Cuando el microcrédito acaba asfixiando la economía familiar: “No podía pagar ni un café”

Manuel Carriel en Olot (Girona) el 6 de agosto

Desde que decidió mudarse hace más de 25 años de Ecuador a Olot (Girona), Manuel Carrier, de 51 años, ha querido ser padre. “Quería con quien reír, jugar, disfrutar de la paternidad”, recuerda emocionado. Sin embargo, la vida se lo puso difícil. Él y su mujer gastaron casi 8.000 euros en una clínica privada para un tratamiento de fecundación in vitro, pero cerró y perdieron ese dinero. Lo volvieron a intentar, desembolsaron otros 8.000 euros y finalmente lograron ser padres. Sin embargo, cuenta Carrier, se quedaron a la vez sin ahorros y sin uno de sus principales sustentos económicos: el negocio de repostería que tenían en su país natal quebró. Como el trabajo en España no le daba suficiente para llegar a fin de mes, acudieron a microcréditos, a préstamos de apenas unos cientos de euros. Pero el remedio fue peor que la enfermedad, ya que no pudieron afrontar su devolución con los elevados intereses que comportan. “Llegó un momento en el que no pude pagar ni un café”, relata.

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Manuel Carriel en Olot (Girona), el pasado 6 de agosto

 El año pasado se firmaron 3,8 millones de estos préstamos, un 46% más que en 2024, una solución que los expertos consideran que no es útil para resolver los problemas de endeudamiento  Manuel Carriel en Olot (Girona) el 6 de agosto

Desde que decidió mudarse hace más de 25 años de Ecuador a Olot (Girona), Manuel Carrier, de 51 años, ha querido ser padre. “Quería con quien reír, jugar, disfrutar de la paternidad”, recuerda emocionado. Sin embargo, la vida se lo puso difícil. Él y su mujer gastaron casi 8.000 euros en una clínica privada para un tratamiento de fecundación in vitro, pero cerró y perdieron ese dinero. Lo volvieron a intentar, desembolsaron otros 8.000 euros y finalmente lograron ser padres. Sin embargo, cuenta Carrier, se quedaron a la vez sin ahorros y sin uno de sus principales sustentos económicos: el negocio de repostería que tenían en su país natal quebró. Como el trabajo en España no le daba suficiente para llegar a fin de mes, acudieron a microcréditos, a préstamos de apenas unos cientos de euros. Pero el remedio fue peor que la enfermedad, ya que no pudieron afrontar su devolución con los elevados intereses que comportan. “Llegó un momento en el que no pude pagar ni un café”, relata.

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Manuel Carriel en Olot (Girona), el pasado 6 de agosto

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