Pasión de olvidar

La Uefa de Ceferino, que tiene a la vista un Barcelona-Manchester City de Champions que estaría completo si lo arbitrara Ovrebo, el psicólogo noruego, va a echar un vistazo al Expediente Negreira remitido por el Real Madrid, por si su Comité de Ética, o como se llame el negociado, encuentra algo contra las indicaciones de Immanuel Kant, el filósofo de Königsberg, autor de una ‘Ética de la Razón Pura’ (sic) que sólo Pablo Iglesias ha leído, y que es por la que se han de guiar los lebreles de Ceferino, que al final dirán que sí, pero que no, que Königsberg es hoy Kaliningrado, punto donde podría estallar la guerra europea entre otanejos y putinejos, y el deporte ha de estar separado de la política, por lo que casi trae más cuenta olvidar, que es la doctrina española de Louzán , personaje como escapado de un casting de ‘El Señor de los Anillos’, y Soto, el ‘pastor del ser’ heideggeriano en el CTA, que reúne tres vocaciones maravillosas (abogado, árbitro y asesor tributario) que lo llevan a pedir el olvido para lo de Negreira. Si Perales pudo olvidar («Podrán pasar los años / y olvidar los campos donde ayer jugué. / Pero jamás yo podré olvidar / aquel amor primero…»), ¿por qué no podremos olvidar nosotros? –El caso Negreira es algo que debemos olvidar –susurra Fran Soto. Este Soto es, en melifluo, nuestro Renan, que concibió la Nación alrededor del concepto de ‘olvido’: los miembros de la nación francesa han ‘olvidado’ simplemente su diversidad cultural originaria, y esta bendita amnesia es lo que hace que la Francia de Renan sea lo que es. –El francés medio sabe que bebe vino, tiene una condecoración y no sabe geografía. Soto, parecidamente, quiere una Liga alrededor del concepto de ‘olvido’: los miembros de la competición española ‘olvidan’ simplemente la diversidad arbitral del Negreirato, y esta bendita amnesia es lo que hace que todos finjamos que aquí hay competición. El poder de olvidar, decía el clásico, es más fuerte en las sociedades que en los individuos: cuando se decide por decreto de la autoridad olvidar lo de antes, quiérase o no, se olvida también lo de ahora. «Por eso Shakespeare llamó al olvido ‘monstruo de la ingratitud’». En el fútbol como en la política, el ‘putoamismo’ en España corre por cuenta del PSC, que ha decretado ‘olvidar’ el Negreirato, con la empatía susurrante en ‘Madrit’ de los gallegos Louzán y Soto, que ya decía Pemán que para los gallegos el ‘poder’ no es un sustantivo: «Es un verbo deslizante, es ‘lo que se puede’». Cuando oyes a Soto decir que el caso Negreira es algo que debemos olvidar suena como esa joven Rosa Luxemburgo que ha sacado la cabeza en la Puerta del Sol para contarnos «las cosas que no entiendo versión capitalismo, osá, trabajar para otros»… –Ya trabajar me parece una cosa innecesaria, osá. Podemos vivir del trueque, ¿por favor? Yo no he elegido nacer, osá. ¿Por qué tengo que pagar para tener un techo y mantenerme viva? Después de oírla, ves las cosas de modo distinto. Ves a Rodri, el cerebro de España, decir sobre la corrupción de su City : «Yo confío en la impunidad de ese club que conozco muy de cerca». Cielos, Rodri, educado en la culta Inglaterra, citando a Federico I Barbarroja, que sostenía que «omnia impune facere, hoc est regem ese», que significa que «ser rey consiste en hacer todo impunemente», y el City de Rodri era el rey de Inglaterra por la gracia del Pep, que compró a Haaland por menos de lo que el Madrid ha pagado por la pelambrera de Cucurella. Ves también que a Fran García, ahora en el Betis, vuelven a llevarlo al Combinado Autonómico. Ves que el patrocinio de la República del Congo desaparece de la ropa culé. Ves que a Vinicius le han desaparecido las tabletas pectorales como a Hazard, y ahora la cosa es que Mou haga jugar a Vinicius como hizo jugar a Hazard. En Brasil creen que el extremo fue abducido por los alienígenas (abducción anunciada para Neymar en el partido contra Escocia en el Mundial), y que lo han cambiado por otro que usa la taquilla de Vinicius, pero que no es Vinicius, del que, por lo visto, también nos tenemos que olvidar. La Uefa de Ceferino, que tiene a la vista un Barcelona-Manchester City de Champions que estaría completo si lo arbitrara Ovrebo, el psicólogo noruego, va a echar un vistazo al Expediente Negreira remitido por el Real Madrid, por si su Comité de Ética, o como se llame el negociado, encuentra algo contra las indicaciones de Immanuel Kant, el filósofo de Königsberg, autor de una ‘Ética de la Razón Pura’ (sic) que sólo Pablo Iglesias ha leído, y que es por la que se han de guiar los lebreles de Ceferino, que al final dirán que sí, pero que no, que Königsberg es hoy Kaliningrado, punto donde podría estallar la guerra europea entre otanejos y putinejos, y el deporte ha de estar separado de la política, por lo que casi trae más cuenta olvidar, que es la doctrina española de Louzán , personaje como escapado de un casting de ‘El Señor de los Anillos’, y Soto, el ‘pastor del ser’ heideggeriano en el CTA, que reúne tres vocaciones maravillosas (abogado, árbitro y asesor tributario) que lo llevan a pedir el olvido para lo de Negreira. Si Perales pudo olvidar («Podrán pasar los años / y olvidar los campos donde ayer jugué. / Pero jamás yo podré olvidar / aquel amor primero…»), ¿por qué no podremos olvidar nosotros? –El caso Negreira es algo que debemos olvidar –susurra Fran Soto. Este Soto es, en melifluo, nuestro Renan, que concibió la Nación alrededor del concepto de ‘olvido’: los miembros de la nación francesa han ‘olvidado’ simplemente su diversidad cultural originaria, y esta bendita amnesia es lo que hace que la Francia de Renan sea lo que es. –El francés medio sabe que bebe vino, tiene una condecoración y no sabe geografía. Soto, parecidamente, quiere una Liga alrededor del concepto de ‘olvido’: los miembros de la competición española ‘olvidan’ simplemente la diversidad arbitral del Negreirato, y esta bendita amnesia es lo que hace que todos finjamos que aquí hay competición. El poder de olvidar, decía el clásico, es más fuerte en las sociedades que en los individuos: cuando se decide por decreto de la autoridad olvidar lo de antes, quiérase o no, se olvida también lo de ahora. «Por eso Shakespeare llamó al olvido ‘monstruo de la ingratitud’». En el fútbol como en la política, el ‘putoamismo’ en España corre por cuenta del PSC, que ha decretado ‘olvidar’ el Negreirato, con la empatía susurrante en ‘Madrit’ de los gallegos Louzán y Soto, que ya decía Pemán que para los gallegos el ‘poder’ no es un sustantivo: «Es un verbo deslizante, es ‘lo que se puede’». Cuando oyes a Soto decir que el caso Negreira es algo que debemos olvidar suena como esa joven Rosa Luxemburgo que ha sacado la cabeza en la Puerta del Sol para contarnos «las cosas que no entiendo versión capitalismo, osá, trabajar para otros»… –Ya trabajar me parece una cosa innecesaria, osá. Podemos vivir del trueque, ¿por favor? Yo no he elegido nacer, osá. ¿Por qué tengo que pagar para tener un techo y mantenerme viva? Después de oírla, ves las cosas de modo distinto. Ves a Rodri, el cerebro de España, decir sobre la corrupción de su City : «Yo confío en la impunidad de ese club que conozco muy de cerca». Cielos, Rodri, educado en la culta Inglaterra, citando a Federico I Barbarroja, que sostenía que «omnia impune facere, hoc est regem ese», que significa que «ser rey consiste en hacer todo impunemente», y el City de Rodri era el rey de Inglaterra por la gracia del Pep, que compró a Haaland por menos de lo que el Madrid ha pagado por la pelambrera de Cucurella. Ves también que a Fran García, ahora en el Betis, vuelven a llevarlo al Combinado Autonómico. Ves que el patrocinio de la República del Congo desaparece de la ropa culé. Ves que a Vinicius le han desaparecido las tabletas pectorales como a Hazard, y ahora la cosa es que Mou haga jugar a Vinicius como hizo jugar a Hazard. En Brasil creen que el extremo fue abducido por los alienígenas (abducción anunciada para Neymar en el partido contra Escocia en el Mundial), y que lo han cambiado por otro que usa la taquilla de Vinicius, pero que no es Vinicius, del que, por lo visto, también nos tenemos que olvidar.  

La Uefa de Ceferino, que tiene a la vista un Barcelona-Manchester City de Champions que estaría completo si lo arbitrara Ovrebo, el psicólogo noruego, va a echar un vistazo al Expediente Negreira remitido por el Real Madrid, por si su Comité de Ética, … o como se llame el negociado, encuentra algo contra las indicaciones de Immanuel Kant, el filósofo de Königsberg, autor de una ‘Ética de la Razón Pura’ (sic) que sólo Pablo Iglesias ha leído, y que es por la que se han de guiar los lebreles de Ceferino, que al final dirán que sí, pero que no, que Königsberg es hoy Kaliningrado, punto donde podría estallar la guerra europea entre otanejos y putinejos, y el deporte ha de estar separado de la política, por lo que casi trae más cuenta olvidar, que es la doctrina española de Louzán, personaje como escapado de un casting de ‘El Señor de los Anillos’, y Soto, el ‘pastor del ser’ heideggeriano en el CTA, que reúne tres vocaciones maravillosas (abogado, árbitro y asesor tributario) que lo llevan a pedir el olvido para lo de Negreira. Si Perales pudo olvidar («Podrán pasar los años / y olvidar los campos donde ayer jugué. / Pero jamás yo podré olvidar / aquel amor primero…»), ¿por qué no podremos olvidar nosotros?

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