Juan Carlos I en la Asamblea Nacional de Francia: “Nadie es profeta en su país”

Francia cortó la cabeza a sus monarcas borbones hace más de dos siglos. Pero pocas figuras continúan fascinando más que ellos, especialmente si han reinado en otros países. Sus ritos, leyendas y mitos conservan el magnetismo en una parte de la sociedad, como uno de esos placeres culpables. Y cuando esta república mira a España, Juan Carlos I sigue siendo el preferido para muchos, el gran salvador de la democracia. Aunque su figura esté profundamente deteriorada y continúe viviendo en Abu Dabi de mutuo acuerdo con la Casa del Rey.

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 El rey emérito ha recibido un premio especial por su libro de memorias en la sala de fiestas de la cámara de diputados francesa  

Francia cortó la cabeza a sus monarcas borbones hace más de dos siglos. Pero pocas figuras continúan fascinando más que ellos, especialmente si han reinado en otros países. Sus ritos, leyendas y mitos conservan el magnetismo en una parte de la sociedad, como uno de esos placeres culpables. Y cuando esta república mira a España, Juan Carlos I sigue siendo el preferido para muchos, el gran salvador de la democracia. Aunque su figura esté profundamente deteriorada y continúe viviendo en Abu Dabi de mutuo acuerdo con la Casa del Rey.

Juan Carlos, algo débil y fatigado, con cierta dificultad para leer su discurso sin perderse, no ocultó la importancia del acto de reconocimiento que recibió en la mañana del sábado en la Asamblea Nacional Francesa por Reconciliación, su libro de memorias. “Estoy muy agradecido y emocionado de recibir este premio en la Asamblea Nacional”, señaló el monarca. Juan Carlos glosó su papel durante la Transición y elogió a una “clase política remarcable, tanto de izquierdas como de derechas”. Habló de los esfuerzos. Pero no eludió las polémicas recientes. “Miro atrás y el presente también me puede entristecer. Nadie es profeta en su país. Habrá siempre juicios”, lanzó antes de asegurar que él tuvo “claro” que “la democracia, el respeto de los derechos humanos y el progreso de la sociedad española eran los objetivos por los que debía trabajar”.

El rey emérito, que pronunció su discurso junto a Laurence Debray —autora del libro, al quite por si el monarca tenía algún problema leyendo—, se congratuló por no haber escuchado el consejo de su padre, que un día le recomendó que no escribiera unas memorias. “A todo lo que se ha escrito sobre mí le faltaba el relato en primera persona”, afirmó. Pero también reconoció sus debilidades y errores, que le han obligado a vivir fuera de España. “He podido volcar en estas páginas, junto a hechos y datos que considero relevantes para la Historia y de los que me siento legítimamente orgulloso, emociones, sentimientos y esperanzas que pertenecen a mi historia personal, así como las debilidades y los errores que he podido cometer como ser humano y de los que no puedo sentirme orgulloso. Todo ello forma parte de mi vida y siento que debía ser compartido públicamente con total libertad. Eso es lo que he hecho y estoy muy orgulloso de ello”.

Y así, este sábado, en la Asamblea Nacional, que alberga nada menos que el Palacio Borbón, Francia rindió un homenaje al rey emérito otorgándole un premio especial por Renconciliación. El acto no era político. O al menos no declaradamente. Y la organización subrayó que ese no era su carácter cuando se conoció la noticia. Pero se realizó en un lugar clave para el funcionamiento democrático de la República. “El corazón de nuestra democracia”, lo definió la presidenta de la Asamblea, Yaël Braun-Pyvet, que también saludó al monarca en su discurso y compartió con él mantel en la comida posterior. Y el homenaje ocurrió bajo un clima de admiración y aplausos. “No me atrevería a alargarme demasiado ante un soberano que fue capaz de interrumpir y retirar la palabra a Hugo Chávez”, bromeó el ponente que le precedía.

La concesión del premio a Reconciliación, una obra escrita en primera persona y en colaboración con la escritora francesa Laurence Debray, ha sido por unanimidad por un jurado independiente presidido por la reputada historiadora Annette Wieviorka, especialista en la Segunda Guerra Mundial, e integrado por una veintena de periodistas y ensayistas.

Juan Carlos I estuvo acompañado por sus hijas, Elena y Cristina, así como de su nieto mayor, Felipe de Marichalar y Borbón, y de su asiduo acompañante Vicente García Mochales. Entre las autoridades francesas presentes estaban también los ex primeros ministros Manuel Valls —acompañado de su esposa Susana Gallardo— y Elisabeth Borne.

El 10 de febrero de 2023, cuando su figura estaba todavía más cuestionada, ya fue recibido en el Palacio del Elíseo por Emmanuel Macron, que quiso homenajear la entrada del escritor Mario Vargas Llosa en la Academia Francesa. En aquella ocasión, acompañaron al autor peruano el emérito y también el escritor Javier Cercas. Pero esta es la primera vez que se expresa en un discurso público con esta solemnidad desde que abandonó España. Una ceremonia que desprendía un aire a broche de oro a la tournée ibérica del monarca en las últimas semanas, con corrida de toros en La Maestranza incluida. Pero, sobre todo, al proceso de rehabilitación en ciernes desatado después de la desclasificación de los documentos del 23-F de 1981, que despejarían las dudas sobre su grado de conocimiento del intento fallido de golpe de Estado.

Muchas voces piden ahora ya abiertamente el regreso de Juan Carlos I a España. También el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. La Casa del rey considera que puede volver a residir en el país donde reinó durante 39 años en el momento que quiera, pero en tal caso “debería recuperar la residencia fiscal en España”.

La organización del certamen, sin embargo, considera que el premio no es un homenaje político. Pero ha levantado ampollas entre algunos finalistas del certamen literario, que no se explicaban cómo una figura tan controvertida podía recibir un homenaje público en un lugar clave para la política francesa como la Asamblea. “Parece extraño que una figura tan controvertida en España vaya ahora a recibir un premio en la Asamblea Nacional con la presencia de la presidenta”, explicaban.

Los finalistas recibieron ya la semana pasada una invitación física para la comida del sábado 11 de abril, organizada por la presidenta de la Asamblea y la fundadora de Lire la Société, Luce Perrot. El almuerzo se realizó en el Palacio Lassay, residencia de la máxima autoridad de la institución. “En la ocasión de la jornada del libro político […] están felices de invitarles a comer con la presencia excepcional del rey Juan Carlos I”, rezaba el cartón físico que recibió cada finalista. La comida ha sido supervisada por el departamento de protocolo de la Asamblea Nacional y su presidenta.

La presidenta de la asociación Lire la société, Luce Perrot, respondió a las preguntas de este periódico tras la aparición de la primera versión de esta noticia. “Mire, a nosotros nos dan igual las polémicas en España. Tenemos nuestras reglas. Y nuestro asunto son los libros, no otros temas. Estamos rindiendo homenaje a una obra, a una parte de la historia de la segunda parte del siglo XX. Y siempre invitamos a los laureados, no vamos a hacer una excepción con el rey Juan Carlos”, se defendía esta semana a preguntas de EL PAÍS.

Francia, o al menos una parte de su sociedad, nunca ha terminado de entender la situación del rey emérito en España ni a cuándo se remonta. Pero los problemas para Juan Carlos I comenzaron en el verano de 2018, cuando agentes de la Policía Judicial suiza enviados por el fiscal Yves Bertossa entraron a registrar la gestora de fondos del administrador de fortunas Arturo Fasana. En aquel registro, Bertossa halló dos fundaciones con cuentas en bancos suizos. La fundación de Liechtenstein Zagatka, de Álvaro de Orleans, primo lejano del rey emérito, que pagó vuelos privados de Juan Carlos I y de Corinna Larsen; y la fundación panameña Lucum, cuyo primer beneficiario era Juan Carlos I y el segundo Felipe VI.

Cuando se hizo pública esta noticia en marzo de 2020, el actual jefe del Estado anunció que renunciaba a la herencia de su padre y comunicó que un año antes Corinna Larsen había enviado una carta a La Zarzuela informándole de que el nombre del actual Rey aparecía junto a los de sus hermanas como beneficiarios de esa fundación. La Casa Real tomó la decisión de informar al Gobierno y acudir a un notario para rechazar cualquier dinero de estas cuentas.

La investigación suiza reveló que Arturo Fasana ingresó el 8 de agosto de 2008 en la cuenta de Lucum en la banca privada Mirabaud 100 millones de dólares (64,8 millones de euros al cambio de entonces) procedentes del Ministerio de Finanzas de Arabia Saudí. Cuatro años después, el dinero fue transferido por orden del entonces jefe del Estado a una cuenta en Nassau (Bahamas) del banco Gonet & Cie a nombre de la sociedad instrumental Solare, propiedad de Corinna Larsen. Bertossa embargó las cuentas de los sospechosos y abrió una causa secreta por blanqueo de capitales contra los implicados en la creación de la estructura y en la recepción del dinero.

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