No es nada nuevo: cuando se toca el dinero, el bolsillo de los propietarios, las pulsiones patrióticas se diluyen. Y a la hora de alinearse para el voto, en los partidos se impone el criterio de clase. El Gobierno propone un decreto de congelación de los alquileres por dos años, y las derechas se unen para tumbarlo, dejando de lado sus diferencias ideológicas y sus lealtades patrióticas. Dicho de otro modo, fascistas, conservadores, liberales, nacionalistas (hispánicos o periféricos) votan a coro la defensa de los intereses de los propietarios, por más que el coste de la vivienda sea en estos momentos uno de los principales problemas de este país, que desborda a gran parte de la ciudadanía y condena a muchas familias a la precariedad. Y el PNV, que sabe que su voto no altera la suma, pretende guardar las formas absteniéndose.
Resulta grotesco el acercamiento de los independentistas catalanes a las derechas nacionales cuando su referente sigue siendo Puigdemont, un icono del pasado en perfecto fuera de juego
No es nada nuevo: cuando se toca el dinero, el bolsillo de los propietarios, las pulsiones patrióticas se diluyen. Y a la hora de alinearse para el voto, en los partidos se impone el criterio de clase. El Gobierno propone un decreto de congelación de los alquileres por dos años, y las derechas se unen para tumbarlo, dejando de lado sus diferencias ideológicas y sus lealtades patrióticas. Dicho de otro modo, fascistas, conservadores, liberales, nacionalistas (hispánicos o periféricos) votan a coro la defensa de los intereses de los propietarios, por más que el coste de la vivienda sea en estos momentos uno de los principales problemas de este país, que desborda a gran parte de la ciudadanía y condena a muchas familias a la precariedad. Y el PNV, que sabe que su voto no altera la suma, pretende guardar las formas absteniéndose.
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