Una humillación tras otra

¿Puede haber algo más indigno que resignarse a la humillación en un equipo destinado a competir en primera línea? El partido de La Liga F entre el Real Madrid y el Barcelona, celebrado en la Florentino Pérez (sólo presta sus servicios de apoyo al equipo femenino ‘dejándoles’ jugar en la ciudad deportiva que lleva su nombre), fue el perfecto ejemplo de un equipo que se rinde ante la evidencia. Las catalanas arrollaron a las blancas. Otra vez. Y otra y otra y otra.La semana pasada, cuando el duelo de Champions que enfrentaba a los dos equipos, Patri Guijarro declaró que uno de los objetivos era que el Real Madrid acabara el partido pensando que el domingo tendrían que volverse a ver las caras. Lo lograron hasta tal punto que Pau Quesada, en respuesta al pánico generalizado, cambió el sistema en el partido de Liga con la sola y única intención de no acabar goleadas y humilladas. Línea de cinco defensas (muchas veces eran hasta seis), con tres medios, y Linda y Athenea descolgadas para intentar alguna rápida acción individual. Un planteamiento de equipo pequeño, impropio del Real Madrid. Resultado del programa de fiestas: cero tiros a puerta del Real Madrid, dos fuera, ningún córner a favor, 75% de posesión del balón del Barça. Prácticamente lo mismo que conseguiría un equipo de patio de colegio contra el campeón de liga. Noticia relacionada general No No ATLETISMO Y FÚTBOL Otra Salma Paralluelo en un pueblo de Teruel Ignacio RomoVeremos qué pasa el jueves en el Camp Nou en el partido de vuelta de la Champions. Será el primer partido del femenino en el remodelado estadio barcelonista y se esperan 60.000 espectadores (en la ida, la Florentino Pérez sólo logró congregar a unos 5.000). A tenor de los antecedentes, se avecina una masacre. El Barça es tan inmensamente superior al resto que le dio igual jugar con solo medio equipo titular en el terreno (Mapi, Pina, Pajor y Vicky estaban en el banquillo y Aitana y Laia Alexandri lesionadas). La temporada del Real Madrid se puede dar por finalizada finiquitado el mes de marzo. A punto de quedar eliminadas de todas las competiciones, a 13 puntos del Barça en la Liga F (las azulgranas se pueden proclamar campeonas ya el próximo lunes si ganan su partido y el Real Madrid no gana el suyo). El problema del Real Madrid no es coyuntural, sino profundamente estructural. No es sólo perder contra el FC Barcelona. Se trata de cómo se pierde y de qué mensaje se proyecta o esconde tras esas derrotas. Conformismo, falta de ambición y una planificación que no está a la altura de lo que exige el escudo. Sustituir o rebajar el peso de una jugadora como Caroline Weir (que se va el 30 de junio), diferencial, con jerarquía y sobrada capacidad para decidir partidos, por apuestas como Andreia Jacinto, que ni siquiera es titular en su selección (y ojo, que ha firmado cuatro años por las madridistas), puede tener sentido en un contexto de crecimiento, pero no como eje de un proyecto que pretende competir con la élite europea. No es cuestión de nombres aislados, es cuestión de criterio deportivo. El Real Madrid, históricamente, no ha construido sus éxitos desde la resignación ni desde el miedo, sino desde la exigencia, el talento diferencial y una identidad competitiva muy clara. Y eso, hoy por hoy, no se está trasladando al equipo femenino. Y mientras el Barça impone su modelo y arrasa incluso con rotaciones, el Madrid se debate entre parches tácticos y decisiones de bajo impacto, alejándose cada vez más del ideal de grandeza supuestamente innegociable. Si alguien no da (pronto) un golpe de timón para abordar en serio la planificación, la ambición e identidad que se le presupone a un bloque como el blanco, el riesgo no estará sólo en seguir perdiendo clásicos, sino en quedarse definitivamente fuera de la élite real del fútbol femenino europeo. Perder ese tren sería más grave que cualquier goleada. ¿Puede haber algo más indigno que resignarse a la humillación en un equipo destinado a competir en primera línea? El partido de La Liga F entre el Real Madrid y el Barcelona, celebrado en la Florentino Pérez (sólo presta sus servicios de apoyo al equipo femenino ‘dejándoles’ jugar en la ciudad deportiva que lleva su nombre), fue el perfecto ejemplo de un equipo que se rinde ante la evidencia. Las catalanas arrollaron a las blancas. Otra vez. Y otra y otra y otra.La semana pasada, cuando el duelo de Champions que enfrentaba a los dos equipos, Patri Guijarro declaró que uno de los objetivos era que el Real Madrid acabara el partido pensando que el domingo tendrían que volverse a ver las caras. Lo lograron hasta tal punto que Pau Quesada, en respuesta al pánico generalizado, cambió el sistema en el partido de Liga con la sola y única intención de no acabar goleadas y humilladas. Línea de cinco defensas (muchas veces eran hasta seis), con tres medios, y Linda y Athenea descolgadas para intentar alguna rápida acción individual. Un planteamiento de equipo pequeño, impropio del Real Madrid. Resultado del programa de fiestas: cero tiros a puerta del Real Madrid, dos fuera, ningún córner a favor, 75% de posesión del balón del Barça. Prácticamente lo mismo que conseguiría un equipo de patio de colegio contra el campeón de liga. Noticia relacionada general No No ATLETISMO Y FÚTBOL Otra Salma Paralluelo en un pueblo de Teruel Ignacio RomoVeremos qué pasa el jueves en el Camp Nou en el partido de vuelta de la Champions. Será el primer partido del femenino en el remodelado estadio barcelonista y se esperan 60.000 espectadores (en la ida, la Florentino Pérez sólo logró congregar a unos 5.000). A tenor de los antecedentes, se avecina una masacre. El Barça es tan inmensamente superior al resto que le dio igual jugar con solo medio equipo titular en el terreno (Mapi, Pina, Pajor y Vicky estaban en el banquillo y Aitana y Laia Alexandri lesionadas). La temporada del Real Madrid se puede dar por finalizada finiquitado el mes de marzo. A punto de quedar eliminadas de todas las competiciones, a 13 puntos del Barça en la Liga F (las azulgranas se pueden proclamar campeonas ya el próximo lunes si ganan su partido y el Real Madrid no gana el suyo). El problema del Real Madrid no es coyuntural, sino profundamente estructural. No es sólo perder contra el FC Barcelona. Se trata de cómo se pierde y de qué mensaje se proyecta o esconde tras esas derrotas. Conformismo, falta de ambición y una planificación que no está a la altura de lo que exige el escudo. Sustituir o rebajar el peso de una jugadora como Caroline Weir (que se va el 30 de junio), diferencial, con jerarquía y sobrada capacidad para decidir partidos, por apuestas como Andreia Jacinto, que ni siquiera es titular en su selección (y ojo, que ha firmado cuatro años por las madridistas), puede tener sentido en un contexto de crecimiento, pero no como eje de un proyecto que pretende competir con la élite europea. No es cuestión de nombres aislados, es cuestión de criterio deportivo. El Real Madrid, históricamente, no ha construido sus éxitos desde la resignación ni desde el miedo, sino desde la exigencia, el talento diferencial y una identidad competitiva muy clara. Y eso, hoy por hoy, no se está trasladando al equipo femenino. Y mientras el Barça impone su modelo y arrasa incluso con rotaciones, el Madrid se debate entre parches tácticos y decisiones de bajo impacto, alejándose cada vez más del ideal de grandeza supuestamente innegociable. Si alguien no da (pronto) un golpe de timón para abordar en serio la planificación, la ambición e identidad que se le presupone a un bloque como el blanco, el riesgo no estará sólo en seguir perdiendo clásicos, sino en quedarse definitivamente fuera de la élite real del fútbol femenino europeo. Perder ese tren sería más grave que cualquier goleada.  

¿Puede haber algo más indigno que resignarse a la humillación en un equipo destinado a competir en primera línea? El partido de La Liga F entre el Real Madrid y el Barcelona, celebrado en la Florentino Pérez (sólo presta sus servicios de apoyo al … equipo femenino ‘dejándoles’ jugar en la ciudad deportiva que lleva su nombre), fue el perfecto ejemplo de un equipo que se rinde ante la evidencia. Las catalanas arrollaron a las blancas. Otra vez. Y otra y otra y otra.

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