EL MUNDO entra en la zona controlada por Israel en la Franja de Gaza y ampliada en los últimos meses: «Hacemos lo posible para evitar infiltraciones», indica un oficial en el devastado enclave palestino, sin repliegue israelí ni desarme de Hamas. Un frente abierto para Israel que este lunes conmemora el Día Nacional de Recuerdo del ataque del 7 de octubre del 2023. Leer EL MUNDO entra en la zona controlada por Israel en la Franja de Gaza y ampliada en los últimos meses: «Hacemos lo posible para evitar infiltraciones», indica un oficial en el devastado enclave palestino, sin repliegue israelí ni desarme de Hamas. Un frente abierto para Israel que este lunes conmemora el Día Nacional de Recuerdo del ataque del 7 de octubre del 2023. Leer
Varias imágenes ilustran la situación en la Franja de Gaza tres años después del ataque de Hamas que dio paso a la ofensiva israelí y uno después del acuerdo que no trajo una verdadera tregua. Soldados de Israel en la zona bajo su control que ha aumentado a la espera del desarme de Hamas. Tiendas de campaña y cantidad ingente de escombros a la espera de la reconstrucción; ataques aéreos contra participantes del 7-0; efectivos del grupo islamista blandiendo fusiles en un funeral en el territorio que controla a la espera de la retirada israelí; túneles de Hamas como el que EL MUNDO ha recorrido.
Junto con otros medios internacionales, entramos en la Franja de Gaza empotrados con el ejército que no permite el acceso independiente de periodistas desde su territorio. Lo hacemos por la zona por la que miles de terroristas cruzaron en sentido inverso para asaltar ciudades, kibutzim, bases y un festival de música en el sur de Israel. «El 7 de octubre del 2023 fue una enorme sorpresa. Como ejército fracasamos, pero si al final no llega, hubiera podido pasar en el resto del país, incluyendo a mis padres y tres hijos. Por primera vez en mi vida, estaba contento de que mi abuelo, un superviviente del Holocausto, no estuviese vivo«, afirma un oficial de la división de Gaza enfatizando las escasas y vulnerables distancias entre las localidades israelíes y el enclave palestino.
Todo parece igual en el puesto militar respecto a la última visita en febrero excepto los sacos de arena y obstáculos tipo Hesco colocados en el punto de vigilancia en el punto más alto de la base. Desde aquí se divisa con nitidez la localidad palestina Deir al Balah y el mar pero con muchas dificultades la Línea Amarilla que divide el territorio en dos (Israel y Hamas). «Hacemos todo lo posible para evitar ataques e infiltraciones allí», indica el oficial mientras apunta con su dedo bloques de piedra señalizados en amarillo que ejercen de línea roja para los gazatíes.
«Tenemos pruebas visuales de terroristas que dan dinero a niños y los envían a los puntos de la Línea Amarilla para ver qué pasan y cómo reaccionan los soldados. Lo hacen muchas veces. Nosotros no les disparamos, pero es un reto importante», añade.
Del 53% del territorio asignado el año pasado en el acuerdo auspiciado por el presidente estadunidense, Donald Trump, para la vuelta de los últimos secuestrados israelíes, Israel ocupa hoy el 63% con alrededor de 40 posiciones militares. Altos mandos de las dos divisiones desplegadas temen especialmente un ataque para capturar soldados. «Si Hamas entiende que está con la espalda contra la pared, intentará cambiar su realidad con las cartas estratégicas en su poder y la primera es tener rehenes. Hoy hace todo lo posible para mantener el control y rearmarse, gracias sobre todo a la venta de la asistencia humanitaria», denuncia el oficial.
Viajamos más al norte en la Franja. Con el ruidoso vuelo de drones y escombros por doquier en el devastado barrio de Shujaiya, al este de la Ciudad de Gaza, bajamos a un túnel. De unos 500 metros de longitud y descubierto en la ofensiva, formaba parte del sistema subterráneo de Hamas estimado en 600 o 700 kilómetros. Mientras avanzamos por el resbaladizo pasadizo con tramos laterales y una gran humedad, encontramos habitaciones y salas contiguas destinadas a los comandantes del grupo armado, cables eléctricos, un espejo, lavabos, colchones, etc.
«Esto es parte de la enorme red subterránea que conecta desde aquí la Ciudad de Gaza. Parte de los túneles de Hamas sirven para poder defenderse, estar muchos meses bajo tierra ya sean los terroristas o rehenes, moverse de un lugar a otro, tener centros de mando», nos dice un oficial. No hay certeza de que rehenes israelíes fueran llevados por este túnel en Shujaiya, pero es posible, ya que ocho ciudadanos del kibutz Nahal Oz y 10 soldados de la base adyacente fueron secuestrados a menos de mil metros al otro lado de la frontera.
«La red de túneles se extendía por toda la franja incluyendo el Hospital Shifa en la Ciudad de Gaza. Estuve allí y lo vi con mis propios ojos. Se trataba de una ciudad debajo de otra ciudad. Para atacar a nuestros ciudadanos y defender sus infraestructuras, usan a la población, escuelas, centros médicos, etc», asegura.
Más allá de atacar casi diariamente a cabecillas y sobre todo mandos intermedios y efectivos de Hamas y Yihad Islámica que sustituyen a los ya abatidos, así como a todo aquel que participó en el ataque del 7-0, el ejército israelí dice que sigue buscando y neutralizando sus túneles e infraestructuras armadas en la Línea Amarilla. «No puedo decir el porcentaje de túneles destruidos, pero son muchos. Hay túneles activos en la Ciudad de Gaza ya que allí no estamos», concluye. Su brigada destruyó unos 60 kilómetros de túneles.
El paisaje de esta franja costera es desolador y nada parecido al previo del 7-0, aunque no homogéneo. Así, el enorme grado de destrucción en la sureña Rafah contrasta con los céntricos enclaves de Nuseirat o Deir al Balah en los que el ejército no llevó a cabo una operación terrestre a gran escala dada la presencia de secuestrados israelíes.
En la masiva ofensiva en respuesta al ataque del 7-0, el 80% de las estructuras fueron dañadas y 1,9 millones de personas (de un total de 2.1 millones) fueron desplazadas, según la ONU. La inmensa mayoría de los habitantes viven en apenas el 40 % del territorio no controlado por Israel.
El camino hacia la reconstrucción se presenta complejo. Hace unos días, la Junta de Paz anunció en Nueva York un plan de 2.450 millones de dólares para financiar 66 proyectos en seis meses. El escepticismo se debe no solo a que la cifra calculada de recuperación y reconstrucción supera los 71.000 millones de dólares durante la próxima década. Israel y la Junta de Paz condicionan su inicio a la desmilitarización de la Franja de Gaza y al desarme de Hamas que, por su parte, exige la retirada israelí. Dos escenarios contemplados en la Hoja de Ruta pero lejanos en el terreno. Además, es improbable que el Gobierno de Benjamín Netanyahu ordene un repliegue con las elecciones en el horizonte (27-O) y los telediarios israelíes informando que, tres años y muchas promesas de «victoria total» después, el brazo armado de Hamas cuenta con al menos 25.000 efectivos.
«Nos enfrentamos a numerosos desafíos y el prioritario es detener la agresión que continúa», afirma el líder islamista Jalil Al Hayya. Hamas no dispone de las brigadas, batallones y unidades que formó tras la retirada israelí (2005) y su toma de control (2007)y aliados como Irán y Hizbulá afrontan sus propios y colosales problemas. Por otro lado, no ha perdido el control (aunque sí territorio) y dos países cercanos como Catar y Turquía han logrado influencia en el «día después» y tienen línea directa con Trump. El mismo que impuso un acuerdo que ha reducido considerablemente la intensidad del frente gazatí, pero sin cerrarlo.
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