El éxito de ¡Torrente, presidente! ha reactivado esa leyenda urbana que dice que Santiago Segura hace las películas sin subvención. No sé dónde empezó tal sandez pero es dramático que un dato que —como tantos otros— se puede cotejar en dos clics quede marcado como real solo porque se adecúa a la visión del mundo que tiene alguna gente. La última entrega de Torrente no ha recibido ayudas directas ni subvenciones sobre proyecto. Tiene la financiación de Netflix y Atresmedia, teniendo la primera fama de ser muy generosa. No es difícil ver las ayudas recibidas por otras películas del autor; ayudas de las que, por cierto, Segura nunca ha hablado mal, sino todo lo contrario.
Las películas de Santiago Segura son productos de, intuyo, fácil financiación. Otras necesitan sí o sí una ayuda pública para producirse, y bien está, siempre y cuando el dinero vaya a parar a la producción y no a viajes, chuletones y fiestas en castillos
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Las películas de Santiago Segura son productos de, intuyo, fácil financiación. Otras necesitan sí o sí una ayuda pública para producirse, y bien está, siempre y cuando el dinero vaya a parar a la producción y no a viajes, chuletones y fiestas en castillos


El éxito de¡Torrente, presidente!ha reactivado esa leyenda urbana que dice que Santiago Segura hace las películas sin subvención. No sé dónde empezó tal sandez pero es dramático que un dato que —como tantos otros— se puede cotejar en dos clics quede marcado como real solo porque se adecúa a la visión del mundo que tiene alguna gente. La última entrega de Torrente no ha recibido ayudas directas ni subvenciones sobre proyecto. Tiene la financiación de Netflix y Atresmedia, teniendo la primera fama de ser muy generosa. No es difícil ver las ayudas recibidas por otras películas del autor; ayudas de las que, por cierto, Segura nunca ha hablado mal, sino todo lo contrario.
Las películas de Santiago Segura son productos de, intuyo, fácil financiación, ya que dan pingües beneficios. Otras necesitan sí o sí una ayuda pública para producirse, y bien está, siempre y cuando el dinero vaya a parar a la producción y no a viajes, chuletones y fiestas en castillos (por ejemplo). Yo creo que la mayor parte de los productores son honrados. Creo que los desmanes de ciertos dinosaurios —algunos en el exilio voluntario— van desapareciendo. Creo, por último, que la manera de alejar las tentaciones es hacer auditorías exhaustivas.
Que el éxito de Segura (raro caso de persona que es a la vez inteligente y lista) les sirva a ciertas personas y ciertos medios para atacar el sistema de puntos en el que las mujeres recibimos algo de atención al fin. Hablan y escriben sobre ello como si el estado natural de las cosas fuera que dirigieran los hombres. Hablan de usar el talento como criterio dando a entender que raro será si, alguna vez, aparece una mujer que tiene o tuvo alguno. Hablan sin revisar (para qué) los sistemas de subvenciones anteriores que premiaron el cine de animación, el cine de debutantes, el cine hecho en lenguas cooficiales, o el cine de vocación comercial. Yo solo he visto críticas al cine hecho por mujeres.
Y perdónenme el momento Louella Parsons que voy a tener, pero de entre estas críticas al cine de mujeres, mis favoritas son las que lanzan personajes que alternan con ese tipo de productor dinosaurio que les decía. No les sabe rara la paella, no se les atraganta, ni preguntan de dónde sale tanto oropel. La cripto carcundia (acabo de patentar el término) está haciendo rico a mucho pescador de río revuelto, y el machismo está siendo su mejor arma.
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