‘Trigger Point’ y ‘Delhi Crime’, terrorismo, codicia y prostitución 

Una imagen de 'Trigger Point: fuera de control'.

La tercera temporada de Trigger Point, la serie británica con los artificieros londinenses de la Policía Metropolitana como grandes protagonistas comandados por una impertérrita Vicky McClure, comienza, como no podría ser de otra manera, con una amenaza de bomba en un taxi abandonado, un pasajero aprisionado en su interior y una enigmática nota: “Confiesa o muere”. Será el primero de una serie de atentados con el denominador común de la demandada confesión.

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 Cabe resaltar cómo el sistema asimila y, después, rentabiliza lo que le ataca  

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Cabe resaltar cómo el sistema asimila y, después, rentabiliza lo que le ataca

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Ángel S. Harguindey

La tercera temporada de Trigger Point, la serie británica con los artificieros londinenses de la Policía Metropolitana como grandes protagonistas comandados por una impertérrita Vicky McClure, comienza, como no podría ser de otra manera, con una amenaza de bomba en un taxi abandonado, un pasajero aprisionado en su interior y una enigmática nota: “Confiesa o muere”. Será el primero de una serie de atentados con el denominador común de la demandada confesión.

Cabe resaltar cómo el sistema asimila y, después, rentabiliza lo que le ataca. Que el terrorismo es una de las mayores lacras en la actualidad resulta indiscutible, como lo es también la corrupción. Pues en la tercera temporada de Trigger Point, la serie creada por Jed Mercurio, responsable también de la excelente Line of Duty, se comprueba como el terrorismo y la corrupción son la base de una serie que conseguirá unos importantes beneficios para la compañía que la produjo. No es una crítica, es la constatación de que lo que perjudica puede llegar a ser rentable, sobre todo si hay talento y en las tres temporadas de los artificieros londinenses lo hay.

Las bombas son las responsables del terror y la codicia, de la corrupción. La habilidad de Daniel Brierley, su guionista, es conseguir unir ambos desastres en la trama: los diversos atentados que se producen a lo largo de los seis capítulos de la serie que exhibe Movistar Plus+ están vinculados con la desmedida ambición de una empresa.

En España se han realizado largometrajes y series sobre las tan mencionadas lacras sociales, pero, lamentablemente, la palma, en lo que a la corrupción se refiere, se la llevan diariamente los informativos. Al parecer el afán de enriquecimiento ilícito es irrefrenable.

Otra opción es contemplar la tercera temporada de Delhi Crimeen Netflix, la serie india protagonizada por Shefali Shah en el papel de la inspectora Vartika Chaturvedi y que se enfrentará a otro de los desastres de nuestra sociedad: la trata de mujeres con el fin de explotarlas sexualmente. Una serie que huye de complacerse en lo escabroso, pero que no rehúye la denuncia de una sociedad que permite con su pasividad el mantenimiento de este miserable negocio.

Para los que han visto las temporadas de Delhi Crime no les sorprende que la responsable de las investigaciones policiales sea una mujer. Es otra de las cualidades de las buenas series de ficción: cuestionar los tópicos.

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