Sobrino-nieto del último sha de Irán, Pierre Pahlavi asegura que el régimen iraní está lejos de fracturarse, pese a que el liderazgo actual está debilitado Leer Sobrino-nieto del último sha de Irán, Pierre Pahlavi asegura que el régimen iraní está lejos de fracturarse, pese a que el liderazgo actual está debilitado Leer
Pierre Pahlavi (Teherán, 1972) es profesor en la escuela militar de Toronto y experto en geopolítica de Oriente Próximo. Su trabajo está centrado en su país de origen y en esta entrevista con EL MUNDO, analiza la falta de fisuras en el régimen iraní y la divergencia de objetivos en la ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel, que ha provocado la actual guerra regional. Pahlavi tiene la esperanza de que el último príncipe heredero de Irán, Reza Pahlavi, con quien comparte linaje –el último sha es su tío abuelo– pueda unir a la sociedad iraní y ofrecerles un futuro mejor, pese a que actualmente reside en el extranjero.
PREGUNTA. ¿Qué cree que buscan Estados Unidos e Israel con esta ofensiva?
RESPUESTA. Ambos buscan debilitar al régimen, pero sus objetivos estratégicos difieren. Estados Unidos apunta a la coerción, no al colapso, buscando obligar a Irán a hacer concesiones en su programa nuclear, sus capacidades balísticas y su postura regional. En la práctica, Washington parece estar ajustando la presión para forzar negociaciones, no para controlar las consecuencias de un colapso.
Israel, por el contrario, persigue un objetivo más maximalista: una transformación fundamental del régimen iraní y una reconfiguración del equilibrio de poder regional a su favor. Para el liderazgo israelí, la amenaza de Irán es existencial y a largo plazo, eso justifica una campaña más agresiva y sostenida.
P. ¿Qué estrategia predomina actualmente, cuando la guerra ha cumplido un mes?
R. Ambos actores pudieron haber esperado que la presión militar sostenida provocara una desestabilización interna, como se vio durante episodios anteriores de disturbios. Esto no se ha materializado. Como resultado, ahora observamos una divergencia en los plazos estratégicos: Estados Unidos parece favorecer la escalada controlada y las soluciones negociadas, mientras que Israel se está decantando por una lógica de desgaste a largo plazo: degradar sistemáticamente la estructura de mando, con la esperanza de que la presión acumulada acabe produciendo una ruptura política desde dentro.
P. A pesar de que Israel ha decapitado la cúpula de poder iraní en más de una ocasión, no se aprecian fisuras en el régimen. ¿Cuánto tiempo puede resistir la República Islámica?
R.El régimen iraní es a la vez frágil y resistente: esa es su principal paradoja. La estructura del régimen iraní está diseñada para sobrevivir a la decapitación de su liderazgo, con la Guardia Revolucionaria, las milicias Basij y los servicios de seguridad garantizando la continuidad, incluso bajo una presión externa. Además, el régimen ha mejorado significativamente sus capacidades de vigilancia digital, con apoyo tecnológico de China, lo que le permite monitorear y reprimir la disidencia antes de que pueda escalar.
P.¿En qué situación se podría producir un colapso real del actual Gobierno?
R. Para que se produzca se necesitarían tres condiciones: movilización popular masiva, una fragmentación de la élite y deserciones dentro del aparato de seguridad. Actualmente, ninguna de estas condiciones se ha dado por completo, y el régimen es muy eficaz impidiendo que converjan.
P. ¿Cree que el régimen actual está más militarizado y que la Guardia Revolucionaria ejerce más poder que el propio Líder Supremo?
R. Esta evolución es anterior a la guerra actual, pero ahora se está acelerando. Desde mediados de la década de 2000, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica ha expandido progresivamente su control sobre el aparato político y de seguridad. En la práctica, Irán está experimentando la transición de un sistema clerical a uno dominado por los militares. La guerra está reforzando esta tendencia.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica ahora domina sectores clave de la economía y ejerce una influencia decisiva en la toma de decisiones sobre seguridad nacional. En este contexto, el Líder Supremo aparece cada vez más como una figura alineada con la Guardia y dependiente de ella. Con el liderazgo actual debilitado, el equilibrio de poder se ha inclinado aún más, haciendo que el régimen esté más militarizado que nunca.
P. ¿Cómo definiría la estrategia de Irán, más allá de intentar sobrevivir a los ataques actuales?
R. La estrategia de Irán es fundamentalmente asimétrica. Consciente de que no puede prevalecer en una confrontación convencional con Estados Unidos e Israel, Irán recurre a herramientas híbridas: misiles, drones, operaciones cibernéticas y redes de aliados. Además, busca regionalizar el conflicto activando grupos aliados en todo Oriente Medio, transformando así una confrontación bilateral en una crisis difusa que abarca múltiples escenarios. Al mismo tiempo, Teherán ejerce presión económica, especialmente a través del estrecho de Ormuz, donde incluso una perturbación limitada puede generar crisis energéticas globales. El objetivo estratégico de Irán no es la victoria absoluta, sino la supervivencia: resistir la presión mientras aumenta los costos para sus adversarios.
P. ¿Cree que la oposición en Irán está dividida o que Reza Pahlavi cuenta con suficiente apoyo?
R. La oposición está profundamente fragmentada. Dentro de Irán, la represión y la vigilancia hacen que la organización sostenida sea prácticamente imposible. Fuera del país, los grupos de oposición están divididos por ideología, estrategia e incluso por visiones territoriales: algunos abogan por la unidad nacional, otros coquetean con el separatismo.
En ese panorama fragmentado, Reza Pahlavi emerge como una de las pocas figuras capaces de conectar a sectores internos y externos gracias a su reconocimiento de nombre y su posicionamiento relativamente unificador. Aunque sus posibilidades de éxito sigan siendo relativamente débiles, sobre todo porque segmentos importantes de la opinión pública occidental siguen recelosos del surgimiento de un orden post-teocrático y, paradójicamente, a veces están más inclinados a apoyar la resistencia del régimen contra Estados Unidos e Israel, a pesar de su historial bien documentado de represión.
Internacional // elmundo
