Raúl Chapado: «Hemos rozado la perfección competitiva»

Había una vez un atletismo español que viajaba a los grandes campeonatos con la maleta llena de ilusión y la cartera repleta de excusas. Aquellos tiempos parecen de otro siglo. En Torun, bajo techo polaco y sin demasiadas expectativas previas, España ha cerrado el Mundial ‘Indoor’ (ya nadie dice ‘short track’) con cinco medallas —un oro, dos platas y dos bronces— y un sexto puesto en el medallero global que sabe a caviar atlético. No es un milagro. Es el fruto lógico del trabajo de una generación que ha pasado de estar a ganar, de esconderse a brillar con descaro y sin artificio. «No soy de grandes euforias ni de grandes dramas, pero si tuviera que definir la actuación del equipo, diría que hemos rozado la perfección competitiva». Así, pletórico, resumía Raúl Chapado para ABC, aún desde Polonia, sus sensaciones nada más finalizar los campeonatos. El presidente de la Federación Española añadía que estamos ante una selección «con un ADN extraordinariamente competitivo y, además, con muchísimo talento. Lo más valioso es que, lejos de encogerse ante la dificultad, se crecen cuanto mayor es el reto».¿Por qué de repente esta transformación en nuestro atletismo? Por un lado hay que valorar la labor del seleccionador Pepe Peiró, un valenciano tranquilo, callado, que confecciona selecciones con la lógica aplastante de los resultados. Noticia relacionada opinion No No La sabiduría de Mariano García, un hombre del campo Ignacio RomoLos técnicos personales de los atletas, Rifaterra, Lorente, Puig, Calvo, Dreissigacker… son el siguiente eslabón de la cadena. Han sabido tener a sus atletas a punto exactamente en el día D, cuando se exige a los músculos su rendimiento máximo y el pico de forma competitiva. Pero hay un factor adicional, una suerte de efecto dominó, de contagio entre atletas. Cuando un deportista está en el calentamiento y ve a un compañero ganar una medalla se da cuenta enseguida de que es posible, de que no hay límites. La psicología, la motivación, la mentalización precompetitiva está funcionando como nunca en nuestra selección. Los atletas españoles han perdido el miedo.El caso es que España venía tocada. El pasado verano en el Estadio Vallehermoso los nuestros mostraron debilidad, estuvieron muy por debajo de lo esperado. Aquella fue una competición triste y los nuestros no compitieron bien ante sus rivales del continente. En Polonia, sin embargo, a pesar de estar en unos Mundiales, la España naranja de Chapado ha luchado con fe y ha superado las expectativas. Se viajaba a Torun con la idea de lograr dos medallas (Llopis y Attaoui) y han caído cinco en el baúl.«No es solo una cuestión de números, es actitud, valentía, ambición y acierto en las descisiones técnicas» Raúl Chapado Presidente de la RFEA«No es solo una cuestión de números», reflexiona el presidente. «Es una cuestión de actitud, de valentía, de ambición y también de acierto en las decisiones técnicas, asumiendo riesgos cuando era necesario para alcanzar el mejor resultado posible. Hoy el atletismo español no sólo compite al máximo nivel, sino que despierta admiración y se ha consolidado como un referente internacional». Cierto es que el Plan Nacional de Relevos, lanzado por Valentín Rocandio y dirigido ahora por Toni Puig, está mostrando inteligencia estratégica, dominio de las técnicas del cambio y resultados formidables.El protagonista absoluto lleva un nombre que rezuma clase y atletismo. De Mariano Haro hemos pasado a Mariano García . Es el primer doble campeón del mundo (800 metros en Belgrado’22, y 1.500, aquí). Un hombre de campo, con personalidad en la pista y que parece ser la reencarnación en una sola persona de José Luis González y Colomán Trabado. Los grandes del mediofondo (Coe, Ovett, Cram) siempre dominaron las dos distancias.El bronce del 4×400 femenino, la plata de Llopis en 60 m vallas y el bronce de Attaoui en 800 EFEY luego está ella. Blanca Hervás. La elegancia blanca. Ha corrido cinco carreras de 400 metros en 60 horas. Una brutalidad. Cinco esfuerzos en los que la acidez baña la musculatura sin apenas tiempo para recuperar. La velocista de Majadahonda tiene además esa virtud cinematográfica del suspense, de la chispa final. Recuerda a esas atletas que dejan huella no solo por el cronómetro, sino por la estética del trayecto y su culminación, llevando a su nación al podio. Deslizándose por la pista como quien flota, convirtiendo el esfuerzo en gesto bello. Con las mismas medallas que Blanca se marcha de Torun Paula Sevilla. Las balas naranjas ya no son una anécdota; son la nueva imagen del atletismo español: la fiabilidad en carrera y la alegría en la meta. Relevos que hace pocos años ni clasificaban para final hoy se suben al podio con descaro.Quique Llopis es otro grande de Polonia . Plata en 60 vallas en una final decidida por un suspiro. Agonía pura, concentración de cirujano. Ni un pestañeo. Y Moha Attaoui, bronce en 800 tras remontar en la final como quien sabe que el dolor es sólo un invitado pasajero. Ausencias notables —Jordan Díaz, María Vicente, Adrián Ben, Ana Peleteiro— no han sido excusa. Al contrario. Han demostrado que el equipo ya no depende de estrellas aisladas. Hay banquillo, hay mentalidad, hay estructura. España ya no viaja con miedo a la decepción. Viaja con ilusión y con clase. Torun ha sido el espejo de esa transformación: un equipo joven, descarado, lleno de vida, que corre porque se siente libre.El atletismo español ya no busca aplausos. Los exige. Y en Torun los ha conseguido a puñados. Mariano con su moto imaginaria celebrando, Blanca flotando en la recta final, Llopis mordiendo la valla, Attaoui rugiendo en la llegada. Imágenes que quedarán. Porque este no es un éxito aislado. Es la confirmación de una edad dorada que apenas empieza. Esta nueva generación no conoce el miedo. Había una vez un atletismo español que viajaba a los grandes campeonatos con la maleta llena de ilusión y la cartera repleta de excusas. Aquellos tiempos parecen de otro siglo. En Torun, bajo techo polaco y sin demasiadas expectativas previas, España ha cerrado el Mundial ‘Indoor’ (ya nadie dice ‘short track’) con cinco medallas —un oro, dos platas y dos bronces— y un sexto puesto en el medallero global que sabe a caviar atlético. No es un milagro. Es el fruto lógico del trabajo de una generación que ha pasado de estar a ganar, de esconderse a brillar con descaro y sin artificio. «No soy de grandes euforias ni de grandes dramas, pero si tuviera que definir la actuación del equipo, diría que hemos rozado la perfección competitiva». Así, pletórico, resumía Raúl Chapado para ABC, aún desde Polonia, sus sensaciones nada más finalizar los campeonatos. El presidente de la Federación Española añadía que estamos ante una selección «con un ADN extraordinariamente competitivo y, además, con muchísimo talento. Lo más valioso es que, lejos de encogerse ante la dificultad, se crecen cuanto mayor es el reto».¿Por qué de repente esta transformación en nuestro atletismo? Por un lado hay que valorar la labor del seleccionador Pepe Peiró, un valenciano tranquilo, callado, que confecciona selecciones con la lógica aplastante de los resultados. Noticia relacionada opinion No No La sabiduría de Mariano García, un hombre del campo Ignacio RomoLos técnicos personales de los atletas, Rifaterra, Lorente, Puig, Calvo, Dreissigacker… son el siguiente eslabón de la cadena. Han sabido tener a sus atletas a punto exactamente en el día D, cuando se exige a los músculos su rendimiento máximo y el pico de forma competitiva. Pero hay un factor adicional, una suerte de efecto dominó, de contagio entre atletas. Cuando un deportista está en el calentamiento y ve a un compañero ganar una medalla se da cuenta enseguida de que es posible, de que no hay límites. La psicología, la motivación, la mentalización precompetitiva está funcionando como nunca en nuestra selección. Los atletas españoles han perdido el miedo.El caso es que España venía tocada. El pasado verano en el Estadio Vallehermoso los nuestros mostraron debilidad, estuvieron muy por debajo de lo esperado. Aquella fue una competición triste y los nuestros no compitieron bien ante sus rivales del continente. En Polonia, sin embargo, a pesar de estar en unos Mundiales, la España naranja de Chapado ha luchado con fe y ha superado las expectativas. Se viajaba a Torun con la idea de lograr dos medallas (Llopis y Attaoui) y han caído cinco en el baúl.«No es solo una cuestión de números, es actitud, valentía, ambición y acierto en las descisiones técnicas» Raúl Chapado Presidente de la RFEA«No es solo una cuestión de números», reflexiona el presidente. «Es una cuestión de actitud, de valentía, de ambición y también de acierto en las decisiones técnicas, asumiendo riesgos cuando era necesario para alcanzar el mejor resultado posible. Hoy el atletismo español no sólo compite al máximo nivel, sino que despierta admiración y se ha consolidado como un referente internacional». Cierto es que el Plan Nacional de Relevos, lanzado por Valentín Rocandio y dirigido ahora por Toni Puig, está mostrando inteligencia estratégica, dominio de las técnicas del cambio y resultados formidables.El protagonista absoluto lleva un nombre que rezuma clase y atletismo. De Mariano Haro hemos pasado a Mariano García . Es el primer doble campeón del mundo (800 metros en Belgrado’22, y 1.500, aquí). Un hombre de campo, con personalidad en la pista y que parece ser la reencarnación en una sola persona de José Luis González y Colomán Trabado. Los grandes del mediofondo (Coe, Ovett, Cram) siempre dominaron las dos distancias.El bronce del 4×400 femenino, la plata de Llopis en 60 m vallas y el bronce de Attaoui en 800 EFEY luego está ella. Blanca Hervás. La elegancia blanca. Ha corrido cinco carreras de 400 metros en 60 horas. Una brutalidad. Cinco esfuerzos en los que la acidez baña la musculatura sin apenas tiempo para recuperar. La velocista de Majadahonda tiene además esa virtud cinematográfica del suspense, de la chispa final. Recuerda a esas atletas que dejan huella no solo por el cronómetro, sino por la estética del trayecto y su culminación, llevando a su nación al podio. Deslizándose por la pista como quien flota, convirtiendo el esfuerzo en gesto bello. Con las mismas medallas que Blanca se marcha de Torun Paula Sevilla. Las balas naranjas ya no son una anécdota; son la nueva imagen del atletismo español: la fiabilidad en carrera y la alegría en la meta. Relevos que hace pocos años ni clasificaban para final hoy se suben al podio con descaro.Quique Llopis es otro grande de Polonia . Plata en 60 vallas en una final decidida por un suspiro. Agonía pura, concentración de cirujano. Ni un pestañeo. Y Moha Attaoui, bronce en 800 tras remontar en la final como quien sabe que el dolor es sólo un invitado pasajero. Ausencias notables —Jordan Díaz, María Vicente, Adrián Ben, Ana Peleteiro— no han sido excusa. Al contrario. Han demostrado que el equipo ya no depende de estrellas aisladas. Hay banquillo, hay mentalidad, hay estructura. España ya no viaja con miedo a la decepción. Viaja con ilusión y con clase. Torun ha sido el espejo de esa transformación: un equipo joven, descarado, lleno de vida, que corre porque se siente libre.El atletismo español ya no busca aplausos. Los exige. Y en Torun los ha conseguido a puñados. Mariano con su moto imaginaria celebrando, Blanca flotando en la recta final, Llopis mordiendo la valla, Attaoui rugiendo en la llegada. Imágenes que quedarán. Porque este no es un éxito aislado. Es la confirmación de una edad dorada que apenas empieza. Esta nueva generación no conoce el miedo.  

Había una vez un atletismo español que viajaba a los grandes campeonatos con la maleta llena de ilusión y la cartera repleta de excusas. Aquellos tiempos parecen de otro siglo. En Torun, bajo techo polaco y sin demasiadas expectativas previas, España ha cerrado el Mundial ‘ … Indoor’ (ya nadie dice ‘short track’) con cinco medallas —un oro, dos platas y dos bronces— y un sexto puesto en el medallero global que sabe a caviar atlético. No es un milagro. Es el fruto lógico del trabajo de una generación que ha pasado de estar a ganar, de esconderse a brillar con descaro y sin artificio.

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