El vudú de Nigeria le llegó al Sevilla FC: 22 remates, Dmitrovic de MVP y dos nuevos lesionados

No será fácil que Matías Almeyda encuentre una explicación a la derrota del Sevilla en Cornellà-El Prat. Superado el arranque de partido, con seis minutos de desconcierto en los que el Espanyol disfrutó de varias ocasiones, el equipo sevillista exhibió una de sus mejores versiones de los últimos tiempos. Recordando a ese equipo que se hizo inexpugnable como visitante en el inicio liguero, el Sevilla acumuló una llegada tras otra a la portería de Dmitrovic, que se ganó el sueldo ante su exequipo. Hasta 22 remates acumularon los de Almeyda para anotar un solo tanto y en propia puerta de Cabrera. Como si Akor Adams, que perdió la pelota en el 2-0, y Ejuke, que sobresalió tras suplir a Vargas, se hubieran traído todavía ese conjuro del que el seleccionador nigeriano acusó a la RD Congo.Los datos refrendan esa superioridad sevillista y no sólo en llegadas al área rival. Fue un Sevilla dominador, con el doble de posesión que el Espanyol, y que acumuló ocasiones desde todos los ámbitos. Con Peque ofreciendo una exhibición en la mediapunta hasta que Almeyda lo retiró del campo; con Vargas –que reclamó un posible penalti– primero, Ejuke y Alfon después, desbordando por las alas; con una presión asfixiante sobre un Espanyol incapaz de enlazar jugadas hasta en campo propio; y sólo Dmitrovic, un gigante que no se pareció en nada al que jugó en Nervión , evitando los goles con paradas de todos los colores. Y si no, el poste, como en ese disparo de Peque, que ya empezó a vislumbrar esa noche negra para el Sevilla. Quizá a los de Almeyda sólo se les puede achacar cierta debilidad defensiva en el arranque de cada tiempo. Si en el primero Kike García y Pere Milla lo dejaron con vida, en el segundo acto el leridano sí aprovechó el centro de Dolan para abrir el marcador. Tampoco le importó demasiado al Sevilla verse por debajo en el marcador. Su lectura del partido fue la misma, ganando cada duelo y acechando la portería de Dmitrovic . Juanlu, señalado en el gol, se vino arriba para completar una banda derecha con Ejuke que generó peligro. También Alfon, con movimientos desde la banda hacia dentro, buscaba el gol, que sólo llegaría tras una peinada de Marcao, tras un saque de esquina, que Cabrera se envió de un pie a otro para acabar metiendo la pelota dentro de su portería. Previamente había llegado el segundo tanto periquito con otro regalo, tras un mal saque de Vlachodimos y un peor control de Akor Adams. La genialidad de Roberto, con un golpeo de rosca, hizo el resto para ensombrecer una noche sevillista que incluso buscó la igualada hasta la última jugada del partido.Pero el vudú ya había hecho su efecto. A los goles encajados o las oportunidades perdidas se añadieron los infortunios de Januzaj y Vargas . Las lágrimas del belga, que sufrió una nueva lesión a la media hora de partido, fueron las del sevillismo cuando vieron al suizo con gestos de dolor tendido en el césped. Dos nuevas dolencias para el parte médico y todo apunta a que dos ausencias para el derbi. Un daño colateral que se sumaba a una derrota de difícil digestión. No se mereció perder el Sevilla y cuando Almeyda repase el vídeo del partido seguro que acrecienta esa sensación. La oportunidad de pisar zona europea quedó diluida en una noche de infortunios . No habrá tiempo para las lamentaciones con un partido de máxima rivalidad en el Ramón Sánchez-Pizjuán asomando por la esquina. Nervión aguarda a su equipo para otro día especial. No será fácil que Matías Almeyda encuentre una explicación a la derrota del Sevilla en Cornellà-El Prat. Superado el arranque de partido, con seis minutos de desconcierto en los que el Espanyol disfrutó de varias ocasiones, el equipo sevillista exhibió una de sus mejores versiones de los últimos tiempos. Recordando a ese equipo que se hizo inexpugnable como visitante en el inicio liguero, el Sevilla acumuló una llegada tras otra a la portería de Dmitrovic, que se ganó el sueldo ante su exequipo. Hasta 22 remates acumularon los de Almeyda para anotar un solo tanto y en propia puerta de Cabrera. Como si Akor Adams, que perdió la pelota en el 2-0, y Ejuke, que sobresalió tras suplir a Vargas, se hubieran traído todavía ese conjuro del que el seleccionador nigeriano acusó a la RD Congo.Los datos refrendan esa superioridad sevillista y no sólo en llegadas al área rival. Fue un Sevilla dominador, con el doble de posesión que el Espanyol, y que acumuló ocasiones desde todos los ámbitos. Con Peque ofreciendo una exhibición en la mediapunta hasta que Almeyda lo retiró del campo; con Vargas –que reclamó un posible penalti– primero, Ejuke y Alfon después, desbordando por las alas; con una presión asfixiante sobre un Espanyol incapaz de enlazar jugadas hasta en campo propio; y sólo Dmitrovic, un gigante que no se pareció en nada al que jugó en Nervión , evitando los goles con paradas de todos los colores. Y si no, el poste, como en ese disparo de Peque, que ya empezó a vislumbrar esa noche negra para el Sevilla. Quizá a los de Almeyda sólo se les puede achacar cierta debilidad defensiva en el arranque de cada tiempo. Si en el primero Kike García y Pere Milla lo dejaron con vida, en el segundo acto el leridano sí aprovechó el centro de Dolan para abrir el marcador. Tampoco le importó demasiado al Sevilla verse por debajo en el marcador. Su lectura del partido fue la misma, ganando cada duelo y acechando la portería de Dmitrovic . Juanlu, señalado en el gol, se vino arriba para completar una banda derecha con Ejuke que generó peligro. También Alfon, con movimientos desde la banda hacia dentro, buscaba el gol, que sólo llegaría tras una peinada de Marcao, tras un saque de esquina, que Cabrera se envió de un pie a otro para acabar metiendo la pelota dentro de su portería. Previamente había llegado el segundo tanto periquito con otro regalo, tras un mal saque de Vlachodimos y un peor control de Akor Adams. La genialidad de Roberto, con un golpeo de rosca, hizo el resto para ensombrecer una noche sevillista que incluso buscó la igualada hasta la última jugada del partido.Pero el vudú ya había hecho su efecto. A los goles encajados o las oportunidades perdidas se añadieron los infortunios de Januzaj y Vargas . Las lágrimas del belga, que sufrió una nueva lesión a la media hora de partido, fueron las del sevillismo cuando vieron al suizo con gestos de dolor tendido en el césped. Dos nuevas dolencias para el parte médico y todo apunta a que dos ausencias para el derbi. Un daño colateral que se sumaba a una derrota de difícil digestión. No se mereció perder el Sevilla y cuando Almeyda repase el vídeo del partido seguro que acrecienta esa sensación. La oportunidad de pisar zona europea quedó diluida en una noche de infortunios . No habrá tiempo para las lamentaciones con un partido de máxima rivalidad en el Ramón Sánchez-Pizjuán asomando por la esquina. Nervión aguarda a su equipo para otro día especial.  image

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