A Fonsagrada ríe a Forges, el genio que no se olvidó ni de Haití ni del pueblo de su padre

El universo de Forges salió de una montaña de Lugo. Fue el padre del viñetista madrileño, un hombre oriundo del municipio gallego de A Fonsagrada, quien le dio el consejo clave para cumplir su sueño de ser “dibujante de chistes”:

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Forges, en su casa madrileña en noviembre de 2011.  Este municipio de Lugo de 3.000 habitantes, el hogar montañoso de su familia paterna, abre el primer museo de España dedicado al dibujante  

El universo de Forges salió de una montaña de Lugo. Fue el padre del viñetista madrileño, un hombre oriundo del municipio gallego de A Fonsagrada, quien le dio el consejo clave para cumplir su sueño de ser “dibujante de chistes”:

—Tienes que ser original.

—¿Y cómo se es original?

Que se vea que es un dibujo tuyo a 15 metros.

Aquel diálogo paternofilial que parió unos personajes inconfundibles y hasta un léxico propio forma parte del primer museo de España dedicado a Antonio Fraguas de Pablo Forges (Madrid, 1942-Madrid, 2018). El centro está en A Fonsagrada, el pueblo de Os Ancares de 3.000 habitantes del que emigró el padre del dibujante para estudiar en Madrid, y abre sus puertas oficialmente este sábado con fondos cedidos por su familia. Y es un homenaje a un artista que nunca dejó de apoyar las pequeñas grandes causas de los paisanos de su padre.

A Forges lo recuerdan en A Fonsagrada como un hombre generoso con su arte. No son pocos los vecinos que guardan dibujos suyos en su casa. Hay restaurantes que exponen creaciones plasmadas en los manteles de papel de sus mesas. Mientras triunfaba como viñetista de prensa, diseñó gratuitamente carteles para las fiestas y ferias gastronómicas del municipio que aún se siguen usando. Los firmaba junto a su primo Selelo, fallecido hace apenas tres meses y que fue su gran nexo con el pueblo.

Ni se olvidó de Haití —como escribió durante años en un rincón de sus viñetas diarias en EL PAÍS tras el devastador terremoto de 2010— ni tampoco de A Fonsagrada. El gran retratista de la España absurda ideó una serie de viñetas en las que, bajo el título de A Fonsagrada, eterna olvidada, denunciaba la desatención de las autoridades a las poblaciones menguantes de estas montañas de Lugo. “Era muy desinteresado y un visionario”, realza su alcalde, Carlos López (PSOE). “En los noventa ya hacía mención a problemas de los que entonces no se hablaba, como el abandono del rural y la Galicia vaciada”. Pidió para el pueblo una residencia de ancianos, un polígono industrial y una solución para los problemas de suministro de agua que se sufren cuando se habita en las alturas. 30 años después, la primera demanda llegó, la segunda está aún en construcción y por la tercera se sigue esperando.

Padrino de una rebelión vecinal

Fue en 1991 cuando Forges reconectó con la tierra de la que había emigrado su padre, Antonio Fraguas Saavedra, miembro de una familia de comerciantes. Una ley de Manuel Fraga, que acababa de estrenarse como presidente de la Xunta, pretendía despojar a A Fonsagrada de la capitalidad de la comarca y dejarla sin ciertos servicios. En estas montañas rojas, feudo de alcaldes del PSOE y con una aldea que honra en sus calles a Lenin, Mao y Fidel Castro, la rebelión vecinal tomó la casa consistorial. El encierro se reprimió con cargas policiales y varios manifestantes fueron encarcelados. Forges envió un comunicado de apoyo a los insurgentes —entre ellos, su primo Selelo— que se convirtió en un símbolo.

La protesta venció y consiguió frenar la ley de Fraga. Y es precisamente la antigua casa consistorial en la que se amotinaron vecinos y concejales la que ahora acoge el museo dedicado al artista. El Centro Cultural Forges, financiado por el Ayuntamiento, la Diputación de Lugo y el Ministerio de Vivienda, se ha instalado en un edificio levantado en 1845 en el casco histórico del pueblo y que estaba en desuso desde 2015. Ha sido rehabilitado por los arquitectos Daniel Gómez Magide y Adrián López Rancaño con materiales y mano de obra locales, explican los autores del proyecto, incluida madera de castaño de aserraderos de la zona.

Forges fue un maestro de la sátira y del humor comprometido con los derechos humanos y la justicia social. En las paredes del museo de A Fonsagrada parlotean Concha y Mariano, los náufragos, las Blasas, banqueros con antifaz de caco y funcionarios de vida laboral surrealista. Además de admirar una selección de réplicas de sus viñetas realizada por la familia del artista, desde sus inicios en Pueblo y La Codorniz hasta sus más de 20 años en EL PAÍS, los visitantes podrán hojear el abultado Diccionario Forgiano, una recopilación de sus memorables palabras inventadas.

El museo exhibe libros y peculiares objetos personales. Se muestra el tintero que Forges envió a Cuba en apoyo a los dibujantes que en la isla se habían quedado sin tinta y que fue enviado de vuelta porque no pasó la aduana. Su mesa de trabajo preside una de las salas. Sobre ella reposa un diccionario liliputiense francés-español que siempre lo acompañaba, además de sus gafas o la acreditación de prensa de EL PAÍS.

Los originales del archivo de Forges, integrado por unos 80.000 dibujos, están custodiados en la Biblioteca Nacional, explica el arquitecto Daniel Gómez Magide. El resto de su legado lo repartió su familia entre el Ayuntamiento de A Fonsagrada y la Universidad de Alcalá de Henares, que lo nombró honoris causa. El museo se ha dotado de estos dos últimos fondos. El alcalde explica que en dependencias municipales se guarda aún mucho más material, pero se ha sacado a la luz lo que su viuda y sus tres hijos han querido. Toda la familia asistirá este sábado a la fiesta de inauguración, en la que está prevista la presencia del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.

En 2008, Forges ilustró el cartel de la Festa do Emigrante de este municipio con la imagen de varios de sus vecinos volando maleta en mano desde una de las cumbres de Os Ancares. El texto en gallego lanzaba un mensaje premonitorio sobre su padre y el museo que honra ahora a su hijo para siempre: “Voaron, pero nunca deixaron o niño” (“Volaron pero nunca dejaron el nido”).

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