El líder colombiano, que está junto a su familia en la lista de sanciones de EEUU desde octubre, busca reconstruir la relación bilateral en medio de una transformación geopolítica en la región Leer El líder colombiano, que está junto a su familia en la lista de sanciones de EEUU desde octubre, busca reconstruir la relación bilateral en medio de una transformación geopolítica en la región Leer
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha recibido este martes en la Casa Blanca al presidente colombiano, Gustavo Petro. La cita, el primer intento serio de reabrir puentes derribados, llega tras meses de choques, insultos cruzados en redes sociales, aranceles recíprocos, amenazas físicas e incluso de sanciones, después de que el Departamento del Tesoro castigara a Petro, su familia y colaboradores, a raíz de que éste participara en manifestaciones en las calles de Nueva York contra Benjamin Netanyahu y exhortara a los soldados estadounidenses a «desobedecer las órdenes de Trump y obedecer las órdenes de la humanidad», durante su última visita al país para asistir a la semana grande de Naciones Unidas.
«Ha sido una muy buena reunión«, ha dicho el norteamericano, horas después, restando importancia a los desencuentros anteriores. «Él y yo no éramos precisamente los mejores amigos, pero no me ofendió porque nunca lo había conocido. No lo conocía en absoluto. Nos hemos entendido muy bien. Y estamos trabajando en eso. También estamos trabajando en otras cosas, incluidas las sanciones», explicó desde el Despacho Oval, tras firmar la ley que permitirá reabrir al Gobierno federal tras unos días de cierre técnico.
«Hoy nace un camino, o mejor dicho se fortalece, porque nunca desapareció (…) He salido con un aire optimista y positivo», coincidió desde su embajada el presidente Petro, que en una entrevista radiofónica le dio «un nueve sobre 10» a la visita. «Me gustan lo gringos francos«, añadió antes de una comparecencia en la que habló sobre todo de sus obsesiones habituales y con su poético lenguaje. «Fue un encuentro sin humillaciones. Él me dijo ‘I like you’. Yo no comprendo mucho el inglés pero me comprometo a aprenderlo más adelante», bromeó el político explicando que ha pedido a EEUU que desclasifique todos los documentos que tengan sobre dos hechos históricos sangrientos de la historia de Colombia.
«Vi confusión alrededor de la realidad que acontece con el narcotráfico, la energía. Líneas diferentes de ver el problema. Algunas agresivas, otras menos. Mi primera frase cuando conocí al presidente Trump hoy por primera vez…. estábamos viendo las fotos de presidentes de EEUU, estaba Lincoln ahí, y mi frase fue sobre la libertad. Podemos ser muy diferentes, pero nos junta la libertad, y ahí empezó la conversación. Se puede hacer un pacto por la vida y la libertad, sobre eso nos podemos juntar (…) Cuando el presidente me regaló una gorra roja de Hacer América grande yo le puse una ‘s’ , hacer las Américas grandes. Y eso sólo se puede hacer desde el respeto a civilizaciones diferentes. Con un pacto por las vidas. Es un paso pequeño pero que distensiona la posibilidad de una gran hoguera humana en el corazón del mundo», ha añadido Petro en su habitual estilo retórico.
El encuentro tiene lugar, además, en medio de una transformación geopolítica sin precedentes en la región. Con Washington apelando a la Doctrina Donroe, una versión actualizada de la doctrina del siglo XIX del presidente Monroe. Con una guerra arancelaria y una escalada entre Ecuador y Colombia. Después de que Nicolás Maduro acabara en una prisión neoyorquina, su sucesora (Delcy Rodríguez) esté obedeciendo una tras otra las órdenes de Trump y en medio de una presión asfixiante sobre Cuba. Una presión a la que Colombia no es ajena. Estados Unidos suspendió recientemente toda su ayuda al país andino, una cantidad que con Joe Biden rozaba los 750 millones de dólares. Lo hizo acusando a la Administración de Petro de no estar esforzándose para frenar la producción de drogas y apuntando al silencio del Gobierno sobre las cifras reales de producción e incautación, que son un motivo de disputa política en el país.
Petro aseguró que había mostrado no sólo mapas y datos, sino vídeos de campesinos destruyendo cultivos de drogas. Y que mostró su preocupación en las fronteras, especialmente con la de Ecuador, hacia donde los narcos, dijo, se están desplazando. Intentando quitar el foco sobre su persona y su país. «La conversación fue con Trump y él dijo que no cree en las sanciones, que aquí no las ve racionales. Y yo lo veo igual».
«Desde que el presidente Gustavo Petro llegó al poder, la producción de cocaína en Colombia se ha disparado a su nivel más alto en décadas, inundando Estados Unidos y envenenando a los estadounidenses», declaró en octubre el secretario del Tesoro, Scott Bessent, al imponer sanciones personales. «El presidente Petro ha permitido el florecimiento de los cárteles de la droga y se ha negado a detener esta actividad. Hoy, el presidente Trump está tomando medidas enérgicas para proteger a nuestra nación y dejar claro que no toleraremos el tráfico de drogas en nuestro país».
Petro, que acaba su mandato dentro de unos meses, llegó a la Casa Blanca poco antes de las 11.00, hora local (17 hora peninsular en España), sin los fastos reservados generalmente para mandatarios internacionales y autoridades. Y la visita, de unas dos horas de duración, se hizo sin prensa, igual que ocurrió con María Corina Machado recientemente o con el presidente sirio, Ahmed al Sharaa, antes de Navidades. Hubo fotografías oficiales de ambos juntos, pero sin preguntas ni intervenciones. Según la delegación colombiana, el ex guerrillero trae como regalo una caja con chocolates y café colombiano, y un poncho para la primera dama, Melania Trump.
«Gustavo. Un gran honor. Amo a Colombia«, se puede leer en la tarjeta con el membrete de la Casa Blanca que acompaña una fotografía de ambos líderes sonrientes, un recuerdo de la visita que fue publicado en la red social X por el colombiano. «¿Qué me quiso decir Trump en esta dedicatoria? No entiendo mucho el inglés», se ufanó Petro en un segundo mensaje con otra foto en la que se puede ver cómo el multimillonario estadounidense le dedicó su libro ‘Trump, the art of the deal’, «El arte del acuerdo».
Junto a Trump estaban el vicepresidente, JD Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el senador republicano Bernie Moreno, nacido en Bogotá y nacionalizado estadounidense. En el lado colombiano, la ministra de Exteriores, Rosa Villavicencio; el ministro de Defensa, Pedro Arnulfo Sánchez, y el embajador en Washington acompañaban a Petro. «Él recibió a un presidente latinoamericano y hablamos de problemas concretos y caminos conjuntos. Él no cambió de forma de pensar, yo tampoco. Pero los pactos no se hacen entre hermanos gemelos, sino contradictores que pueden encontrar los caminos de una hermandad humana», aseguró el colombiano, diciendo que no le pidió expresamente que los sacara a él y su familia de la lista de sancionados por el Tesoro. «Pero le dije que no se puede trabajar bajo chantajes. Ni él me habló de sus negocios ni yo le hablé de los míos, que no tengo. Pero le invité a Cartagena, un lugar muy bello. Pero no hablamos de la Lista Clinton«, afirmó. «
A principios de enero, justo después de la operación que llevó a la captura de Nicolás Maduro en Caracas, Trump amplió el foco y dijo que Colombia está «gobernada por un hombre enfermo al que le gusta fabricar cocaína y venderla a Estados Unidos, y eso es algo no va a seguir haciendo por mucho tiempo». Al ser preguntado expresamente si estaba insinuando que haría algo parecido en Bogotá, el estadounidense dijo «me suena bien eso». Palabras que el propio Petro ha confesado le generaron enorme preocupación, miedo a ser el siguiente en la lista de las fuerzas especiales.
En los últimos días, sin embargo, las relaciones parecían haberse destensado. El lunes, Trump aseguró que Petro había sido «muy amable durante los últimos dos meses. Antes, sin duda, era críticos, pero de alguna manera, tras la redada en Venezuela, se volvió muy amable. Cambió mucho de actitud… Tengo muchas ganas de verlo», añadió diciendo que iban «a hablar de drogas porque salen enormes cantidades de drogas de su país… Así que vamos a tener una buena reunión».
Poco antes, el secretario de Estado, Marco Rubio, había conversado por teléfono con la ministra de Exteriores colombiana, Rosa Yolanda Villavicencio. Una «charla cordial», según las partes, en las que hablaron de «la lucha contra el crimen organizado, en especial en las zonas fronterizas. Cuestiones de seguridad regional y oportunidades económicas conjuntas».
En un mensaje publicado ya desde Washington, el presidente colombiano anunció un gesto de buena voluntad, un presente para intentar suavizar las relaciones y lograr que EEUU saque a la familia del presidente de lo que en Colombia se llamaLista Clinton de sancionados. «Ha sido extraditado, de acuerdo a mi orden, el señor alias Pipe Tuluá, jefe de una de las bandas más sanguinarias del centro del Valle del Cauca. Intentó comprar funcionarios y comprar la paz. La paz no se compra, se hace si el corazón la acepta como el camino para acabar la violencia», subrayó el mandatario. El líder del grupo criminal La Inmaculada es uno más. Según el Ejecutivo de Bogotá, llevan 809 extradiciones, «un 6,3 % más que el Gobierno de Duque y un 7,6 % más que el segundo mandato de Uribe».
Las sanciones vigentes implican que todos los bienes e intereses en bienes de las personas designadas o bloqueadas que se encuentren en Estados Unidos o en posesión o control de ciudadanos estadounidenses, quedan bloqueados y deben reportarse a la OFAC (la Oficina de Control de Bienes Extranjeros]. Además, cualquier entidad que sea propiedad, directa o indirecta, individual o colectivamente, en un 50 % o más, de una o más personas bloqueadas también queda bloqueada. Salvo autorización expresa de una licencia general o específica emitida por la OFAC , o exención, las regulaciones de la OFAC generalmente prohíben todas las transacciones realizadas por ciudadanos estadounidenses o dentro (o en tránsito) de Estados Unidos que involucren bienes o intereses en bienes de personas bloqueadas.
Internacional // elmundo
