La serie ‘Day One’ se adentra en la Barcelona tecnológica en busca de inquietantes dilemas éticos 

Alba Planas y Álex González, en el quinto episodio de 'Day One'.

¿A qué estaría dispuesto a renunciar para vivir en un mundo en paz? ¿Y si tuviera que escoger entre libertad y felicidad? ¿Hay que poner límites éticos a la tecnología? ¿Quién los debe poner? El thriller tecnológico Day One, que Amazon Prime Video estrena el viernes 13 (3Cat la emitirá en catalán con el título Dia u), se adentra en los dilemas morales que plantea el uso de la tecnología a ritmo de thriller.

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Jordi Mollà, en la serie 'Day One'.Álex González y Alba Planas, en 'Day One'.Desde la izquierda, la guionista y productora ejecutiva Cristina Pons, el productor ejecutivo César Martí y los directores Marta Pahissa y Víctor Cuadrado. El ‘thriller’ protagonizado por Álex González se ha grabado en lugares como el sincrotrón Alba o el Barcelona Supercomputing Center  

¿A qué estaría dispuesto a renunciar para vivir en un mundo en paz? ¿Y si tuviera que escoger entre libertad y felicidad? ¿Hay que poner límites éticos a la tecnología? ¿Quién los debe poner? El thriller tecnológico Day One, que Amazon Prime Video estrena el viernes 13 (3Cat la emitirá en catalán con el título Dia u), se adentra en los dilemas morales que plantea el uso de la tecnología a ritmo de thriller.

La serie que protagonizan Álex González, Alba Planas, Iván Massagué y Jordi Mollà se desarrolla en el contexto del Mobile World Congress y sigue la carrera contrarreloj para evitar que se celebre la presentación mundial de una nueva tecnología que revolucionará la vida de las personas. Al mismo tiempo, la policía investiga un asesinato relacionado con el asunto.

Como explica a este diario Cristina Pons, guionista y productora ejecutiva de la serie, esta ficción, producida por Zebra Producciones, NewCo Audiovisual y Documentales en Canarias S.L., surge como iniciativa del Mobile World Congress con la intención de “posicionar internacionalmente el ecosistema de innovación de Barcelona y mostrar al mundo a la ciudad como referente de innovación tecnológica”. Pero Day One quiere ir un paso más allá y recoge el dilema ético que plantea el desarrollo tecnológico. “La serie se estrena en un momento perfecto, porque hace unos años igual no se hablaba tanto de que las tecnologías no son neutras, detrás está la persona que invierte el dinero, y es importante tener una soberanía tecnológica nacional y europea. Hay que innovar, pero a la vez se necesita un paradigma ético regulatorio para que estos avances no terminen yendo contra los derechos humanos o las minorías”, reflexiona la guionista y productora en una entrevista por videollamada que tuvo lugar el lunes 2 de marzo, al mismo tiempo que el Mobile World Congress inauguraba una nueva edición.

La acción de Day One tiene lugar en algunos de los espacios tecnológicos más emblemáticos de la ciudad y alrededores. El Barcelona Supercomputing Center y sus ordenadores cuánticos, el sincrotrón Alba, el Talent Arena o la Torre de Collserola y el Distrito 22@ son entornos en los que discurre la acción. “Hasta ahora se nos pedía retratar la Barcelona turística, pero esta serie nos proponía rodar en una Barcelona totalmente distinta, que está muy presente en la vida de las personas de aquí, pero que no es tan conocida”, dice Marta Pahissa, directora de tres de los capítulos de la serie. Rodar en esos lugares suponía algunas complicaciones. Por ejemplo, como cuenta César Martí, productor ejecutivo de la serie, en el sincrotrón Alba solo se podía grabar aprovechando los escasos parones de pocas semanas que hacen al año.

Tampoco fue fácil rodar con los ordenadores cuánticos del Barcelona Supercomputing Center, ubicados en un espacio con unas condiciones de temperatura y humedad específicas y a los que les puede afectar incluso el movimiento. “Pero cuando los escollos de permisos, tiempo y organización se superaron, estuvieron muy por la labor de ayudar en todas partes y entendían que hacíamos una labor para ellos de mostrar su trabajo”, dice Víctor Cuadrado, director de los otros tres episodios. Otro de los espacios emblemáticos de la serie, la sede del villano interpretado por Jordi Mollà, es en realidad la Universidad de La Laguna, cuya arquitectura brutalista y con dominio de las figuras curvas poco explotado por el audiovisual, con alguna excepción como la estadounidense Fundación.

Uno de los objetivos de la serie era que la tecnología tuviera peso, pero que no fagocitara ni la historia ni las tramas de los personajes. También que los avances tecnológicos que aparecieran no hubieran quedado desactualizados cuando se estrenara la serie. Para ello, decidieron ubicar la historia en el presente, en lugar de llevarla al futuro. “El reto era entender a los personajes y no ser maniqueístas”, reflexiona Cuadrado.

Por la pantalla desfilan tecnologías de diferente tipo, desde utilidades de la inteligencia artificial hasta robots. “Era importante que todo lo que contáramos a nivel tecnológico tuviera una base real”, dice Martí. Para ello, tuvieron la colaboración de expertos del Mobile World Congress, que supervisaron los guiones y les asesoraron. Incluso en el detonante de la acción, unas lentillas de realidad aumentada que permiten ir bastante más allá, hay una base real, aunque tomándose unas licencias que conectan incluso con la poesía y que se desvelan según avanza la trama. “Parte del encanto de la serie está en basarse en tecnologías existentes para contar un dilema ético de la actualidad. A la vez que te entretiene, te inquieta”, concluye Martí.

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