Mstyslav Chernov, un cineasta entre la alfombra roja y las trincheras en Ucrania: “Nunca el mundo ha sido tan peligroso como hoy”

“Era como vivir en dos mundos, y tenía que transitar de uno a otro de manera radical. De asistir a certámenes de cine y pisar sus alfombras rojas a atravesar la frontera con Polonia y meterme en las trincheras”. En septiembre de 2023 el cineasta ucraniano Mstyslav Chernov (Járkov, 40 años) presentaba de festival en festival, iniciando a la carrera al premio Oscar que finalmente ganó, su documental 20 días en Mariúpol, cuando logró que el ejército de su país aceptara que fuera incrustado en un pelotón. Y no en un momento cualquiera, sino en la ofensiva que iba a lanzar Ucrania para recuperar terreno en el Donbás, el considerado mayor contraataque en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. El resultado se titula 2.000 metros hasta Andriivka, se puede ver ya en la plataforma Filmin, y sí, está de nuevo en la carrera a los premios Oscar, tras estrenarse en Sundance y entrar en la lista de 15 preseleccionados a la estatuilla a mejor documental.

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 Mientras recorría el camino al Oscar que logró con su documental ‘20 días en Mariúpol’, el director se incrustó en un pelotón en el Donbás. El resultado, ‘2.000 metros hasta Andriivka’, le devuelve dos años después a la temporada de premios  

“Era como vivir en dos mundos, y tenía que transitar de uno a otro de manera radical. De asistir a certámenes de cine y pisar sus alfombras rojas a atravesar la frontera con Polonia y meterme en las trincheras”. En septiembre de 2023 el cineasta ucraniano Mstyslav Chernov (Járkov, 40 años) presentaba de festival en festival, iniciando a la carrera al premio Oscar que finalmente ganó, su documental20 días en Mariúpol, cuando logró que el ejército de su país aceptara que fuera incrustado en un pelotón. Y no en un momento cualquiera, sino en la ofensiva que iba a lanzar Ucrania para recuperar terreno en el Donbás, el considerado mayor contraataque en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. El resultado se titula 2.000 metros hasta Andriivka, se puede ver ya en la plataforma Filmin, y sí, está de nuevo en la carrera a los premios Oscar, tras estrenarse en Sundance y entrar en la lista de 15 preseleccionados a la estatuilla a mejor documental.

Chernov no es un cualquiera en el fotoperiodismo. Además de reportajear en su país natal las protestas del Euromaidán en 2013 y llegar el primero a los restos del avión de Malaysia Airlines derribado por Rusia en 2014 en su tercer día de trabajo en Associated Press, para esta agencia cubrió diversos conflictos bélicos y humanitarios por Europa y Oriente medio. Por su labor en Mariúpol, contando su estancia en esa ciudad durante su toma por las tropas rusas, Chernov y otros tres compañeros de AP ganaron un premio Pulitzer. Además, había grabado tanto material (30 horas) del asedio, que decidió elaborar el documental con el que ganó el Oscar. En sus entrevistas, casi nunca se permite un respiro ni se sale de su mensaje. En la realizada por EL PAÍS el pasado miércoles, vía llamada WhatsApp, solo se permitió un guiño en un pequeño lamento: “Para mí es más tarde. Aquí es medianoche”. No respondía desde Londres como habían anunciado, sino, muy probablemente, desde Ucrania. Poco más. Cuando se le pregunta si su familia —tiene dos hijas— está bien, espeta: “Por motivos de seguridad no puedo contestar”.

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Los dos kilómetros del título son los que separaban a las tropas ucranianas en aquel septiembre de 2023 de la toma de Andriivka, en el Donbás, una aldea arrasada aunque clave por su situación geográfica. El único camino es un bosque, frondoso solo porque se amontonan los restos de ramas y los arbustos, y repleto de trincheras del ejército ruso, de no más de 15 metros de ancho, flanqueado por dos gigantescos campos minados. O por el bosque o nada. “Yo buscaba otra historia, no una de dolor y victimismo como 20 días…, sino que mostrara nuestra resistencia, nuestra unión ante las adversidades. Y cuando empezó la contraofensiva sentí que era lo que quería contar. Esta es una historia de distancias, no solo sobre la que separa al ejército de la ciudad, sino también la que separa la paz y la guerra”.

El filme documenta también cómo es un conflicto bélico moderno, absolutamente digitalizado. Además de las imágenes de su cámara y de la de su compañero Alex Babenko, incrustados en un pelotón del Tercer Batallón de asalto, en pantalla aparecen las grabaciones de las cámaras que habitualmente portan en sus cascos los soldados ucranianos, vistas aéreas de drones tanto suicidas como de vigilancia, y tomas del cuartel general, desde donde se sigue al segundo en pantallas cada paso. Desde allí incluso avisan de la situación de los rusos: “Hermano, cuidado, a tu derecha tienes un cabrón”. Hermano, para llamarse entre los ucranianos, y cabrón, para nombrar a los soldados rusos, son las palabras más escuchadas en el documental.

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Chernov apunta que el impresionante parecido del filme con un videojuego es “porque ese entretenimiento se ha modelado con las experiencias bélicas”. Y prosigue: “Esta desgraciada realidad está disponible fácilmente por el actual desarrollo tecnológico, porque podemos instalar cámaras en los cascos, ver lo que ven los drones. Podemos llevar al espectador a una experiencia que no ha vivido antes. Puede que Salvar al soldado Ryan, Sin novedad en el frente o Apocalypse Now provoquen un sentimiento similar. Sin embargo, aquí todo es real. Es lo único, en realidad lo mejor, que podemos aportar en el género del documental”.

Las cosas no han mejorado en 2026. “Cuando la contraofensiva, el 20% de Ucrania estaba en manos rusas. Se recuperó Andriivka, convertida en un símbolo de nuestra resistencia, y se volvió a perder. Ese 20% sigue en poder de Rusia. Nunca el mundo ha sido tan peligroso como el de hoy. Y me refiero a todo el planeta. Jamás había existido esta militarización. Con todo, hay una gran diferencia entre cómo el público ucraniano y el occidental ven este documental. Mis compatriotas sienten la necesidad de defender su hogar y su familia, y de paso el filme sirve como memoria de los fallecidos. Cuidado, no es una película propagandística. Los occidentales dicen: ‘¡La guerra es terrible! ¡Es horrorosa!’. Claro, e inaceptable y ni siquiera debería haber empezado. Y puede que piensen que hacemos un esfuerzo fútil, pero no es fútil defender tu hogar y tu identidad”, desgrana.

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A pesar de que las balas pasen muy cerca, de que avance arrastrándose o a la carrera, las imágenes de Chernov y Babenko nunca muestran los rostros de los fallecidos. Y son muchos. “No escondemos la crudeza de lo que pasa, no venimos a blanquear la guerra. Sin embargo, nos propusimos respetar a los caídos y a sus familias. Mostramos el horror, pero queremos que mucha gente pueda verla”.

Con sumo cuidado, Chernov cuenta en voz en off en el documental qué ha pasado con los soldados entrevistados, casi todos muertos en combate. Uno de ellos, de 46 años y que podría ser el padre del resto del pelotón, pide que no se le filme como un héroe, que solo ha venido a defender a su país y a su familia. “Porque en el cine bélico los momentos más importantes son los que nos hablan de humanidad. Al menos, yo lo entiendo así. Tenía que escucharles y entender que lo fundamental para ellos son sus familias, sus universidades, su comunidad, la conexión humana”.

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¿Cómo ve el futuro de Ucrania? ¿Habrá un final para la invasión rusa? “Mira, no soy optimista, como muchos de mis compatriotas, ni pesimista, porque entonces me rendiría. Soy realista. En los últimos meses, ha habido muchas conversaciones de paz y posibles acuerdos, y ninguna de esas palabras han servido para detener los bombardeos rusos a las ciudades ucranianas y las matanzas de civiles”. ¿Y prepara nueva película? “Sí, se han vuelto a solapar mis trabajos. Estoy intentando, de nuevo, otra perspectiva diferente, ahora más política, y que, al mismo tiempo, refleje cómo afectan a los civiles los bombardeos y violencia in crescendo de Rusia. Solo espero que sea el último filme sobre esta bárbara invasión y que retrate el final de la guerra”.

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