España cierra su espacio aéreo a los vuelos de aviones que participan en la guerra de Irán

España ha cerrado su espacio aéreo a los vuelos implicados en la operación Furia Épica, lanzada por EE UU e Israel contra Irán. No solo no permite el uso de las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) por parte de aviones de combate o reabastecimiento en vuelo que cooperen en el ataque, sino que tampoco autoriza el uso de su espacio aéreo a las aeronaves estadounidenses destacadas en terceros países, como el Reino Unido o Francia, según confirman fuentes militares.

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ATAQUE CONTRA IRÁN

Washington retiró tras sondear a Madrid su plan para desplegar bombarderos B-52 y B-1 en Morón

Un avión estadounidense B-52H en Morón, en mayo de 2025.Kyle Wilson (FUERZA AÉREA DE LOS ESTADOS UNIDOS)
Miguel González

España ha cerrado su espacio aéreo a los vuelos implicados en la operación Furia Épica, lanzada por EE UU e Israel contra Irán. No solo no permite el uso de las bases e Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) por parte de aviones de combate o reabastecimiento en vuelo que cooperen en el ataque, sino que tampoco autoriza el uso de su espacio aéreo a las aeronaves estadounidenses destacadas en terceros países, como el Reino Unido o Francia, según confirman fuentes militares.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lo apuntó el pasado miércoles en el pleno del Congreso, aunque sus palabras pasaron desapercibidas en medio de la bronca política. “Hemos denegado a Estados Unidos el uso de las bases de Rota y Morón para esta guerra ilegal. Todos los planes de vuelo que contemplan acciones relacionadas con la operación en Irán han sido rechazados. Todos, incluidos los de aviones de repostaje”, indicó. Es decir, no se aprueban los sobrevuelos de bombarderos o de aviones cisterna que participan en esta operación.

El veto español tiene una única excepción: en situaciones de emergencia se autorizará el tránsito o aterrizaje de la aeronave implicada. Eso no significa que las bases de Morón y Rota no estén siendo utilizadas por aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF), pues siguen vigentes todas aquellas misiones que se inscriben en el marco del convenio bilateral con Washington, como el apoyo logístico a las tropas estadounidenses desplegadas en Europa, unos 80.000 efectivos en total, que se realiza con normalidad. También se ha prestado, desde el Centro de Control Aéreo de Sevilla de la entidad pública ENAIRE, apoyo a la navegación de los bombarderos B-2 Spirit que parten desde su base de Whiteman, en el Estado de Misuri, atacan Irán y luego regresan, en un vuelo de más de 30 horas sin escalas. Pero estos bombarderos no entran en el espacio aéreo español sino que cruzan en tránsito por el estrecho de Gibraltar, algo que España no puede impedir.

Carlos Cuerpo defiende el cierre del espacio aéreo

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Carlos Cuerpo defiende el cierre del espacio aéreo

Imagen de la base militar de Rota el 4 de marzo de 2026.Foto: Eduardo Briones (EUROPA PRESS) | Vídeo: Cadena SER

Más allá del eslogan del “No a la guerra” enarbolado por el Gobierno, la posición española ante el conflicto iniciado hace ya más de un mes se ha ido definiendo desde el punto de vista técnico hasta adquirir rasgos próximos a la neutralidad.

En las semanas previas al ataque del pasado 28 de febrero, según la reconstrucción que ha podido realizar EL PAÍS, se produjeron intensas negociaciones entre Madrid y Washington sobre el papel de España en el despliegue militar estadounidense. El Pentágono destacó al menos una quincena de aviones cisterna, fundamentalmente KC-135 Stratotanker, en las bases de Rota y Morón como apoyo logístico a un despliegue de fuerza cuyo objetivo, según se decía entonces, era presionar a Irán para que diera su brazo a torcer en las negociaciones que se celebraron en Omán y Ginebra y accediera a desmantelar su programa nuclear y de misiles sin necesidad de pasar a la acción bélica.

Fue en ese marco político-militar, según han confirmado distintas fuentes, en el que Washington sondeó a sus interlocutores sobre la posibilidad de destacar en bases españolas bombarderos B-52H Stratofortress y B-1B Lancer. Según la parte estadounidense, su misión no consistiría en atacar directamente el país persa, sino en servir como fuerza de reacción en el caso de que los iraníes atacaran bases de la OTAN o de países aliados. Se limitarían en teoría, a destruir los silos y lanzadores de misiles de Teherán en un segundo golpe.

Tanto los B-52 como los B-1 se han desplegado en varias ocasiones en Morón para realizar ejercicios (las últimas en marzo de 2024, los B-1, y en noviembre de 2025, los B-52), por lo que la base sevillana dispone de las instalaciones necesarias para acogerlos. Sin embargo, solo una vez, durante la guerra del golfo de 1991 contra Irak, el Gobierno de Felipe González autorizó que se utilizara como plataforma para atacar directamente a un tercer país. En esta ocasión, la parte española dejó claro a la americana que no podía colaborar con una operación que no fuera conforme al derecho internacional ni contase con el paraguas de alguna organización multilateral (ONU, OTAN o UE), por lo que el plan se retiró de la mesa y la petición de desplegar bombarderos en suelo español no se llegó a presentar formalmente, según fuentes gubernamentales.

Sin embargo, la negativa española a colaborar con una guerra que desde su inicio carecía de cobertura legal tenía otras implicaciones: el veto a que los aviones cisterna que ya estaban desplegados en Morón y Rota pudieran reabastecer en vuelo a los bombarderos, condición imprescindible para ampliar el radio de acción de estos. En consecuencia, durante el fin de semana del 28 de febrero y el 1 de marzo, una quincena de aeronaves KC-135 salieron de España rumbo a Francia o Alemania. Estos aviones cisterna, que constituyen un pilar fundamental del poder aéreo, se han desplegado durante la guerra en otros países europeos, como Rumania. Uno de ellos cayó a tierra en Irak, muriendo sus seis ocupantes, y otros cinco resultaron dañados en un ataque iraní contra una base americana en Arabia Saudí.

La cronología muestra la improvisación de una operación que pilló a los aliados europeos por sorpresa. No solo no fueron informados del inicio de la guerra, sino que las noticias que recibían apuntaban en sentido contrario: estaba a punto de lograrse un acuerdo entre los enviados de Teherán y Washington en Ginebra. El portaviones USS Gerald Ford, el mayor de la Navy, que cruzó el estrecho de Gibraltar el día 17, había zarpado ya del puerto de Souda (Creta), pero aún no se encontraba en posición de combate. Según distintas fuentes, fue un aviso de la inteligencia israelí, que tenía localizada una reunión del líder supremo, Alí Jameneí, con sus más cercanos colaboradores, el que precipitó el ataque. El Ejercito israelí se adelantó para descabezar al régimen, pero este no se desmoronó como algunos esperaban.

Frustrado el plan para destacar los bombarderos en España, Washington buscó un emplazamiento alternativo en Europa para los B-52 y los B-1. Lo encontró en la base de Fairford, en el condado de Gloucester, al sureste de Inglaterra. Tras su resistencia inicial, el primer ministro británico, Keir Starmer, cedió ante las exigencias de Donald Trump, quien le reprochaba no haberse sumado activamente a los ataques. Además de la base de Diego García, en el Índico, cedió Fairford, aunque solo para “misiones defensivas”; es decir, eliminar las lanzaderas de misiles con las que Irán atacaba a sus vecinos del golfo y a las bases y ciudadanos británicos en la región. Los bombarderos estadounidenses se desplegaron en las bases británicas el 9 de marzo, diez días después de iniciada la guerra.

Los B-52 y los B-1 tienen autonomía suficiente para atacar Irán y volver a Inglaterra sin tener que repostar pero, por razones de peso, la cantidad de bombas es inversamente proporcional a la de combustible. Mientras menos queroseno tengan al despegue, más proyectiles pueden cargar. Por eso, los bombarderos que parten de Fairford son reabastecidos en vuelo por los KC-135 que salieron de España el 28 de febrero y se desplegaron en la base de Istres-Le-Tube, en el sur de Francia, a unos 60 kilómetros al oeste de Marsella. El Estado Mayor francés aseguró que se limitan a misiones de apoyo a los países aliados de París en el Golfo.

Desde el punto de vista militar, la negativa española a colaborar ha complicado la operación. Mientras las bases de Rota y Morón permiten una rápida salida al mar y los repostajes se hacen sobre el Atlántico, los bombarderos que despegan de Fairford deben cruzar Francia de norte a sur y reabastecerse de combustible cuando salen al Mediterráneo, salvo que lo hagan sobre suelo francés, lo que implica mayor riesgo. En algún caso en que los bombarderos no han sobrevolado Francia ―bien porque París no lo ha autorizado debido a la carga o por razones operativas― han tenido que rodear la península ibérica para entrar por el estrecho de Gibraltar; ya que, como se ha explicado, España no autoriza que entren en su espacio aéreo. En estos casos, como en el de los B-2 que vienen directamente desde EE UU, el repostaje lo prestan los aviones cisterna KC-46 Pegasus estacionados en la base de Lajes, en las islas Azores.

La negativa española a prestar apoyo a los ataques aéreos no ha impedido que los cinco destructores estadounidenses de la clase Arleigh Burke destacados en la base naval de Rota tengan un papel destacado en el conflicto, aunque su misión sea estrictamente defensiva. Tres de estos buques ―el USS Oscar Austin, el USS Roosevelt y el USS Burkeley se han desplazado al Mediterráneo Oriental, para dar protección a Israel de los ataques con misiles lanzados como represalia por Irán. Gracias a su sistema de combate Aegis, han participado en la interceptación de tres misiles balísticos que han invadido el espacio aéreo de Turquía, país socio de la OTAN. La batería de misiles Patriot que el Ejército español mantiene desde hace una década en la base estadounidense de Incirlik, en Turquía, también ha monitorizado esos ataques; aunque, tras el despliegue de una segunda batería estadounidense de Patriot en la misma base, con la que se coordina la española, esta última se ha especializado en la neutralización de los misiles de crucero y drones.

Hasta ahora, España ha rechazado participar en una eventual misión para forzar la reapertura del estrecho de Ormuz, reclamada por Trump a sus aliados, que en todo caso no se pondría en marcha hasta acabada la guerra. Igualmente, se ha resistido a fusionar la operación europea Atalanta, de lucha contra la piratería en el Índico, cuyo cuartel general está en Rota; con la también europea Aspides, dedicada a proteger la navegación en el mar Rojo de los ataques de los huties yemeníes, aliados de Teherán. En cambio, ha enviado la fragata Cristobal Colón, la más moderna con que cuenta la Armada, para proteger a Chipre, el más oriental de los socios de la UE, tras el ataque con drones lanzado desde Líbano por la milicia proiraní Hezbolá.

El Gobierno hace encaje de bolillos para intentar mantener un difícil equilibrio: rechaza cualquier colaboración con una guerra que tacha de ilegal, mientras colabora en la defensa de Turquía y de Chipre, haciendo honor a sus compromisos con la OTAN y la UE. La presencia de bases británicas y francesas en el Golfo, así como sus intereses en la región, explican la diferente actitud de Londres y París, según los expertos, mientras que Alemania, que alberga en la base de Ramstein el centro de control de los drones armados que opera el Pentágono en la zona, tiene una deuda histórica con Washington por la liberación del nazismo y su defensa frente a la Unión Soviética. La situación puede complicarse, advierten, si se rompe el actual compás de espera y, como ha amenazado Trump, la guerra entra en una nueva fase de ataques a objetivos civiles e infraestructuras energéticas más complicada aún para los socios europeos.

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