Gerd Faltings, ‘Nobel de las matemáticas’ por desentrañar las ecuaciones que ya inquietaban a los babilonios

En la antigua Mesopotamia, bajo la presión firme de un estilete, un escriba anónimo dejó grabadas en la tablilla Plimpton 322 unas columnas de números sorprendentes. Entre ellas, ternas como (3,4,5) o (5,12,13), encajaban con exactitud en los lados de un triángulo rectángulo. Efectivamente, siglos antes de Pitágoras, los babilonios ya conocían soluciones para el famoso teorema: x² +y² = z². Mucho más tarde, Diofanto de Alejandría dedicó parte de su vida a estudiar este tipo de igualdades. En lugar de limitarse a casos concretos, Diofanto exploró métodos para encontrar soluciones de forma general. Estas ecuaciones se conocerían después, por razones obvias, como ecuaciones diofánticas. Por sus contribuciones a resolver algunos de los enigmas que, a día de hoy, aún siguen suscitando estos objetos matemáticos, ha recibido el Premio Abel, el equivalente al ‘Premio Nobel’ en las matemáticas , el matemático alemán Gerd Faltings.Faltings, quien fue director del Instituto Max Planck de Matemáticas (Alemania) hasta 2023 y ahora mantiene un puesto de director emérito en la institución, se ha convertido en el primer alemán en recibir el prestigioso galardón otorgado por la Academia Noruega de Ciencias. Unas cuantas décadas antes, a la temprana edad de 32 años, le fue concedido el otro gran premio de las matemáticas: la Medalla Fields, por su resolución de una destacada conjetura sobre estas ecuaciones que había permanecido abierta durante seis décadas.La cuestión fue planteada en 1922 por el matemático británico Louis Mordell. Mordell trataba de entender en qué casos las ecuaciones diofánticas tienen muchas, pocas o ninguna solución. Los matemáticos sabían que había infinitas soluciones enteras (es decir, números enteros, los que usamos para contar, x, y y z) a la ecuación x² + y² = z². No obstante, al aumentar la complejidad de las ecuaciones, sus soluciones dejaban de ser numerosas y se volvían limitadas, llegando en ocasiones a no existir en absoluto.Noticia relacionada No No día de la mujer y la niña en la ciencia Dos trayectorias, un mismo hito: las únicas mujeres con el ‘Nobel de las Matemáticas’ Javier AramayonaEnfoque originalPara estudiar estas ecuaciones empleando herramientas geométricas y aritméticas más potentes, los matemáticos ampliaron el radio de búsqueda de soluciones: ya no solo consideraban soluciones enteras, sino también racionales (cocientes de enteros). Aun así, Mordell conjeturó que el conjunto de soluciones racionales de una ecuación diofántica suficientemente compleja es siempre finito. Sesenta años más tarde, Faltings probó de forma rigurosa que era cierto. Para ello, empleó un enfoque muy original, que sorprendió a los especialistas del campo y le valió una fama mundial. Hoy, ese reconocimiento se amplía con el Premio Abel.El Premio Abel es uno de los reconocimientos más prestigiosos, creado para distinguir a la carrera de matemáticos y matemáticas (la primera y única mujer en recibirlo fue Karen Ulhenbeck en 2019) que hayan realizado contribuciones sobresalientes a la disciplina. Fue instituido por el gobierno de Noruega en 2001 y es otorgado anualmente por la Academia Noruega de Ciencias y Letras.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Hallan a ‘Dooly’, la cría de una nueva especie de dinosaurio, tan tierna que parecía un «corderito» noticia Si La electricidad estática fue la ‘chispa’ que encendió la vida en UniversoEl premio lleva el nombre de Niels Henrik Abel, un prodigio del siglo XIX que dejó un legado fundamental en el estudio de ecuaciones y análisis, pese a morir prematuramente a los 26 años. Actualmente, el galardón incluye una medalla y una recompensa económica que ronda el millón de euros.Ágata Timón Coordinadora de la Unidad de Cultura Matemática del ICMAT Entre teoremas es una sección de matemáticas para todos los públicos impulsada por el Instituto de Ciencias Matemáticas (CSIC-UAM-UC3M-UCM) En la antigua Mesopotamia, bajo la presión firme de un estilete, un escriba anónimo dejó grabadas en la tablilla Plimpton 322 unas columnas de números sorprendentes. Entre ellas, ternas como (3,4,5) o (5,12,13), encajaban con exactitud en los lados de un triángulo rectángulo. Efectivamente, siglos antes de Pitágoras, los babilonios ya conocían soluciones para el famoso teorema: x² +y² = z². Mucho más tarde, Diofanto de Alejandría dedicó parte de su vida a estudiar este tipo de igualdades. En lugar de limitarse a casos concretos, Diofanto exploró métodos para encontrar soluciones de forma general. Estas ecuaciones se conocerían después, por razones obvias, como ecuaciones diofánticas. Por sus contribuciones a resolver algunos de los enigmas que, a día de hoy, aún siguen suscitando estos objetos matemáticos, ha recibido el Premio Abel, el equivalente al ‘Premio Nobel’ en las matemáticas , el matemático alemán Gerd Faltings.Faltings, quien fue director del Instituto Max Planck de Matemáticas (Alemania) hasta 2023 y ahora mantiene un puesto de director emérito en la institución, se ha convertido en el primer alemán en recibir el prestigioso galardón otorgado por la Academia Noruega de Ciencias. Unas cuantas décadas antes, a la temprana edad de 32 años, le fue concedido el otro gran premio de las matemáticas: la Medalla Fields, por su resolución de una destacada conjetura sobre estas ecuaciones que había permanecido abierta durante seis décadas.La cuestión fue planteada en 1922 por el matemático británico Louis Mordell. Mordell trataba de entender en qué casos las ecuaciones diofánticas tienen muchas, pocas o ninguna solución. Los matemáticos sabían que había infinitas soluciones enteras (es decir, números enteros, los que usamos para contar, x, y y z) a la ecuación x² + y² = z². No obstante, al aumentar la complejidad de las ecuaciones, sus soluciones dejaban de ser numerosas y se volvían limitadas, llegando en ocasiones a no existir en absoluto.Noticia relacionada No No día de la mujer y la niña en la ciencia Dos trayectorias, un mismo hito: las únicas mujeres con el ‘Nobel de las Matemáticas’ Javier AramayonaEnfoque originalPara estudiar estas ecuaciones empleando herramientas geométricas y aritméticas más potentes, los matemáticos ampliaron el radio de búsqueda de soluciones: ya no solo consideraban soluciones enteras, sino también racionales (cocientes de enteros). Aun así, Mordell conjeturó que el conjunto de soluciones racionales de una ecuación diofántica suficientemente compleja es siempre finito. Sesenta años más tarde, Faltings probó de forma rigurosa que era cierto. Para ello, empleó un enfoque muy original, que sorprendió a los especialistas del campo y le valió una fama mundial. Hoy, ese reconocimiento se amplía con el Premio Abel.El Premio Abel es uno de los reconocimientos más prestigiosos, creado para distinguir a la carrera de matemáticos y matemáticas (la primera y única mujer en recibirlo fue Karen Ulhenbeck en 2019) que hayan realizado contribuciones sobresalientes a la disciplina. Fue instituido por el gobierno de Noruega en 2001 y es otorgado anualmente por la Academia Noruega de Ciencias y Letras.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Hallan a ‘Dooly’, la cría de una nueva especie de dinosaurio, tan tierna que parecía un «corderito» noticia Si La electricidad estática fue la ‘chispa’ que encendió la vida en UniversoEl premio lleva el nombre de Niels Henrik Abel, un prodigio del siglo XIX que dejó un legado fundamental en el estudio de ecuaciones y análisis, pese a morir prematuramente a los 26 años. Actualmente, el galardón incluye una medalla y una recompensa económica que ronda el millón de euros.Ágata Timón Coordinadora de la Unidad de Cultura Matemática del ICMAT Entre teoremas es una sección de matemáticas para todos los públicos impulsada por el Instituto de Ciencias Matemáticas (CSIC-UAM-UC3M-UCM)  

En la antigua Mesopotamia, bajo la presión firme de un estilete, un escriba anónimo dejó grabadas en la tablilla Plimpton 322 unas columnas de números sorprendentes. Entre ellas, ternas como (3,4,5) o (5,12,13), encajaban con exactitud en los lados de … un triángulo rectángulo. Efectivamente, siglos antes de Pitágoras, los babilonios ya conocían soluciones para el famoso teorema: x² +y² = z². Mucho más tarde, Diofanto de Alejandría dedicó parte de su vida a estudiar este tipo de igualdades. En lugar de limitarse a casos concretos, Diofanto exploró métodos para encontrar soluciones de forma general. Estas ecuaciones se conocerían después, por razones obvias, como ecuaciones diofánticas. Por sus contribuciones a resolver algunos de los enigmas que, a día de hoy, aún siguen suscitando estos objetos matemáticos, ha recibido el Premio Abel, el equivalente al ‘Premio Nobel’ en las matemáticas, el matemático alemán Gerd Faltings.

 RSS de noticias de ciencia

Noticias Similares