La polarización interna amortigua el efecto de la escalada militar contra Irán de cara a las elecciones previstas para octubre Leer La polarización interna amortigua el efecto de la escalada militar contra Irán de cara a las elecciones previstas para octubre Leer
La ofensiva israelí-estadounidense en Irán despertó en Israel preguntas inmediatas como por ejemplo cuáles son los principales objetivos, cuándo Irán responderá, qué haría Hizbulá o si se trata del principio del fin del régimen de los ayatolás.
En una segunda o tercera oleada de preguntas paralelas a las de los ataques y ya en los refugios o habitaciones de seguridad ante los misiles balísticos iraníes, muchos israelíes se preguntaron también si tendría consecuencias en las elecciones previstas este año. Para los impacientes, la respuesta a grandes rasgos es negativa. Al menos de momento, según las encuestas y a expensas del desenlace de la nueva guerra en la interminable espiral de misiles y bombas iniciada con el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023. Para los israelíes, no es lo mismo que el régimen que aspira a la eliminación de Israel caiga o que siga aunque muy debilitado y con un Jamenei diferente al frente.
El calendario oficial marca el próximo 27 de octubre como la fecha de las elecciones tal y como el primer ministro Benjamín Netanyahu desea desde las últimas celebradas en noviembre de 2022 aunque no se descarta que quiera o deba adelantarlas a principios de verano o septiembre. De los 64 de 120 escaños logrados entonces y tras el impacto del 7-O, la mayoría de sondeos le dan en los últimos meses en torno a 50-51. Buen motivo para no avanzar la cita con las urnas.
De forma mayoritaria y al igual que sus ciudadanos, la clase política en Israel apoyó el ataque en Irán. El consenso, sin embargo, se limita a lo que la Fuerza Aérea realiza en Teherán y no sobre quién debe gobernar en Jerusalén. La sociedad se encuentra tan polarizada que incluso un acontecimiento histórico como el que ocurre en la región no supone ningún cambio decisivo en la intención de voto en la actual constelación de fuerzas.
El Likud de Netanyahu sigue siendo el partido más votado (26 o 27), pero su coalición con dos partidos ultraortodoxos y otros dos ultraderechistas está muy lejos de formar Gobierno a diferencia del bloque opositor liderado por los derechistas Naftali Bennett (21 o 22) y Avigdor Lieberman (8 o 9), los centristas Yair Lapid (jefe de oposición aunque ha perdido unos 16 puntos en encuestas) y Gadi Eizenkot (11 a 13 tras abandonar el partido de Benny Gantz que de ser la gran alternativa ahora se quedaría sin escaños) y el líder de la izquierda, Yair Golán (10 a 12) con el apoyo externo quizá del partido árabe de Mansour Abbas (5).
En el sondeo difundido un día antes del inicio de la ofensiva, el diario Maariv daba al bloque de Netanyahu 50 escaños mientras el rival lograba 60 a solo uno de formar gobierno. Una semana después y aún bajo el primer impacto de la operación «Rugido de León», su bloque ganó un asiento en el Parlamento, pero hoy ha vuelto al resultado del 27 de febrero. Los únicos cambios se registran dentro de los dos campos enfrentados sin afectar el resultado general.
La portada de Maariv del viernes 27 de febrero llevaba un titular premonitorio («Momento de la verdad») y la creencia de que tras no lograr un acuerdo en la negociación en Ginebra, «la decisión está en manos del presidente Trump». Cuando los lectores leían esas líneas, los ejércitos de Israel y Estados Unidos ultimaban el inicio de los ataques marcados para el sábado por la tarde coincidiendo con la reunión del Consejo Superior de Seguridad Nacional en Teherán. Pero, según revela el diario Yedioth Ahronoth, la Inteligencia militar israelí obtuvo ese viernes información sobre el adelanto de la reunión del liderazgo iraní. Así, los 30 misiles fueron disparados por la mañana acabando con la vida de Ali Jamenei y de decenas de altos mandos y dirigentes.
La figura de Netanyahu, especialmente divisoria en los últimos diez años, cautiva a sus seguidores y repele a sus detractores mientras se atrincheran en sus posiciones haga lo que haga. Según el sondeo del Canal 12, la gestión de Netanyahu en la guerra recibe una nota del 5.6 en Israel. Pero si los votantes del Gobierno le dan 9.1, los electores de la oposición le suspenden con 3.9. Lo que tampoco sorprende es que el jefe del Ejército, Eyal Zamir, y del Mosad, David Barnea, obtengan la mejor nota.
Su encuesta también confirma al Likud como partido más votado y al bloque hoy opositor como el que tiene más opciones de gobernar. «La guerra no modifica nada e incluso el bloque de Netanyahu pierde un escaño respecto al sondeo de hace dos semanas quedándose en 51. La mejor prueba de que Netanyahu ve números similares es su decisión de no adelantar las elecciones e intentar llegar hasta octubre», señala la comentarista política, Daphna Liel, que añade: «Intentará aprovechar este tiempo para una reorganización en el mapa político de la derecha y quizá esperar logros en el campo militar y diplomático».
Los sondeos llegan tras una semana en la que el Gobierno ha sido criticado debido a que, a raíz del gasto adicional en Defensa por la guerra, recortó presupuestos de ministerios como Educación, o Sanidad incluyendo la ayuda a los habitantes del norte del país bajo ataques de Hizbulá mientras aprobó ayudas al sector ultraortodoxo en el marco del pacto de Gobierno.
Desde el punto de vista político, el gran éxito de Netanyahu ha sido sobrevivir al 7-O, el fracaso más traumático en la historia de Israel. Lo que cuenta no son los gráficos de futuro de las encuestas sino los dedos del presente en la Knésset.Netanyahu no solo logró mantener los 64 diputados de su coalición (estos igualmente no querían perder tanta influencia y cargos) sino que arrancó cuatro de la oposición (de la facción de Gideon Saar, ex dirigente del Likud que se alió en 2022 con Gantz en torno al voto anti Netanyahu).
De cara a los comicios, tiene la ventaja de que el empate le favorece ya que seguiría al frente de un ejecutivo de transición. Su gran baza es Trump y todo lo que conlleva el poder de EEUU. Desde su vuelta en 2025, se ha alineado plenamente no solo con Israel ante Irán sino también con Netanyahu a nivel personal y político. Ya sea por ejemplo con la petición sin precedentes y con insultos al presidente Isaac Herzog para que le indulte en su juicio por corrupción o con elogios comparables solo a los que Bibi suele escuchar en su medio afín, el Canal 14.
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