A la hora concertada, Pello Ruiz Cabestany (San Sebastián, 63 años) aparece al otro lado de la pantalla del ordenador con la sonrisa embaucadora que le dio fama. El exciclista polifacético saluda y, expansivo como es, inaugura una extensa charla sobre cualquier tema. El ciclismo no es el único hilo que ha movido su vida, pues ha ejercido como comentarista, empleado del Tour, jefe de prensa, protagonista de ‘realities’, tertuliano, conferenciante, escritor… Tampoco ahora el ciclismo es su asidero, cuarenta años después de su gran éxito en el Tour, una etapa en Evreux.-¿En qué fase de su vida está?-En la fase de parar, de dejar atrás todo ese ajetreo que viví después de correr en bici. He trabajado en muchas cosas y estoy en la fase de escribir, casi por obligación, porque me quedé en el paro. Noticias relacionadas estandar Si Seguidores del jugo verde La fiebre del zumo de brócoli: los suplementos de ciclistas y atletas para rendir más José Carlos Carabias estandar Si ciclismo Ni competir contra Pogacar ni trabajar para él: rivales y compañeros se alejan José Carlos Carabias-¿Está escribiendo un libro?-Ya lo he terminado. He estado mucho tiempo, casi dos años. Soy un chapas y me pongo a escribir y no paro, se me da mejor escribir que hablar. El editor me ha dicho que hay que reducir texto, que la gente ya no lee libros tan largos. Y me da pena quitar cosas.-¿De qué va el libro?-De un chaval que empieza a correr en bicicleta en San Sebastián en los años 80 y que se llama Pello, ja, ja, ja.-Otra autobiografía…-No me gusta decir eso, pero sí es autobiográfico. Es la historia de ese chaval que apareció en el ciclismo que en España empezaba a explotar, con la primera Vuelta a España con televisión en directo. Yo había tenido historias en el País Vasco, lo que se vivía aquí en aquella época, y la bicicleta me sirvió como escapatoria. El ciclismo en España estaba en su apogeo, de hecho mucha gente me lo recuerda y lo ves en las redes sociales. A mí me dicen «joder, me acuerdo más de aquellos corredores que de los actuales».«En ese País Vasco estaba ETA y había un ambiente de violencia; la bicicleta me sirvió como huida»-¿No veía futuro en ese País Vasco dinamitado por ETA?-No mucho. Estaba ETA y había un ambiente de violencia. Yo lo veía como algo habitual porque nací aquí, y viví con ese entorno en el que también había una vida normal. O sea, la gente trabajaba, hacía deporte, pero claro había una situación muy difícil y con la que había que convivir. Y gracias a la bicicleta y a que destaqué, me metí en la burbuja del ciclismo. Una burbuja que te separaba de ese otro mundo de violencia. En un capítulo lo he llamado ‘El elefante en la habitación’, se entiende lo que había. En los equipos no se hablaba de esas cosas, simplemente era deporte, la gente tiene que vivir. La bicicleta me sirvió como huida, aunque también hubo aspectos personales.-¿Cuáles?-Pues era tiempo de decepciones amorosas. Porque eres un ser humano y yo estaba colado con una chica y ella me pegó calabazas y me dejó con un complejo de feo… Y me dije, ¿qué me queda? Pues dar a los pedales. Borja luna-Motivaciones poco habituales para ser ciclista…-Es un poco de eso y también hay una premisa que he pensado siempre del ciclista. La persona que se dedica en serio a la bicicleta es porque tiene una tara, una tara en la cabeza. Y pensaba que yo también la tenía. No es normal que pases el día sufriendo en la bici, que llueva, que te caigas, que te hagas daño, y sigas allí. Yo pensaba «No, no, yo no estoy bien». Y entonces miraba a los que tenía alrededor en el pelotón y pensaba que estos también tienen una tara. O sea, como yo.-¿Recuerda taras de otros ciclistas?-No diré nombres, pero sí. Recuerdo a uno que se dedicaba a salir con una sábana por la noche en la carretera y asustar a los conductores. Luego hablabas con él y era normal, o sea, no lo sabía nadie.-Una tara, sí…-Pero no solo en el ciclismo. Las gimnastas que yo veía en los Juegos del Mediterráneo en Marruecos. Yo me ponía ciego comiendo espaguetis como loco y las veía en el comedor de la villa con un simple yogur. Y se iban otra vez a entrenar y yo me decía «no puede ser». Algo no funciona. Me voy a dedicar no sé cuántos años a entrenar dando saltos, a romperme esto y aquello y a comer un yogurcito al mediodía para seguir entrenando… Sí, en otros deportes también hay taras.«Recuerdo un ciclista que se dedicaba a salir con una sábana por la noche en la carretera y asustar a los conductores; luego hablabas con él y era normal»-¿Cuándo se sintió una estrella?-Conscientemente te llega poco a poco, pero quizás cuando gané la Vuelta al País Vasco en 1985, en mi segundo año de profesional. Noté que me volvía gilipollas…-¿En qué lo notó?-Te vuelves idiota con la fama y eso se nota con el tiempo, no en el momento. Abandonas a la gente que tienes cerca, ves que puedes influir en decisiones, dejas a la persona que quieres porque te das cuenta que todo el mundo te viene a saludar, a alabar, a adorar casi. Dejas de lado cosas que son de tu vida, de tu ser natural. -¿Se volvió un vinagre?-No. eso no. Yo intenté estar con los pies en el suelo, a pesar de que me volví bobo. Lo que nunca perdí fue el trato hacia el público. Siempre tuve mucho cuidado, siempre pensé que si voy a la salida de una etapa y me piden autógrafos, me armo de tranquilidad y dedico 20 minutos a la gente que está esperándote.-¿A qué deportista ve que no se vuelve idiota?-Hay que vivirlo de cerca para opinar con conocimiento… Veo a Alcaraz y pienso que parece normal, natural. En el ciclismo veo a Pogacar que lo gana todo y sigue siendo una persona que se divierte con lo que hace. Cuando le vengan mal dadas, entonces veremos si su cara sigue igual. El ciclismo es un deporte salvaje, puedes estar en lo más alto, ser una estrella, y de repente te descuelgas en un puerto y no eres nadie. En el fútbol si no juegas bien, estás protegido por 10 más, no se te nota tanto.«Veo a Pogacar que lo gana todo y sigue siendo una persona que se divierte con lo que hace; cuando le vengan mal dadas, veremos si su cara sigue igual»-Convivió con grandes nombres, Hinault, Fignon, Induráin. ¿Cómo eran?-Hinault era un auténtico capo, que dominaba, mandaba, tenía al pelotón a raya. Decía «no quiero que se ataque» y a lo mejor yo atacaba y pensaba «¿por qué me va a decir este que no ataque?«. Entonces se te acercaba, te enfilaba, te miraba con cara de mala leche y te hacía pensar »hostia, voy a obedecer a éste porque si no me la cargo». Miguel Indurain era, es lo máximo. Han pasado los años y ha demostrado ser un señor que se dedicó al deporte y que lo hizo con una calidad abrumadora porque lo ganaba todo, pero sobre todo con una calidad humana, que es lo difícil. Fignon es mi ciclista más admirado. Un tipo inteligente, culto, se sabía comportar, tenía una calidad inmensa y un carácter potente. Se veía en él como algo negativo, pero me gusta ese carácter. La gente que quiere quedar bien con todo el mundo y que aparenta ser amable siempre, me provoca desconfianza. Fignon me decía : «No me gusta estar todo el día con periodistas, un rato sí, pero nada más». Y como compartíamos habitación, yo le decía: «montas en bicicleta y no te gusta estar con la prensa o los aficionados, entonces dedícate al cicloturismo». Y me miraba así como diciendo, «me estás tomando el pelo.» Y yo, «no, no, te lo digo muy en serio. ¿Quieres seguir disfrutando del ciclismo? Pero no te van a pagar.» Y entonces se quedaba pensando y decía, «pues este cabrón español tiene razón». Tenía una conversación interesante y brillante. Me encantaba.-¿Y de Manolo Saiz qué cuenta?-Lo conocí cuando era un jovencito que empezaba, había dirigido a la selección juvenil, que era un puesto pequeñito. Había estudiado INEF y tenía una preparación de serie, que no era solo dar pedales y echar horas en la carretera. Pero llegó como elefante en cacharrería, queriendo desbancar a los popes, los directores consagrados, Mínguez, Echávarri. Había corredores en la Once que eran mayores que él, como Pedro Muñoz. Había un pique permanente. Los corredores que llevaban muchos años pensaban «te vamos a enseñar nosotros». Pero él impuso sus formas.borja luna-¿Cómo hubiera asumido usted el pinganillo?-No solo el pinganillo. En el ciclismo actual, eso de que te tengan controlado lo que comes, pesadas las proteínas, el bidón con la cantidad de agua que te van a dar en el kilómetro 35, etc, me parece un sacrificio tremendo para el deportista. Lo del pinganillo lo dije hace años: está matando el ciclismo. Quita emoción, lo hace previsible, no habrá sorpresas. Está todo calculado, los directores saben a qué velocidad tienen que ir para anular la escapada a 5 km de meta. Soy partidario de que los ciclistas hagan sus locuras, que animen al espectador. Por suerte ahora hay unos cuantos corredores, Pogacar, Van der Poel, Remco, que hacen las etapas divertidas. -¿El ciclismo se corrompió cuando los médicos ganaron más dinero que las figuras?-Fue así. Se creó una idea de que los resultados no dependían de la calidad del ciclista, de su entrenamiento, sino de lo que podía aportar un médico. Y eso me parecía terrible. Estoy un poco desconectado, pero dudo mucho que ahora pase eso.«Hinault era un auténtico capo que mandaba, ordenaba, tenía al pelotón a raya. Si no le hacías caso, te enfilaba y te miraba con una cara…»-En algún momento elogió a Eufemiano Fuentes como un gran psicólogo… Pero él le ha hecho mucho daño al ciclismo y a otros deportes.-Al ciclismo le han hecho mucho daño muchas más personas, también Eufemiano. No lo elogié. Me pareció injusto que se creara un estigma solo contra una persona. Se harían las cosas muy mal, pero todos lo hacían, no tiene por qué ser el único apestado. Yo le conocí en una época en que había un problema: cobraba más que los mejores corredores. Supongo que el éxito que tuvo en el pelotón le hizo volverse gilipollas. Eso de que sus corredores ganaran con las ayudas que fuera… Solo le conocí al principio, luego nunca volví a coincidir con él.-¿Hubo algún ciclista limpio?-Sí, claro. Yo creo que la mayoría. El ciclismo siempre ha tenido la fama, por la cultura que había de los suplementos. Se podían tomar medicinas más o menos prohibidas, en el límite, pero el personal no estaba ahí todo el día dándole, como los viciosos en la calle. Esto es como lo de la cocaína, unos dicen, «yo tomo una vez al mes» y otros «yo solo me meto una rayita» y están todo el día. En el ciclismo habría los viciosos, los que lo llevaban culturalmente, y muchos otros, la mayoría, que no, que si algún día tomaban algún extra que podía rozar la legalidad, lo hacían pues porque no les quedaba más remedio viendo lo que había alrededor.«Al ciclismo le han hecho daño muchas personas. Me pareció injusto que se creara un estigma solo contra Eufemiano»-¿Por qué se enfadaron Perico Delgado y usted? Compañeros, amigos y luego no se hablan…-A ver, cuando él llegó al equipo Orbea, yo acepté que si le tenía que ayudar le ayudaba. Éramos amigos, a pesar de que me atacó en una Vuelta en Panticosa y también en aquella etapa del Tour que ganó en Luz Ardiden. Yo se lo decía a Perurena, que era el director, y me contestaba que es parte del ciclismo. Pero luego vi que seguía haciendo las mismas cosas fuera del ciclismo, como cuando estábamos los dos en Televisión Española. Ya se ha visto. Por TVE han pasado casi todos los ciclistas comentando etapas, menos yo. ¿Por qué es? No creo que por Carlos de Andrés. Pero bueno, que esto es una tontería comparado con lo que pasa en la vida real, cada día.-Ha sido polifacético. Ciclista, comentarista, jefe de prensa del Festina, escritor, participante en realitys, viajero.. Un deportista atípico.-Madre mía, es verdad que he hecho un montón de cosas. Y trabajé para el Tour también. Y estuve en un ‘reality’ patinando sobre hielo. Me he movido, sí, me he movido.borja luna-¿Y cómo fue lo de viajar solo en bici por América o Asia?-Yo también me lo pregunto. A veces pienso ¿pero qué carajo hacía yo en el norte de Nicaragua? Que incluso en Managua me decían, «no vaya usted allí, no vaya solo con su bicicleta, que lo van a asaltar». Yo creo que tenía tal aspecto de desastre que hasta los malos pensaban que no me debían atacar, ja, ja, ja. He viajado solo a Vietnam, Malasia, Camboya, México, Nicaragua, la Patagonia chilena. No encontraba a nadie que me acompañara… Ahora pienso: «Si me llego a caer y me doy un golpe en la cabeza, nadie me ve, no se entera nadie que estoy aquí tirado». En el último viaje a Asia mi mujer me obligó a llevar una tablet y llamarla cada día. Ahora ya, como mucho, hago la Ruta de la Plata.-No le veo en las típicas reuniones de exciclistas contando batallitas…-No hago mucho, no. Me cuesta, me cuesta. Es por pereza, pero luego me hace una ilusión tremenda encontrarme con ciclistas. Estuve en el homenaje memorial Alberto Fernández en Aguilar de Campoo y fue emocionante. Me partía con las batallitas que contaba Guti, el cántabro. Vino también Eric Caritoux, que le ganó la Vuelta a Alberto por unos segundos.-¿Le queda algo por hacer?-La edad también va limitando las cosas. Sigo teniendo mi gusto por la naturaleza, por el monte y por el mar. A la hora concertada, Pello Ruiz Cabestany (San Sebastián, 63 años) aparece al otro lado de la pantalla del ordenador con la sonrisa embaucadora que le dio fama. El exciclista polifacético saluda y, expansivo como es, inaugura una extensa charla sobre cualquier tema. El ciclismo no es el único hilo que ha movido su vida, pues ha ejercido como comentarista, empleado del Tour, jefe de prensa, protagonista de ‘realities’, tertuliano, conferenciante, escritor… Tampoco ahora el ciclismo es su asidero, cuarenta años después de su gran éxito en el Tour, una etapa en Evreux.-¿En qué fase de su vida está?-En la fase de parar, de dejar atrás todo ese ajetreo que viví después de correr en bici. He trabajado en muchas cosas y estoy en la fase de escribir, casi por obligación, porque me quedé en el paro. Noticias relacionadas estandar Si Seguidores del jugo verde La fiebre del zumo de brócoli: los suplementos de ciclistas y atletas para rendir más José Carlos Carabias estandar Si ciclismo Ni competir contra Pogacar ni trabajar para él: rivales y compañeros se alejan José Carlos Carabias-¿Está escribiendo un libro?-Ya lo he terminado. He estado mucho tiempo, casi dos años. Soy un chapas y me pongo a escribir y no paro, se me da mejor escribir que hablar. El editor me ha dicho que hay que reducir texto, que la gente ya no lee libros tan largos. Y me da pena quitar cosas.-¿De qué va el libro?-De un chaval que empieza a correr en bicicleta en San Sebastián en los años 80 y que se llama Pello, ja, ja, ja.-Otra autobiografía…-No me gusta decir eso, pero sí es autobiográfico. Es la historia de ese chaval que apareció en el ciclismo que en España empezaba a explotar, con la primera Vuelta a España con televisión en directo. Yo había tenido historias en el País Vasco, lo que se vivía aquí en aquella época, y la bicicleta me sirvió como escapatoria. El ciclismo en España estaba en su apogeo, de hecho mucha gente me lo recuerda y lo ves en las redes sociales. A mí me dicen «joder, me acuerdo más de aquellos corredores que de los actuales».«En ese País Vasco estaba ETA y había un ambiente de violencia; la bicicleta me sirvió como huida»-¿No veía futuro en ese País Vasco dinamitado por ETA?-No mucho. Estaba ETA y había un ambiente de violencia. Yo lo veía como algo habitual porque nací aquí, y viví con ese entorno en el que también había una vida normal. O sea, la gente trabajaba, hacía deporte, pero claro había una situación muy difícil y con la que había que convivir. Y gracias a la bicicleta y a que destaqué, me metí en la burbuja del ciclismo. Una burbuja que te separaba de ese otro mundo de violencia. En un capítulo lo he llamado ‘El elefante en la habitación’, se entiende lo que había. En los equipos no se hablaba de esas cosas, simplemente era deporte, la gente tiene que vivir. La bicicleta me sirvió como huida, aunque también hubo aspectos personales.-¿Cuáles?-Pues era tiempo de decepciones amorosas. Porque eres un ser humano y yo estaba colado con una chica y ella me pegó calabazas y me dejó con un complejo de feo… Y me dije, ¿qué me queda? Pues dar a los pedales. Borja luna-Motivaciones poco habituales para ser ciclista…-Es un poco de eso y también hay una premisa que he pensado siempre del ciclista. La persona que se dedica en serio a la bicicleta es porque tiene una tara, una tara en la cabeza. Y pensaba que yo también la tenía. No es normal que pases el día sufriendo en la bici, que llueva, que te caigas, que te hagas daño, y sigas allí. Yo pensaba «No, no, yo no estoy bien». Y entonces miraba a los que tenía alrededor en el pelotón y pensaba que estos también tienen una tara. O sea, como yo.-¿Recuerda taras de otros ciclistas?-No diré nombres, pero sí. Recuerdo a uno que se dedicaba a salir con una sábana por la noche en la carretera y asustar a los conductores. Luego hablabas con él y era normal, o sea, no lo sabía nadie.-Una tara, sí…-Pero no solo en el ciclismo. Las gimnastas que yo veía en los Juegos del Mediterráneo en Marruecos. Yo me ponía ciego comiendo espaguetis como loco y las veía en el comedor de la villa con un simple yogur. Y se iban otra vez a entrenar y yo me decía «no puede ser». Algo no funciona. Me voy a dedicar no sé cuántos años a entrenar dando saltos, a romperme esto y aquello y a comer un yogurcito al mediodía para seguir entrenando… Sí, en otros deportes también hay taras.«Recuerdo un ciclista que se dedicaba a salir con una sábana por la noche en la carretera y asustar a los conductores; luego hablabas con él y era normal»-¿Cuándo se sintió una estrella?-Conscientemente te llega poco a poco, pero quizás cuando gané la Vuelta al País Vasco en 1985, en mi segundo año de profesional. Noté que me volvía gilipollas…-¿En qué lo notó?-Te vuelves idiota con la fama y eso se nota con el tiempo, no en el momento. Abandonas a la gente que tienes cerca, ves que puedes influir en decisiones, dejas a la persona que quieres porque te das cuenta que todo el mundo te viene a saludar, a alabar, a adorar casi. Dejas de lado cosas que son de tu vida, de tu ser natural. -¿Se volvió un vinagre?-No. eso no. Yo intenté estar con los pies en el suelo, a pesar de que me volví bobo. Lo que nunca perdí fue el trato hacia el público. Siempre tuve mucho cuidado, siempre pensé que si voy a la salida de una etapa y me piden autógrafos, me armo de tranquilidad y dedico 20 minutos a la gente que está esperándote.-¿A qué deportista ve que no se vuelve idiota?-Hay que vivirlo de cerca para opinar con conocimiento… Veo a Alcaraz y pienso que parece normal, natural. En el ciclismo veo a Pogacar que lo gana todo y sigue siendo una persona que se divierte con lo que hace. Cuando le vengan mal dadas, entonces veremos si su cara sigue igual. El ciclismo es un deporte salvaje, puedes estar en lo más alto, ser una estrella, y de repente te descuelgas en un puerto y no eres nadie. En el fútbol si no juegas bien, estás protegido por 10 más, no se te nota tanto.«Veo a Pogacar que lo gana todo y sigue siendo una persona que se divierte con lo que hace; cuando le vengan mal dadas, veremos si su cara sigue igual»-Convivió con grandes nombres, Hinault, Fignon, Induráin. ¿Cómo eran?-Hinault era un auténtico capo, que dominaba, mandaba, tenía al pelotón a raya. Decía «no quiero que se ataque» y a lo mejor yo atacaba y pensaba «¿por qué me va a decir este que no ataque?«. Entonces se te acercaba, te enfilaba, te miraba con cara de mala leche y te hacía pensar »hostia, voy a obedecer a éste porque si no me la cargo». Miguel Indurain era, es lo máximo. Han pasado los años y ha demostrado ser un señor que se dedicó al deporte y que lo hizo con una calidad abrumadora porque lo ganaba todo, pero sobre todo con una calidad humana, que es lo difícil. Fignon es mi ciclista más admirado. Un tipo inteligente, culto, se sabía comportar, tenía una calidad inmensa y un carácter potente. Se veía en él como algo negativo, pero me gusta ese carácter. La gente que quiere quedar bien con todo el mundo y que aparenta ser amable siempre, me provoca desconfianza. Fignon me decía : «No me gusta estar todo el día con periodistas, un rato sí, pero nada más». Y como compartíamos habitación, yo le decía: «montas en bicicleta y no te gusta estar con la prensa o los aficionados, entonces dedícate al cicloturismo». Y me miraba así como diciendo, «me estás tomando el pelo.» Y yo, «no, no, te lo digo muy en serio. ¿Quieres seguir disfrutando del ciclismo? Pero no te van a pagar.» Y entonces se quedaba pensando y decía, «pues este cabrón español tiene razón». Tenía una conversación interesante y brillante. Me encantaba.-¿Y de Manolo Saiz qué cuenta?-Lo conocí cuando era un jovencito que empezaba, había dirigido a la selección juvenil, que era un puesto pequeñito. Había estudiado INEF y tenía una preparación de serie, que no era solo dar pedales y echar horas en la carretera. Pero llegó como elefante en cacharrería, queriendo desbancar a los popes, los directores consagrados, Mínguez, Echávarri. Había corredores en la Once que eran mayores que él, como Pedro Muñoz. Había un pique permanente. Los corredores que llevaban muchos años pensaban «te vamos a enseñar nosotros». Pero él impuso sus formas.borja luna-¿Cómo hubiera asumido usted el pinganillo?-No solo el pinganillo. En el ciclismo actual, eso de que te tengan controlado lo que comes, pesadas las proteínas, el bidón con la cantidad de agua que te van a dar en el kilómetro 35, etc, me parece un sacrificio tremendo para el deportista. Lo del pinganillo lo dije hace años: está matando el ciclismo. Quita emoción, lo hace previsible, no habrá sorpresas. Está todo calculado, los directores saben a qué velocidad tienen que ir para anular la escapada a 5 km de meta. Soy partidario de que los ciclistas hagan sus locuras, que animen al espectador. Por suerte ahora hay unos cuantos corredores, Pogacar, Van der Poel, Remco, que hacen las etapas divertidas. -¿El ciclismo se corrompió cuando los médicos ganaron más dinero que las figuras?-Fue así. Se creó una idea de que los resultados no dependían de la calidad del ciclista, de su entrenamiento, sino de lo que podía aportar un médico. Y eso me parecía terrible. Estoy un poco desconectado, pero dudo mucho que ahora pase eso.«Hinault era un auténtico capo que mandaba, ordenaba, tenía al pelotón a raya. Si no le hacías caso, te enfilaba y te miraba con una cara…»-En algún momento elogió a Eufemiano Fuentes como un gran psicólogo… Pero él le ha hecho mucho daño al ciclismo y a otros deportes.-Al ciclismo le han hecho mucho daño muchas más personas, también Eufemiano. No lo elogié. Me pareció injusto que se creara un estigma solo contra una persona. Se harían las cosas muy mal, pero todos lo hacían, no tiene por qué ser el único apestado. Yo le conocí en una época en que había un problema: cobraba más que los mejores corredores. Supongo que el éxito que tuvo en el pelotón le hizo volverse gilipollas. Eso de que sus corredores ganaran con las ayudas que fuera… Solo le conocí al principio, luego nunca volví a coincidir con él.-¿Hubo algún ciclista limpio?-Sí, claro. Yo creo que la mayoría. El ciclismo siempre ha tenido la fama, por la cultura que había de los suplementos. Se podían tomar medicinas más o menos prohibidas, en el límite, pero el personal no estaba ahí todo el día dándole, como los viciosos en la calle. Esto es como lo de la cocaína, unos dicen, «yo tomo una vez al mes» y otros «yo solo me meto una rayita» y están todo el día. En el ciclismo habría los viciosos, los que lo llevaban culturalmente, y muchos otros, la mayoría, que no, que si algún día tomaban algún extra que podía rozar la legalidad, lo hacían pues porque no les quedaba más remedio viendo lo que había alrededor.«Al ciclismo le han hecho daño muchas personas. Me pareció injusto que se creara un estigma solo contra Eufemiano»-¿Por qué se enfadaron Perico Delgado y usted? Compañeros, amigos y luego no se hablan…-A ver, cuando él llegó al equipo Orbea, yo acepté que si le tenía que ayudar le ayudaba. Éramos amigos, a pesar de que me atacó en una Vuelta en Panticosa y también en aquella etapa del Tour que ganó en Luz Ardiden. Yo se lo decía a Perurena, que era el director, y me contestaba que es parte del ciclismo. Pero luego vi que seguía haciendo las mismas cosas fuera del ciclismo, como cuando estábamos los dos en Televisión Española. Ya se ha visto. Por TVE han pasado casi todos los ciclistas comentando etapas, menos yo. ¿Por qué es? No creo que por Carlos de Andrés. Pero bueno, que esto es una tontería comparado con lo que pasa en la vida real, cada día.-Ha sido polifacético. Ciclista, comentarista, jefe de prensa del Festina, escritor, participante en realitys, viajero.. Un deportista atípico.-Madre mía, es verdad que he hecho un montón de cosas. Y trabajé para el Tour también. Y estuve en un ‘reality’ patinando sobre hielo. Me he movido, sí, me he movido.borja luna-¿Y cómo fue lo de viajar solo en bici por América o Asia?-Yo también me lo pregunto. A veces pienso ¿pero qué carajo hacía yo en el norte de Nicaragua? Que incluso en Managua me decían, «no vaya usted allí, no vaya solo con su bicicleta, que lo van a asaltar». Yo creo que tenía tal aspecto de desastre que hasta los malos pensaban que no me debían atacar, ja, ja, ja. He viajado solo a Vietnam, Malasia, Camboya, México, Nicaragua, la Patagonia chilena. No encontraba a nadie que me acompañara… Ahora pienso: «Si me llego a caer y me doy un golpe en la cabeza, nadie me ve, no se entera nadie que estoy aquí tirado». En el último viaje a Asia mi mujer me obligó a llevar una tablet y llamarla cada día. Ahora ya, como mucho, hago la Ruta de la Plata.-No le veo en las típicas reuniones de exciclistas contando batallitas…-No hago mucho, no. Me cuesta, me cuesta. Es por pereza, pero luego me hace una ilusión tremenda encontrarme con ciclistas. Estuve en el homenaje memorial Alberto Fernández en Aguilar de Campoo y fue emocionante. Me partía con las batallitas que contaba Guti, el cántabro. Vino también Eric Caritoux, que le ganó la Vuelta a Alberto por unos segundos.-¿Le queda algo por hacer?-La edad también va limitando las cosas. Sigo teniendo mi gusto por la naturaleza, por el monte y por el mar.
A la hora concertada, Pello Ruiz Cabestany (San Sebastián, 63 años) aparece al otro lado de la pantalla del ordenador con la sonrisa embaucadora que le dio fama. El exciclista polifacético saluda y, expansivo como es, inaugura una extensa charla sobre cualquier tema. El ciclismo … no es el único hilo que ha movido su vida, pues ha ejercido como comentarista, empleado del Tour, jefe de prensa, protagonista de ‘realities’, tertuliano, conferenciante, escritor… Tampoco ahora el ciclismo es su asidero, cuarenta años después de su gran éxito en el Tour, una etapa en Evreux.
-¿En qué fase de su vida está?
-En la fase de parar, de dejar atrás todo ese ajetreo que viví después de correr en bici. He trabajado en muchas cosas y estoy en la fase de escribir, casi por obligación, porque me quedé en el paro.
-¿Está escribiendo un libro?
-Ya lo he terminado. He estado mucho tiempo, casi dos años. Soy un chapas y me pongo a escribir y no paro, se me da mejor escribir que hablar. El editor me ha dicho que hay que reducir texto, que la gente ya no lee libros tan largos. Y me da pena quitar cosas.
-¿De qué va el libro?
-De un chaval que empieza a correr en bicicleta en San Sebastián en los años 80 y que se llama Pello, ja, ja, ja.
-Otra autobiografía…
-No me gusta decir eso, pero sí es autobiográfico. Es la historia de ese chaval que apareció en el ciclismo que en España empezaba a explotar, con la primera Vuelta a España con televisión en directo. Yo había tenido historias en el País Vasco, lo que se vivía aquí en aquella época, y la bicicleta me sirvió como escapatoria. El ciclismo en España estaba en su apogeo, de hecho mucha gente me lo recuerda y lo ves en las redes sociales. A mí me dicen «joder, me acuerdo más de aquellos corredores que de los actuales».
«En ese País Vasco estaba ETA y había un ambiente de violencia; la bicicleta me sirvió como huida»
-¿No veía futuro en ese País Vasco dinamitado por ETA?
-No mucho. Estaba ETA y había un ambiente de violencia. Yo lo veía como algo habitual porque nací aquí, y viví con ese entorno en el que también había una vida normal. O sea, la gente trabajaba, hacía deporte, pero claro había una situación muy difícil y con la que había que convivir. Y gracias a la bicicleta y a que destaqué, me metí en la burbuja del ciclismo. Una burbuja que te separaba de ese otro mundo de violencia. En un capítulo lo he llamado ‘El elefante en la habitación’, se entiende lo que había. En los equipos no se hablaba de esas cosas, simplemente era deporte, la gente tiene que vivir. La bicicleta me sirvió como huida, aunque también hubo aspectos personales.
-¿Cuáles?
-Pues era tiempo de decepciones amorosas. Porque eres un ser humano y yo estaba colado con una chica y ella me pegó calabazas y me dejó con un complejo de feo… Y me dije, ¿qué me queda? Pues dar a los pedales.
-Motivaciones poco habituales para ser ciclista…
-Es un poco de eso y también hay una premisa que he pensado siempre del ciclista. La persona que se dedica en serio a la bicicleta es porque tiene una tara, una tara en la cabeza. Y pensaba que yo también la tenía. No es normal que pases el día sufriendo en la bici, que llueva, que te caigas, que te hagas daño, y sigas allí. Yo pensaba «No, no, yo no estoy bien». Y entonces miraba a los que tenía alrededor en el pelotón y pensaba que estos también tienen una tara. O sea, como yo.
-¿Recuerda taras de otros ciclistas?
-No diré nombres, pero sí. Recuerdo a uno que se dedicaba a salir con una sábana por la noche en la carretera y asustar a los conductores. Luego hablabas con él y era normal, o sea, no lo sabía nadie.
-Una tara, sí…
-Pero no solo en el ciclismo. Las gimnastas que yo veía en los Juegos del Mediterráneo en Marruecos. Yo me ponía ciego comiendo espaguetis como loco y las veía en el comedor de la villa con un simple yogur. Y se iban otra vez a entrenar y yo me decía «no puede ser». Algo no funciona. Me voy a dedicar no sé cuántos años a entrenar dando saltos, a romperme esto y aquello y a comer un yogurcito al mediodía para seguir entrenando… Sí, en otros deportes también hay taras.
«Recuerdo un ciclista que se dedicaba a salir con una sábana por la noche en la carretera y asustar a los conductores; luego hablabas con él y era normal»
-¿Cuándo se sintió una estrella?
-Conscientemente te llega poco a poco, pero quizás cuando gané la Vuelta al País Vasco en 1985, en mi segundo año de profesional. Noté que me volvía gilipollas…
-¿En qué lo notó?
-Te vuelves idiota con la fama y eso se nota con el tiempo, no en el momento. Abandonas a la gente que tienes cerca, ves que puedes influir en decisiones, dejas a la persona que quieres porque te das cuenta que todo el mundo te viene a saludar, a alabar, a adorar casi. Dejas de lado cosas que son de tu vida, de tu ser natural.
-¿Se volvió un vinagre?
-No. eso no. Yo intenté estar con los pies en el suelo, a pesar de que me volví bobo. Lo que nunca perdí fue el trato hacia el público. Siempre tuve mucho cuidado, siempre pensé que si voy a la salida de una etapa y me piden autógrafos, me armo de tranquilidad y dedico 20 minutos a la gente que está esperándote.
-¿A qué deportista ve que no se vuelve idiota?
-Hay que vivirlo de cerca para opinar con conocimiento… Veo a Alcaraz y pienso que parece normal, natural. En el ciclismo veo a Pogacar que lo gana todo y sigue siendo una persona que se divierte con lo que hace. Cuando le vengan mal dadas, entonces veremos si su cara sigue igual. El ciclismo es un deporte salvaje, puedes estar en lo más alto, ser una estrella, y de repente te descuelgas en un puerto y no eres nadie. En el fútbol si no juegas bien, estás protegido por 10 más, no se te nota tanto.
«Veo a Pogacar que lo gana todo y sigue siendo una persona que se divierte con lo que hace; cuando le vengan mal dadas, veremos si su cara sigue igual»
-Convivió con grandes nombres, Hinault, Fignon, Induráin. ¿Cómo eran?
-Hinault era un auténtico capo, que dominaba, mandaba, tenía al pelotón a raya. Decía «no quiero que se ataque» y a lo mejor yo atacaba y pensaba «¿por qué me va a decir este que no ataque?«. Entonces se te acercaba, te enfilaba, te miraba con cara de mala leche y te hacía pensar »hostia, voy a obedecer a éste porque si no me la cargo». Miguel Indurain era, es lo máximo. Han pasado los años y ha demostrado ser un señor que se dedicó al deporte y que lo hizo con una calidad abrumadora porque lo ganaba todo, pero sobre todo con una calidad humana, que es lo difícil. Fignon es mi ciclista más admirado. Un tipo inteligente, culto, se sabía comportar, tenía una calidad inmensa y un carácter potente. Se veía en él como algo negativo, pero me gusta ese carácter. La gente que quiere quedar bien con todo el mundo y que aparenta ser amable siempre, me provoca desconfianza. Fignon me decía: «No me gusta estar todo el día con periodistas, un rato sí, pero nada más». Y como compartíamos habitación, yo le decía: «montas en bicicleta y no te gusta estar con la prensa o los aficionados, entonces dedícate al cicloturismo». Y me miraba así como diciendo, «me estás tomando el pelo.» Y yo, «no, no, te lo digo muy en serio. ¿Quieres seguir disfrutando del ciclismo? Pero no te van a pagar.» Y entonces se quedaba pensando y decía, «pues este cabrón español tiene razón». Tenía una conversación interesante y brillante. Me encantaba.
-¿Y de Manolo Saiz qué cuenta?
-Lo conocí cuando era un jovencito que empezaba, había dirigido a la selección juvenil, que era un puesto pequeñito. Había estudiado INEF y tenía una preparación de serie, que no era solo dar pedales y echar horas en la carretera. Pero llegó como elefante en cacharrería, queriendo desbancar a los popes, los directores consagrados, Mínguez, Echávarri. Había corredores en la Once que eran mayores que él, como Pedro Muñoz. Había un pique permanente. Los corredores que llevaban muchos años pensaban «te vamos a enseñar nosotros». Pero él impuso sus formas.
-¿Cómo hubiera asumido usted el pinganillo?
-No solo el pinganillo. En el ciclismo actual, eso de que te tengan controlado lo que comes, pesadas las proteínas, el bidón con la cantidad de agua que te van a dar en el kilómetro 35, etc, me parece un sacrificio tremendo para el deportista. Lo del pinganillo lo dije hace años: está matando el ciclismo. Quita emoción, lo hace previsible, no habrá sorpresas. Está todo calculado, los directores saben a qué velocidad tienen que ir para anular la escapada a 5 km de meta. Soy partidario de que los ciclistas hagan sus locuras, que animen al espectador. Por suerte ahora hay unos cuantos corredores, Pogacar, Van der Poel, Remco, que hacen las etapas divertidas.
-¿El ciclismo se corrompió cuando los médicos ganaron más dinero que las figuras?
-Fue así. Se creó una idea de que los resultados no dependían de la calidad del ciclista, de su entrenamiento, sino de lo que podía aportar un médico. Y eso me parecía terrible. Estoy un poco desconectado, pero dudo mucho que ahora pase eso.
«Hinault era un auténtico capo que mandaba, ordenaba, tenía al pelotón a raya. Si no le hacías caso, te enfilaba y te miraba con una cara…»
-En algún momento elogió a Eufemiano Fuentes como un gran psicólogo… Pero él le ha hecho mucho daño al ciclismo y a otros deportes.
-Al ciclismo le han hecho mucho daño muchas más personas, también Eufemiano. No lo elogié. Me pareció injusto que se creara un estigma solo contra una persona. Se harían las cosas muy mal, pero todos lo hacían, no tiene por qué ser el único apestado. Yo le conocí en una época en que había un problema: cobraba más que los mejores corredores. Supongo que el éxito que tuvo en el pelotón le hizo volverse gilipollas. Eso de que sus corredores ganaran con las ayudas que fuera… Solo le conocí al principio, luego nunca volví a coincidir con él.
-¿Hubo algún ciclista limpio?
-Sí, claro. Yo creo que la mayoría. El ciclismo siempre ha tenido la fama, por la cultura que había de los suplementos. Se podían tomar medicinas más o menos prohibidas, en el límite, pero el personal no estaba ahí todo el día dándole, como los viciosos en la calle. Esto es como lo de la cocaína, unos dicen, «yo tomo una vez al mes» y otros «yo solo me meto una rayita» y están todo el día. En el ciclismo habría los viciosos, los que lo llevaban culturalmente, y muchos otros, la mayoría, que no, que si algún día tomaban algún extra que podía rozar la legalidad, lo hacían pues porque no les quedaba más remedio viendo lo que había alrededor.
«Al ciclismo le han hecho daño muchas personas. Me pareció injusto que se creara un estigma solo contra Eufemiano»
-¿Por qué se enfadaron Perico Delgado y usted? Compañeros, amigos y luego no se hablan…
-A ver, cuando él llegó al equipo Orbea, yo acepté que si le tenía que ayudar le ayudaba. Éramos amigos, a pesar de que me atacó en una Vuelta en Panticosa y también en aquella etapa del Tour que ganó en Luz Ardiden. Yo se lo decía a Perurena, que era el director, y me contestaba que es parte del ciclismo. Pero luego vi que seguía haciendo las mismas cosas fuera del ciclismo, como cuando estábamos los dos en Televisión Española. Ya se ha visto. Por TVE han pasado casi todos los ciclistas comentando etapas, menos yo. ¿Por qué es? No creo que por Carlos de Andrés. Pero bueno, que esto es una tontería comparado con lo que pasa en la vida real, cada día.
-Ha sido polifacético. Ciclista, comentarista, jefe de prensa del Festina, escritor, participante en realitys, viajero.. Un deportista atípico.
-Madre mía, es verdad que he hecho un montón de cosas. Y trabajé para el Tour también. Y estuve en un ‘reality’ patinando sobre hielo. Me he movido, sí, me he movido.
-¿Y cómo fue lo de viajar solo en bici por América o Asia?
-Yo también me lo pregunto. A veces pienso ¿pero qué carajo hacía yo en el norte de Nicaragua? Que incluso en Managua me decían, «no vaya usted allí, no vaya solo con su bicicleta, que lo van a asaltar». Yo creo que tenía tal aspecto de desastre que hasta los malos pensaban que no me debían atacar, ja, ja, ja. He viajado solo a Vietnam, Malasia, Camboya, México, Nicaragua, la Patagonia chilena. No encontraba a nadie que me acompañara… Ahora pienso: «Si me llego a caer y me doy un golpe en la cabeza, nadie me ve, no se entera nadie que estoy aquí tirado». En el último viaje a Asia mi mujer me obligó a llevar una tablet y llamarla cada día. Ahora ya, como mucho, hago la Ruta de la Plata.
-No le veo en las típicas reuniones de exciclistas contando batallitas…
-No hago mucho, no. Me cuesta, me cuesta. Es por pereza, pero luego me hace una ilusión tremenda encontrarme con ciclistas. Estuve en el homenaje memorial Alberto Fernández en Aguilar de Campoo y fue emocionante. Me partía con las batallitas que contaba Guti, el cántabro. Vino también Eric Caritoux, que le ganó la Vuelta a Alberto por unos segundos.
-¿Le queda algo por hacer?
-La edad también va limitando las cosas. Sigo teniendo mi gusto por la naturaleza, por el monte y por el mar.
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