Adiós a Raúl Villar, gran científico, excelente profesor y rector comprometido

Raúl Villar Lázaro (1948-2026), luchador por la democracia, científico, profesor, rector y hombre bueno, falleció el pasado 19 de junio. Y se fue como quería: celebrando una comida con algunos de sus amigos para festejar su cumpleaños y brindando con todos ellos.

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 Cuando llegó el momento de llevar la democracia al gobierno universitario, no dudó en postergar un tanto su prometedora carrera científica para convertirse en vicerrector, primero, y rector de la UAM, después  

Raúl Villar Lázaro (1948-2026), luchador por la democracia, científico, profesor, rector y hombre bueno, falleció el pasado 19 de junio. Y se fue como quería: celebrando una comida con algunos de sus amigos para festejar su cumpleaños y brindando con todos ellos.

Raúl Villar se había incorporado como ayudante de prácticas a la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) en 1972. Su compromiso le había llevado, muchos años antes de la desaparición de Franco, a implicarse en la lucha por la democracia, militando en el PCE, lo que ponía en peligro su futuro personal y profesional. Por fin, una remota noche de primavera de 1977, en las playas de Almería, pudimos festejar junto a Raúl y Mercedes la esperanza de vivir en una España libre para todos.

Siempre llevó a cabo su compromiso político con un inapelable sentido del deber, una honradez intelectual y una bonhomía que le granjearon el mayor respeto, incluso de aquellos que no compartían su manera de ver las cosas.

En 1980, Raúl consiguió una beca de la prestigiosa Fundación Humboldt en el Instituto Max Planck de Stuttgart, cuyos interminables pasillos fueron testigos de sus fogosas discusiones con otros colegas mientras su hijo mayor, Mario, correteaba por ellos y los mellizos Diego y Sara dormían abrazados. Raúl era un excelente físico experimental que, a su vuelta de Alemania, montó el primer equipo de medida en nuestro país que alcanzaba una temperatura de solo 0,3 grados por encima del cero absoluto, lo que le permitió ganar una cátedra de Física de la Materia Condensada en la UAM.

Su compromiso de servicio a la comunidad universitaria le había llevado a liderar en los años setenta el movimiento de profesores no numerarios que batallaba por conseguir condiciones de trabajo mínimamente dignas para una masa ingente de jóvenes profesores que soportaban el peso de la docencia en las universidades españolas de aquel tiempo.

No debe extrañar, pues, que cuando llegó el momento de llevar la democracia al gobierno universitario, Raúl no dudara en postergar un tanto su prometedora carrera científica para convertirse en 1987 en vicerrector de profesorado de la UAM durante siete años y, luego, en su rector desde 1994 a 2002. Combinó su reconocida capacidad de dialogar, convencer y mediar, siendo comprensivo, sin ser injusto ni arbitrario, en los habituales conflictos universitarios, con la visión de desarrollar exitosos programas para atraer talento, crear infraestructuras de investigación (acelerador de iones, bibliotecas, centro de farmacología, parque científico) o consolidar la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS.

En sus equipos de gobierno, se rodeó de colegas de distintas especialidades y tendencias ideológicas, en los que supo estimular un ambiente de colaboración y compañerismo que se ha convertido en duradera amistad. En su época de gobierno de la UAM también le tocó sobreponerse a la tragedia de la pérdida inesperada de su hija Sara en agosto de 1990, y al asesinato en nuestras aulas de Francisco Tomás y Valiente por un pistolero de ETA una mañana de febrero de 1996. El movimiento Manos blancas, que surgió mientras se dirigía megáfono en mano a los estudiantes de Derecho, tal vez señaló el inicio del fin de la banda terrorista.

Raúl Villar fue un profesor vocacional y generoso, infatigable en su ánimo de formar estudiantes que aunaran capacidades profesionales y espíritu crítico. Era, además, un lector impenitente y un conversador infatigable. Tras su jubilación en 2010 se animó a estudiar francés e italiano, vio crecer a su nieta y cuidó siempre a sus numerosos amigos de toda una vida, que nos reuníamos con él regularmente. Muchos hemos tenido el privilegio de compartir algo de su vida. Hasta siempre, amigo.

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