La doble faz del PP: ruido en Madrid, sordina en el resto

Entre los grandes hitos de la campaña de Castilla y León no se contará nada de esas cosas que entretienen la disputa política nacional, de las novias enchufadas de José Luis Ábalos a los denostados pactos del PSOE. Uno de los principales hitos de la carrera hacia los comicios del próximo domingo en la comunidad más grande de España será algo mucho más prosaico: el plato de ducha.

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 Mañueco busca ser reelegido en Castilla y León presentándose como la antítesis de la política crispada  

Entre los grandes hitos de la campaña de Castilla y León no se contará nada de esas cosas que entretienen la disputa política nacional, de las novias enchufadas de José Luis Ábalos a los denostados pactos del PSOE. Uno de los principales hitos de la carrera hacia los comicios del próximo domingo en la comunidad más grande de España será algo mucho más prosaico: el plato de ducha.

En busca de una campaña de perfil sosegado, apelando mucho a la gestión y poco a la ideología, el actual presidente y candidato del PP a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco, ha ofrecido un exhaustivo compendio de 1.031 medidas, que incluyen ayudas públicas para apuntarse al gimnasio, sacarse el carné de conducir o que los mayores puedan cambiar sus viejas bañeras por platos de ducha. Compromisos electorales que alimentan las chanzas del candidato socialista. Carlos Martínez no deja de citar el plato de ducha para denunciar la ausencia de una política ambiciosa y transformadora en una comunidad con graves problemas demográficos. Mañueco no se inmuta. Este jueves, ante medio centenar de vecinos de Candeleda (Ávila), seguía presumiendo: “Nosotros no venimos a hacer chistes con el plato de ducha. No venimos a hablar de política, venimos a hablar de lo que le preocupa a la gente”.

Mientras en Madrid el PP sube el diapasón cada día en su encarnizada ofensiva para tumbar de una vez a Pedro Sánchez, la mayoría de sus barones autonómicos abjura del ruido. Sobre todo, cuando las elecciones llegan. Así lo hicieron en su momento el andaluz Juan Manuel Moreno, el gallego Alfonso Rueda y hasta el propio Alberto Núñez Feijóo cuando presidía la Xunta y empequeñecía el logotipo del PP. Y lo está haciendo Mañueco. En este caso, secundado por una dirección nacional con la que ha coincidido poco y que también ha bajado el tono tras el fallido experimento de nacionalizar la campaña aragonesa. Lo del presidente de Castilla y León es hablar del plato de ducha y si acaso citar a Sánchez de pasada. “Ante el ruido, proyecto”, resumió en su penúltimo día de campaña, en un periplo por el valle del Tiétar, al extremo sur de Ávila, ya con La Mancha asomando en el horizonte.

La campaña del PP regional había comenzado así, acuñando un lema oficioso: “Menos ruido y más nueces”. Mañueco se fotografió con una pila de frutos secos y en las redes triunfó un vídeo sobre las nueces que suma un millón de visualizaciones en X.

En la plaza del Castillo de Candeleda, con el imponente paisaje de fondo de las cumbres nevadas de Gredos, Mañueco machaca el mensaje: “No venimos a dar grandes titulares, venimos a escucharos y a miraros a los ojos”. En este pueblo de 5.000 habitantes, uno de los raros feudos socialistas en una provincia de granítica raigambre conservadora —el PP tiene el 75% de las alcaldías—, la polarización política suena a murmullo lejano. En la comitiva del candidato salta la preocupación al descubrir algunos vecinos con pancartas que reclaman un hospital para la comarca. No se apunta a ninguna sigla, pero parece una velada incitación a castigar al partido gobernante: “No regales tu voto a quien te aleja de la vida”. Los temores del PP se disipan pronto: ni una voz más alta que otra interrumpirá a los oradores. Los desafectos se limitan a levantar sus exiguas pancartas y repartir folletos en silencio. Mañueco ignora la pequeña protesta.

Lo que no puede ignorar el candidato es a sus rivales, aunque los relegue a unas frases sueltas. Las escasas alusiones apuntan a Vox, esa ventisca que recorre la comunidad tras la sombra de Santiago Abascal y amenaza con amargar el domingo a los populares. En la siguiente parada del día, en Arenas de San Pedro, tercera población de la provincia con 6.500 habitantes, Mañueco no cita a los ultras por su nombre, pero tampoco hace falta. Lo adorna invocando, esta vez sí, el vilipendiado nombre del presidente del Gobierno: “Cualquier escaño que no vaya al PP será un éxito para Sánchez y para la izquierda”. Y aprovecha para marcar distancias: “Nosotros no estamos por el bloqueo, por la crispación, por el enfrentamiento”.

En la recta final hacia las urnas, la dirección nacional del PP ha emitido mensajes a sus alcaldes para que suden la camiseta y movilicen votantes como si fueran ellos mismos quienes se jugasen el puesto. Mañueco se muestra tranquilo, confiado en que el domingo volverá a ser el más votado, aunque luego le espere la penitencia del pacto con Vox. Así y todo, en los pueblos del valle del Tiétar no olvida reiterar el llamamiento a los alcaldes. El de Arenas de San Pedro, Juan Carlos Sánchez, ha tomado nota y declara que aún aspira a un “Gobierno en minoría” en Valladolid. Mañueco anima a los militantes que han venido a comer con él: “Necesitamos una movilización total, nada está hecho”.

Las voces más incandescentes del PP no han faltado en esta campaña: Isabel Díaz Ayuso, Miguel Tellado, Cayetana Álvarez de Toledo o la leonesa Ester Muñoz. Ninguno ha comparecido junto a Mañueco. Feijóo lo hará en tres ocasiones, también con sordina en su discurso. Cuando se le pregunta al equipo del candidato si aquí, como en Aragón, podrían cerrar la campaña con el ultra Vito Quiles, la respuesta es tajante: “Nooooo… Aquí, gestión y gestión”.

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