No existe ninguna evidencia de que el uso de paracetamol durante el embarazo —indicado para tratar la fiebre y el dolor— aumente el riesgo de desarrollar autismo, trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) o cualquier forma de discapacidad intelectual entre los niños. Así lo concluye la revisión científica más completa realizada hasta la fecha sobre el perfil de seguridad durante la gestación del fármaco, la molécula más vendida de España con más de 60 millones de cajas anuales. La investigación ha sido publicada este sábado en la revista The Lancet Obstetrics, Gynaecology, & Women’s Health.
Una revisión de 4.000 estudios sobre la seguridad del fármaco durante la gestación avala su uso como primera opción para tratar el dolor y la fiebre
No existe ninguna evidencia de que el uso de paracetamol durante el embarazo —indicado para tratar la fiebre y el dolor— aumente el riesgo de desarrollar autismo, trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) o cualquier forma de discapacidad intelectual entre los niños. Así lo concluye la revisión científica más completa realizada hasta la fecha sobre el perfil de seguridad durante la gestación del fármaco, la molécula más vendida de España con más de 60 millones de cajas anuales. La investigación ha sido publicada este sábado en la revista The Lancet Obstetrics, Gynaecology, & Women’s Health.
Hasta el pasado verano, el debate sobre la cuestión era inexistente. La seguridad del paracetamol, siguiendo las recomendaciones, es defendida desde hace décadas por la clase médica y su uso en la práctica clínica es universal. De hecho, el fármaco es considerado uno de los más seguros durante la gestación y una de las escasas opciones que las futuras madres tienen para paliar el dolor y evitar los cuadros de fiebre alta, que sí suponen un riesgo real para el feto.
Todo cambió el pasado 22 de septiembre. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compareció ante los medios en la Casa Blanca junto a su secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr —conocido por sus posiciones antivacunas— para proclamar que el paracetamol “puede asociarse con un riesgo muy elevado de autismo”. La sorprendente afirmación no vino sola y Trump añadió que la leucovorina, una forma de ácido fólico, es útil para reducir los síntomas de este trastorno. Una propiedad que ni siquiera defiende la farmacéutica que desarrolló este medicamento (GSK), que dejó de venderlo hace tres décadas.
El revuelo provocado ha llevado a los autores del trabajo a revisar ahora cerca de 4.000 investigaciones publicadas, de las que finalmente han seleccionado las 43 de mayor calidad para llevar a cabo una revisión sistemática y 17 para completar un metaanálisis.
Asma Khalil, autora principal y catedrática de Obstetricia y Medicina Materno-Fetal en el Hospital Universitario St George de Londres, resumió con las siguientes palabras el resultado de la investigación en un encuentro con los periodistas celebrado el miércoles: “Este es un mensaje importante para millones de mujeres embarazadas: el paracetamol es seguro en el embarazo. Sigue siendo el tratamiento de primera línea que recomendamos si una gestante tiene dolor o fiebre y esto es consistente con las guías de los organismos nacionales e internacionales”.
Para defender sus afirmaciones, Trump recurrió en septiembre a algunos trabajos que apuntaban a la relación entre paracetamol y autismo. Khalil, sin embargo, explicó que se trata de “estudios pequeños” que “sufren un fuerte sesgo de confusión”, es decir, que “puede haber otras explicaciones” tras los resultados apuntados. “Por ello, decidimos incluir solo los estudios que tenían estimaciones ajustadas y descartamos los que no lo hacían, para obtener evidencia de estudios de buena calidad”, añadió la investigadora.
La investigación ha sido aplaudida por médicos, investigadores y científicos de todo el mundo. “Las futuras madres no tienen por qué sufrir el estrés de cuestionarse si el medicamento [paracetamol] puede tener efectos trascendentales en la salud de sus hijos. Este estudio, exhaustivo y claro, ha abordado la cuestión. Es importante destacar que prioriza los estudios de diseño entre hermanos [expuestos por igual al fármaco], lo que es crucial. Y ha confirmado que no existe relación entre el uso de paracetamol y una mayor probabilidad de autismo. Si bien el impacto del anuncio [de Trump] del año pasado ha sido extenso, espero que estos hallazgos den el asunto por zanjado”, ha proclamado Grainne McAlonan, catedrática de Neurociencia Traslacional en el King’s College de Londres.
También en España el artículo publicado por The Lancet Obstetrics, Gynaecology, & Women’s Health ha sido bien recibido. Pedro Viaño, pediatra miembro del Comité de Medicamentos de la Asociación Española de Pediatría (AEP) calificó en septiembre de “temerarias” las afirmaciones de Trump. Ahora destaca que “la conclusión del nuevo estudio se alinea con las manifestadas por las principales asociaciones científicas”.
Begoña Huete, coordinadora del Grupo de Trabajo de Neurodesarrollo de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), destaca que el trabajo ahora presentado “tiene una muestra enorme con aproximadamente 339.040 niños en ocho estudios relacionados con el trastorno del espectro autista (TEA) y 426.629 niños en nueve estudios relacionados con el TDAH”, lo que la convierte “probablemente en una de las revisiones más exhaustivas y rigurosas a nivel metodológico sobre el impacto del uso del paracetamol en el periodo prenatal en el neurodesarrollo infantil”.
“El paracetamol es en muchos casos la única opción para el tratamiento del dolor durante el embarazo. Evitar su utilización en ciertas condiciones, tales como fiebre o dolor severo, puede suponer más riesgos para el feto. Por ejemplo, no tratar la fiebre durante el embarazo puede conllevar abortos, malformaciones congénitas, parto prematuro y problemas en el neurodesarrollo”, defiende por su parte Beatriz Salazar, coordinadora del grupo de trabajo de Neuropsiquiatría de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH).
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