cuanto a los supersticiosos de la maldición Mbappé, que piensen que en esta eliminatoria la igualamos con la maldición Kane, otro ‘lúser’ para los títulos. En la locura, la idea es llegar a los penaltis y que decida Lunin. Los alemanones del Bayern (me refiero a los hinchas, porque sus futbolistas tampoco son nada del otro mundo, si el otro mundo es Klaus Augenthaler) sólo tenían miedo del techo del Bernabéu , que así están las cabezas. Se dice que Jan-Christian Dreesen, director ejecutivo de los muniqueses, presionó al uefo Ceferino para que no permitiera al Madrid cerrar el techo corredizo del estadio por temor a que la ruidajera del eco (algo así como el arma sonora del ‘pressing catch’ de Trump en la performance del secuestro de Maduro) hiciera mella en las pantorrillas de sus atletas de pitiminí, convencidos de no poder soportarlo. Ese ejecutivo no sabe que el peligro para Olise no sería el techo cerrado, sino el suelo abierto: Carreras te deja pasar, se abre el escotillón y, ¡hala!, Olise al saco del hipogeo. Mas lo que se abre ante el Madrid es un dilema cornudo: si corre el techo se queja Jan-Christian, pero si lo descorre se queja Ruido Bernabéu, ese tábano de Ío con su molestia de abogados. La queja de Jan-Christian, sin embargo, no fue atendida por los burócratas de Ceferino, que acudió al palco del Bernabéu para comprobar personalmente los efectos del techo. El caso es que los alemanones, a pesar del techo, ganaron, aunque a portero cambiado, Lunin por Neuer, el vencedor hubiera sido el Madrid, que así de mediocre es el actual fútbol europeo. Ceferino se sentó en el palco con la idea de ver un grande espectáculo: Florentino cerrando el techo del estadio como Sonny (Chazz Palminteri) cierra en ‘A Bronx Tale’ la puerta de su bar, tomado por los moteros faltones, y suelta a los muchachos con bates de béisbol, que sin quitarse el traje apalizan a los fanfarrones. Noticia relacionada opinion No No A él tampoco lo querían Ignacio Ruiz-QuintanoA la hora de la verdad, el techo sólo sirvió para amplificar los berridos de la hinchada muniquesa y los pitos a Vinicius (el tipo que nos metió en cuartos) del piperío local, que para eso ha quedado la mítica afición madridista, ahora encoñada con… Olise, el extremo del Bayern, que se divirtió toda la noche con Carreras, si bien se hubiera divertido lo mismo en la banda de Trent, con quien tantas noches se divirtió Vinicius contra el Liverpool. El piperío se alimenta intelectualmente de la cochambre mediática, y uno de sus ídolos es el comentarista Maldini, que viene a ser como el criado negro que tenía en París el periodista del paraguas verde Luis Bonafoux sólo para que lo siguiera por la calle gritando: «¡Ése que va ahí, el del paraguas verde, es Bonafoux, el gran Bonafoux, el formidable escritor Bonafoux!…» –¡Ése que va ahí, el de la coleta, es Olise, el gran Olise, el formidable futbolista Olise!… –repitió setenta y tres veces el andoba. En fin, que el Bonafoux del martes en el Bernabéu fue Olise, que pudo regatear a Carreras y atarse a la vez la goma de la coleta. El antojo del piperío el día del Bayern fue Olise y el antojo del piperío el día del City fue Doku, a los que cambiarían, no por Mbappé, que tiene las mismas Champions que ellos, sino por Vinicius, aunque sólo sea porque le puso morro a Xabi Alonso. Al final del partido Thomas Müller dijo que el del martes era el peor Madrid que él había visto, y ponía como referencia al Madrid de Cristiano. Algo parecido, con más gracia, dijo Neuer. Y no les falta razón. El Madrid de ahora tiene que lidiar con Lunin, vencido a lo Montherlant (como los soldados en Verdún) en los dos goles alemanes; con Trent, que tuvo la indolencia de dejarse marear por Luis Díaz; con Huijsen, un central-insecto fragilísimo; con Carreras, que no tiene nombre; con Pitarch, que lleva dos asistencias de Champions, salvadas por Courtois y Lunin… Y el Bayern, el Mejor Equipo de Europa en la Actualidad, sólo le ganó porque Vinicius y Mbappé se cambiaron las botas. ¿Cuál de los dos pasará? En Munich estará Mendy, y ahí queremos ver a Olise, pues con Carreras delante hasta Balboa pasaría por Garrincha. En cuanto a los supersticiosos de la maldición Mbappé, que piensen que en esta eliminatoria la igualamos con la maldición Kane, otro ‘lúser’ para los títulos. En la locura, la idea es llegar a los penaltis y que decida Lunin.  

Los alemanones del Bayern (me refiero a los hinchas, porque sus futbolistas tampoco son nada del otro mundo, si el otro mundo es Klaus Augenthaler) sólo tenían miedo del techo del Bernabéu, que así están las cabezas. Se dice que Jan-Christian Dreesen, … director ejecutivo de los muniqueses, presionó al uefo Ceferino para que no permitiera al Madrid cerrar el techo corredizo del estadio por temor a que la ruidajera del eco (algo así como el arma sonora del ‘pressing catch’ de Trump en la performance del secuestro de Maduro) hiciera mella en las pantorrillas de sus atletas de pitiminí, convencidos de no poder soportarlo.

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