De un colegio gallego al Palacio de Liria: el viaje de un cuadro del Greco

En el verano de 1924, una pintura de El Greco fue localizada sobre el altar mayor de la iglesia del Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, en Monforte de Lemos (Lugo). El lienzo, que representa a San Lorenzo ante la Virgen y el Niño, lleva siglos vinculado a la institución fundada por el cardenal Rodrigo de Castro (1523-1600). Su estado de conservación requería una intervención y la Casa de Alba ayudó a gestionar su restauración en el Museo del Prado entre 1925 y 1927. Ahora, más de un siglo después de ese hallazgo, esta obra sale temporalmente de Galicia para exponerse en el Palacio de Liria, en Madrid, hasta el 31 de enero de 2027.

Seguir leyendo

 ‘Aparición de la Virgen a san Lorenzo’, localizada en 1924 en la iglesia de la escuela Nuestra Señora de la Antigua, en Monforte de Lemos, se expondrá en Madrid hasta enero de 2027  

En el verano de 1924, una pintura de El Greco fue localizada sobre el altar mayor de la iglesia del Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, en Monforte de Lemos (Lugo). El lienzo, que representa a San Lorenzo ante la Virgen y el Niño, lleva siglos vinculado a la institución fundada por el cardenal Rodrigo de Castro (1523-1600). Su estado de conservación requería una intervención y la Casa de Alba ayudó a gestionar su restauración en el Museo del Prado entre 1925 y 1927. Ahora, más de un siglo después de ese hallazgo, esta obra sale temporalmente de Galicia para exponerse en el Palacio de Liria, en Madrid, hasta el 31 de enero de 2027.

La Fundación Casa de Alba exhibe La aparición de la Virgen a San Lorenzo, pintada por El Greco (1541-1614) hacia 1577-1580, como parte de su programa Obra invitada. La pieza, de 121 x 82 cm, podrá contemplarse en el Salón Español del palacio junto a otras piezas de la colección familiar, entre ellas Cristo en la cruz, del mismo artista. Se podrá visitar hasta el 31 de enero de 2027.

La muestra permite acercarse a una obra perteneciente a los primeros años en España del pintor cretense, momento en el que aún se aprecian las influencias del Renacimiento italiano junto con las de la escuela veneciana del Renacimiento tardío.

La historia del lienzo está vinculada a Rodrigo de Castro Osorio, arzobispo de Sevilla y fundador del colegio de Monforte. Hijo de la tercera condesa de Lemos, el cardenal fue una figura destacada del mecenazgo eclesiástico de su tiempo. Fue él quien encargó la pintura al artista.

Esta obra es un producto de la relación entre el pintor y los círculos clericales que favorecieron su actividad en España. Sin embargo, el recorrido preciso del cuadro desde la colección personal del cardenal hasta el altar mayor del Colegio de Monforte donde fue hallado no está del todo claro. Los antiguos inventarios del colegio hacían mención a las pinturas solamente por sus dimensiones, sin identificar a sus autores, lo que dificulta establecer cada etapa de su historia con certeza.

El hallazgo de 1924 abrió un nuevo capítulo. La pintura fue localizada junto a otro lienzo de El Greco,San Francisco de Asís y fray León meditando sobre la muerte. Ambos cuadros, según fuentes de la época, fueron trasladados al Museo del Prado para su restauración, en una operación que contó con la ayuda de la Casa de Alba. Tras la intervención, ambas obras permanecieron un tiempo expuestas en el museo madrileño para después pasar por el Museo Provincial de Lugo antes de regresar a Monforte.

Décadas más tarde, la pintura volvió a viajar. En 2013 participó en una exposición dedicada a El Greco en Japón, con motivo del cuarto centenario de la muerte del artista, y en 2014 también formó parte de la muestra El Greco. Oro y tinieblas, en Gran Canarias. Su llegada al Palacio de Liria suma una nueva escala a la trayectoria expositiva de un lienzo históricamente ligado al Colegio de Nuestra Señora de la Antigua en Monforte.

Dentro de la producción conocida de El Greco, la pintura ofrece una postal poco habitual. San Lorenzo, diácono y mártir, aparece en primer plano con una dalmática de tonos dorados y rojizos y sostiene la parrilla que lo identifica. Su mirada se dirige hacia la Virgen y el Niño, situados en la parte superior de la composición y rodeados de una luminosidad que los separa del espacio terrenal.

La grandilocuencia de la figura del santo remite a los modelos renacentistas italianos, mientras que el tratamiento del color, la luz y los tejidos muestra la huella de la pintura veneciana, especialmente de los maestros como Tiziano y Tintoretto. “Lo que hace tan especial a esta pintura es el uso del color”, ha destacado Álvaro Romero Sánchez-Arjona, director cultural de la Fundación Casa de Alba, que ha subrayado los tonos dorados y rojos de la indumentaria de san Lorenzo y la solemnidad que aportan a la escena. Sánchez-Arjona la califica como “la mejor representación de El Greco de San Lorenzo”.

 Cultura en EL PAÍS

Noticias Similares