Perseverance encuentra la ‘despensa’ de las primeras bacterias que pudieron vivir en Marte

El planeta rojo no deja de sorprendernos. Y cuando ya creíamos que lo habíamos visto todo en el desolado paisaje del cráter Jezero, el rover Perseverance de la NASA acaba de enviar a la Tierra una serie de datos inéditos y, desde luego, impactantes. Desde que aterrizó hace ya cinco años, el 18 de febrero de 2021, este laboratorio rodante del tamaño de un coche ha estado buscando sin descanso las huellas de un pasado habitable . Sabemos que, hace más de 3.000 millones de años, un caudaloso río fluía por lo que hoy conocemos como Neretva Vallis, y que ese río desembocaba en un inmenso lago. Y ahora, en el interior de las rocas de ese antiguo lecho fluvial, Perseverance se ha topado con un tesoro químico inesperado: concentraciones de níquel en unas proporciones nunca antes vistas o, dicho de otra manera la posible ‘despensa’ de las primeras bacterias que pudieron vivir allí.La investigación acaba de publicarse en ‘ Nature Communications ‘. Bajo la dirección del investigador Henry Manelski, los investigadores han analizado minuciosamente 126 rocas sedimentarias y 8 superficies rocosas en Neretva Vallis. Para lo cual utilizaron al completo la ‘artillería’ tecnológica del rover: su potente láser de precisión y sus espectrómetros de rayos X e infrarrojos. El resultado fue la detección de níquel en 32 de esas rocas, con concentraciones que alcanzan hasta el 1,1% de su peso. «Es la mayor abundancia observada en el lecho rocoso marciano hasta la fecha», subrayan los autores en su estudio.La importancia del níquelLa clave del hallazgo, sin embargo, no se centra sólo en el níquel, sino en su ‘compañía’. De hecho, los instrumentos han revelado que este metal tiende a aparecer junto a compuestos de sulfuro de hierro y minerales de sulfato, como la jarosita y la akaganeíta, producidos por la paulatina descomposición de estas mismas rocas marcianas.Y aquí es donde salta la sorpresa, porque en la Tierra, la inmensa mayoría de los sulfuros de hierro presentes en sedimentos no se forman por una simple casualidad geofísica. Son el producto directo de la vida. En concreto, nacen de la respiración anaeróbica de microorganismos. Mientras que nosotros respiramos oxígeno, estas bacterias primigenias ‘respiran’ utilizando sulfatos en presencia de minerales de hierro para obtener energía, y en el proceso, generan estos sulfuros.Noticia relacionada No No Descubren un sistema planetario que nació ‘al revés’ José Manuel NievesEstudios anteriores ya habían detectado estos mismos sulfuros de hierro en Neretva Vallis, y lo que es más intrigante, conviviendo con compuestos de carbono orgánico. En su momento, se propuso que estos ‘ladrillos de la vida’ podrían haber sido formados por organismos biológicos . Sin embargo, en Ciencia hay que ser extremadamente rigurosos y evitar sacar conclusiones precipitadas. Por eso, Manelski y sus colegas advierten con cautela de que estas combinaciones podrían, también, ser el resultado «de reacciones que no involucran a organismos vivos», y subrayan que «nuestra investigación actual no proporciona evidencias de la existencia de dichos organismos».Preparado para la vidaNo obstante, y de eso no cabe duda, si efectivamente hubo vida allí, el escenario estaba preparado para ella. Porque el níquel no es un metal cualquiera, sino un componente absolutamente esencial para las enzimas de muchas especies de arqueas y bacterias primitivas terrestres, que lo necesitan como el aire para procesos vitales como la generación de energía, la fijación de carbono o la descomposición de materia orgánica. Por eso, los investigadores sugieren que la presencia de estas rocas nos indica que, «si hubo organismos vivos en el Marte primitivo, el níquel podría haber estado disponible en una forma que podrían haber utilizado». En otras palabras: había alimento en la despensa.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Artemis II: volver a la Luna medio siglo después noticia No El español clave para llegar al satélite¿Pero de dónde salió todo este níquel? Los científicos barajan dos grandes posibilidades: o bien procede de la lenta descomposición de antiguas rocas volcánicas, o fue traído desde el espacio profundo por el impacto de un meteorito. Como concluyen los autores, se necesita más investigación para establecer las posibles conexiones entre este metal y la materia orgánica del lugar. La ciencia avanza paso a paso. Y aunque aún no tenemos la prueba definitiva, la foto del Marte primitivo está cada vez más enfocada. Hace miles de millones de años fue un mundo cálido, con agua líquida y con todos los ingredientes químicos, incluido el níquel, para albergar vida. El sueño de encontrarla continúa. El planeta rojo no deja de sorprendernos. Y cuando ya creíamos que lo habíamos visto todo en el desolado paisaje del cráter Jezero, el rover Perseverance de la NASA acaba de enviar a la Tierra una serie de datos inéditos y, desde luego, impactantes. Desde que aterrizó hace ya cinco años, el 18 de febrero de 2021, este laboratorio rodante del tamaño de un coche ha estado buscando sin descanso las huellas de un pasado habitable . Sabemos que, hace más de 3.000 millones de años, un caudaloso río fluía por lo que hoy conocemos como Neretva Vallis, y que ese río desembocaba en un inmenso lago. Y ahora, en el interior de las rocas de ese antiguo lecho fluvial, Perseverance se ha topado con un tesoro químico inesperado: concentraciones de níquel en unas proporciones nunca antes vistas o, dicho de otra manera la posible ‘despensa’ de las primeras bacterias que pudieron vivir allí.La investigación acaba de publicarse en ‘ Nature Communications ‘. Bajo la dirección del investigador Henry Manelski, los investigadores han analizado minuciosamente 126 rocas sedimentarias y 8 superficies rocosas en Neretva Vallis. Para lo cual utilizaron al completo la ‘artillería’ tecnológica del rover: su potente láser de precisión y sus espectrómetros de rayos X e infrarrojos. El resultado fue la detección de níquel en 32 de esas rocas, con concentraciones que alcanzan hasta el 1,1% de su peso. «Es la mayor abundancia observada en el lecho rocoso marciano hasta la fecha», subrayan los autores en su estudio.La importancia del níquelLa clave del hallazgo, sin embargo, no se centra sólo en el níquel, sino en su ‘compañía’. De hecho, los instrumentos han revelado que este metal tiende a aparecer junto a compuestos de sulfuro de hierro y minerales de sulfato, como la jarosita y la akaganeíta, producidos por la paulatina descomposición de estas mismas rocas marcianas.Y aquí es donde salta la sorpresa, porque en la Tierra, la inmensa mayoría de los sulfuros de hierro presentes en sedimentos no se forman por una simple casualidad geofísica. Son el producto directo de la vida. En concreto, nacen de la respiración anaeróbica de microorganismos. Mientras que nosotros respiramos oxígeno, estas bacterias primigenias ‘respiran’ utilizando sulfatos en presencia de minerales de hierro para obtener energía, y en el proceso, generan estos sulfuros.Noticia relacionada No No Descubren un sistema planetario que nació ‘al revés’ José Manuel NievesEstudios anteriores ya habían detectado estos mismos sulfuros de hierro en Neretva Vallis, y lo que es más intrigante, conviviendo con compuestos de carbono orgánico. En su momento, se propuso que estos ‘ladrillos de la vida’ podrían haber sido formados por organismos biológicos . Sin embargo, en Ciencia hay que ser extremadamente rigurosos y evitar sacar conclusiones precipitadas. Por eso, Manelski y sus colegas advierten con cautela de que estas combinaciones podrían, también, ser el resultado «de reacciones que no involucran a organismos vivos», y subrayan que «nuestra investigación actual no proporciona evidencias de la existencia de dichos organismos».Preparado para la vidaNo obstante, y de eso no cabe duda, si efectivamente hubo vida allí, el escenario estaba preparado para ella. Porque el níquel no es un metal cualquiera, sino un componente absolutamente esencial para las enzimas de muchas especies de arqueas y bacterias primitivas terrestres, que lo necesitan como el aire para procesos vitales como la generación de energía, la fijación de carbono o la descomposición de materia orgánica. Por eso, los investigadores sugieren que la presencia de estas rocas nos indica que, «si hubo organismos vivos en el Marte primitivo, el níquel podría haber estado disponible en una forma que podrían haber utilizado». En otras palabras: había alimento en la despensa.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Artemis II: volver a la Luna medio siglo después noticia No El español clave para llegar al satélite¿Pero de dónde salió todo este níquel? Los científicos barajan dos grandes posibilidades: o bien procede de la lenta descomposición de antiguas rocas volcánicas, o fue traído desde el espacio profundo por el impacto de un meteorito. Como concluyen los autores, se necesita más investigación para establecer las posibles conexiones entre este metal y la materia orgánica del lugar. La ciencia avanza paso a paso. Y aunque aún no tenemos la prueba definitiva, la foto del Marte primitivo está cada vez más enfocada. Hace miles de millones de años fue un mundo cálido, con agua líquida y con todos los ingredientes químicos, incluido el níquel, para albergar vida. El sueño de encontrarla continúa.  

El planeta rojo no deja de sorprendernos. Y cuando ya creíamos que lo habíamos visto todo en el desolado paisaje del cráter Jezero, el rover Perseverance de la NASA acaba de enviar a la Tierra una serie de datos inéditos y, desde luego, impactantes. Desde … que aterrizó hace ya cinco años, el 18 de febrero de 2021, este laboratorio rodante del tamaño de un coche ha estado buscando sin descanso las huellas de un pasado habitable. Sabemos que, hace más de 3.000 millones de años, un caudaloso río fluía por lo que hoy conocemos como Neretva Vallis, y que ese río desembocaba en un inmenso lago. Y ahora, en el interior de las rocas de ese antiguo lecho fluvial, Perseverance se ha topado con un tesoro químico inesperado: concentraciones de níquel en unas proporciones nunca antes vistas o, dicho de otra manera la posible ‘despensa’ de las primeras bacterias que pudieron vivir allí.

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