Con el verano comienza la yincana para conseguir una atractiva concesión municipal. Los chiringuitos de las playas de Cambrils (Tarragona), por ejemplo, supondrán a los adjudicatarios un canon de entre 19.000 y 58.000 euros anuales. La temporada estival concentra las licitaciones para explotar servicios como chiringuitos, terrazas, hamacas, escuelas de deportes náuticos, campamentos, instalaciones recreativas, piscinas y un largo etcétera. Pero el laberinto legal de estas contratas provoca, en ocasiones, disputas entre candidatos y roces por el cumplimiento de los pliegos tras la adjudicación. Además, suelen surgir imponderables durante el periodo de concesión, como defectos ocultos, accidentes y otros problemas sobrevenidos que pueden desembocar en la revocación de la propia contrata e, incluso, el desistimiento del concesionario. Una concesión puede acabar siendo una verdadera ruina.
Concursos desiertos
Cada año, numerosos ayuntamientos declaran desiertos los concursos. Así sucedió el pasado verano con las piscinas de Cáceres, por falta de licitadores, y de Aranda de Duero (Burgos), porque las escasas propuestas no cumplían los requisitos mínimos. “La dimensión social de estos servicios municipales es considerable”, apunta Consuelo Doncel, secretaria general del Ayuntamiento de Lora del Río (Sevilla). La funcionaria pone como ejemplo los bares del Hogar del Pensionista en pequeñas localidades, muchas veces “único espacio de socialización del pueblo”. Estos servicios, fundamentales para los vecinos, sufren la falta de candidatos por no resultar económicamente atractivos. Doncel advierte de la necesidad de cuidar estos concursos, que “deben ser rentables para los concesionarios, pero, sobre todo, para los ciudadanos”.
El verano reactiva las licitaciones públicas. El desconocimiento de las implicaciones legales municipales puede llevar al desastre
Con el verano comienza la yincana para conseguir una atractiva concesión municipal. Los chiringuitos de las playas de Cambrils (Tarragona), por ejemplo, supondrán a los adjudicatarios un canon de entre 19.000 y 58.000 euros anuales. La temporada estival concentra las licitaciones para explotar servicios como chiringuitos, terrazas, hamacas, escuelas de deportes náuticos, campamentos, instalaciones recreativas, piscinas y un largo etcétera. Pero el laberinto legal de estas contratas provoca, en ocasiones, disputas entre candidatos y roces por el cumplimiento de los pliegos tras la adjudicación. Además, suelen surgir imponderables durante el periodo de concesión, como defectos ocultos, accidentes y otros problemas sobrevenidos que pueden desembocar en la revocación de la propia contrata e, incluso, el desistimiento del concesionario. Una concesión puede acabar siendo una verdadera ruina.
Concursos desiertos
Cada año, numerosos ayuntamientos declaran desiertos los concursos. Así sucedió el pasado verano con las piscinas de Cáceres, por falta de licitadores, y de Aranda de Duero (Burgos), porque las escasas propuestas no cumplían los requisitos mínimos. “La dimensión social de estos servicios municipales es considerable”, apunta Consuelo Doncel, secretaria general del Ayuntamiento de Lora del Río (Sevilla). La funcionaria pone como ejemplo los bares del Hogar del Pensionista en pequeñas localidades, muchas veces “único espacio de socialización del pueblo”. Estos servicios, fundamentales para los vecinos, sufren la falta de candidatos por no resultar económicamente atractivos. Doncel advierte de la necesidad de cuidar estos concursos, que “deben ser rentables para los concesionarios, pero, sobre todo, para los ciudadanos”.
Economía en EL PAÍS
