Después de la cirugía practicada en un ensayo clínico de la Universidad Miguel Hernández comenzó a percibir luces y movimientos y ya tiene autonomía en su vida diaria Después de la cirugía practicada en un ensayo clínico de la Universidad Miguel Hernández comenzó a percibir luces y movimientos y ya tiene autonomía en su vida diaria
Cuando comenzó a recuperarse de la cirugía, en la que le habían implantado un sistema eléctrico en la corteza cerebral, el paciente, ciego desde hacía tres años, advirtió que percibía luces y movimientos delante de él. El negro absoluto remitía, como se verificó en los siguientes días. Los científicos de la Universidad Miguel Hernández de Elche, que realizaban este ensayo clínico, hicieron movimientos delante de él. El paciente pudo describir la posición de los brazos, por ejemplo, o decir dónde estaba cada persona en la habitación.
El resultado era sorprendente y poco probable. De hecho, no ocurrió con los otros tres pacientes sometidos a la misma intervención. Los primeros días del posoperatorio lo que vio este paciente fueron sombras, pero meses después se transformaron en algo más concreto, gracias a una serie de ejercicios de rehabilitación para sus ojos. Durante al menos media hora diaria buscaba, identificaba o seguía objetos y otras formas, lograba evolucionar en la percepción de la luz, el movimiento, los contrastes o la localización espacial. Cada día avanzaba en complejidad.
El hombre de mediana edad había sufrido un daño irreparable en el nervio óptico y se había ofrecido voluntario para que le implantaran una «prótesis cortical», que estimulaba la corteza visual mediante electricidad. Esta persona recobró la «visión natural» de manera progresiva y a largo plazo, indica el artículo publicado en la revista científica ‘Brain Communications’. Era un caso «excepcional», sin embargo, y pueden existir factores individuales que aún no han sido valorados y que haría que el experimento no arroje el mismo resultado en otros pacientes.
El implante de una «matriz intracortical de 100 microelectrodos» se hizo mediante cirugía en la «corteza visual primaria», donde se procesa la información que llega por la vista, explicaron los autores del trabajo, en el que participa el consorcio Ciber en Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina. Con impulsos eléctricos, en esa zona se generaron «percepciones visuales artificiales» en patrones, que primero produjeron que el paciente, recién operado, percibiera luces y movimientos.
Antes de la implantación de la prótesis, no se producían las señales eléctricas que llegaban desde la retina y generaban en el cerebro la respuesta a los estímulos visuales. En anteriores ocasiones este tipo de recuperaciones de visión se logra cuando el daño severo del nervio óptico tiene pocos meses de ocurrido. Pero en este caso de largo tiempo de ceguera sí reaparecieron, sostienen los investigadores.
Al paciente se le quitó el implante tiempo después, y su visión natural siguió mejorando, hasta llegar a identificar letras, coger objetos, moverse con autonomía y coordinar con seguridad en la vida diaria, aseguran los científicos del Instituto de Bioingeniería y del grupo Nbio, ambos de la Miguel Hernández. La «estimulación eléctrica transcraneal» se considera una técnica no invasiva, que podría ayudar en la rehabilitación de lesiones visuales y cerebrales. No obstante, los mismos autores llaman a la prudencia y advierten que se requieren más estudios para restaurar la visión de otros pacientes.
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