El 28 de noviembre no solo volverá a subirse a la jaula Jonathan García , también lo hará todo lo que arrastra detrás. Su uniforme de policía, su kimono de jiujitsu, ese primer entrenamiento que hace antes de que muchos enciendan la cafetera y las risas de sus dos hijas, con las que trata de disfrutar cada momento que su estresada agenda le permite pasar con ellas. García, grappler de base y uno de los perfiles más peculiares del panorama nacional, llega al WOW 24 tras un verano que pudo haber sido el último. Literalmente. Este se enfrentará a Bernardo dos Passos, un brasileño afincado en España.La relación de Jonathan García con las artes marciales mixtas (MMA) no nació desde la ambición inicial de ser profesional, sino desde la naturalidad del tatami. Entrenaba grappling, ayudaba como sparring a compañeros que ya competían y hacía rondas técnicas acompañando a luchadores de nivel. Entre ellos, Benoît Saint Denis, actual estrella de la UFC . «A veces ya me hacían ponerme guantillas… y empecé a cogerle el gusto», recuerda. Para cuando quiso competir como amateur, se encontró con un muro inesperado: nadie aceptaba pelear contra un cinturón negro de jiujitsu recién aterrizado en las MMA. El respeto, o el miedo, según a quién se le pregunte, obligó a Jonathan a saltarse una fase entera de su carrera y debutar directamente como profesional .Noticia Relacionada estandar No El sparring de Aleksandre Topuria: «Es un conquistador y ganará el cinturón de la UFC» Álvaro Colmenero Nico Medina, campeón mundial de grappling y peleador de MMA, analiza en ABC el combate de El Conquistador contra Bekzat AlmakhanDesde entonces, su evolución ha sido constante, aunque nunca sencilla. Porque si ganarse un sitio en la escena nacional es complejo, hacerlo mientras trabajas de policía y crías a dos niñas pequeñas roza la épica. «A veces entro a trabajar a las seis de la mañana y a las cinco y media ya he hecho el primer entrenamiento», explica. Su vida está medida en decimales, como él mismo dice: horas exactas para el gimnasio, para la familia y para el descanso. Una disciplina que no se cuenta, pero que sostiene cada pelea. Su debut en WOW dejó claro que su estilo es reconocible: presión, transiciones, insistencia. Tres asaltos de ritmo alto donde buscó sumisión tras sumisión. «De ahí ajustamos cosas», admite, como quien asume que siempre queda una versión mejor por descubrir. Pero esa versión mejor estuvo a punto de no llegar nunca.El punto de inflexión llegó este verano, durante su último combate en Ares. Subió con molestias estomacales que creyó manejables. No lo eran. A mitad del combate ya estaba desorientado. En el control antidopaje orinó color marrón. En el hospital francés le dijeron que todo estaba bien. No lo estaba. Semanas después se desplomó en casa . Lo que tenía era una úlcera interna que lo estaba desangrando por dentro. «Un día más y no lo contaba», le advirtieron los médicos. Pasó por la UCI, transfusiones y un miedo que caló más hondo que cualquier golpe. Aquel susto podía haber cambiado su manera de vivir y de pelear. Pero a Jonathan lo modificó solo en lo justo. «Hay que ser feliz, disfrutar de la vida y seguir haciendo lo que a uno le gusta», dice. No hay dramatismo en su voz. Hay aceptación. Una forma madura de seguir adelante sin perder ni la ambición ni el equilibrio. Por eso su combate del 28 de noviembre tiene un sentido especial. Le espera Bernardo dos Passos, otro grappler notable, con un juego de llaves de pierna depurado, peligroso y poco habitual en España. El duelo promete técnica, suelo, transiciones y un ajedrez deportivo que pocas veces se ve sobre ocho paredes. «Dicen que cuando pelean dos grapplers al final se acaban pegando» , bromea García. «Pero nunca sabes. Puede ser una pelea muy vistosa». Y lo será, porque llega en su mejor momento mental. Porque ha sobrevivido a algo difícil de expresar. Porque tiene un estilo más depurado, más adaptado a las MMA. Y porque, en sus palabras, viene «muy afilado». No promete una predicción concreta, pero deja un último mensaje que es, a la vez, reto y advertencia: «Creo que vamos a dar la pelea de la noche. Que vayan preparando el sobre del bono» , sentencia. El 28 de noviembre no solo volverá a subirse a la jaula Jonathan García , también lo hará todo lo que arrastra detrás. Su uniforme de policía, su kimono de jiujitsu, ese primer entrenamiento que hace antes de que muchos enciendan la cafetera y las risas de sus dos hijas, con las que trata de disfrutar cada momento que su estresada agenda le permite pasar con ellas. García, grappler de base y uno de los perfiles más peculiares del panorama nacional, llega al WOW 24 tras un verano que pudo haber sido el último. Literalmente. Este se enfrentará a Bernardo dos Passos, un brasileño afincado en España.La relación de Jonathan García con las artes marciales mixtas (MMA) no nació desde la ambición inicial de ser profesional, sino desde la naturalidad del tatami. Entrenaba grappling, ayudaba como sparring a compañeros que ya competían y hacía rondas técnicas acompañando a luchadores de nivel. Entre ellos, Benoît Saint Denis, actual estrella de la UFC . «A veces ya me hacían ponerme guantillas… y empecé a cogerle el gusto», recuerda. Para cuando quiso competir como amateur, se encontró con un muro inesperado: nadie aceptaba pelear contra un cinturón negro de jiujitsu recién aterrizado en las MMA. El respeto, o el miedo, según a quién se le pregunte, obligó a Jonathan a saltarse una fase entera de su carrera y debutar directamente como profesional .Noticia Relacionada estandar No El sparring de Aleksandre Topuria: «Es un conquistador y ganará el cinturón de la UFC» Álvaro Colmenero Nico Medina, campeón mundial de grappling y peleador de MMA, analiza en ABC el combate de El Conquistador contra Bekzat AlmakhanDesde entonces, su evolución ha sido constante, aunque nunca sencilla. Porque si ganarse un sitio en la escena nacional es complejo, hacerlo mientras trabajas de policía y crías a dos niñas pequeñas roza la épica. «A veces entro a trabajar a las seis de la mañana y a las cinco y media ya he hecho el primer entrenamiento», explica. Su vida está medida en decimales, como él mismo dice: horas exactas para el gimnasio, para la familia y para el descanso. Una disciplina que no se cuenta, pero que sostiene cada pelea. Su debut en WOW dejó claro que su estilo es reconocible: presión, transiciones, insistencia. Tres asaltos de ritmo alto donde buscó sumisión tras sumisión. «De ahí ajustamos cosas», admite, como quien asume que siempre queda una versión mejor por descubrir. Pero esa versión mejor estuvo a punto de no llegar nunca.El punto de inflexión llegó este verano, durante su último combate en Ares. Subió con molestias estomacales que creyó manejables. No lo eran. A mitad del combate ya estaba desorientado. En el control antidopaje orinó color marrón. En el hospital francés le dijeron que todo estaba bien. No lo estaba. Semanas después se desplomó en casa . Lo que tenía era una úlcera interna que lo estaba desangrando por dentro. «Un día más y no lo contaba», le advirtieron los médicos. Pasó por la UCI, transfusiones y un miedo que caló más hondo que cualquier golpe. Aquel susto podía haber cambiado su manera de vivir y de pelear. Pero a Jonathan lo modificó solo en lo justo. «Hay que ser feliz, disfrutar de la vida y seguir haciendo lo que a uno le gusta», dice. No hay dramatismo en su voz. Hay aceptación. Una forma madura de seguir adelante sin perder ni la ambición ni el equilibrio. Por eso su combate del 28 de noviembre tiene un sentido especial. Le espera Bernardo dos Passos, otro grappler notable, con un juego de llaves de pierna depurado, peligroso y poco habitual en España. El duelo promete técnica, suelo, transiciones y un ajedrez deportivo que pocas veces se ve sobre ocho paredes. «Dicen que cuando pelean dos grapplers al final se acaban pegando» , bromea García. «Pero nunca sabes. Puede ser una pelea muy vistosa». Y lo será, porque llega en su mejor momento mental. Porque ha sobrevivido a algo difícil de expresar. Porque tiene un estilo más depurado, más adaptado a las MMA. Y porque, en sus palabras, viene «muy afilado». No promete una predicción concreta, pero deja un último mensaje que es, a la vez, reto y advertencia: «Creo que vamos a dar la pelea de la noche. Que vayan preparando el sobre del bono» , sentencia.
El 28 de noviembre no solo volverá a subirse a la jaula Jonathan García, también lo hará todo lo que arrastra detrás. Su uniforme de policía, su kimono de jiujitsu, ese primer entrenamiento que hace antes de que muchos enciendan la cafetera y las … risas de sus dos hijas, con las que trata de disfrutar cada momento que su estresada agenda le permite pasar con ellas. García, grappler de base y uno de los perfiles más peculiares del panorama nacional, llega al WOW 24 tras un verano que pudo haber sido el último. Literalmente. Este se enfrentará a Bernardo dos Passos, un brasileño afincado en España.
La relación de Jonathan García con las artes marciales mixtas (MMA) no nació desde la ambición inicial de ser profesional, sino desde la naturalidad del tatami. Entrenaba grappling, ayudaba como sparring a compañeros que ya competían y hacía rondas técnicas acompañando a luchadores de nivel. Entre ellos, Benoît Saint Denis, actual estrella de la UFC. «A veces ya me hacían ponerme guantillas… y empecé a cogerle el gusto», recuerda. Para cuando quiso competir como amateur, se encontró con un muro inesperado: nadie aceptaba pelear contra un cinturón negro de jiujitsu recién aterrizado en las MMA. El respeto, o el miedo, según a quién se le pregunte, obligó a Jonathan a saltarse una fase entera de su carrera y debutar directamente como profesional.
Desde entonces, su evolución ha sido constante, aunque nunca sencilla. Porque si ganarse un sitio en la escena nacional es complejo, hacerlo mientras trabajas de policía y crías a dos niñas pequeñas roza la épica. «A veces entro a trabajar a las seis de la mañana y a las cinco y media ya he hecho el primer entrenamiento», explica. Su vida está medida en decimales, como él mismo dice: horas exactas para el gimnasio, para la familia y para el descanso. Una disciplina que no se cuenta, pero que sostiene cada pelea. Su debut en WOW dejó claro que su estilo es reconocible: presión, transiciones, insistencia. Tres asaltos de ritmo alto donde buscó sumisión tras sumisión. «De ahí ajustamos cosas», admite, como quien asume que siempre queda una versión mejor por descubrir. Pero esa versión mejor estuvo a punto de no llegar nunca.
El punto de inflexión llegó este verano, durante su último combate en Ares. Subió con molestias estomacales que creyó manejables. No lo eran. A mitad del combate ya estaba desorientado. En el control antidopaje orinó color marrón. En el hospital francés le dijeron que todo estaba bien. No lo estaba. Semanas después se desplomó en casa. Lo que tenía era una úlcera interna que lo estaba desangrando por dentro. «Un día más y no lo contaba», le advirtieron los médicos. Pasó por la UCI, transfusiones y un miedo que caló más hondo que cualquier golpe. Aquel susto podía haber cambiado su manera de vivir y de pelear. Pero a Jonathan lo modificó solo en lo justo. «Hay que ser feliz, disfrutar de la vida y seguir haciendo lo que a uno le gusta», dice. No hay dramatismo en su voz. Hay aceptación. Una forma madura de seguir adelante sin perder ni la ambición ni el equilibrio.
Por eso su combate del 28 de noviembre tiene un sentido especial. Le espera Bernardo dos Passos, otro grappler notable, con un juego de llaves de pierna depurado, peligroso y poco habitual en España. El duelo promete técnica, suelo, transiciones y un ajedrez deportivo que pocas veces se ve sobre ocho paredes. «Dicen que cuando pelean dos grapplers al final se acaban pegando», bromea García. «Pero nunca sabes. Puede ser una pelea muy vistosa». Y lo será, porque llega en su mejor momento mental. Porque ha sobrevivido a algo difícil de expresar. Porque tiene un estilo más depurado, más adaptado a las MMA. Y porque, en sus palabras, viene «muy afilado». No promete una predicción concreta, pero deja un último mensaje que es, a la vez, reto y advertencia: «Creo que vamos a dar la pelea de la noche. Que vayan preparando el sobre del bono», sentencia.
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