Hay restos de metralla en el estadio de Guadalajara, cientos de arañazos y el clamor del fútbol. Llora Uruguay eliminada después de un partido salvaje y agresivo y se alivia España. La selección ha derribado a una trituradora en una noche de terror y supervivencia y endulza su futuro en el Mundial. No se enfrentará al campeón Argentina, una posibilidad, sino al segundo de su grupo, Austria o Argelia, en los dieciseisavos de final.Miles de aficionados mexicanos se instalan con camisetas de España en el estadio de Guadalajara, un recinto peculiar por su diseño arquitectónico, que simula la forma de un volcán emergiendo de la tierra con paredes de hierba. En México hay pasión por el fútbol, da igual si juega el Chivas local o Cabo Verde. Gusta el espectáculo, el juego como tal y no lo es todo si participa o no el equipo de la tierra. Guadalajara representa la esencia pura de un Mundial, el centro abarrotado de camisetas de su selección, mil saludos a los españoles, alegría, hospitalidad, cruce cultural, dan ganas de gritar a todas horas la expresión que simboliza su identidad, ¡Viva México, cabrones!Uruguay 0 Muslera (Rochet, 46); Valera, Cáceres, Olivera, Sanabria (Rodríguez, 68); Ugarte (De la Cruz, 44), Betancur, Valverde (Viñas, 56); Canobbio, M. Araújo y Darwin Núñez. España 1 Unai Simon; Llorente, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Pedri (Olmo, 59), M. Merino (Fabián, 59); Lamine Yamal (Nico Williams, 75), Oyarzabal (Ferran, 75) y Baena (Yeremi Pino), 62). Goles 0-1, 42: A. Baena. Árbitro I. Elfath (EE.UU.). Amonestó a Baena, Sanabria, Varela, De la Cruz. Roja a Canobbio.A España se le plantea un partido granítico, duro como el pedernal. Un crujido de dientes permanente. Uruguay utiliza argumentos rocosos para anticipar las ideas de Bielsa: cuanto menos tiempo tenga la pelota el rival, más posibilidad de éxito.Y a la selección le llegan cargas de profundidad en cada lance, hay ronchas de piel por el césped del lado de los uruguayos. Una ferocidad en la discusión de la pelota acompaña cada segundo de juego, como si en el estadio mexicano no hubiese espacio para la finura o la lucidez.Se juega a lo que quiere Uruguay durante cuarenta minutos, tiempo empleado en olisquear la presa y morder como hienas que defienden sus restos. A España le cuesta entender que no habrá espacio para el brillo, la delicada sinfonía de pie a pie. Siempre hay un suramericano cerca de la pelota para proponer un choque o una dentellada. El caso es que la selección no navegue cómoda.Bielsa consigue su propósito. La selección no domina, Rodri está rodeado, a Pedri lo persiguen en individual, el lateral que marca a Lamine se anticipa, hay una cadena de barridas por el suelo, rastros de sangre, hombres al suelo. España, que no acostumbra a golpear rival, pocas faltas en su palmarés, está sufriendo.Uruguay defiende a veces con seis y siempre con cinco, lo más lejos posible de su portero, un incendio en cada disputa. Cunden los nervios en España porque el rival demuestra a cada paso que se juega la vida. Dos buenos extremos en las bandas, Canobbio y Maxi Araújo, y un par de fallos de Unai Simon en las salidas complican más el panorama. Lamine no se va de nadie. Dos centros cruzados de los uruguayos no encuentran una pierna amiga. Están jugando mejor. El aire huele a quemado. Es cholismo de primera generación.Está en esas la selección cuando Lamine pierde otro balón en el cruce con Sanabria, hay un rechace y Marcos Llorente se lanza con determinación a capturar el rebote. El centro al área no es una bendición, sino un sálvese quien pueda, por allí asoma Baena, que se gira con estilo y golpea. La pelota va directa a Muslera, el portero del conflicto y el motín contra Bielsa. Fallo clamoroso, manos blandas, malos tiempos en la estirada y el balón a la cazuela. Gol de energía y carácter que alivia la madrugada en España.Es un partido trituradora y Marcelo Bielsa añade más piedra. Cambia a Muslera en el descanso, lo señala sin rubor, tacha su nombre, aunque luego lo disculpa en las declaraciones. «Lo pidió él», dice. Y Uruguay no aplaca su maquinaria. Quiere y cree. Agobia a España con un fútbol directo, puro impulso. Arrecian los golpes, es la caza al muslo o lo que se ponga por delante. Uruguay se está despidiendo con espuma por la boca.Bielsa sigue con sus facturas. Quita a Fede Valverde, otro disgustado con sus métodos. El madridista no se arrima a la nevera donde el entrenador argentino toma asiento en cada partido. Ni verlo quiere, Uruguay es un polvorín que no acepta la derrota.España está defendiendo con gallardía, como el partido requiere, soberbios Cubarsí y Llorente, y saliendo al contragolpe. Así lo han decretado los charrúas, que atacan con voluntad férrea y fútbol de brío. Un gol los clasifica como segundos. De la Fuente busca pulmones con Yeremy, Olmo, Ferran, Fabián, Nico Williams, porque los que se van se han fundido, en especial Lamine Yamal. Pero en las transiciones no hay culminación, Dani Olmo falla un remate que sonaba a gol, más aún el remate de Ferran al larguero. El partido es pura electricidad.Son minutos de supervivencia porque Uruguay golpea sin contemplaciones, Cabo Verde aúlla el público mexicano. Lo intenta hasta el final, hasta la última gota en un derroche de su agresividad, pero España ha mostrado entereza y cabeza fría. El árbitro expulsa a Canobbio, hay bronca total y riesgo de altercado en los banquillos, pero el partido acaba y España al fin respira. Hay restos de metralla en el estadio de Guadalajara, cientos de arañazos y el clamor del fútbol. Llora Uruguay eliminada después de un partido salvaje y agresivo y se alivia España. La selección ha derribado a una trituradora en una noche de terror y supervivencia y endulza su futuro en el Mundial. No se enfrentará al campeón Argentina, una posibilidad, sino al segundo de su grupo, Austria o Argelia, en los dieciseisavos de final.Miles de aficionados mexicanos se instalan con camisetas de España en el estadio de Guadalajara, un recinto peculiar por su diseño arquitectónico, que simula la forma de un volcán emergiendo de la tierra con paredes de hierba. En México hay pasión por el fútbol, da igual si juega el Chivas local o Cabo Verde. Gusta el espectáculo, el juego como tal y no lo es todo si participa o no el equipo de la tierra. Guadalajara representa la esencia pura de un Mundial, el centro abarrotado de camisetas de su selección, mil saludos a los españoles, alegría, hospitalidad, cruce cultural, dan ganas de gritar a todas horas la expresión que simboliza su identidad, ¡Viva México, cabrones!Uruguay 0 Muslera (Rochet, 46); Valera, Cáceres, Olivera, Sanabria (Rodríguez, 68); Ugarte (De la Cruz, 44), Betancur, Valverde (Viñas, 56); Canobbio, M. Araújo y Darwin Núñez. España 1 Unai Simon; Llorente, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Pedri (Olmo, 59), M. Merino (Fabián, 59); Lamine Yamal (Nico Williams, 75), Oyarzabal (Ferran, 75) y Baena (Yeremi Pino), 62). Goles 0-1, 42: A. Baena. Árbitro I. Elfath (EE.UU.). Amonestó a Baena, Sanabria, Varela, De la Cruz. Roja a Canobbio.A España se le plantea un partido granítico, duro como el pedernal. Un crujido de dientes permanente. Uruguay utiliza argumentos rocosos para anticipar las ideas de Bielsa: cuanto menos tiempo tenga la pelota el rival, más posibilidad de éxito.Y a la selección le llegan cargas de profundidad en cada lance, hay ronchas de piel por el césped del lado de los uruguayos. Una ferocidad en la discusión de la pelota acompaña cada segundo de juego, como si en el estadio mexicano no hubiese espacio para la finura o la lucidez.Se juega a lo que quiere Uruguay durante cuarenta minutos, tiempo empleado en olisquear la presa y morder como hienas que defienden sus restos. A España le cuesta entender que no habrá espacio para el brillo, la delicada sinfonía de pie a pie. Siempre hay un suramericano cerca de la pelota para proponer un choque o una dentellada. El caso es que la selección no navegue cómoda.Bielsa consigue su propósito. La selección no domina, Rodri está rodeado, a Pedri lo persiguen en individual, el lateral que marca a Lamine se anticipa, hay una cadena de barridas por el suelo, rastros de sangre, hombres al suelo. España, que no acostumbra a golpear rival, pocas faltas en su palmarés, está sufriendo.Uruguay defiende a veces con seis y siempre con cinco, lo más lejos posible de su portero, un incendio en cada disputa. Cunden los nervios en España porque el rival demuestra a cada paso que se juega la vida. Dos buenos extremos en las bandas, Canobbio y Maxi Araújo, y un par de fallos de Unai Simon en las salidas complican más el panorama. Lamine no se va de nadie. Dos centros cruzados de los uruguayos no encuentran una pierna amiga. Están jugando mejor. El aire huele a quemado. Es cholismo de primera generación.Está en esas la selección cuando Lamine pierde otro balón en el cruce con Sanabria, hay un rechace y Marcos Llorente se lanza con determinación a capturar el rebote. El centro al área no es una bendición, sino un sálvese quien pueda, por allí asoma Baena, que se gira con estilo y golpea. La pelota va directa a Muslera, el portero del conflicto y el motín contra Bielsa. Fallo clamoroso, manos blandas, malos tiempos en la estirada y el balón a la cazuela. Gol de energía y carácter que alivia la madrugada en España.Es un partido trituradora y Marcelo Bielsa añade más piedra. Cambia a Muslera en el descanso, lo señala sin rubor, tacha su nombre, aunque luego lo disculpa en las declaraciones. «Lo pidió él», dice. Y Uruguay no aplaca su maquinaria. Quiere y cree. Agobia a España con un fútbol directo, puro impulso. Arrecian los golpes, es la caza al muslo o lo que se ponga por delante. Uruguay se está despidiendo con espuma por la boca.Bielsa sigue con sus facturas. Quita a Fede Valverde, otro disgustado con sus métodos. El madridista no se arrima a la nevera donde el entrenador argentino toma asiento en cada partido. Ni verlo quiere, Uruguay es un polvorín que no acepta la derrota.España está defendiendo con gallardía, como el partido requiere, soberbios Cubarsí y Llorente, y saliendo al contragolpe. Así lo han decretado los charrúas, que atacan con voluntad férrea y fútbol de brío. Un gol los clasifica como segundos. De la Fuente busca pulmones con Yeremy, Olmo, Ferran, Fabián, Nico Williams, porque los que se van se han fundido, en especial Lamine Yamal. Pero en las transiciones no hay culminación, Dani Olmo falla un remate que sonaba a gol, más aún el remate de Ferran al larguero. El partido es pura electricidad.Son minutos de supervivencia porque Uruguay golpea sin contemplaciones, Cabo Verde aúlla el público mexicano. Lo intenta hasta el final, hasta la última gota en un derroche de su agresividad, pero España ha mostrado entereza y cabeza fría. El árbitro expulsa a Canobbio, hay bronca total y riesgo de altercado en los banquillos, pero el partido acaba y España al fin respira.
Hay restos de metralla en el estadio de Guadalajara, cientos de arañazos y el clamor del fútbol. Llora Uruguay eliminada después de un partido salvaje y agresivo y se alivia España. La selección ha derribado a una trituradora en una noche de terror y supervivencia … y endulza su futuro en el Mundial. No se enfrentará al campeón Argentina, una posibilidad, sino al segundo de su grupo, Austria o Argelia, en los dieciseisavos de final.
Miles de aficionados mexicanos se instalan con camisetas de España en el estadio de Guadalajara, un recinto peculiar por su diseño arquitectónico, que simula la forma de un volcán emergiendo de la tierra con paredes de hierba. En México hay pasión por el fútbol, da igual si juega el Chivas local o Cabo Verde. Gusta el espectáculo, el juego como tal y no lo es todo si participa o no el equipo de la tierra.
Guadalajara representa la esencia pura de un Mundial, el centro abarrotado de camisetas de su selección, mil saludos a los españoles, alegría, hospitalidad, cruce cultural, dan ganas de gritar a todas horas la expresión que simboliza su identidad, ¡Viva México, cabrones!

Uruguay
0
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1

España
Muslera (Rochet, 46); Valera, Cáceres, Olivera, Sanabria (Rodríguez, 68); Ugarte (De la Cruz, 44), Betancur, Valverde (Viñas, 56); Canobbio, M. Araújo y Darwin Núñez.
Unai Simon; Llorente, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Pedri (Olmo, 59), M. Merino (Fabián, 59); Lamine Yamal (Nico Williams, 75), Oyarzabal (Ferran, 75) y Baena (Yeremi Pino), 62).
-
Goles
0-1, 42: A. Baena. -
Árbitro
I. Elfath (EE.UU.). Amonestó a Baena, Sanabria, Varela, De la Cruz. Roja a Canobbio.
A España se le plantea un partido granítico, duro como el pedernal. Un crujido de dientes permanente. Uruguay utiliza argumentos rocosos para anticipar las ideas de Bielsa: cuanto menos tiempo tenga la pelota el rival, más posibilidad de éxito.
Y a la selección le llegan cargas de profundidad en cada lance, hay ronchas de piel por el césped del lado de los uruguayos. Una ferocidad en la discusión de la pelota acompaña cada segundo de juego, como si en el estadio mexicano no hubiese espacio para la finura o la lucidez.
Se juega a lo que quiere Uruguay durante cuarenta minutos, tiempo empleado en olisquear la presa y morder como hienas que defienden sus restos. A España le cuesta entender que no habrá espacio para el brillo, la delicada sinfonía de pie a pie. Siempre hay un suramericano cerca de la pelota para proponer un choque o una dentellada. El caso es que la selección no navegue cómoda.
Bielsa consigue su propósito. La selección no domina, Rodri está rodeado, a Pedri lo persiguen en individual, el lateral que marca a Lamine se anticipa, hay una cadena de barridas por el suelo, rastros de sangre, hombres al suelo. España, que no acostumbra a golpear rival, pocas faltas en su palmarés, está sufriendo.
Uruguay defiende a veces con seis y siempre con cinco, lo más lejos posible de su portero, un incendio en cada disputa. Cunden los nervios en España porque el rival demuestra a cada paso que se juega la vida. Dos buenos extremos en las bandas, Canobbio y Maxi Araújo, y un par de fallos de Unai Simon en las salidas complican más el panorama. Lamine no se va de nadie. Dos centros cruzados de los uruguayos no encuentran una pierna amiga. Están jugando mejor. El aire huele a quemado. Es cholismo de primera generación.
Está en esas la selección cuando Lamine pierde otro balón en el cruce con Sanabria, hay un rechace y Marcos Llorente se lanza con determinación a capturar el rebote. El centro al área no es una bendición, sino un sálvese quien pueda, por allí asoma Baena, que se gira con estilo y golpea. La pelota va directa a Muslera, el portero del conflicto y el motín contra Bielsa. Fallo clamoroso, manos blandas, malos tiempos en la estirada y el balón a la cazuela. Gol de energía y carácter que alivia la madrugada en España.
Es un partido trituradora y Marcelo Bielsa añade más piedra. Cambia a Muslera en el descanso, lo señala sin rubor, tacha su nombre, aunque luego lo disculpa en las declaraciones. «Lo pidió él», dice. Y Uruguay no aplaca su maquinaria. Quiere y cree. Agobia a España con un fútbol directo, puro impulso. Arrecian los golpes, es la caza al muslo o lo que se ponga por delante. Uruguay se está despidiendo con espuma por la boca.
Bielsa sigue con sus facturas. Quita a Fede Valverde, otro disgustado con sus métodos. El madridista no se arrima a la nevera donde el entrenador argentino toma asiento en cada partido. Ni verlo quiere, Uruguay es un polvorín que no acepta la derrota.
España está defendiendo con gallardía, como el partido requiere, soberbios Cubarsí y Llorente, y saliendo al contragolpe. Así lo han decretado los charrúas, que atacan con voluntad férrea y fútbol de brío. Un gol los clasifica como segundos.
De la Fuente busca pulmones con Yeremy, Olmo, Ferran, Fabián, Nico Williams, porque los que se van se han fundido, en especial Lamine Yamal. Pero en las transiciones no hay culminación, Dani Olmo falla un remate que sonaba a gol, más aún el remate de Ferran al larguero. El partido es pura electricidad.
Son minutos de supervivencia porque Uruguay golpea sin contemplaciones, Cabo Verde aúlla el público mexicano. Lo intenta hasta el final, hasta la última gota en un derroche de su agresividad, pero España ha mostrado entereza y cabeza fría. El árbitro expulsa a Canobbio, hay bronca total y riesgo de altercado en los banquillos, pero el partido acaba y España al fin respira.
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