La economía española va a resistir con nota el golpe de la crisis energética que ha provocado la guerra en Oriente Próximo. Lo cree la Comisión Europea, que ha mejorado su previsión de crecimiento para España este año: el PIB crecerá un 2,4%, una décima más que en los pronósticos previos y dos más de lo que proyecta el Gobierno. Esta es la única revisión al alza que hace Bruselas, que en general reduce sus estimaciones para la zona euro en tres décimas, hasta el 0,9%, y otras tres para el conjunto de la UE, hasta el 1,1%. En lo que sí hay un pronóstico más lúgubre al de otoño, sin excepciones, es en la inflación: subirá de forma significativa.
La Comisión Europea empeora casi todos los demás pronósticos, particularmente en la inflación, que proyecta en el 3%
La economía española va a resistir con nota el golpe de la crisis energética que ha provocado la guerra en Oriente Próximo. Lo cree la Comisión Europea, que ha mejorado su previsión de crecimiento para España este año: el PIB crecerá un 2,4%, una décima más que en los pronósticos previos y dos más de lo que proyecta el Gobierno. Esta es la única revisión al alza que hace Bruselas, que en general reduce sus estimaciones para la zona euro en tres décimas, hasta el 0,9%, y otras tres para el conjunto de la UE, hasta el 1,1%. En lo que sí hay un pronóstico más lúgubre al de otoño, sin excepciones, es en la inflación: subirá de forma significativa.
Hasta que empezaron a caer las bombas en Irán el último día de febrero, la economía europea estaba cogiendo tracción después de años estancada por las consecuencias de otra guerra, la invasión de Ucrania por Rusia. Sin embargo, “el conflicto ha cambiado materialmente este escenario”, explica el documento de previsiones económicas de primavera de la Comisión presentado este jueves. La contienda ha provocado “una de las interrupciones de suministro de energía más significativas en el mundo en la historia reciente”.
Y pese a este escenario, España seguirá creciendo bastante por encima de lo que lo hará la zona euro y el conjunto de la UE, como lleva haciendo desde que se superó la pandemia. También mejorará el desempeño de las otras grandes economías europeas: la alemana, por ejemplo, va a sufrir mucho más el impacto de la crisis energética al crecer un 0,6% en 2026, la mitad de lo que se esperaba en otoño.
Los buenos números que presenta la economía española, no obstante, están muy vinculados a la inercia que arrastra de los últimos compases del año pasado y el comienzo de este. Cuando se desglosa trimestre a trimestre lo que estima la Comisión que va a suceder, se ve una ralentización gradual que llevará a un crecimiento en 2027 del 1,9%, una décima menos de lo que pronosticaba en otoño. Aun así, esta previsión también mejora ostensiblemente la esperada para la zona euro y para toda la UE. La tasa de paro española se reducirá al 9,9% en 2026 y al 9,6% en 2027, bajando del 10% por primera vez desde 2007.
“Se espera”, escriben los economistas de la Comisión en el capítulo español, “que la demanda interna impulse el crecimiento económico en 2026 y 2027, impulsada, sobre todo, por el crecimiento del consumo privado y el de la inversión”. Es decir, será el gasto de los hogares y las inversiones de empresas y las públicas −todavía se deja sentir el efecto del plan de recuperación europeo− el que tire al alza. Para el primer fenómeno, Bruselas tiene una explicación clara: cree que si los consumidores españoles gastan, será “por el aumento del empleo, en un contexto de inmigración sostenida” y porque los hogares están poco endeudados.
Los riesgos que ve la Comisión para la economía española están en un posible debilitamiento del turismo, especialmente el que procede de destinos más lejanos por el encarecimiento de los vuelos que ha traído la carestía de queroseno provocada por la guerra.
Y no solo los precios de los vuelos y la energía son un riesgo en la coyuntura actual, tanto para España como para el resto de Europa. Para la primera, la Comisión estima que la inflación se situará en el 3% este año; para la zona euro, pronostica el mismo porcentaje. No obstante, esta es una cifra media anual, por lo que es muy seguro que a lo largo de los próximos meses se verán números más altos. Conforme se acerque 2027, piensa Bruselas que los números mejorarán: “La inflación alcanzará su punto álgido en 2026, antes de moderarse en 2027, ya que se prevé que los precios de las materias primas energéticas disminuyan gradualmente, aunque se mantendrán en torno a un 20 % por encima de los niveles anteriores a la guerra”.
“El conflicto en Oriente Próximo ha provocado una grave crisis energética, lo que supone una nueva prueba para Europa en un contexto geopolítico y comercial ya de por sí inestable”, ha señalado el comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, “Europa debe acelerar las reformas, eliminar las barreras al crecimiento y salvaguardar unas finanzas públicas saneadas”.
Estas últimas palabras del político letón enlazan con una idea que ya ha aparecido antes en declaraciones previas: hay que aprender de las lecciones del pasado, pero no es igual esta crisis energética a la que provocó la invasión de Ucrania por Rusia. Entonces Europa se asomó al abismo por el gravísimo riesgo de quedarse sin suministro de gas natural. “El posterior esfuerzo de la UE por reducir rápidamente la dependencia de los combustibles fósiles rusos intensificó las presiones de ajuste a corto plazo”, añade el director general del departamento de Economía y Finanzas, Maarten Verwey, en su introducción al documento de previsiones, “la crisis actual se transmite a través de las materias primas energéticas que se comercializan a escala mundial y, por lo tanto, se distribuye de manera más uniforme por toda la economía mundial”.
Pero esto no significa que la UE lo vaya a tener más fácil porque “las presiones inflacionistas se estaban atenuando, los mercados laborales habían comenzado a debilitarse, la política fiscal se estaba orientando hacia la consolidación y las condiciones de financiación eran considerablemente más restrictivas”.
Esto último especialmente lleva a los responsables de la Comisión a advertir que “a corto plazo, puede que se justifiquen medidas paliativas limitadas, pero estas deben tener como objetivo proporcionar un alivio rápido a los hogares y las empresas más afectados sin generar costes fiscales duraderos y, lo que es más importante, sin distorsionar las señales de los precios”. Traducción: en esta crisis, el gasto público masivo no puede ser la tabla de salvación como lo fue en las dos anteriores (covid-19 e invasión de Ucrania).
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